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El Dhikr Darqawi del Nombre Supremo

Todos estamos en camino, siempre viajando hacia nuestro Señor, y no hay un solo lugar de reposo hasta llegar a Él

16/10/2010 - Autor: Aliya Haeri - Fuente: Musulmanes Andaluces
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El Dhikr Darqawi del Nombre Supremo, una historia transpersonal
El Dhikr Darqawi del Nombre Supremo, una historia transpersonal

El dhikr del Nombre Supremo fue la primera práctica sufí que abordé después de abrazar el islam, hace ya años. Desde entonces, muchos vislumbres se han sucedido. Recientemente, sin embargo, mi práctica de dhikr lit. recuerdo, normalmente se entiende recuerdo de Allah se ha vuelto más informal, y siento que, en estos precisos momentos de mi vida, debo reactivarla e implicarme más seriamente en ella. En mis primeros años como musulmana, vivía en una comunidad sufí donde el dhikr era realizado a diario, a menudo durante largas sesiones que, en algunas ocasiones, se prolongan toda la noche, hasta el alba. Esa atmósfera enrarecida nos inducía a un estado de dhikr permanente. Actos corrientes como preparar una comida, realizar las tareas domésticas, enseñar, arreglar el jardín, o cambiar el pañal de un niño, todo en general, se convertía en una forma de dzikr. Fue una etapa luminosa.

Este intenso periodo de dhikr Allah empezó en 1978. En 1984 me impliqué activamente en nuestros proyectos de caridad y, al mismo tiempo, una nueva fase de largos y frecuentes viajes comenzó. En esta nueva etapa continué practicando el dhikr, pero de una forma menos consistente. Me sentaba en dhikr, principalmente, cuando necesitaba centrarme o estar en silencio. También, en esa época sentí la necesidad de aprender más acerca del Islam. Hasta entonces, la mayoría de mis intereses estaban centrados entorno al sufismo, pero ahora quería saber sobre el Din -la forma de vida islámica, la shari’a- su código de conducta, y la vida de Muhammad (s.a.s).

Esa etapa de formación en los fundamentos del Din fue lo que posibilitó mi acceso a los tesoros ocultos del dhikr. Antes de ser musulmana, pensaba en la shari’a como algo estrecho y rígido, e incluso que coartaba la capacidad de desarrollo interior. Solo estaba interesada en las realidades internas (haqiqa). Ahora, he descubierto que la shari’a es, en verdad, una vía, un camino medio de equilibrio y armonía para salvaguardar nuestra preciada realidad interna. También he descubierto que la shari’a es dulce, agradable, y que no está separada de la haqiqa. La shari’a es la dimensión externa del camino sobre el cual se desarrolla nuestra realidad más íntima. De modo que, ahora, mi experiencia es la de haber despertado al hecho de la seguridad y la protección que supone el seguimiento de la vía a su nivel externo. En esto estoy siguiendo los pasos del profeta Muhammad (s.a.s). Muhammad comenzó su búsqueda espiritual en Meca, guardando largos periodos de retiro de dhikr Allah, en una cueva de montaña desde la que divisaba la ciudad. Ese fue su etapa de Meca. La fase del conocimiento de sí mismo, la fase del despertar a la Realidad Única (fana fi Allah), y a su misión profética. Para nosotros, es un despertar al propósito para el cual hemos sido creados, que no es otro que el de conocer a nuestro Señor.

Entonces, el profeta emigró a Medina, una ciudad donde los creyentes eran bienvenidos. Aquí, en su etapa de Medina, una sociedad iluminada fue establecida. Medina, la ciudad de luz, era una sociedad en la cual un musulmán podía sentirse seguro, tanto de sí mismo como de los demás. En una comunidad como esa, un creyente podía vivir tranquilamente y realizar sus actividades diarias en constate estado de dhikr.

En la etapa inicial de mi asunto la búsqueda de Allah. Nota del tr., practicaba dhikr, principalmente, en nuestros encuentros semanales. En esa época teníamos sesiones de dhikr solo de mujeres durante toda la noche. Las mujeres encontraban estas reuniones en grupo muy útiles para focalizar la atención; era como si la energía de la predisposición en común del grupo nos impulsara como una ola. Uno de los regalos que se obtiene del dhikr comunitario es la apertura del corazón hacia todos los integrantes del círculo del recuerdo, afianzándose así la cohesión y los lazos de compañerismo.

La práctica del Nombre Supremo (al-Ism al-Á‘dzam)

El dhikr del Nombre Supremo debe practicarse todos los días por un periodo entre 20-40 minutos. Preferiblemente por la mañana temprano, al alba. El dhikr se realiza en una habitación cerrada, para evitar distracciones. El objetivo del dhikr es enfocar toda la atención en el nombre “Allah”, de acuerdo a las instrucciones del Sháij Ad-Darqawi. Su resultado es la extinción en Allah (fana fi Allah).

La primera sesión

Comencé el dhikr una madrugada en mi casa de Londres. Me encerré en mi dormitorio, me senté sobre la alfombrilla del salat y encaré la qibla. Antes, había cumplido con los requisitos que exigía la práctica, que son, la limpieza el cuerpo, vestirse y sentarse. Y por supuesto, aquello que al ego le resulta más molesto:

Sólo la verdad es una carga para el ego”, decía el Sháij Ad-Darqawi. Eso incluye despertarse en mitad de la noche para realizar el dzikr.

El dhikr es realizado hoy en día de la misma manera que fue enseñado hace doscientos años por el gran Sháij marroquí Ad-Darqawi. El fundador de la Tariqa sufí que lleva su nombre. Se dice que en el momento de su muerte tenía 40.000 estudiantes, muchos de los cuales llegaron a ser Sháij. Cuando murió, su cuerpo fue lavado por su esposa. En un emocionante pasaje de un libro acerca del Sháij, ella es descrita como “una mujer noble y libre, que ayunaba, hacia el salat, ofrecía sadaqa, y hacía dhikr; una mujer de sano discernimiento, su esposa Maryam.” Mi maestro y yo, somos seguidores de la Tariqa Darqawi en occidente.

El dhikr del Nombre Supremo se realiza con los ojos cerrados, y consiste en la invocación del nombre “Allah”. Se trata de visualizar las cinco letras de “Allah”: Alif, lam, lam, alif elidido, ha. La visualización se proyecta delante de los ojos, y debe ser estable. Cada vez que la visualización de las letras se desvanece, uno rápidamente las recupera y las vuelve a visualizar de nuevo. El Sháij Ad-Darqawi decía que si las letras se desvanecen cien veces, se recuperan cien veces.

Al visualizar las letras, simultáneamente se invoca el nombre “ALLA..H”, en voz alta o en silencio. Si se hace en silencio, la lengua nunca debe moverse al representar el nombre. La razón es que la lengua está conectada con el corazón. El objetivo que se persigue al visualizar las letras del Nombre Supremo, según este método, es acorralar al “yo”, de modo que no se escape detrás de los estímulos sensoriales. Y eso implica evitar la distracción.

El Sháij Ad-Darqawi decía que el beneficio del dhikr es enorme. La manera correcta de hacerlo es con serenidad, firmeza, amor y respeto, manteniendo siempre la confianza en Allah. Uno debe representar las cinco letras, y mantener su visualización siempre presente con la ayuda del ojo del corazón. Cada vez que la visualización se desvanece, uno inmediatamente regresa a ella. La persona que se entrega a este dhikr obtendrá una gran apertura en el tiempo más breve posible. El Sháij dice, “Allah sabe más, pero pensamos que no deben ser más de tres semanas. Alguna gente dice que no más de una semana, algunos dicen que una noche, otros incluso que menos. No es difícil para Allah.

Durante esta primera sesión, tenía sensación de esfuerzo a la hora de visualizar las letras del Nombre antes de que definitivamente se desvanecieran. Las letras aparecían, pero me costaba mantenerlas en su lugar, hasta que finalmente desaparecían, y tenía que volver a ellas otra vez. Entonces me acordé de una instrucción del Shaij; él hablaba de permanecer con el nombre extendiéndolo. Es decir, alargando el Nombre, dibujando y extendiendo la vocal -el alif elidido, de modo que uno debería decir: ALLAAA…H, ALLAAA…H, y no ALLAH, ALLAH, al mismo tiempo que se visualiza el alargamiento de las letras. Este método facilita la visualización de una forma más efectiva. Lo que yo hacía era visualizar las letras como si fueran escritas delante de mis ojos, una detrás de otra hasta que el nombre completo, ALLAAA…H, aparecía. Pronunciaba las letras en una sucesión ininterrumpida a medida que visualizaba como eran dibujadas. Toda mi conciencia estaba en el proceso. De esta forma, la recitación del Nombre (sama’), la visualización (basira), y el foco de la atención, permanecían unidos. Esta aproximación facilitó mis intentos por unificar mi conciencia entorno a las letras del Nombre.

Me sentía inspirada al leer los consejos del Sháij Ad-Darqawi a sus murids (discípulos). Decía que si la visualización de las letras se desvaneciera miles de veces durante una sesión de una hora, él volvería a ellas siempre. Así obtuvo una gran apertura y muchos regalos de la Gracia Divina en forma de sutiles conocimientos, pero él no les prestaba ninguna atención, porque su único objetivo era Allah en Sí Mismo.

El siguiente apartado contiene la descripción del método a seguir en las sesiones de dhikr, acompañado de la reflexión de textos relevantes, que nos ayudarán a integrar la teoría con la práctica. Isha-allah.

Más sesiones

Una vez más, traté de asentar la visualización de las letras del Nombre. Empecé a respirar de manera plena y profunda. ¡Qué maravilla! La visualización de las letras apareció claramente delante de mis ojos, y se mantenía estable. La serenidad en la respiración plena realzaba la claridad de todo el proceso de visualización. Al respirar profundamente, aparecían nítidamente los trazos de las letras.

La palabra para “respiración” en árabe es “nafas”, la cual deriva de la misma raíz lingüística de “nafs” que significa “yo”, “ego”. En esta sesión pude captar el significado profundo de la frase “an-Nafas ar-Rahman”, traducida como “el Aliento del Misericordioso”. El aliento del Misericordioso es la respiración de la vida; el hálito de ar-rahmán, que da a luz toda forma de existencia desde el insondable océano del silencio. “Mi rahma lo abarca todo” Quran7:156

A pesar de esta intuición profunda, me impacientaba conmigo misma debido a las distracciones. Como decía el Sháij, si no nos impacientamos y simplemente volvemos una y otra vez a la visualización, florecerán en nosotros significados cada vez más y más profundos, que nos llevarán hasta la presencia misma de nuestro Señor en el tiempo más breve posible. Pero, solo las personas de inteligencia superior pueden transitar por este sendero sin perderse, no toda la Tariqa. Entiéndase ‘inteligencia’ emocional, no ‘inteligencia’ racional. Nota del tr.

En otra sesión hice el dzikr en voz baja, porque tenía un invitado durmiendo en la habitación de al lado. La visualización de las letras era estable, y se mantuvo con firmeza hasta el final de la sesión. Después, me acordé de los tres días de retiro (jalwa) que realicé bajo la supervisión de mi Sháij, hace muchos años. Fue durante mi “periodo de Meca” de intenso dzikrallah.

En el retiro, realizaba el dzikr del Nombre Supremo durante todas las horas de vigilia, y dormía poco. La única interrupción era el suave toque en la puerta, a la hora de las comidas, de la mujer que dejaba la bandeja. El segundo día estaba ya perdiendo la voz. Nada al otro lado de las paredes de la oscura habitación existía. En un momento todo desapareció. La única conciencia era la del sonido del nombre: ALLAAA…H, ALLAAA…H. Escuchaba el Nombre. Era el Nombre. El Nombre era yo. El Nombre y yo éramos uno. En ese momento, estaba en perfecta unidad. Mi invitado esa noche era un murid de la Tariqa Darqawi en marruecos. Me contó que una vez, después de una noche de dzikr, el gran Shaij Muhammad ibn Al-Habib dijo: “Ya está hecho. Sois oro. Ahora, simplemente tenéis que ir, perfeccionarlo y actuar en consecuencia.”

“Ya está hecho”. El inicio del camino está lleno de prodigios, y el resto está más allá de todo lo imaginable.

Una vez le pregunté al Sháij Fadhlalla si las mujeres pueden obtener la iluminación-apertura. Contestó que sí, y que él conocía a una mujer complemente despierta, una waliya. También dijo que es fácil para una mujer si se inicia a una temprana edad. Los hombres experimentan la extinción (fana) de manera diferente a las mujeres, dijo. En las mujeres, en general, se da una progresión gradual, a diferencia que en los hombres, donde un hecho puntual es experimentado durante el periodo de retiro (jalwa), y entonces son nombrados Sháij. Con las mujeres es un desprenderse continuo, y un gradual refinamiento de la experiencia en el proceso de maduración espiritual, hasta que finalmente emerge la condición del estado despierto.

Las siguientes sesiones tuvieron lugar después de un paréntesis a causa de una serie de viajes. Las reanudé al llegar a casa de mis padres, en Hawaii. Podía escuchar sus voces procedentes de las otras habitaciones. Había más molestias, como por ejemplo el sonido de la radio o la televisión. En las primeras sesiones me hacían sentir incómoda. En una sesión, en vez de tratar de no oír los ruidos, simplemente los acepté. Los permití estar, y enfoqué toda mi atención hacia la visualización de las letras del Nombre. La visualización, a ratos, resultaba clara y estable. Los ruidos seguían estando presentes pero, aunque aumentaran en intensidad, ya no me molestaban. Sentí una gran satisfacción a causa de esta nueva habilidad adquirida para centrarme, sin que me afectaran los estímulos externos. Era, por supuesto, mi aceptación de las molestias lo que me permitía mantenerme al margen de ellas.

Devuelta a casa en Londres, en la quietud de mi piso de Kensington Court, tuvieron lugar varias sesiones en las que la visualización de las letras del Nombre se mantenía estable. El dhikr se había vuelto mucho más consistente. Ahora, las sesiones estaban caracterizadas por una conciencia muy despierta, lúcida, y aguda. En estas últimas sesiones, no he experimentado fatiga.

Una de las notas de mi diario durante este periodo: “El maestro vivo es la llave para la transformación y el éxito en el dhikr Allah.” – Sufi bin Idris. Nada ocurre sin el idhn, si el permiso del Sháij. Compruébalo por ti mismo. Me siento muy emocionada, y enormemente agradecida a todos mis maestros.

Recientemente he estado dándole vueltas a una afirmación del gran místico medieval, el maestro Eckhardt, que dejó escrito: “No hay un solo lugar de reposo en esta vida.” Él vivió en una época en la que el Islam era el gran centro del saber y de la espiritualidad; los musulmanes expandían el conocimiento como antorchas de luz a través una Europa sumida en las tinieblas. Un versículo del Qur’an dice: “Oh gente de Medina, no tenéis un solo lugar de reposo”. Todos estamos en camino. Siempre viajando hacia nuestro Señor, y no hay un solo lugar de reposo hasta llegar a Él.

Después de una sesión, me senté a reflexionar acerca del maravilloso viaje emprendido cuando, sedienta de Allah, encontré a mi primer maestro sufí. Recordé un verso de nuestro Diwan, que dice: “Si el hombre supiera la dicha que se oculta en la intimidad de su secreto, derramaría una lágrima por cada una de sus respiraciones.” El noble autor de estas palabras, Sháij Muhammad ibn al-Habib de Marruecos, fue el maestro del maestro que me enseñó el dhikr del Nombre Supremo. Sháij Muhammad ibn al-Habib dijo: “Si me has visto, llegarás. Si has visto a alguien que me haya visto, llegarás”. Allah sabe.

Conclusión

Este asunto es un recordatorio de que en la vida cada etapa del camino requiere su momento preciso. En los primeros años, el dhikr era apasionado. Sháij Muhammad ibn al-Habib dijo, “El inicio del camino está repleto de prodigios. Ahora, el dhikr se ha vuelto fluido y constante, como una presencia. Es como la levadura, que después de su espumosa efervescencia, impregna la masa y se vuelve inseparable del pan en sí mismo.”

Un versículo del Qur’an dice que no pensemos que, por solo decir que somos creyentes, no vamos a ser interrogados. Nuestro iman, nuestra certeza en Allah, debe ser continuamente chequeado. Es gracias a esta verificación constante que podemos llegar a ver la mano del Hacedor Único (Al-Haqq) en todas las circunstancias. Así, uno adquiere la certeza de que, a cada momento, de instante a instante, Allah es en realidad quien está al cargo de todo.

El Sháij Fadh Allah siempre enfatiza que es preferible practicar poco dhikr pero con una base consistente, que fatigarse inútilmente en largas e intensas sesiones movidos por un subidón de himma (anhelo). Integrar el dhikr de manera armoniosa en la vida diaria, facilita la emergencia del estado despierto.

A menudo, la somnolencia y la fatiga nos desaniman, y puede que estemos tentados de abandonar la práctica regular de dhikr. Pero, si somos persistentes, uno consigue superar el escollo de la fatiga, y situarse en un estado en el cual se invoca el Nombre de Allah y se visualizan las letras de forma tan plena y ajena a todo, que la fatiga misma desaparece, y la única consciencia que se tiene es la de una perfecta armonía, con uno mismo, con el universo y con todos los seres. Cuando lo experimenté, recordé el dicho: “La hawla wa la qwata illa billah” (No hay fuerza ni poder sino en Allah). No se cómo, pero desde la orilla de la incapacidad más absoluta para seguir adelante, uno es rescatado por un nuevo impulso, y se ve a sí mismo en la situación de poder continuar toda la noche.

Actualmente, mi práctica de dhikr consiste en sentarme, por la noche o por la mañana, y visualizar el Nombre hasta que alcanzo un punto de vacuidad y de silencio. La vacuidad, también llamada no-pensamiento, es experimentada durante el salat, cuando en el suyud uno lleva la frente al suelo. En esa posición de total entrega, uno está en estado de fana fi Allah. Ahí reside la experiencia del vacío y del silencio.

Para terminar, cito unas palabras sacadas de la introducción del libro biográfico del Sháij Ad-Darqawi:

El objetivo del dhikr del Nombre Supremo, no es nada menos que la extinción en Allah, fana fi Allah. Debe ser practicado hasta que las estaciones de la gnosis se revelan y el buscador afianza el maqam. El dhikr es un emisario en el campo de batalla del ruh en su guerra contra el ego y su ignorancia. Lleva en sí el sabor y la promesa de la victoria; y para el musulmán, la palabra ‘victoria’ y la palabra ‘apertura’, son la misma.

Traducción al castellano por ‘Uzman García
Referencias:
1. Ad-Darqawi, Shaykb Mawlay “The Darqawi Way”, Diwan Press, Norwich, UK, 1979.
2. Goleman, Daniel, “The Meditative Mind”, Jeremy P. Tarcher Books, New York, 1988.
3. LeShan, Lawrence, “How to Meditate”, Bantam Books, NY, 1988.
4. Al-Jamal, Sidi Ali, “The Meaning of Man”, Diwan Press, Norwich, 1977.

 

 

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1 Comentarios

Rafael Hernndezli dijo el 25/11/2014 a las 05:07h:

De hecho el Dhikr de Allah Alabado sea, es uno de los regalos mas preciosos que El nos da, ojala ud. Escriba mas articulos. Rafael Hernandez Lucona. rafaelh.licona@gmail.com


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