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El islam en el Egipto contemporáneo

El fenómeno islámico en la actualidad del estado egipcio constituye un complejo entramado que pendula entre lo religioso, los social y lo político

25/09/2010 - Autor: Yamila Munqid - Fuente: Librería Mundo Árabe
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El Cairo contemporáneo
Los requerimientos de la vida contemporánea

Introducción

La milenaria historia de Egipto ha hecho de este país uno de los principales centros de influencia cultural de todo el mundo árabe y musulmán. Las civilizaciones faraónica, persa, griega, romana, cristiana, musulmana y, por último, la colonización europea, han dado lugar a una síntesis original que ha proporcionado a la sociedad egipcia su toque característico.

En la actualidad, la población de Egipto, de unos ochenta millones de habitantes 1 (la mayor del mundo árabe y la segunda del continente africano), es musulmana en aproximadamente un 90%, perteneciendo en su mayoría a la rama sunní del Islam 2. La mayor parte de las comunidades no musulmanas están compuestas por cristianos coptos, en sus diversas variantes. 3

Antes de la invasión napoleónica en 1798, casi todas las instituciones educativas, legislativas, sanitarias y sociales eran administradas por el estamento religioso, cuyo protagonismo fue reforzado por la administración otomana, debido a que la piedra angular de su sistema de gobierno se basaba en dividir a la población en función de su afiliación religiosa (sistema de millets ). 4 Durante los siglos XIX y XX, los distintos gobiernos egipcios –tanto los colonizadores franceses y británicos como los gobernantes egipcios posteriores a la independencia– se han esforzado para limitar el papel de los ulemas (expertos en religión islámica) en la vida pública, y de este modo someter a un control estatal más estricto a las instituciones religiosas. Para transformar la vida pública en Egipto fue necesario desarrollar nuevas instituciones políticas que pudieran llevar a cabo muchas de las funciones que hasta el momento habían sido asumidas por el estamento religioso. Como ejemplo de este control estatal, a partir de 1952, tras la caída de la monarquía y el nacimiento de la República de Egipto, el gobierno inició una serie de reformas para nombrar funcionarios que estarían facultados para intervenir en el funcionamiento de las mezquitas y las escuelas coránicas (madrasas) 5. Ya en 1961, el gobierno inició la reforma de la institución islámica más prestigiosa de Egipto, y una de las más emblemáticas de todo el mundo musulmán: la Universidad de al-Azhar. 6

Sociedad egipcia e Islam

Desde un punto de vista sociológico, el Islam egipcio constituye un entramado complejo y diverso. Aunque, en términos generales, todos los musulmanes egipcios están de acuerdo en los principios básicos de su fe, los distintos grupos y clases sociales aplican esos principios de manera diversa en su vida diaria. Por ejemplo, los teólogos de la Universidad de al-Azhar suelen rechazar la versión del Islam practicada por las clases populares y los predicadores con poca formación cultural. Entre los musulmanes de clase media y alta la opinión está dividida entre aquellos que, influenciados por el pensamiento occidental, opinan que las manifestaciones religiosas deben quedar reducidas al ámbito de lo privado, y quienes manifiestan que el Islam debería jugar un papel más destacado en la esfera pública, aunque no necesariamente ocupando las estructuras del poder sino como una poderosa referencia moral y cultural. Los modernos movimientos religiosos del llamado reformismo o modernismo islámico pretenden superar estas concepciones religiosas divergentes y en las últimas décadas han ido encontrando cada vez más apoyo tanto en las principales ciudades del país como en muchas poblaciones más pequeñas.

Estos musulmanes que han ido adquiriendo cada vez mayor conciencia social y política plantean la alternativa islámica como un programa completo que debería definir las relaciones del individuo musulmán con Dios, con el resto de la comunidad musulmana y con los no musulmanes. Opinan que no hay diferencia entre lo sagrado y lo profano, y han desarrollado un fuerte sentido crítico contra los gobernantes egipcios, a los que acusan de laicistas y contrarios a la religión.

El estamento religioso oficial se encuentra en una difícil situación desde que surgieron estos primeros movimientos islámicos alternativos en los años veinte del siglo pasado, y más aún desde que la ola de activismo islámico ha barrido el país a partir de los años setenta y ochenta. Los activistas islámicos ven a estos ulemas oficiales como marionetas al servicio del régimen y éstos, para satisfacer algunas demandas de los islamistas y así mantenerse a salvo de sus ataques, han ido adoptando posturas cada vez más conservadoras. Por ejemplo, a partir de la década de 1970, muchos ulemas de al-Azhar que habían aceptado las iniciativas para el control de natalidad planteadas en los años sesenta, comenzaban ahora a criticar abiertamente los esfuerzos del gobierno en este sentido. Igualmente, los ulemas oficiales también decidieron apoyar la reforma del código legal del país para adaptarlo a lo que ellos consideraban unas enseñanzas islámicas más puras. No obstante, su atrevimiento no llegó hasta el punto de enfrentarse al gobierno en algunos puntos clave y, por ejemplo, siempre han condenado sin paliativos la violencia practicada por algunos grupos, demostrando así su relativa fidelidad al régimen.

Al margen de estos enfrentamientos políticos entre el estamento religioso oficial y los modernos movimientos islamistas, la mayoría de los egipcios de clase baja y media-baja con una educación básica, o incluso sin ningún tipo de escolarización, practican lo que podríamos llamar el “Islam popular”. La religión popular incluye algunas prácticas como la visita a las tumbas de los maestros sufíes, el recurso a los amuletos y los encantamientos y la creencia en distintos tipos de espíritus. Muchas de estas prácticas son rechazadas en mayor o menor medida por los ulemas oficiales y los movimientos islamistas, pues tanto unos como otros se autoproclaman como representantes de la ortodoxia islámica (o mejor cabría decir las “ortodoxias” pues, a su vez, los ulemas del régimen y los islamistas también se enfrentan entre sí). En contraste, el Islam popular resulta ser mucho menos erudito y con menos pretensiones intelectuales o políticas, aunque más tolerante y relajado en sus prácticas y en sus relaciones con otras comunidades religiosas. Así, por ejemplo, es habitual que en aquellos lugares donde desde hace tiempo conviven grupos de cristianos y musulmanes, los miembros de ambas comunidades se visiten e intercambien regalos durante las celebraciones de la Pascua cristiana o del final del ayuno islámico de Ramadán. 7

El Islam popular se basa en gran medida en la tradición oral, en un entorno donde el analfabetismo, funcional o real, es muy elevado 8. Los imames y responsables religiosos de estas comunidades poseen una formación que en muchos casos se reduce únicamente a la memorización del Corán. Las prácticas religiosas del Islam popular varían desde las simples reuniones entre creyentes para estudiar el Corán o comentar las tradiciones proféticas (hadiz) hasta el culto organizado en las mezquitas de barrio o en las distintas cofradías sufíes. A causa de la separación entre sexos en buena parte de la sociedad egipcia, el Islam popular adopta en ocasiones diferentes formas para hombres y mujeres. Una práctica específica de algunas mujeres musulmanas en Egipto es el zar, una especie de ceremonia de exorcismo organizada por mujeres especialmente formadas por sus madres o por otras mujeres para este menester. Las ceremonias de zar suelen ser eventos públicos organizados cada semana, en los que se emplea música y danza para inducir estados de trance y éxtasis en las mujeres poseídas. En ocasiones también se organizan sesiones privadas de zar, más elaboradas que las de carácter público, las cuales pueden llegar a durar varios días y son sufragadas por mujeres con ciertos recursos económicos. Las ceremonias de zar pueden tener su origen en prácticas preislámicas que habrían terminado injertándose en el Islam popular egipcio, aunque la tendencia es hacia su desaparición, a medida que va aumentando el nivel educativo de las mujeres.

Otro de los rasgos del Islam egipcio es la práctica del sufismo o misticismo islámico 9. El sufismo ha existido desde los inicios del Islam y se ha difundido por todo el mundo musulmán, aunque quizá sea Egipto uno de los países donde su implantación sea mayor. Sus prácticas son muy variadas y la mayoría de ellas giran en torno a las distintas cofradías sufíes (tariqa) desarrolladas alrededor de un maestro (shaij) que reúne a un grupo de discípulos (murid), los cuales son iniciados en la cofradía mediante una serie de rituales específicos 10. Desde hace unas décadas se ha producido un interés renovado por el sufismo entre los egipcios y cada vez más miembros de las cofradías son jóvenes con educación universitaria o profesionales liberales. Se calcula que en Egipto el número de adeptos al sufismo es de seis millones (casi un 10% del total de los musulmanes del país), y hay setenta y tres cofradías reconocidas oficialmente por el Estado, a las que habría que añadir otras cincuenta no reconocidas. 11

Al igual que en otros muchos países musulmanes, las cofradías sufíes no sólo desempeñan una función espiritual, sino que su influencia también alcanza el ámbito social, e incluso el político y el económico. Egipto es el único país donde estas asociaciones están reguladas por medio de una legislación específica que data de 1978. Existe un Consejo Superior de Cofradías Sufíes formado por once shaijs de las principales tariqas, y por representantes de algunos ministerios y de la Universidad de al-Azhar. El Consejo acumula poderes legislativos, judiciales y ejecutivos que le permiten controlar toda la actividad pública o privada de las distintas cofradías. Aunque la actividad de las cofradías sufíes comenzó a reglamentarse desde comienzos del siglo XX, su proceso de institucionalización en el Egipto moderno data del periodo nasserista, cuando el régimen trató de usar el sufismo políticamente, con el fin de convertirlo en un arma arrojadiza contra los movimientos reformistas musulmanes. Aunque ya desde los años veinte se vino desarrollado una fuerte crítica de estos movimientos reformistas contra las prácticas sufíes, la alianza de ciertas cofradías y maestros sufíes con el poder durante el gobierno de Nasser agravó el enfrentamiento entre ambas visiones del Islam. 12 Cabe destacar el caso del sheij Ridwan, un venerado maestro sufí de Luxor que llegó a convertirse en consejero de Nasser y a quien se le ha llegado a considerar como el “Rasputín egipcio”.

El Islam político

Egipto es uno de los primeros países donde la huella del moderno Islam político comenzó a hacerse notar. Varios grupos políticos islámicos iniciaron su actividad al término de la Primera Guerra Mundial, siendo el más conocido de todos ellos los “Hermanos Musulmanes” (Al-Ijwan al-Muslimin ), fundado en 1928 por Hassan al-Banna. 13 A partir de los años cuarenta, la violencia toma carta de naturaleza en el ideario político de esta organización, y los “Hermanos Musulmanes” comienzan a verse implicados en diversos actos de sabotaje y asesinatos, entre ellos el del primer ministro Nuqrashi Pachá en diciembre de 1948. Antes del golpe de Estado que acabaría con la monarquía en 1952, el grupo estableció contactos con los Oficiales Libres –militares responsables del golpe– y, una vez que éstos alcanzaron el poder, los “Hermanos Musulmanes” apoyaron muchas de las políticas del gobierno. Sin embargo, pronto entraron en conflicto con el presidente Gamal Abdel Nasser, hombre fuerte del país, y el gobierno los acuso de un supuesto complot para asesinar al presidente en 1954, a consecuencia de lo cual muchos de sus miembros fueron encarcelados o ejecutados, como es el caso de Sayyid Qutb, el líder más carismático de la organización, ahorcado en agosto de 1966. 14 Los años setenta fueron testigos de una cierta normalización en las relaciones entre los “Hermanos Musulmanes” y el gobierno egipcio. El sucesor de Nasser, Anwar Sadat, tratando de ganarse las simpatías de un sector cada vez más significativo de la población, puso en libertad a algunos de los líderes encarcelados y les permitió retomar una parte de sus actividades. Como ejemplo de la aproximación por parte del régimen egipcio a algunas de las posturas islamistas tenemos la prohibición, tras un debate parlamentario, de la obra del sufí Ibn ‘Arabi titulada Al-Futuhat al-Makkiyya (“Las iluminaciones de La Meca”) 15 , o la promulgación en 1977 de un borrador de ley para tipificar la apostasía como delito.

Sin embargo, por aquella época, el movimiento de los “Hermanos Musulmanes” ya se había escindido en al menos tres facciones diferentes. La primera de ellas estaba comprometida en una política de total oposición al régimen por los medios que fueran necesarios, incluidos los violentos. Una segunda facción abogaba por la creación, por medios pacíficos, de una comunidad alternativa, en paralelo a la sociedad egipcia, basada en los valores y la ley islámicos, y se centraba en tareas sociales como la alfabetización, la educación o la sanidad, y en aspectos económicos como la creación e impulso de empresas comerciales que permitieran elevar el nivel de vida de la población. Por último, la tendencia más numerosa, era, sin embargo, partidaria de colaborar con el gobierno, aunque sin olvidar los aspectos económicos y sociales de su ideario político.

El resurgir de los “Hermanos Musulmanes” como una fuerza política coincidió con la proliferación de nuevos grupos islamistas, muchos de los cuales, como Yama‘at al-islamiyya , eran partidarios del uso de la violencia para derrocar al gobierno, mientras que otros se limitaban a concienciar por medios pacíficos a la sociedad egipcia acerca de la necesidad de regresar a lo que ellos consideran una práctica más pura del Islam, aunque sin renunciar en última instancia a su objetivo de instaurar un Estado islámico en Egipto. Algunas de estas organizaciones, en especial las más violentas, se mantenían en la más absoluta clandestinidad y poseían una estructura y una organización muy difusas e inestables.

El último siglo y medio de historia egipcia se había caracterizado por el dominio del país a manos de gobernantes no musulmanes o, al menos, –parafraseando a los islamistas– no comprometidos con la aplicación de un verdadero “gobierno islámico”. La derrota de Egipto en la Guerra de los Seis Días en 1967, con la consiguiente pérdida de la Península del Sinaí a manos de Israel, terminó por hacer estallar el sentimiento de frustración de una población egipcia entre la cual crecía constantemente un activismo político inspirado en el sentimiento religioso. Esta población descontenta engrosó las bases de los movimientos islamistas que a lo largo de los años setenta y ochenta perpetrarían una serie de actos violentos como el asesinato de Anwar Sadat en octubre de 1981, a quien no se le perdonó su política de alianzas con los Estados Unidos y la firma de los acuerdos de paz con Israel en Camp David en 1979, en los cuales Egipto recuperó la Península del Sinaí.

Como ya hemos mencionado, en un principio Sadat trató de contemporizar con el Islam militante, en el marco de una estrategia de relativa tolerancia hacia los partidos políticos. El gobierno egipcio vio con buenos ojos el ascenso del movimiento islamista en las universidades, pues lo consideraba como un contrapeso frente a la influencia de los movimientos de izquierda entre los estudiantes. El Islam político ganó cada vez más espacio en las universidades y comenzó a hacer campaña a favor del uso del velo entre las estudiantes y el profesorado femenino y de la separación por sexos en las aulas. Esta circunstancia provocó un cambio de estrategia en el gobierno egipcio, y en 1979 Sadat promulgó una ley que disminuía el poder político de las asociaciones estudiantiles (un porcentaje muy elevado de las cuales estaba en manos de los islamistas) y lo transfería a los órganos directivos de la universidad. No obstante, durante los años ochenta, el islamismo político fue tomando posiciones incluso dentro del propio organigrama de la universidad. Por ejemplo, en la Universidad de Asyut, el decano y otros miembros de la directiva apoyaron las exigencias islamistas para implantar la segregación sexual en las aulas.

Los últimos veinticinco años han sido testigos del definitivo asentamiento de los movimientos islamistas en la sociedad egipcia. Mezclando un discurso político incendiario con una eficaz política de asistencia social, el islamismo ha conseguido calar en todos los niveles de la sociedad egipcia. Su análisis político rechaza el discurso de los partidos convencionales (tanto de izquierdas como de derechas, capitalistas o marxistas) y centra la solución de los problemas en la regeneración moral y religiosa de la sociedad. Sin embargo, en paralelo, los islamistas han creado su propia red alternativa de instituciones sociales y económicas a través de las cuales se puede buscar trabajo, acceder a distintos tipos de estudios y recibir atención médica.

El perfil sociológico de los militantes islamistas también ha ido cambiando a lo largo del tiempo. Hasta principios de los setenta se trataba sobre todo de funcionarios, oficinistas y trabajadores de un entorno urbano. A partir de esta fecha, el movimiento islamista se ha ido introduciendo en un espectro social mucho más amplio y gran parte de sus miembros son jóvenes universitarios de clase media o profesionales recién graduados, y también parados o trabajadores poco cualificados procedentes de un entorno rural que se establecen en las grandes ciudades del país.

Religión, Estado y condición femenina en Egipto

La Constitución egipcia establece el Islam como la religión oficial del Estado y la Shari‘a como la principal fuente de derecho. En teoría, el marco de la legislación egipcia reconoce la libertad de culto a todos los ciudadanos, sin embargo, en la práctica, el Estado impone ciertas restricciones a este derecho. Algunas religiones, como la bahai 16, tienen dificultades para practicar su fe con libertad, y la construcción de lugares de culto para cristianos y judíos se ve dificultada por una legislación en esta materia que sitúa a estos colectivos en una posición de desigualdad respecto a la mayoría musulmana.

En la actualidad, continúa en vigor una ley promulgada en 1856, durante la época de dominación otomana, que obliga a los no musulmanes a obtener un decreto presidencial para poder construir un lugar de culto. Además, ciertos reglamentos del Ministerio del Interior dictados en 1934 establecen una lista de diez condiciones que el gobierno debe tomar en consideración antes de emitir dicho decreto presidencial. Entre estas condiciones se incluye la ubicación del lugar destinado a la construcción, la composición religiosa de la zona adyacente y la proximidad de otros lugares de culto. En diciembre de 1999, en respuesta a la ola de críticas contra la legislación de 1856, el presidente Mubarak emitió un decreto para rehabilitar y reparar todos los lugares de culto sujetos al Código de Construcción de 1976. Lo importante de esta decisión es que sitúa a todos los lugares de culto en píe de igualdad ante la ley, al margen de la religión a la cual pertenezcan. En la práctica, aunque no deroga la ley de 1856, la nueva legislación ha permitido al menos la rehabilitación de muchas iglesias y sinagogas (además de mezquitas), a pesar de la lentitud de la burocracia a la hora de llevar a efecto su aplicación.

Toda la legislación egipcia relacionada con los asuntos familiares (matrimonio, divorcio, herencia, pensión alimenticia, custodia de los hijos, herencia o entierros) se aplica en función de la religión, aunque en cuestión de derecho de familia, el Estado egipcio sólo reconoce a las tres “religiones del Libro”, es decir, Judaísmo, Cristianismo e Islam. De este modo, las familias judías están sometidas a su propio estatuto basado en la ley judía, las cristianas tienen el suyo propio, basado en el derecho canónico, y las musulmanas se someten a la ley de familia, basada en la ley islámica. Cuando se trata de un matrimonio mixto entre un hombre musulmán y una mujer judía o cristiana (en Egipto, los hombres judíos y los cristianos tienen prohibido casarse con mujeres musulmanas) los tribunales aplicarán la ley que rige para los musulmanes. A principios del año 2000, el parlamento egipcio aprobó una nueva ley de familia que permite a la mujer musulmana obtener el divorcio sin el consentimiento de su marido, a condición de que esté dispuesta a renunciar a la pensión alimenticia y a devolver su dote. Sin embargo, fue rechazada una disposición anterior del proyecto de ley que habría permitido a la mujer viajar sin el consentimiento de su marido.

Los relativos avances en la mejora de la situación de la mujer han sido posibles, entre otras causas, gracias a la creación del Consejo Nacional para las Mujeres (CNM) a finales del año 2000. Este organismo gubernamental ha presentado un plan quinquenal de actuación para impulsar de manera significativa el activismo femenino y ha permitido que las mujeres vayan alcanzando una mayor cuota de poder dentro de la sociedad egipcia, por medio de medidas políticas, económicas y legislativas. Una de la prioridades de esta organización es combatir el analfabetismo femenino y conseguir que los hijos de madres egipcias y padres extranjeros tengan derecho a la nacionalidad egipcia, pues, en la actualidad, este derecho sólo lo disfrutan los hijos de padre egipcio.

Conclusiones

Como hemos podido observar a lo largo de este artículo, el fenómeno islámico en el Egipto actual constituye un complejo entramado. Para dolor y consternación de muchos, el resurgimiento del activismo islámico ha seguido aumentando a lo largo de las últimas décadas y, pese a la tendencia a presentar un islamismo monolítico, militante y extremista, la realidad se ha revelado mucho más compleja. Aunque con algunos contratiempos, el Islam político se ha convertido, a través de una serie de elecciones relativamente transparentes, en una de las principales fuerzas de oposición al actual presidente Mubarak, que lleva ocupando el poder desde 1981.

El asentamiento del activismo islámico en Egipto no sólo se ha producido en el aspecto político, sino también en el social, articulando una serie de medidas a nivel sanitario, educativo, jurídico, financiero o juvenil. Y la diversidad de instituciones se vio acompañada también por una diversidad de propuestas y opiniones políticas entre los propios islamistas, a pesar de compartir una serie de aspiraciones comunes.

Entretanto, una gran mayoría silenciosa de musulmanes egipcios, carentes de una educación básica, a menudo analfabetos y en una situación económica extrema, se sitúan completamente al margen de las grandes disputas sociales, políticas y económicas del país. Ellos practican un Islam alejado de las grandes instituciones de poder. De cómo el Estado sea capaz de integrar a esa gran mayoría silenciosa en la vida política, social y económica de Egipto dependerá en gran medida el futuro de este milenario y hermoso país.

Notas


1 Según el censo de julio de 2007, la población de Egipto es de 80.335.036 habitantes. Fuente: U.S. Department of State ( http://www.state.gov/r/pa/ei/bgn/5309.htm ).

2 Fuente: U.S. Department of State ( http://www.state.gov/r/pa/ei/bgn/5309.htm ).

3 Para más información sobre las comunidades cristianas en Egipto, véase Joseph Maila, “Los árabes cristianos”, en revista Alif Nûn nos 56 (enero de 2008) 57 (febrero de 2008) . (Nota de la Redacción).

4 Cuando se habla del estamento religioso, el autor no sólo se refiere a los religiosos musulmanes, sino a los de todas las comunidades religiosas administradas por los otomanos, cada una de las cuales era encabezada por un responsable que se encargaba de mediar entre su comunidad religiosa y las autoridades otomanas. Para más información sobre el sistema de millets otomano, véase Redacción Alif Nûn, “ Política y sociedad en el Imperio Otomano ”, en revista Alif Nûn nº 34, enero de 2006 ; Joseph Maila, ob. cit . (Nota de la Redacción).

5 Una de las misiones de estos funcionarios ha sido, por ejemplo, la de supervisar el contenido del sermón del viernes ( jutba) en las mezquitas, para evitar que éste transmitiese mensajes contrarios a los intereses del Estado egipcio.

6 Para más información, véase Malika Zeghal, Guardianes del Islam. Los intelectuales tradicionales y el reto de la modernidad , Edicions Bellaterra, Barcelona, 1997. (Nota de la Redacción).

7 Para un testimonio más personal sobre la convivencia entre distintas religiones en Egipto y otros países musulmanes, véase Samir Mahdi, “ Reflexiones de un musulmán en la aldea global ”, en revista Alif Nûn nº 49, mayo de 2007. (Nota de la Redacción).

8 Según datos de 2007, el analfabetismo se elevaba al 42% del total de la población adulta de Egipto. Fuente: U.S. Department of State (http://www.state.gov/r/pa/ei/bgn/5309.htm ).

9 Para más información, véase William C. Chittick, “ El misticismo en el Islam ”, en revista Alif Nûn nº 65, noviembre de 2008. (Nota de la Redacción).

10 Para más información, véase VV.AA, Las sendas de Allah. Las cofradías musulmanas desde sus orígenes hasta la actualidad , Edicions Bellaterra, Barcelona, 1997. (Nota de la Redacción).

11 Datos citados por Pierre-Jean Luizard en Las sendas de Allah , ob.cit., pág. 435.

12 Para más información sobre los principios doctrinales de este enfrentamiento, véase Dr. Vincent J. Cornell, “Islam tradicional frente a Islam moderno”, en revista Alif Nûn nos 50 (junio de 2007) y 51 (julio de 2007) . (Nota de la Redacción).

13 Para más información, véase Tariq Ramadan, El reformismo musulmán, desde los orígenes hasta los Hermanos Musulmanes , Edicions Bellaterra, Barcelona, 2000; Xavier Ternisien, Los Hermanos Musulmanes , Edicions Bellaterra, Barcelona, 2007. (Nota de la Redacción).

14 Para más información sobre la figura de Sayyid Qutb, véase Redacción Alif Nûn, “ El reformismo musulmán: los Hermanos Musulmanes a través del pensamiento político de Sayyid Qutb ”, en revista Alif Nûn nº 39, junio de 2006; Sayyid Qutb, Justicia social en el Islam , Editorial Almuzara, Córdoba, 2007. (Nota de la Redacción).

15 Véase Ibn ‘Arabi, Las iluminaciones de La Meca , Editorial Siruela, Madrid, 2005. (Nota de la Redacción).

16 La fe bahaí (a veces denominada como bahaísmo o behaísmo), es una religión monoteísta cuyos fieles siguen las enseñanzas de Baháulláh, su profeta y fundador. Esta religión nació en Persia en la segunda mitad del siglo XIX, y sus enseñanzas son muy similares a las del Islam, con la notable excepción de que Baháulláh es considerado como el último profeta después de Muhammad, razón por la que la relaciones entre bahais y musulmanes han sido siempre muy tensas. (Nota de la Redacción).

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