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Los derviches y su papel en el desarrollo personal

El término persa significa, literalmente, «el que busca las puertas»

19/10/2010 - Autor: Carlos Mora - Fuente: camova.lacoctelera.net
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Los derviches son místicos que establecieron reglas y jerarquías de fraternidad (Foto: picses.eu).
Los derviches son místicos que establecieron reglas y jerarquías de fraternidad (Foto: picses.eu).

Si pudiera manejar a placer mis sentimientos, tal vez tendría más tiempo para dedicarme a las cosas espirituales.

Anónimo

Estamos comprometidos, mientras permanecemos con vida en esta dimensión y con las formas que se no han proporcionado, no solamente a descubrir el por qué estamos, sino aprovechar cada minuto de vida que se nos concede en pro de nuestro crecimiento. Una de las condiciones básicas para indagar en nuestro autoconocimiento es estar atento a los signos y señales y saber detectar aquellas que nos ayudan mantener encendida nuestra vela que nos alumbre por la senda que debemos recorrer en pro de nuestro crecimiento.

En el tránsito hay muchas manifestaciones, enseñanzas de quienes se han preocupado de determinar cuál es su misión, línea de servicio, adentrarse en ella y aportarnos sus enseñanzas y aprendizaje que de alguna manera nos motiven a que aflore nuestra creatividad, energía, en pro de ser cada día mejores, crecer espiritualmente y saber aprovechar la vida que se nos dio. Justamente, los derviches son actores que aportan grandes enseñanzas que merece la pena en esta oportunidad considerarlos para quienes de alguna manera ya se encuentran identificados en su labor de crecer, aprovechar el tiempo que se nos da de permanecer en esta dimensión.

Nos recuerda la enciclopedia Wikipedia sobre los derviches que el término Derviche proviene de la palabra persa Darvīsh. Este término era habitual para denominar a los mendicantes ascéticos. Esta palabra también es usada para referirse a un temperamento imperturbable o ascético, es decir para una actitud que es indiferente a los bienes materiales. Un derviche (del persa: درویش, darvish, "mendigo" ) es un miembro de un grupo religioso musulmán de ascética Sufi. El término persa significa, literalmente, «el que busca las puertas» y se refiere a una persona que vive una pobreza mendicante y ascética, indiferente a las posesiones materiales, dedicada al aprendizaje de la religión similar a la orden mendicante de los frailes también conocidos como faquires. Un derviche, en el Islam, designa un miembro de la tariqa, que significa «camino», «vía» o «el que busca las puertas».

Se comenta, que la primera tariqa de la que se tiene constancia es la llamada Qadiriyya que fue creada en 1166 y que fue fundada por Abd al-Qádir al-Yilani.

Muchos derviches son ascetas mendicantes que han tomado el voto de pobreza, a diferencia de los mullahs. La razón por la que piden dinero es para aprender la humildad aunque tienen prohibido pedir para su propio bien por lo cual tienen que dar este dinero a otra gente pobre. Hay también varios grupos de derviches, como los sufíes que pertenecen a los ascetas y místicos musulmanes que tienen su origen en algunos santos musulmanes y maestros como Ali Ibn Abi Talib y Abu Bakr as-Siddiq. Varias órdenes han aparecido y desaparecido durante los siglos y cada una tiene su fundador, sus trajes característicos y su ritual, que puede ser la repetición de frases sagradas, la búsqueda de un estado de éxtasis o danzas giratorias que proverbialmente está asociado con la orden de Mevleví en Turquía y que es utilizado para alcanzar el éxtasis religioso (majdhb, fana), aunque actualmente se ha hecho una atracción turística en el país.

El nombre Mevleví proviene del poeta persa Rumi que era un derviche. Otros grupos incluyen los Bektashi, conectados a los Jenízaros y a los Senussi, quienes son más ortodoxos en sus creencias. Los derviches nos han legados fábulas, cuentos muy interesantes que al adentrarnos en su esencia nos proporcionan destellos que pueden ayudarnos a mantener siempre encendida nuestra llama en pro de nuestro crecimiento personal y espiritual. Se sabe, tal como se ha escrito al respecto, que Idries Shah, diestro narrador que combina el lirismo de Tagore con la serena sabiduría de Krishnamurti, es el más claro exponente del mundo del sufismo (antiguo pensamiento tradicional islámico, para unos místico, para otros un cuerpo de conocimientos morales). Shah, en su afán de transmitir a Occidente más de mil años de sabiduría islámica y de pensamiento oriental popular, intenta hacerle accesible aquellos aspectos del sufismo que más le puedan beneficiar. La forma de hacerlo, a través de situaciones simples e ingeniosas -analogías, parábolas, sentencias, proverbios- que encierran agudos mensajes y un profundo conocimiento del hombre y de la vida, es el modo más eficaz de llegar al mayor número posible de lectores: a los sencillos y a aquellos que no consideran menoscabo ponerse de vez en cuando a su altura. Está por ejemplo el cuento de la serpiente y el pavo real.

La serpiente y el pavo real

Un joven llamado Adi el Calculista, porque había estudiado matemáticas, decidió partir de Bokhara y buscar mayor conocimiento. Su maestro le aconsejó viajar hacia el sur y le dijo "Busca el significado del Pavo Real y la Serpiente". Esto dio mucho que pensar a Adi, que viajó a través de Khorasán y llegó a Irak. Allí encontró un lugar donde un pavo real y una serpiente discutían sobre sus méritos.

- Yo soy más importante -dijo el Pavo Real-. Encarno la aspiración, el vuelo hacia el paraíso, la belleza celestial, y por ende el conocimiento de las cosas más elevadas. Recuerdo al hombre, por alegoría, los aspectos de su ser que se hallan ocultos en él.

- Yo -dijo la Serpiente siseando- simbolizo las mismas cosas. Como el hombre estoy atada a la tierra y así lo induzco a acordarse de si mismo. Al igual que él, soy flexible al ir serpenteando mi camino por el suelo. A menudo también olvida eso. Según la tradición, soy yo quien monta guardia sobre los tesoros ocultos de la tierra.

- Pero eres repugnante, astuta, sigilosa, peligrosa...

- Destacas mis características humanas -contesto la Serpiente-. Pero tú eres vanidoso, demasiado gordo y tienes un grito áspero. Tus pies son muy grandes y tus plumas harto desarrolladas...

Aquí Adi les interrumpió:

- Ninguno tiene la razón. El hombre se arrastra por la tierra como la Serpiente. Podría elevarse a las alturas como un pájaro. Pero del mismo modo que la Serpiente es codiciosa, él retiene este egoísmo al tratar de elevarse y se vuelve como el Pavo Real, demasiado orgulloso. En el Pavo Real podemos ver la potencialidad del hombre, aunque no lograda debidamente. En la lustrosa piel de la Serpiente podemos ver la posibilidad de la belleza, que en el Pavo Real asume un aspecto extravagante.

Y entonces una voz habló a Adi en su interior:

-Y eso no es todo. Estas dos criaturas están dotadas de vida; ése es un factor determinante. Discuten porque cada una se ha decidido por su propia forma de vida, pensando que es la realización de un verdadero estado. Una custodia un tesoro y no lo puede usar. La otra refleja la belleza pero no puede transformarse en ella. Sin embargo, a pesar de no haber aprovechado lo que les estaba destinado, lo simbolizan para aquéllos que pueden ver y oír. Definitivamente los derviches son místicos que establecieron reglas y jerarquías de fraternidad.

Practican la meditación recordando el dhirk (recuerdo de Dios), que consisnte en una palabra o serie de palabras que se repiten acompañándolas de movimientos de la cabeza o el cuerpo. Los derviches que pertenecen a la confraternidad mawlawiyya, fundada por Jala al-din Rumi, practican la danza de los giróvagos, la "Sema" purificadora para alcanzar la "baraka" (energía espiritual). Este rito, de siete siglos de antigüedad, consiste en una danza al compás de la flauta de caña (ney) y un pequeño tambor (kudhum).

Carlos Mora. Profesional , docente universitario, interesado en todo los tópicos concernientes al crecimiento personal, autoayuda, específicamente concentrado en todo lo concerniente al crecimiento espiritual. Me interesa el intercambio de inquietudes, comulgación de ideas que generen reflexión, conviden al diálogo y sobre todo, nos permita integrarnos en pro de todo aquello que nos ayude a aprovechar la oportunidad que se nos da al permanecer en esta dimensión. Considero, que nuestras experiencias, aprendizaje que hemos alcanzado a través de nuestro tránsito puede si nos prponemos compartirlo, proactivar nuestro potecial humano y ayudarnos a ser cada vez mejores, sobre todo, garantizando nuestra autenticidad y compromiso de ser fraternales en nuestras misiones, como el de garantizar una convivencia de felicidad, paz en un planeta que día a día lo demanda. Estoy abierto al díálogo y agradezco tu interés en haberte detenido a leer la presentación. De ti depende comunicarnos...
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