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Terrorismo al estilo centroamericano y la paradoja de su significado en el mundo islamico

Cuando el asombro por los actos de violencia parecía no dejar nada a la imaginación, la realidad se muestra especialmente sangrienta y evocan recuerdos de los pasados conflictos civiles

18/08/2010 - Autor: Julio Abdel Aziz Valdez - Fuente: Webislam
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Mapa de Centroamérica
Mapa de Centroamérica

El denominado triangulo norte de Centroamérica se ha convertido en una de las regiones más peligrosas del mundo: Guatemala, El Salvador y Honduras, que uniendo los índices de muertes diarias por violencia fácilmente puede acercarse a Irak o Afganistán, ambos países que se encuentran bajo ocupación extranjera. Los años de relativa paz, luego de una cruenta historia de conflictos civiles que además de muerte y persecución dejo como saldo estructuras de Estado corruptas y debilitadas.

Diarias son las noticias en los medios sensacionalistas que muestran grados altos de insensibilidad humana, pero no hasta hace tan solo unos cuantos meses, precisamente antes del golpe de Estado contra el presidente Manuel Zelaya en Honduras, cuando se produjo un hecho que ubicaría a la violencia pandilleril en otra dimensión, un grupo de mareros se acercan a un microbús del transporte urbano con personas adentro y proceden dispararle ocasionando la muerte de varios de los desprevenidos vecinos, esto lleno de indignación a la opinión pública que incremento la presencia de las tropas en la calle y puso sobre la mesa la necesidad de leyes de mano dura contra aquellos que se percibían como los hechores de este acto de terrorismo sin razón aparente, la historia que sucedió meses después fue ampliamente cubierta por los medios, el golpe y sus consecuencias para la nación centroamericana.

Hace un par de semanas en un hecho similar, dos grupos de pandilleros (maras) en las calles de San Salvador procedieron a quemar vivas a personas que se conducían en buses del transporte urbano, este hecho complemento una jornada especialmente violenta luego que en la vecina Guatemala, en su ciudad capital, aparecen por la madrugada cuatro cabezas humanas distribuidas en varios sectores de amplia circulación de personas, incluso frente el mismo edificio del Congreso de la República con sendos mensajes contra las autoridades de seguridad, además desde el mes de enero hasta julio se han producido 6 ataques con granadas de mano a los autobuses, con una cauda de 59 heridos y 9 muertos, (El Periódico, Guatemala 1 de agosto del 2010) sin contar el tan sonado caso de un bus repleto de turistas nicaragüenses que fue secuestrado y posteriormente quemado con todos los pasajero incluyendo un pasajero de origen holandés, hecho que fue atribuido al narcotráfico.

Cuando el asombro por los actos de violencia parecía no dejar nada a la imaginación, la realidad se muestra especialmente sangrienta y evocan recuerdos de los pasados conflictos civiles.

Del año 1992 cuando se produjo el inicio de la era de paz política en la región con la firma de los acuerdos de paz en El Salvador, la subsiguiente firma de acuerdos en Guatemala en 1996, se llego a pensar que por fin las muerte finalizarían, sin embargo en balances realizados por diversas instancias muestran que la tendencia de muertes no solo se mantuvo sino que además se incremento, llegando a proyecciones espeluznantes que consideran que dentro de unos pocos años, el número de muertos en tiempos de “paz” será mayor al de los tiempos de “guerra”, en el centro de esta vorágine de violencia se encuentra variables sociales que redefinen la situación social a la existente en aquellos años de conflicto, primero la existencia de pandillas altamente violentas, organizadas, y con un sentido de pertenencia y de identificación cultural hacia su grupo, segundo un Estado debilitado y altamente corrupto, y tercero algo mucho más preocupante, el desarrollo de una cultura de la violencia que inunda todos los aspectos de la vida diaria de millones de centroamericanos, una ideología que poco a poco valida el uso de la violencia como mecanismo de cohesión, defensa y estabilidad emocional.

De las trincheras a los buses

Muchos son los analistas que intentan explicar tal oleada de criminalidad despiadada por el cercano antecedente que dejó el conflicto armado civil, miles de muertes y secuestros provocadas por el enfrentamiento político, las fuerzas de seguridad del Estado se convirtieron en grupos delincuenciales que actuaban al amparo del poder para atacar a un enemigo escondido en la clandestinidad, estos por su parte desde el amparo de una ideología que autojustificaba el uso de la violencia justa por la búsqueda de un bien mayor. Cimentada la paz formalmente entre las partes, se encontraba una cultura alimentada a lo largo de decenas de años, evidentemente los acuerdos de paz no lograron alcanzar a la población que prontamente dejó ver el rostro de la violencia pura, en los hechos que se mencionaban anteriormente el actual presidente de El Salvador (del partido político surgido de la antigua guerrilla) no dudo de calificar de “puro terrorismo”, es difícil pasar el filtro de lo políticamente correcto, tratar de darle una explicación desde la marginalidad o la pobreza resulta insuficiente y hasta cándido.

La experiencia centroamericana resulta especialmente significativa porque dispone una serie de escenarios en regiones que han sido asoladas por conflictos armados civiles prolongados, y luego se alcanza un estado de paz armada (I), donde la institucionalidad se plantea en un escenario de post guerra, pero altamente dependiente de asistencia financiera internacional (especialmente europea y norteamericana).

Esa cooperación internacional, especialmente europea, previendo situaciones como las acontecidas en otros post conflictos, no dudo en aportar millones de dólares para pagar a los excombatientes de uno y otro bando, pensando que ellos se habían formado en una carrera que no debería tener futuro en un contexto de paz, para evitar futuras confrontaciones, se invirtió en compra de fincas, proyectos productivos e incluso en el fortalecimiento de entidades políticas “de oposición”, pero el rostro de la violencia no se encontraba en los desmovilizados sino en la sociedad, a tan solo unos meses después de ese diciembre de 1996 cuando se firmo el últimos de los acuerdos de paz en Guatemala se produjeron los primeros linchamientos de presuntos delincuentes y de ese año para el presente se ha llegado a miles los fallecidos en actos de violencia colectiva que van desde la muerte por politraumatismo hasta la incineración (II), los miembros de las pandillas juveniles son de tres a cinco veces más que los miembros de la antigua guerrilla, las muertes por razones violentas están superando a las causadas por razones políticas ocasionadas a lo largo de al menos tres décadas antes de la firma de los acuerdos de paz en El Salvador y Guatemala.

En estas dos experiencias, los acuerdos alcanzados entre alzados y Estado se realizaron en contextos de gobiernos ampliamente comprometidos con poderes políticos enraizados en elites económicas, en principio y luego dependientes de la voluntad política norteamericana.

¿Terrorismo? Sí, pero no

Después de los atentados del 11 de septiembre, Estados Unidos vendió al mundo entero el concepto de terrorismo ligado al islam, islamistas, radicales, vaya todos aquellos que atentaban contra occidente y sus valores cristianos, democráticos y demás. Bajo este esquema resulta un tanto difícil calificar el acto de lanzar una granada o ametrallar un bus en Guatemala o El Salvador como acto del más execrable terrorismo, tal vez la dificultad de utilizar dicho concepto en el espectro político centroamericano provenga de la procedencia política, en efecto tales grupos delincuenciales no buscarían derribar al gobierno, como en antaño lo pretendían las guerrillas socialistas, pero si buscan la prevalencia de una forma de concebir la vida y la persistencia de una forma de subsistencia económica. Se ha podido determinar que a la llamada pérdida de valores humanos, estos inmediatamente son sustituidos o reemplazados por otros que redefinen la humanidad misma, los perpetradores de tales actos de violencia extrema contra la población definen a aquellos como no merecedores de la existencia en un juego que evoca los argumentos esgrimidos por un grupo de reclusos menores de edad que decapitaron a un docente en uno de los centros de detención en Guatemala, que al preguntarles por las razones para tal acto de violencia la respuesta parecía poseer algún tipo de lógica, se habían secuestrado a dos docentes uno más joven que el otro, al de mayor edad se procedió a decapitarle porque ya había vivido lo suficiente, aparte de ello aparecían las demandas como acceso a la visita, mejor comida o separación de los reclusos por banda criminal a la que se pertenecía (Mara) pero el acto sangriento se consumado.

Fuera de las hipótesis que puedan esgrimir las autoridades sobre los móviles políticos de desestabilización, claro es que al acto terrorista en sí no se le puede catalogar como tal, como difícilmente se le podían endilgar la misma definición a quienes tuvieron responsabilidad de actos de violencia extrema contra población civil durante el conflicto armado.

Hace pocos días el Gobierno de los Estados Unidos publica sus famosos listados de gobiernos que apoyan el terrorismo y los gobiernos en el mundo que no apoyan el esfuerzo por combatir el mismo, en el primer listado, con la excepción de Cuba y Corea del Norte, varios países que supuestamente apoyan el terrorismo su población es mayoritariamente árabe y/o musulmana, México, Colombia, Guatemala, Honduras, Peru, las Guyanas, Jamaica que son algunos de los países del continente donde se desarrolla una activa economía basada en el narcotráfico con “territorios libres” donde prevalecen actos violentos como los descritos al principio, estos no son catalogados como terroristas y menos aun no se persigue tales actos en la forma como se persigue al terrorismo internacional denominado islámico. No existe la congelación de cuentas, expropiación de bienes, cambios en la ideología que alimenta tales actos o apología de la violencia (III), en los países donde existieron organizaciones guerrilleras de izquierda el termino terrorista era mejor empleado para englobar a toda la expresión política que de ahí se derivaba, pero en el caso del terrorismo actual este se queda en el plano actos de violencia extrema de la delincuencia.

Epílogo

Irak en la postguerra y el parangón centroamericano, ¡que viva la muerte al filo del explosivo!

Una nube de humo negro se eleva por el cielo, el sonido de las sirenas al fondo y los charcos de sangre en el asfalto negro, miles de agujeros diminutos alrededor del gran orificio negro y nauseabundo que ha dejado la bomba. Los automovilistas se detienen a ver, y siguen su marcha, sin saber si mañana les tocara no ser expectadores sino pasajeros de esa ruidosa ambulancia. (JV)

Anunciada la retirada de las tropas norteamericanas de Irak solo queda recordar los días aciagos del fin de la presencia norteamericana en Vietnam del Sur en 1972, que habiendo dejado dos millones de muertos no logró impedir que la unificación a la fuerza de Vietnam y su posterior conversión al comunismo, o como habiendo apuntado al apoyo de la democracia liberal en Centroamérica y la suscripción de acuerdos de paz entre 1986 y 1996, y los millones de dólares de inversión no logró que actualmente el triangulo norte sea, con mucho, más violento que Irak y Afganistán.

Para esa Centroamérica de la post guerra no hay terrorismo, siendo los mismos actos de violencia extrema incluso con sus trasfondos políticos e ideológicos que evidentemente ya no se refugian en las izquierdas pero si en una visión nihilista, autodestructiva, altamente caníbal, existencialista que encuentra en la cultura del narcotráfico asidero para considerar que los Estados en el momento que fueron incapaces de apretar los mecanismos de reproducción de esa misma violencia y economía subalterna, se convirtieron en parte del mismo.

El terrorismo después del 11 S adquirió nuevos significados, el asesino que con granada en mano o con un galón de gasolina espera el próximo bus, para desaparecer a sus pasajeros, es solo un soldado que busca reivindicar su propia causa, la de su ansia por castigar a la sociedad que le dio los tenis, la cadena, la mariguana y le machaco en la cabeza que sin dinero no es nada.

Notas:
I. Este concepto tiene que ver con una condición donde en un conflicto en apariencia no se produce la total victoria de algunas de las partes, la paz es asumida más como una condición donde todos ganan, dicha condición en el caso de Guatemala y El Salvador ha demostrado ser un concepto teórico que en la práctica no se concretado, los grupos armados de delincuencia común y organizada actualmente son más numerosos que los grupos insurrectos de la época del conflicto, su ideología de cohesión igual de fuerte que el ideario de clase (pobres vrs. Ricos) original y altamente organizada, la diferencia tal vez es que antes de plantearse el alcanzar el poder construyen el mismo de lo local a lo nacional, con mucho mayor poder económico.
II. Después que los implicados son llevados a un espacio público de la comunidad, luego de ser golpeados por la turba, esta procede a rociarlos de gasolina y les prende fuego, a estos actos siguieron los latigazos, corte de pelo para mujeres, escarnio público, al producirse mayormente en comunidades indígenas se pensó que estos tendrían alguna explicación desde la cosmogonía o desde la aplicación de normas del llamado Derecho Maya, pero contradictoriamente en la parte mestiza de Guatemala los asesinatos por encargo o ajusticiamientos se producen con mayor frecuencia donde sucumben desde ladrones, extorsionadores y violadores hasta hombres y mujeres infieles y los crímenes por “envidias” que no es más que el despojo por asesinato.
III. Son muchos los esfuerzos de los gobiernos europeos por influir en la formación de líderes musulmanes “moderados” que no propaguen lo que ellos denominan “ideologías de odio”, o más recientemente las políticas mismas de prohibición de algunas prendas de vestir de las mujeres o el impedimento para la construcción de minaretes en Suiza, todo ello por considerarlo insidioso o por no corresponder a la idea de “democracia liberal y laica” de la metrópoli.
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