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Cuba: Camino al Socialismo de Mercado

Cambios políticos y económicos ponen en entredicho el actual estado de cosas en Cuba

16/08/2010 - Autor: Pablo Jofré Leal - Fuente: Webislam
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El camino al socialismo está plagado de dificultades.
El camino al socialismo está plagado de dificultades.

Cuba está viviendo un proceso de profundas reformas políticas y económicas que pueden cambiar la cara de la mayor de las Antillas y posiblemente hagan enfilar su rumbo hacia un matizado socialismo de mercado.

Un socialismo de mercado que algunos analistas han comparado con el proceso vivido por China, pero que, indudablemente, tiene visos de un imparable camino hacia la transformación del socialismo soñado en los primero años de la revolución por Fidel Castro, Ernesto Guevara e incluso por el actual Primer Ministro Raúl Castro, que vencido por una porfiada realidad económica debe decidirse por el camino de un capitalismo al estilo cubano.

Tras el fracaso de los socialismos reales, simbolizado por el derrumbe del Muro de Berlín, Cuba comenzó un lento e inexorable camino hacia la crisis económica pues el 95% de su comercio exterior estaba dado con países del denominado Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME) que impulsada por la ex Unión Soviética permitió dividir el trabajo productivo entre los países miembros de esa organización, activando distintas zonas productoras de siderurgia, petroquímica, industria liviana y materias primas, concentrándose Cuba en este último nivel con su aporte en azúcar, níquel y cítricos.

Tras la desaparición del campo socialista y el mercado económico que regía las relaciones entre sus miembros Cuba, a 10 mil kilómetros de esa área de intercambio, comenzó un lento proceso de asfixia que obligó a sus autoridades a decretar el denominado “período especial en tiempos de paz” que en lenguaje profano significaba lisa y llanamente apretarse el cinturón hasta la zona lumbo-sacra. Cuba debió abrirse entonces hacia el turismo con la hoja de doble filo que implicó tal decisión cuyos efectos sociales se verifican hoy en día: apatía en trabajar en empleos que no estén asociados en algo al mundo del Euro y los dólares, diferencias sociales entre aquellos que pueden “resolver” o simplemente deben conformarse con el acceso limitado a los productos de una canasta garantizada pero mínima. Ante esta porfiada realidad, las autoridades políticas han entrado de lleno a quirófano, con la idea de extirpar de raíz cualquier atisbo de soluciones radicales que signifiquen borrar de un plumazo 50 años de revolución. Si van a existir cambios, se afirma en La Habana, que sea “piano, piano pues así se va lontano”

El Quinto período de sesiones de la VII Legislatura de la Asamblea Nacional de Poder Popular de Cuba, sirvió como escenario para que el presidente del Consejo de Estado y de Ministros, Raúl Castro Ruz, pronunciara un discurso donde anunció, que parte de los trabajadores públicos excedentes, “ampliarán el ejército del trabajo por cuenta propia…sin que esto signifique apartarse de los principios establecidos para resucitar nuestra economía sin descarrilarla del socialismo. Debemos dejar de ser el único país del mundo en el que se puede vivir sin trabajar. Hemos adoptado importantes decisiones que constituyen en sí mismas un cambio estructural y de concepto en interés de preservar y desarrollar nuestro sistema social y hacerlo sostenible en el futuro”

Según estadísticas oficiales, la economía de propiedad estatal representa la mayor parte de la economía nacional cubana. La fuerza laboral está conformada por 5 millones de trabajadores de los cuales 1,3 millones trabajan en educación y sanidad. Este sector consume el 60 por ciento del presupuesto estatal, mientras escasea la mano de obra en la industria de construcción y la agricultura, áreas deficitarias y que son los mayores dolores de cabeza en un país que importa el 80% de sus necesidades alimentarias. En lo que se refiere a las expectativas laborales la disminución de 1,1 millones de estudiantes, en comparación con tres lustros atrás es una muestra patente de los problemas que aquejan a Cuba. Preocupa sobremanera a las autoridades, que los jóvenes que salen de su enseñanza media no deseen seguir carreras profesionales o técnicas, mientras sí anhelan entrar a algún sector comercial que tenga acceso a divisas.


Según pudo constatar nuestra revista en conversaciones con funcionarios cubanos, el gobierno cubano ha anunciado que las reducciones comenzarán en el mes de septiembre, iniciándose en el área de la educación. Las medidas anunciadas el domingo, explicó Raúl Castro, buscan terminar con el paternalismo y aumentar la eficiencia de la economía, la única forma, en su opinión, de elevar los salarios y financiar los enormes gastos sociales del sistema socialista.

Las medidas anunciadas no son enteramente nuevas en Cuba, ya hace un par de décadas se realizaron experimentos de abrirse a un incipiente capitalismo, permitiendo realizar actividades que significaban una carga burocrática enorme. Las autoridades caribeñas, tras el derrumbe socialista, se abrieron a la inversión extranjera y autorizó que miles de cubanos (cerca de un cuarto de millón) realizarán trabajos por su cuenta, los denominados popularmente “cuentapropistas”. Decisión que a inicios del 2000 significó una recentralización, principalmente por las distorsiones ocasionadas en un mercado laboral con una sobrepoblación de funcionarios estatales – que cobran en un alicaído peso – y una masa de cubanos con acceso a dólares de la diáspora y de la posibilidad de trabajar, individualmente o en empresas mixtas, con capitales cubanos y extranjeros.

Hubo una vuelta atrás en los permisos para el trabajo particular, que había permitido solucionar problemas de la vida doméstica cubana: gasfitería, acceso a películas, un mercado campesino que ofrecía una variedad de productos que no estaban en los mercados estatales, pequeños restaurantes (paladares) donde poder tener acceso a esparcimiento más variado desde el punto de vista culinario, mecánicos, maniceros, costureras, en fin, una variedad de oficios que de una u otra manera permitían ir “resolviendo”, como suelen decir coloquialmente los cubanos.

El gobierno permitirá también a los cubanos contratar empleados y comercializar algunas producciones, lo que marca un giro en una economía que resulta estar estatizada en un 95%. Esto será posible con la eliminación de varias prohibiciones vigentes para el otorgamiento de nuevas licencias y la comercialización de algunas producciones, flexibilizando esa contratación de fuerza de trabajo. Para el Ministro de Economía, Marino Murillo lo que se está haciendo es una reformulación de la orientación económica que llevaba Cuba “no podemos hablar que se trate de una reforma – sostuvo Murillo - Es una actualización del modelo económico cubano, donde van a primar las categorías económicas del socialismo y no el mercado" lo que implica que el Estado conservará la propiedad estatal y la planificación centralizada. La idea va encaminada recaudar contribuciones destinadas a la seguridad social abonando impuestos sobre los ingresos y ventas de los “cuentapropistas” y cuando se contraten empleados se deberá tributar el uso de esa fuerza de trabajo, según explicó el Comandante Raúl Castro.

Los economistas han advertido que estas medidas son sólo un paliativo para una economía derruida y que se hace necesario elevar y “sincerar” el poder adquisitivo de la población, pues con salarios que promedian los 20 dólares, muchos prefieren buscar soluciones en el mercado negro de una economía paralela que mueve cientos de millones de dólares y cuyo control escapa al Estado. A lo sumo se podrán resolver con estas medidas algunos miles de empleos que saldrán de la abultada plantilla estatal pero no dan solución a los problemas estructurales que aquejan a uno de los Estados más centralizados del mundo.

Así como se ve, el Socialismo a la cubana será otro experimento de un socialismo con una alta cuota de mercado, donde será difícil mantener los puntos de diferencia que han caracterizado a la revolución Cubana leáse: educación, salud y deporte. Más temprano que tarde Cuba tendrá que revisar su actual política de apoyo a países del tercer Mundo, de recibir en su suelo a miles de estudiantes africanos, de seguir pensando y actuando con la lógica del internacionalismo. El implacable capitalismo no aceptará experimentos a medias tintas. Dura prueba enfrenta el veterano Raúl Castro y la vieja hornada de dirigentes de la vieja guardia.

PABLO JOFRÉ LEAL
 

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