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Reflexiones sobre un tiempo sagrado (I)

El ayuno nos hace romper los hábitos que embotan nuestras vidas y nos adormecen hasta hacernos morir, olvidar lo real...

20/08/2010 - Autor: Webislam - Fuente: Webislam
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Que se derramen especialmente Tus dones sobre todos aquellos que Te buscan sinceramente.
Que se derramen especialmente Tus dones sobre todos aquellos que Te buscan sinceramente.

Reflexiones sobre un tiempo sagrado (I)

Selección de textos de Hashim Cabrera sobre el tiempo del ayuno de Ramadán*

Con el Nombre de Allah, el Más Compasivo, el Más Misericordioso.

El ayuno es una práctica común a todas las tradiciones, una ‘ibada humana universal. La privación voluntaria es una decisión espiritual que equilibra el exceso, compensando el debilitamiento que nos produce la repetición. El ayuno nos hace romper los hábitos que embotan nuestras vidas y nos adormecen hasta hacernos morir, olvidar lo real.

El ayuno no sólo nos libera del mundo, sino también de nosotros mismos. Nos hace comprender, precisamente, que no somos algo diferente del mundo que habitamos. Tan vacíos estamos nosotros como el mundo. No hallamos la realidad por ningún sitio, sólo silencio, sólo quietud inanimada. Nos dice Allah en el Corán, en el Surat al Baqara:

“¡Oh vosotros que habéis llegado a creer! Se os ha prescrito el ayuno como se les prescribió a quienes os precedieron, para que os mantengáis conscientes de Allah".

(Qur’án. 2-183)

El ayuno purifica nuestros corazones de las constricciones a que se ve sometido por la existencia, de las prosternaciones que hacemos a los ídolos consciente ó inconscientemente. Esta privación nos libera de todos los movimientos y pensamientos que no están conscientemente dirigidos a encontrar a Allah. Para eso nos ha prescrito Él el ayuno, como Misericordia, para que se incremente nuestra conciencia de Él, nuestra taqua, nuestro amor por Él, para tenernos más cerca proclamando el Tawhid. Y por eso es el único acto de ‘ibada que el mu’min hace para Allah Solo, como ofrenda y como expresión del sacrificio de sí mismo. Por eso, quien no puede sacrificar durante el Hayy, debe ayunar diez días. El ayuno del mu’min tiene lugar en el marco de su relación personal con su Rabb porque implica una merma del nafs, un abandono de uno mismo y un reconocimiento de aquello que nos mantiene en la Realidad.

Nuestras faltas son los momentos que hemos vivido alejados de Allah habiendo podido ser conscientes de Él. Nuestros errores son también esas imágenes e ideas que han quedado impresas en nuestra memoria y que, pretendiendo ser reales, no hacen sino tratar de velarnos a la Realidad, a nuestra propia conciencia trascendente. Son esos sentimientos que quedaron en algún remoto rincón de nuestro pensar, esas imágenes que quedaron grabadas con fuerza en nuestros corazones; de todas esas formas de idolatría nos libra el ayuno.

A través de la privación de los sentidos ordinarios, al trascender los impulsos y hábitos que estructuran nuestra vida cotidiana, Allah nos procura los sentidos sutiles, despierta nuestras lataif. A través del hambre, Allah nos recuerda el valor de los alimentos, nos descubre nuevamente los sabores y olores inimitables que componen Su creación. Por medio de la sed, Allah nos recuerda que estamos cruzando el desierto del mundo, y que el Agua es el medio por el cual Él nos crea a la vida y que no podemos dar un paso sin ella. Estar sedientos es reconocer que somos una tierra seca y dura en la que Allah hace surgir la vida mediante el agua y nos convierte así en arcilla moldeable, donde exhala Su ruh dándonos la forma que Él quiere, creando el mundo que Él quiere para nosotros. Alhamdulilah.

Sobre las bendiciones contenidas en el ayuno de las palabras, Allah le dice a Mariam, en la Sura que lleva su nombre:

“Come, pues, y bebe, y que se alegren tus ojos! Y si ves a algún ser humano, hazle saber: He hecho voto de silencio al Más Misericordioso y no puedo, por ello, hablar hoy con nadie.”

(Qur’án, 19-26)

Ayunamos de nosotros mismos, dejamos de prestar atención a nuestros ídolos y, en el mejor de los casos, cesan nuestras visiones al ser arrebatados por la Realidad. Alhamdulilah.

En el Riyyad As Salihin encontramos varios hadices que nos hablan sobre el ayuno de Ramadán. Existe uno de Abu Huraira, que oyó decir al Profeta, la paz sea con él:

“Dijo Allah, poderoso y majestuoso: ‘Toda práctica de adoración del hijo de Adam es para él, excepto el ayuno que es para Mí y Yo recompenso por él.’ El ayuno es protección. Y si estáis ayunando ni digáis obscenidades ni gritéis ni alborotéis. Y si alguno de vosotros es insultado o dañado, que diga ¡‘Estoy ayunando!’.

‘¡Por Aquel que tiene en sus manos el alma de Muhámmad, que el aliento de la boca de quien ayuna es mejor ante Allah que el olor del almizcle! El ayunante tiene dos grandes momentos de alegría: el momento de romper el ayuno y cuando llegue el encuentro con su Señor, se alegrará de haber ayunado.”

(Lo relataron Al Bujari y Muslim)

El ayuno es para Allah, porque nos priva de aquello que en nosotros Le vela. Es sólo para Él, porque los mejores frutos del ayuno son el fanah fillah, la extinción en la Realidad, y el baqá, el desembarco en Ella. Es sólo para Él porque nos procura la taqua, la conciencia de Allah como Único Sustentador, como nuestro Rabb. En medio de las horas de Ramadán nos vamos quedando solos y en silencio, regresando a nuestra existencia más elemental y no tenemos más quibla que aquella que nos señala nuestro imán.

El ayuno es una protección, porque no hay temor ninguno en la extinción ni en la subsistencia. Todo temor se quema en el fuego de nuestro fanah. Sólo las lataif están viviendo. Los órganos de nuestro cuerpo siguen sus mandatos con obediencia. Y así Él nos va curando de nuestros males, con esa Ciencia Suya que algunos seres humanos han llegado a conocer.

La alegría del ayuno no sólo está en romperlo y disfrutar con la satisfacción de las necesidades de nuestro cuerpo y de nuestra mente. La otra alegría, aún mayor es la del encuentro con nuestro Creador, el reconocimiento y la constatación de Su proximidad.

Allahumma:

Te pedimos que aceptes nuestro ayuno, un año más, y facilites nuestra travesía en este tiempo bendito.

Que nuestras faltas e idolatrías se deshagan como la niebla entre las horas de Ramadán.

Que el ayuno nos sirva para fortalecer y dulcificar los lazos que nos unen.

Que nos ayude a ser más conscientes de que el Tú está en el Nosotros.

Que tus siervos que sufren en todos los rincones del mundo sean confortados por tu Rahma, ¡Ya Rahim!

Que este Ramadán se derramen especialmente Tus dones espirituales sobre todos aquellos que Te buscan sinceramente y que la conciencia que renazca de nuestras cenizas sea, sobre todo, conciencia de Ti.

Amin.

* Textos extraidos del libro de Hashim Cabrera "Jutbas de dar as Salam". CDPI. Junta Islámica. Almodóvar del Río. 2007.
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