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La construcción semántica de la homogeneización Occidente/Mundo islámico

La construcción semántica Islam vs. Occidente promueve la exclusión, la persecución y el rechazo hacia los musulmanes en los países donde son minoría

24/09/2010 - Autor: Reyna Carretero - Fuente: Webislam
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La construcción de identidades islam/occidente determina formas e imágenes sociales
La construcción de identidades islam/occidente determina formas e imágenes sociales

En este noveno aniversario luctuoso de las víctimas de la destrucción de las Torres Gemelas en Nueva York y el ataque al Pentágono del 11 de septiembre del 2001, de nuevo se ha puesto de manifiesto ―a propósito del proyecto de la construcción de una mezquita muy cercana a la “zona cero”―, la noción de “choque de civilizaciones”, creada por el politólogo Samuel H. Huntington.

Es indispensable evidenciar la construcción semántica utilizada en las homogeneizaciones “Occidente” y “Mundo islámico” o “Mundo árabe”, como se les generaliza indistinta y erróneamente a los países con poblaciones asumidas, en su mayoría, como musulmanas; ya que no todos son árabes, y el Islam no se puede percibir como un mundo localizable entre otros mundos, como un mundo aparte y ajeno al mundo “occidental”.

Esta dicotomía se utiliza tanto en los ámbitos académicos como en los medios de comunicación de los países occidentales de forma automática. Aparentemente, su uso intenta ahorrar palabras y especificaciones, generalizando las características civilizatorias. Este nivel de irreflexividad se ha normalizado y aparece como una “abstracción” altamente funcional. Sin embargo, y es lo que intento mostrar, uno de los sentidos subyacentes del uso de esta homogeneización es la idea de diferencia e implícitamente la superioridad de uno de los opuestos, dependiendo de lado que nos coloquemos, ya que no hay que dejar de lado que subyace este mismo sentido en la propensión actual de asumirse como contrario a ese “algo” occidental, como intento de diferenciación y al mismo tiempo de exaltación artificial de lo asumido como opuesto, en este caso el Islam.

Para adentrarnos en el tema, iniciaré con una mirada muy general al planteamiento de “choque de civilizaciones” de Huntington, donde se afirma que las luchas geoculturales serán el origen de los conflictos internacionales en el futuro y que los principales oponentes serán “la civilización islámica” contra la “civilización de Occidente” a la que también denomina “cristiana o “judeo-cristiana”. También nos dice que lo que hace occidental al Occidente son sus instituciones, prácticas y creencias que conforman el corazón de la civilización occidental, entre ellas: la herencia clásica griega y romana, el cristianismo, las lenguas europeas, el secularismo, el Estado de derecho y la democracia.

Huntington aclara que, individualmente, casi ninguno de estos factores ha sido único en Occidente, pero la combinación de ellos ha dado a Occidente su cualidad distintiva: “Estos conceptos y características son también, en buena medida, los factores que permitieron que el Occidente tomara la dirección de su modernización y la del mundo. Hacen única a la civilización occidental, la cual es preciosa no porque es universal sino porque es única”.

La fragilidad de estos presupuestos es muy obvia y pueden ser fácilmente desmontados si se entra al juego de considerar al Islam sólo como civilización, pero lo que pretendo aquí es lo contrario: mirar al Islam de manera distinta, no como religión institucionalizada, sino, basándonos en su fuente viva, El Corán, observarla como sumisión, como condición trascendental de la humanidad, como atestiguamiento de que no existe nada aparte de la Unidad divina, y buscar esta misma sintonía en la sociedad.

Esta visión de la unidad trascendente se reproduce de manera fehaciente en la unidad social, en la percepción de la sociedad como unidad. Ya que si bien es cierto que las características arriba mencionadas forman parte de la memoria cultural de la región occidental del mundo, no son exclusivas ni “únicas”, como se puede demostrar con algunos ejemplos, a saber: el Islam no sólo es heredero de la herencia clásica sino que en su seno los textos griegos fueron traducidos y puestos al servicio del Renacimiento.

Es claro que por parte de los musulmanes no existe oposición al cristianismo, ya que ellos se asumen, siguiendo a la fuente viva del Corán, como herederos del legado judeo-cristiano; de igual manera, las lenguas europeas han sido diseminadas e impuestas en todo el mundo por los colonizadores y el secularismo se observa en los gobiernos de países considerados no occidentales como China y Turquía.

Para disolver las simplificaciones “Occidente”, “Mundo islámico” o “Mundo árabe”, es necesario tener en cuenta como nos dice el historiador Jean Meyer que: “La observación y descripción de los conflictos actuales parte de la aceptación de que la realidad es más compleja que todo lo que podemos imaginar. Los Estados no son islas y las fronteras no impiden el intercambio sea por comercio, por guerra o por negociación. Por lo que el concepto de “identidad” cultural (o de civilización) es claramente falso. Y eso pasa cuando uno le pone un nombre a una realidad compleja y poco estudiada.Abundando, podemos mencionar a Norbert Elias, quien nos aclara que el concepto de civilización, creado en Occidente, expresa la autoconciencia de Occidente, (una observación de segundo orden) y en él se resume lo que la sociedad occidental considera lleva de ventaja a las sociedades “primitivas” y de lo que está orgullosa. Sin embargo, la concepción no es homogénea, el mismo Elias nos advierte de los distintos usos y significados que toma en distintos países de Occidente.Por lo tanto, la pretensión de construir con el lenguaje identidades culturales o de civilización, o identidades generalizadas, intenta realizar lo imposible: la descripción de la unidad, del todo, del absoluto, con la vana intención de determinarlo e intentar controlarlo.

De ahí, que el nuevo milenio y el atentado a las torres gemelas de Nueva York hayan hecho emerger la paradoja de que pocas cosas son tan desconocidas para el hombre occidental como la “cultura occidental”. Occidente es así, una categoría construida mediante una oposición vacua. Si Occidente es nada identificable, determinable y siempre contrapuesto al otro, si anula al otro en el momento mismo en que se otorga alguna identidad, se explica entonces el cúmulo de figuras retóricas con las cuales ha sido nombrado: Bien, Mal, Libertad, Dominio, Técnica, Democracia. Occidente es sólo una construcción gramatical, producida por el propio sistema de la sociedad mundial para hacer operativa y funcional la inclusión y exclusión, la hostilidad y la hospitalidad.

Por otra parte, si nos referimos al así denominado “Mundo islámico” o “Mundo árabe” términos usados sólo en la región occidental. Aparentemente, su identidad es mucho más clara y manifiesta, ya que está basada en la palabra. Sin embargo, el mosaico social musulmán no permite ninguna homogeneización ya que como nos explica el escritor Juan Goytisolo, la sociedad islámica, como todas, es múltiple, abigarrada y contradictoria.En este sentido, llama la atención el caso específico del historiador Bernard Lewis, compañero de Huntington en la universidad de Princeton, exitoso especialista en la historia del Medio Oriente y autor de más de diez libros sobre el tema.

Lewis, en sintonía con Huntington, nos dice que hoy en día estamos frente a un movimiento que trasciende con mucho el simple nivel de los intereses, las políticas y los gobiernos que los ejecutan y que se trata, ni más ni menos, de “un choque de civilizaciones: de la reacción quizá irracional, pero sin duda histórica, de un rival antiguo contra nuestra herencia judeocristiana, nuestro presente secular y la expansión mundial de ambos y nos invita a no dejarnos arrastrar hacia una reacción igualmente histórica, pero también igualmente irracional, contra ese rival”.

Recupero la interpretación de Lewis sobre el Islam, porque junto con la tesis de Huntington, es la versión del Islam que ha sido retomada por la mayoría de los medios de comunicación, tanto impresos como electrónicos, en los países del hemisferio occidental, los cuales, seleccionan su información tomando como guía la sorpresa, el escándalo, lo anormal y han logrado tener una gran influencia en la opinión pública mundial, relacionando directamente al Islam con el “terrorismo” y el “fundamentalismo”.

Es indispensable desechar las simplificaciones que, en el caso específico de la guerra de Estados Unidos e Inglaterra, en contra de Irak y Por lo que es muy claro que estamos frente a una treta semántica, reproducida por autores tan afamados como Huntington y Lewis, que intenta tender una "cortina de humo” sobre la información concreta que sí tiene identificación: nombres, fechas y firmas sobre la relación entre los gobiernos de Pakistán, Estados Unidos y Arabia Saudita, quienes “fomentaron y apoyaron, en su momento y de acuerdo a sus intereses, tanto a Irán, Irak como a los talibanes, porque la expansión del islamismo militante, radicalmente conservador, no era revolucionario. El establecimiento de la República Islámica de Irán, significó la continua hostilidad de las potencias, abría una nueva ruta para los hidrocarburos del Asia Central y facilitaba a la compañía estadounidense Unocal, la construcción de un oleoducto a través de Afganistán y Pakistán, en detrimento, por lo tanto de Irán y Rusia”. (1)

Lo anterior deja en claro que los conflictos que han surgido se deben a múltiples factores; pero lo que es más relevante para nuestro análisis: también revela que no estamos frente a ningún “choque de civilizaciones”, sino frente a conflictos de intereses económicos, políticos y territoriales por parte de grupos y regímenes potencialmente identificables: llámense Estados Unidos, Arabia Saudita, Irán, Afganistán, o de otra nacionalidad. Todos ellos no representan a la mayoría de la población que gobiernan o someten.

De igual manera, los valores ideológicos o religiosos que utilizan como bandera de discurso político son una pantalla que cubre los intereses perseguidos. Frases como “justicia infinita”, utilizada por George Bush o la “yihad” (guerra santa) de los talibanes o Al-Qaeda, se convierten así en excusas que pretenden justificar sus acciones en el conflicto armado así como los abusos y daños ocasionados a las poblaciones involucradas.

De lo anterior, podemos concluir que la construcción de las identidades “Occidente” y “Mundo islámico” o “Mundo árabe”, determina y solidifica formas e imágenes sociales estancadas utilizadas en el lenguaje generalizado. Estas formas lingüísticas anquilosadas obstaculizan el conocimiento de los procesos sociales en constante cambio de la sociedad mundial actual.

Entre las consecuencias prácticas de la utilización de la construcción semántica “Islam vs. Occidente”, están la exclusión, la persecución y el rechazo hacia los musulmanes en los países donde son minoría y la percepción de que los musulmanes son personas que viven en un mundo aparte y extraño al nuestro; cuando la existencia de más de 1,200 millones que viven en todo el mundo, nos demuestra lo contrario. Por lo que es evidente la necesidad de que en el ámbito académico y público, se eleve la reflexividad con el fin de diversificar el conocimiento y el espíritu crítico, herencia de la mezcla y confluencia de todas las culturas compartidas por los habitantes de todo el mundo, participantes de la sociedad mundial contemporánea, cuya característica primordial de globalidad, refleja el rostro de la unidad.

 

 

Nota
(1) Antoni Segura, Más allá del Islam. Política y conflictos actuales en el mundo musulmán, Madrid,Alianza, Febrero 2001, pp. 187-203.
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