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Mansur, el Sheikh de los pobres más pobres del mundo

A pesar de su notoriedad y fama era, en cierto modo, un hombre oculto en servicio permanente a Allâh

12/10/2010 - Autor: Iman Baraka - Fuente: Webislam
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Doy gracias a Al-lâh swt por habernos concedido la luz del Sheikh Mansur en este mundo de sombras.
Doy gracias a Al-lâh swt por habernos concedido la luz del Sheikh Mansur en este mundo de sombras.

Conocí a Mansur Escudero hace poco más de un año en un viaje a Chauen con los compañeros del Curso "Experto en Cultura y Religión Islámica". Acudí a este primer encuentro dispuesta a retroceder ante su presencia, a conservar una prudente distancia, temerosa como estaba de su imponente personalidad y fama. Y me equivoqué. Era una persona que irradiaba amorosos sentimientos y que no se afirmaba a través de sus acciones y palabras, sino que parecía difuminarse en ellas para dejar al interlocutor la vista libre hacia la Realidad, hacia ese ansiado horizonte que llamamos Al-lâh.

Esa aniquilación para no convertirse en obstáculo venía acompañada siempre con palabras de ánimo, motivación y agradecimiento ante cualquier aportación, por ínfima y pequeña que fuera, sin tener en cuenta los errores y equivocaciones que pudiera contener. Se esforzaba tanto en reconocer los aciertos y méritos de los demás como en ocultar los propios. A pesar de su notoriedad y fama era, en cierto modo, un hombre oculto en servicio permanente a Al-lâh. Me llamó hace unos meses y al no estar en casa me dejó un mensaje que no vi hasta el día siguiente. Y sin embargo, esa noche, apareció en mis sueños, vestido con una refulgente y luminosa túnica blanca, imbuido de una gran majestuosidad y rodeado de luz. Le pregunté en el sueño qué hacía así vestido, y me contestó: "es que soy un Sheikh". Sabíamos que era un sheikh, pero su modestia, su falta de pretensiones personales, su humilde servicio a los demás, su encantador adab y su chispeante buen humor nos hacían olvidar las innumerables estaciones y estados que nos separaban espiritualmente. Eso le permitía acompañar a los más débiles y necesitados de guía, haciéndonos creer que era uno de nosotros, permitiéndonos liberarnos de nuestros miedos y contradicciones a través de su extremada afabilidad y falta de censuras. Fue por ello, para muchos de nosotros que abrazamos el Islam en edad adulta, nuestro padre, nuestro primer amigo musulmán, nuestro primer hermano.

En cierta ocasión me contó cómo había "recibido" el nombre de Mansur allá por 1978, durante una estancia en Norwich (Reino Unido). Verdaderamente compartía con su "tocayo" Al Hallay, el mártir del Islam, muchas cosas, entre ellas su constante llamamiento en pro de la tolerancia y la libertad de pensamiento. Pero sobre todo su afán por facilitar a otros su encuentro con Al-lâh mediante un infatigable trabajo de difusión del Islam.

Pero se parecía en más cosas. Su visión del mundo y la humanidad era global, libre de las limitaciones impuestas por unas fronteras fruto de la geopolítica o imposición de las potencias coloniales. Esta conciencia universal se tradujo en un firme y comprometido trabajo en favor del hoy mal llamado Diálogo entre Civilizaciones. Con gran acierto me recordó un día cuán engañoso es el debate dualista con la siguiente cita: "La piedad no está en mirar a Oriente u Occidente, sino en tener conciencia de Al-lâh y en hacer buenas obras". Su defensa del rezo compartido en la Mezquita de Córdoba se acompañaba de la petición de rezo, también compartido para cristianos y musulmanes, para Santa Sofía de Estambul, en un tiempo Basílica, ayer mezquita y hoy Museo. (Pero esto último se ha silenciado oportunamente, se necesita la imagen de musulmanes conquistadores o reconquistadores de Al Andalus para justificar los abusos y desmanes que se toleran en una situación -falsa- de guerra defensiva).

Su presencia en el mundo se acompañaba de un espíritu inquieto, moderno y actual. Supo ver como nadie la necesidad de nuevas tecnologías, programas informáticos y herramientas de comunicación en el Islam del s.XXI. Se reciclaba continuamente como medio de acción y ayuda a los demás. La página Webislam es quizá el mejor ejemplo del talento y visión de este espíritu joven y el mejor regalo que nos ha concedido a los solitarios buscadores de la verdad: una llama siempre encendida, una Umma en versión 2.0

Me hubiera encantado poder hacer con Mansur una noche de dhikr en San Juan de Gaztelugatxe, ese agreste islote que avanza tímidamente hacia el Cantábrico y del que él conservaba un emocionado recuerdo. Suya fue la propuesta y me gustaría llevarla a cabo, como él solía decir "con el permiso de Al-lâh".

Para mí, Sheikh Mansur será siempre el Sheikh de los pobres más pobres del mundo, que no son los que no tienen para comer, sino los que no tienen fe, o es tan débil que no puede florecer en nuestros endurecidos y temerosos corazones. Unos pobres a los que animaba diciendo: "sigue adelante hasta donde llegue el camino y confía en Al-lâh".

Quisiera terminar con unas palabras de Al Hallay. Sheikh Mansur nos alertó con ellas del peligro de confundir los medios con el objetivo final de nuestra existencia, en un momento en el que debatíamos sobre cómo luchar contra la islamofobia e intolerancia:

"No debemos pensar que elevar nuestra voz contra la injusticia puede sustituir a la meditación sobre Al-lâh. Pues si hacemos esto seremos un grupo de valientes vacíos interiormente. Lo único que estos valientes precisan es un momento de valor para estimular a la gente, y estos hacen el resto".

"No, es más difícil contemplar la realidad de Al-lâh que proclamar en Su nombre unas palabras. Mas, a veces, estamos llamados a ser voz para los que no pueden expresarse, aun a riesgo de perder nuestras vidas".

"Pero incluso muriendo en el cadalso no es más que un peldaño en la escalera, y no el último… El último es sólo Él, cuando nos abraza. Entonces conocemos que nuestro corazón y nuestra mente son uno con Él, sin más separación desde entonces".

Doy gracias a Al-lâh swt por habernos concedido la luz del Sheikh Mansur en este mundo de sombras, y rezo para que Le conceda el abrazo, sin más separación desde entonces.
 


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