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Argelia: Abd el Kader, el héroe nacional

Destaca entre los líderes que entregaron sus vidas a la defensa de la soberanía nacional

12/10/2010 - Autor: Rafael de la Morena Santana - Fuente: Prensa Latina
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Abd el Kader sobresale entre los líderes que entregaron sus vidas a la defensa de la soberanía nacional, en la larga historia de las luchas de los pueblos africanos contra el colonialismo.

Sidi al Hadj Abd al Kader al-Yazairi ibn Muhy al-din nació en Guetna, a 20 kilómetros de Mascara, departamento de Orán, al noroeste de Argelia, en 1807; era miembro de una familia de morabitas cuyo origen se remontaba a los fatimidas, descendientes del profeta Muhámmad.

Los morabitas integraban una orden musulmana en África, sucesores de los almorávides que gobernaron Marruecos, parte de Argelia y España en los siglos XI y XII; en este ambiente, respirando historia, islamismo y sentido de pertenencia, creció el futuro caudillo árabe.

Recibió desde la infancia una esmerada educación, indicada por su padre Muhy al din, jefe tribal. Pronto Abd el Kader se inclinó a la vida del guerrero árabe, se convirtió en hábil jinete y experto en todas las armas, principalmente en el alfanje.

Muy joven llegó a ser caudillo de la caballería de las tribus de la región de Eghris, y esto despertó sospechas del bey de los ocupantes turcos, cuyo gobierno soportaban con pesar los árabes.

Abd el Kader atacó y derrotó la columna turca que se dedicaba a arrebatar los injustos impuestos a los árabes; entonces el bey, pensando que se preparaba una insurrección para sacudir el yugo de Estambul, ordenó el asesinato del líder local, pero este tenía muchos simpatizantes y fue alertado oportunamente.

Con su padre y hermanos huyó hacia el sureste, logró evadir la persecución y llegó a El Cairo, capital de Egipto.

Desde El Cairo viajó a Arabia, fue como peregrino a La Meca, al santuario de la gran mezquita de Al-Haram, a visitar la Kaaba; recibió el título honorífico de Al Hadj, orgullo de los privilegiados que completan el viaje al lugar más sagrado del Islam.

En 1830, enterado de la invasión francesa a Argelia, regresó a la patria para incorporarse a la lucha; su padre se rebeló contra los turcos, quienes firmaron la rendición con los franceses y les entregaron la mayor parte del país.

Al frente de la caballería, Abd el Kader arrasó con las tropas de Estambul y su tribu se apoderó de la ciudad de Mascara.

Los jefes de las tribus se reunieron en 1832 y acordaron elegir a el Kader como su caudillo: el poder del nuevo Emir es proclamado en Kachron, la capital designada fue Mascara, y allí el joven líder llamó a la yihad islámica, la guerra santa contra los invasores franceses.

Imprimió Abd el Kader gran movilidad a sus tropas; realizaba continúas acciones guerrilleras, desgastaba las fuerzas europeas poco aclimatadas a la guerra del desierto, en tanto el número de tribus hostiles a Francia crecía con rapidez.

El 26 de febrero de 1834 obligó al general Desmichels a firmar el Tratado de Paz, que le aseguraba al Emir argelino la libre posesión de un territorio inmenso, pero los colonialistas no respetaron el acuerdo mucho tiempo y Abd el Kader volvió a conducir a sus fieles a la guerra.

Venció al ejército del general Trézel en la batalla del río Macta el 28 de junio de 1835 y luego cercó la importante ciudad de Tlemecén.

Mientras Abd el Kader combatía en el norte, el general Clausel tomó Mascara y obligó a levantar el sitio de Tlemecén.

El caudillo árabe no cedió y continuó a la ofensiva, rechazó a Clausel a las puertas de la ciudad de Constantina, atacó y aniquiló las tropas del general DÂ�Arlanges en la batalla de Sidi Yacub.

Las victorias de Abd el Kader llevaron a los franceses a firmar en mayo de 1837 el Tratado de Tafua, que constituyó una tregua por dos años, mientras los colonialistas conservaban Argel y Orán, y abandonaban el resto del territorio al Emir.

Organizó Abd el Kader el país en ocho califáliks, divididos a su vez en aghaliks, que agrupaban a las tribus mandadas por caids, y los sheiks eran los jefes de los grupos tribales que ocupaban las diferentes localidades.

Creó un ejército regular de ocho mil infantes, dos mil jinetes y un cuerpo de 240 artilleros. Hizo fabricar pólvora y cañones en Tlemecén, Mascara y Miliana pues presentía que la paz no duraría mucho.

El mariscal Valée exigió rectificar a favor de Francia el Tratado de Tafua, Abd el Kader se negó, los colonialistas iniciaron las hostilidades y el Emir proclamó la yihad en 1839.

Las huestes árabes destruyeron las bases francas de la llanura de Mitidja, atacaron las líneas de comunicación enemigas y crearon baluartes defensivos en las montañas del Atlas.

Los franceses intensificaron la agresión: la flota gala bombardeaba las posiciones de los patriotas, miles de soldados llegaban de la metrópoli equipados con el armamento más moderno de la época, que empleaban indiscriminadamente contra la población.

Además, el general Bugeaud practicó una política de "divide y vencerás", que incluía falsas promesas de reformas y sobornos.

La heroica resistencia argelina fue perdiendo sus bastiones, y aunque Abd el Kader dirigía las operaciones guerrilleras, hacia 1843 el enemigo dominaba la mayor parte del país.

El 16 de mayo de ese año el duque de Aumale cayó de improviso sobre la smalah, el campamento del Emir, donde se refugiaban miles de mujeres y niños, y causó graves pérdidas entre los no combatientes.

Abd el Kader y varios de sus fieles, peleando a la desesperada, consiguieron llegar a Marruecos, arrastrando a los marroquíes a la lucha; el sultán Muley le brindó apoyo.

El 14 de agosto de 1844 fue la batalla decisiva, en la cual a pesar del arrojo de la vanguardia dirigida por el Emir en persona, los islámicos sufrieron una dura derrota, y esta, junto al bombardeo sobre la ciudad marroquí de Tánger por la escuadra del príncipe Joinville, provocaron el abandono de su reciente aliado.

A pesar de la escasez de recursos, Abd el Kader continuó la lucha contra los colonialistas; al frente de sus valientes destruyó la columna del coronel de Montagnac en la costa de Sidi Braihim y tomó después por asalto la guarnición de AÃ�n-Temuchent.

Varios años más se mantuvo encendida la rebelión, pero abrumado por el poderío de Francia, que amenazaba con aniquilar al pueblo, Abd el Kader ordenó a sus guerreros deponer las armas y entregó al mariscal Lamoriciere, el 23 de diciembre de 1847, la espada que con tanta bravura sostuvo contra los invasores durante 18 años.

Lo llevaron prisionero a Francia; recluido primero en el fuerte Lamalgue de Tolón, es trasladado luego al Castillo de Pau en el Bearn y después a Amboise. En 1852, la República Francesa surgida de la Revolución de 1848-49 decidió su liberación.

Pasó a Turquía, a Brussa, un terremoto lo hizo partir hacia Damasco y allí se enfrentó a las injusticias del régimen turco contra árabes y cristianos maronitas, por lo que le fue concedida la Orden de la Legión de Honor en 1860.

Después se dedicó a escribir sobre temas filosófico religiosos para enaltecer la cultura árabe; redactó al-Mirad al-Hadd, un breve escrito donde defendía el Islam, y colaboró con escritores occidentales que exaltaran la vida de su pueblo en sus obras, como en la novela "Los caballos del Sahara" de Eugene Dauma.

Fue invitado a la Exposición Mundial de París de 1867 y participó en la ceremonia de apertura del Canal de Suez en 1869, y en ambos acontecimientos defendió los derechos de su pueblo oprimido.

El Emir Abd el Kader falleció en Damasco, en 1883, pero sus restos fueron trasladados a la patria en 1966. Su intransigencia contra la agresión europea en África, su defensa permanente de la identidad árabe y el valor demostrado lo convierten en símbolo de la lucha contra el colonialismo en el Tercer Mundo y en el héroe nacional de Argelia.

Rafael de la Morena Santana es especialista de la Delegación de La Habana del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA). Colaborador de Prensa Latina.
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