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Beneficios del zen para un occidental

La mente humana es salvaje e inquieta y vaga de aquí allá. El mayor de los logros es conseguir que la mente descanse en un solo punto

18/09/2010 - Autor: Marco Antonio de la Rosa - Fuente: Realidad y ficción
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Las penas de la humanidad están causadas por una pérdida de equilibrio, y el camino al equilibrio –a un cuerpo sano y a un corazón recto- es sent
Las penas de la humanidad están causadas por una pérdida de equilibrio, y el camino al equilibrio –a un cuerpo sano y a un corazón recto- es sent

La actitud con respecto al cuerpo humano en Asia oriental está muy influida por la medicina china, que habla de meridianos o canales a través de los que fluye la energía y da vida a toda la persona. A esta energía se le llama chi en chino y ki en japonés. El origen de esta energía se encuentra en el abdomen (en japonés hara) que recibe el nombre de kikai (en japonés) o “mar de energía”.

Tiene especial importancia el tanden, un punto localizado a pocos centrímetros por debajo del ombligo y que es la fuente de creatividad y el lugar principal de experiencia religiosa. Se alienta a la persona para que sea consciente de su existencia no sólo a la hora de meditar, sino en todas las circunstancias de la vida. En las artes marciales la conciencia del tanden es vital.

Un maestro de Zen algo conocido, el maestro Okada Torajiro, escribe con gran vigor que el tanden es el santuario de lo divino: es aquí donde habita la energía sagrada. Okada divide a las personas en tres clases.

El primer tipo valora la cabeza: acumula vastas cantidades de conocimientos, desarrolla mucho el cerebro y acaba por perder el equilibrio y quedarse como una pirámide invertida.

La segunda clase está formada por personas que sacan pecho; tales personas parecen fuertes y llenas de coraje, pero en el interior son débiles.

Y dice: Pero las personas de mayor rango son aquellas que consideran el abdomen como la parte más importante, y de esta forma han construido el bastión donde puede prosperar lo divino. Desarrollan sus mentes y sus cuerpos de manera correcta. La fuerza fluye por ellos y produce una condición espiritual de tranquilidad y ecuanimidad. Hacen lo que les parece bien sin violar ninguna ley.

El maestro continúa diciendo que las penas de la humanidad están causadas por una pérdida de equilibrio, y el camino al equilibrio –a un cuerpo sano y a un corazón recto- es sentarse correctamente.

La postura correcta, en la que somos conscientes del tanden y en la que seguimos centrados en el tanden es, por tanto, de importancia capital.

Esta podría ser la postura de loto o la seiza japonesa (confucionista en origen) en la que nos sentamos sobre los talones o en una silla con la espalda erguida y los ojos ligeramente abiertos. Y entonces, tanto si la persona está de pie, como sentada, como andando o durmiendo, permanece centrada en el hara, y tiene así mayor estabilidad y fuerza interior.

El cambio importante se produce en nuestro interior, como dice el maestro Okada cuando explica: “Incluso si el cuerpo sufre un cambio con la seiza, el estado interior más profundo no cambia tan fácilmente”.

Es interesante recordar que el maestro de Zen Dogen, fundador de la secta japonesa Soto, opinaba que el sentarse de forma correcta o zazen ya es una forma de iluminación.

Entrenamiento de la respiración

En este punto la clave vuelve a ser la respiración abdominal. La persona respira desde el tanden, lenta y rítmicamente. Y al igual que sólo la manera de sentarse ya es en sí una experiencia religiosa, de ella fluye energía por todo el cuerpo.

Deberíamos advertir que aquí no sólo estamos hablando de la respiración y la energía de nuestros cuerpos insignificantes, sino de la respiración y la energía del cosmos. Los maestros Zen, con su brusquedad característica, dicen que la energía debe fluir hacia abajo a través del ano hasta el mismo centro de la tierra, y después volver a elevarse a través de la cabeza a las regiones más distantes del universo.

La respiración tanden equilibra por tanto a la persona y le hace ser uno con la armonía de todo el universo. El maestro Okada nos vuelve a dar consejos prácticos y sencillos: “Siéntate callado y quieto, respira suavemente exhalando largas bocanadas de aire, con la fuerza en la parte inferior del abdómen”. Cuando la respiración tanden se convierte algo habitual, la persona gana una maravillosa estabilidad física y espiritual.

La respiración de zazen protege el cuerpo y la conciencia. Se trata de concentrarse en una espiración profunda, dulce y silenciosa; la inspiración le sucede naturalmente, rápida y enérgica. Es difícil concentrarse en las dos, espiración e inspiración, así que sólo concentramos nuestra atención en el soplo que se escapa, en la espiración.

Cuando una persona se queda fija a una emoción, el difragma se bloquea, el soplo es corto, breve, y su energía se concentra en la parte alta del torso. 

Cuando estamos dominados por la ira, jadeamos, nos ponemos rojos por la falta de aire. Cualquiera ha podido observar estos estados en su vida cotidiana y ha sufrido por no poder dominarlos. Librarse del sufrimiento del espíritu es el problema de todos los seres humanos.

La espiración profunda actúa como un purificador, un limpiador de conciencia. Durante la inspiración, hay absorción de oxígeno, que se transmite a la sangre y se distribuye por las arterias; durante la espiración, hay expulsión del gas carbónico de los pulmones. De este modo, la espiración profunda permite que se limpie la sangre, que se vuelva pura y, con ello, que la actividad aumente; el equilibrio, la pureza se instalan por sí mismos en nuestro cuerpo y en nuestro espíritu. El espíritu sigue la acción correcta del cuerpo , una influencia invisible ocupa su lugar y automáticamente el espíritu se simplifica.

Mientras practicamos zazen, la espiración es el lazo natural entre el cuerpo y el espíritu, es uno de los soportes de la concentración. Esta respiración puede mantenerse en nuestra vida diaria, pero no necesariamente de manera voluntaria. Automáticamente influye en nuestro espíritu cotidiano: tenemos menos tensiones, menos apegos, más distancia con los pensamientos que nos atormentan, en definitiva, conseguimos más libertad.

Concentrándose siempre en la espiración, poco a poco la zona situada debajo del imbligo se expande, es la región del kikai tanden –el océano de la energía- para los japoneses, y para nosotros, occidentales, el vientre, algo un poco oscuro, escondido y que puede ser causa de numerosas disfunciones físicas. Esta región de nuestro cuerpo va a cobrar vida, vitalidad, así como lo hará la región lumbar; vamos a respirar con el vientre, y el vientre va a convertirse en el nuevo centro de gravedad durante el zazen y a lo largo de nuestra vida cotidiana, ya sea de pie, sentados o acostados.

Mientras que al espirar el diafragma sube, los órganos bajan y se crea una expansión debajo del ombligo; al inspirar, los órganos suben y el aire rellena los pulmones. Sin esfuerzo, una espiración profunda nos aporta calma y difunde su influencia por nuestro entorno.

El entrenamiento de la mente.

La mente humana es salvaje e inquieta y vaga de aquí allá, atisbando el futuro lleno de ansia, o mirando nostálgicamente hacia el pasado. El mayor de los logros es conseguir que la mente descanse en un solo punto, lo que en japonés se llama seishin toitsu, y que es un estado al que se llega a través de la respiración y al estar sentado. Aunque la mente está ahora en el momento presente, no descansa en un parte del cuerpo, sino que fluye por todo él en un estado que se conoce con el nombre de no-mente (en japonés mushin) o no-yo (en japonés muga).

Las distracciones se suceden pero uno no lucha contra ellas, sino que les deja venir y luega las deja ir. “Dejar ir; dejar fluir” es lo que siempre nos dice. El maestro Okada nos da un consejo sencillo y claro: “No intentes liberarte de todos los pensamientos. Simplemente se consciente y mantén la fuerza en el vientre”.

De esta manera los pensamientos fluyen fuera y dentro, mientras que la persona permanece centrada en un nivel más profundo.

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