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Migración, narcotráfico y genocidio en Mesoamerica

El narcotráfico en toda la región mesoamericana se ha entronizado como un poder

12/09/2010 - Autor: Julio Abdel Aziz Valdez - Fuente: Webislam
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Imagen de la masacre de 72 inmigrantes mexicanos. (Foto de AP)
Imagen de la masacre de 72 inmigrantes mexicanos. (Foto de AP)

Hace tan solo un par de días en una finca en San Fernando en el Estado de Tamaulipas México fueron encontrados los cuerpos de setenta y dos migrantes centro y suramericanos que al dirigirse a Estados Unidos fueron interceptados por una de las tantas bandas ligadas al narcotráfico, que se hacen llamar Zetas.

A este descubrimiento le siguieron en menos de una semana, decenas de muertos en una espiral de violencia que evoca la violencia generada por las guerras fratricidas que se produjeron en Centroamérica en las décadas de los setentas y ochentas.

Los migrantes pertenecían al menos de cinco nacionalidades a saber: guatemaltecos, salvadoreños, hondureños, ecuatorianos y brasileños, las condenas de estos países no se dejaron de esperar incluyendo a Estados Unidos que contradictoriamente se dice aliado en la lucha contra el narcotráfico proporcionando armas al ejército mexicano, pero igualmente de ahí provienen la mayor parte de las armas de estas fuerza junto con el mayor consumo de drogas a nivel planetario. En ninguna parte de las condenas emitidas escuchamos la palabra terrorismo o incluso que aquello puede perfectamente calificarse de acto genocida, más bien se habla de multi-homicidio.

Es claro que el problema migratorio para los norteamericanos se entrelazó con sus planes de expansión colonial después del 11 de septiembre en su consabida lucha contra el terrorismo, con ello lograban matar dos pájaros de un solo tiro aun cuando los supuesto responsables de aquellos actos, no dilucidados hasta el momento, habían ingresado con visas legales.

El narcotráfico en toda la región mesoamericana se ha entronizado como un poder, que lo lleva incluso a cometer actos de genocidio, superando con creces, a través de la impunidad todos los actos de muerte masiva que se produce por el consumo y trasiego de drogas.

La pregunta que acude a nuestra mente es: ¿Por qué no estos actos atroces no son catalogados como terrorismo? Y luego de ello ¿Por qué no es combatido de la misma manera como se hace en países como Irak, Afganistán?

Migración y desarraigo

Antes de caracterizar al terrorismo narco partamos de lo común que se ha convertido la muerte de migrantes centroamericanos en México, este fenómeno no es nuevo, un migrante de paso originalmente no era concebido como un ser con plenos derechos, en el momento de aquel decidió hacerse a un terreno desconocido sin la “protección consular” este se deja a su suerte, según la Comisión Nacional de Derechos Humanos de México se producen al menos 10 mil secuestros de migrantes en apenas 6 meses del año, muchos de los mismos finalizan con la muerte de los secuestrados.

Por otro lado, no son pocos los casos de robos y extorsiones realizados por las mismas autoridades migratorias y de seguridad, claro está, la muerte no era concebida como un buen negocio en tanto que esto podría desalentar el flujo de los migrantes. Aquellas autoridades se hicieron de millones de dólares que eran repartidos entre todas las esferas de la administración pública.

Es evidente que el flujo migratorio se incrementó con los conflictos civiles en la década de los ochentas, y los consecuentes ajustes estructurales que se produjeron en la década de los noventas, es la miseria y la violencia los motores del flujo, pero hubo un tercer elemento que por lo regular no es tomado en cuenta por los académicos, el desarraigo cultural que el neoliberalismo propugno agresivamente en las últimas tres décadas, el proceso de abandono mental de la realidad, el american way life dejo de ser un vistazo en la pantalla de un cine, se convirtió en la visión más cruda de desprecio hacia sí mismo, es el efecto del perro en medio de la carretera que al ver un vehículo que al acercarse a él queda encandilado y no sabe qué hacer y ocasionalmente muere arrollado.

De centenares pasaron a miles y de miles a millones, las dimensiones del negocio en el trasiego de migrantes ilegales, el narcotráfico que antes empleaba muleros, aviones y barcos para transportar su droga hacia el mayor mercado del mundo de estos productos, vieron en el flujo migratorio una forma alternativa para llevar su carga nociva. Miles fueron tentados por la oferta de un pago al llegar del otro lado de la frontera, un dinero extra que serviría para completar el pago del traficante (pollero o coyote) o para tener un inicio aceptable en los Estados Unidos, ese riesgo termino muchas veces con la muerte de los transportistas, con condenas en cárceles norteamericanas, el dinero recibido no compensaba lo que se perdería si eran atrapados, el negocio decayó.

El narcotraficante dejo de ser sutil, junto con el ofrecimiento de dinero utilizó la amenaza, total él era el dueño de la ruta y la plaza, no habían autoridades porque él las ponía y las quitaba cuando le daba la gana, todo lo que el dinero puede comprar el lo adquiere.

¿Genocidio?

Este concepto comenzó a tomar forma en la región mesoamericana a mediados de los años ochentas cuando después del reacomodo de las fuerzas militares de las naciones centroamericanas que se veían envueltas en conflictos civiles, comenzaron a cometer actos de homicidio colectivo a gran escala, a pesar de que en las décadas de los sesentas y setentas se había producido, la opinión pública influida por las instituciones de derechos humanos europeas, sobre todo, acuñan en forma jurídica el termino.

Luego del advenimiento de los procesos de paz y, los consecuentes procesos de recuperación de la memoria histórica que contrario a lo sucedido en Argentina no desembocaron en juicio hacia los perpetradores de actos genocidio contra la población civil. Los violadores de derechos humanos y los mecanismos de la impunidad institucional poco o nada cambiaron, excepto que muchos de aquellos tenían que buscar nuevos medios de subsistencia, al amparo de las habilidades adquiridas.

A mediados de la década del dos mil, surge en México la noticia de que ex comandos, miembros de tropas elite entrenados en la contrainsurgencia en Guatemala, los tristemente recordados Kaibiles formaban parte del aparato militar de las bandas de narcotráfico, cabe recordar que desde el inicio de las operaciones de contrainsurgencia amparadas por consorcios multinacionales en Irak en esta misma década, el reclutamiento de ex miembros de estos batallones en toda América se convirtió en algo común, esto desnudaba una realidad, hombres altamente entrenados y deshumanizados al servicio, ya no de Estados, sino del mercado de sangre.

Los kaibiles, junto con desertores o veteranos del ejército mexicano, marcaron el cambio de estrategia de los carteles de la droga, los decapitamientos, desmembramientos, secuestros, operativos de seguridad, búsqueda y neutralización del enemigo, hostigamientos, hasta las labores de inteligencia se convirtieron en la nueva estrategia de lucha y conquista de territorios del narco.

Se confirma, como en los conflictos civiles, que el genocidio es un instrumento de horror con fines políticos, se ampara en la impunidad y se perpetra y planifica por profesionales de la guerra, genera en su sistematicidad un profundo cambio cultural.

Narcotráfico y genocidio

Aun cuando las categorías de genocidio se resguardaban para aquellos crímenes masivos contra la población civil en contextos de conflicto civil o de guerra regular, se hace cada más necesario ahondarla más, ciertamente el tráfico y consumo de drogas en el mundo provoca la muerte y desplazamiento de millones de seres humanos, estos actos gran parte de las veces se hace al amparo de Estados que permiten que se lleve a cabo, ejemplo es el mismo Estado Norteamericano que paradójicamente destina miles de millones para su combate, fuera de sus fronteras, más como una forma de apoyar su industria armamentista, pero no desalienta en forma decisiva la cultura del consumo que lo lleva a ser el mayor mercado de todas las sustancias a nivel global.

El descubrimiento de los cadáveres de los setenta y dos migrantes lo que hizo fue sacar a la opinión pública un fenómeno de larga data, se podrían calcular en miles de muertos que no han sido descubiertos en desiertos, selvas, haciendas a lo largo de México y Guatemala que esconden los números del horror y los cuales, a diferencia de los acontecidos durante los conflictos civiles, no encontraran descanso en la justicia.

Droga-Estado-Crimen organizados-consumo se han fusionado, entre finales del siglo XX e inicios del XXI actualmente las economías mesoamericanas descansan no en los aparatos productivos sino en las remesas del extranjero y en la economía dinamizada por el capital surgido del narcotráfico, todo ello forma una cultura de la violencia.

Epílogo

Al cierre de este artículo surgieron dos notas periodisticas que evidenció el tema abordado, la muerte de 17 jóvenes en San Pedro Sula, Honduras, y el paro armado sobre el transporte colectivo urbano en la ciudad de San Salvador, en ambos casos los responsables son supuestos miembros de las pandillas juveniles (Maras) que además se disputan territorios en el trasciego de drogas y para la extorsión.

El genocidio esta presente nuevamente, nunca desaparecio y lo preocupante es que si no se logró la justicia a aquellos que lo planificaron y perpetraron en el pasado no lograran justicia para aquellos que lo hacen hoy en día, el genocidio forma parte la cultura, una cultura que privilegia la amnesia colectiva para huir de sus propios fantasmas.

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