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El Hombre y la Comprensión Gnóstica

Todos y cada uno de nosotros, con independencia de nuestras creencias, intuimos una Realidad permanente

08/08/2010 - Autor: Tabatabai - Fuente: El islam shií
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el gnosticismo de las religiones
el gnosticismo de las religiones

Incluso aunque los hombres estén ocupados por obtener sus medios de vida y proveer a sus necesidades diarias, no mostrando preocupación alguna por las cuestiones espirituales, yace dentro de la naturaleza humana un impulso innato por buscar la Realidad última. En ciertos individuos esta fuerza, que está dormida y de manera potencial, se despierta y se manifiesta abiertamente, conduciendo a una serie de percepciones espirituales.

Todo hombre cree en una Realidad permanente a pesar de la afirmación de sofistas y escépticos, quienes llaman a la verdad y a la realidad ilusión y superstición. Ocasionalmente, cuando el hombre ve con una mente limpia y un alma pura que la Realidad permanente impregna el universo y el orden creado, y al mismo tiempo ve el carácter no permanente y pasajero de las diversas partes y elementos del mundo, es capaz de contemplar éste y sus fenómenos como espejos que reflejan la belleza de una realidad permanente. El gozo de la comprensión de esta Realidad borra todo otro goce a los ojos del observador y hace que todas las cosas aparezcan como insignificantes y sin importancia. Esta visión es esa misma «divina atracción» gnóstica que llevaba la atención del hombre centrado en Al-lah hacia el mundo trascendente, despertando el amor de Al-lah en su corazón. Por medio de esta atracción olvida todas las otras cosas. Todos sus variados deseos y anhelos se borran de su mente. Esta atracción guía al hombre a adorar y a alabar a la Divinidad Invisible, que en realidad es más evidente y manifiesta que todo aquello que es visible y audible. En verdad es esta misma atracción interior la que dio lugar a la existencia de las distintas religiones en el mundo, religiones que se basan en la adoración de Allah.

El gnóstico (arif) es aquel que adora a Al-lah por medio del conocimiento y debido al amor que siente por Él, no en la esperanza del premio o por temor al castigo (El sexto Imam Sadiq (as) dijo: «Hay tres tipos de adoración: un grupo adora a Allah por temor, y esa es la adoración de los esclavos. Otro grupo adora a Allah con el objeto de recibir premios, y ésta es la adoración de los mercenarios (o mercaderes). Y un tercer grupo adora a Allah debido a su amor y devoción a Él, y esta es la adoración de los hombres libres. Esa es la mejor forma de adoración». “Bihar Al-Anuar”, vol. XV, pg. 208).

De esta exposición queda claro que no debemos considerar la gnosis como una religión entre otras, sino como el corazón de todas las religiones. La gnosis es uno de los senderos de la adoración, un sendero basado en el conocimiento combinado con el amor, antes que con el temor. Es el sendero para comprobar la realidad íntima de la religión antes que permanecer satisfecho solamente con su forma externa y su pensamiento racional. Toda religión revelada, e incluso aquellas que aparecen bajo la forma de adoración de ídolos, tienen ciertos seguidores que marchan por el sendero de la gnosis. Las religiones politeístas y el judaísmo, el cristianismo, el zoroastrismo y el Islam, tienen todas creyentes que son gnósticos.

Aparición de la Gnosis en el Islam

Entre los compañeros del Profeta Muhammad (saws). El Imam Ali (as) es conocido en particular por su elocuente exposición de las verdades gnósticas y los estadios de la vida espiritual. Sus palabras en este campo comprenden un tesoro de sabiduría inagotable. Entre los trabajos de otros compañeros que han sobrevivido no hay mucho material que se ocupe de este tipo de cuestiones. Entre los vinculados a Ali (as), encontramos a Salman Al-Farsi, Uways Qarani, Kumayl Ibn Ziyad, Roshid Hayari, Mayzam Tammar, Rabi Ibn Jayzam.

De todos modos, hay figuras que fueron consideradas por la mayoría de los sufis, tanto sunnies como shiíes, como las cabezas de las cadenas espirituales (silsila) después del Imam Ali (as). Después de ese grupo aparecieron otros, como Tawus Yamani, Shayban Rai, Malik Ibn Dinar, Ibrahim Adham y Shaqiq Balji, quienes fueron considerados por la gente santos y hombres de Dios. Estos hombres, sin hablar públicamente de la gnosis y el sufismo se presentaban externamente como ascetas y no ocultaban el hecho de que habían sido iniciados por el grupo anterior, experimentando la preparación espiritual bajo su guía.

Después de estos aparecieron al final del siglo VIII (II Hégira) y comienzos del IX, nombres como Bayazid Bastami, Maruf Karji, Yunayd Baghdadi y otros como ellos, quienes siguieron el camino sufi y declararon abiertamente su relación con la gnosis y el sufismo. Divulgaron ciertas expresiones esotéricas basadas en la visión espiritual que, debido a su repulsiva forma externa, trajo sobre ellos la condena de algunos juristas y teólogos. Algunos fueron encarcelados, azotados e incluso, ocasionalmente, asesinados. Así y todo, este grupo persistió y continuó sus actividades a pesar de sus oponentes.

De esta manera la gnosis y el «Camino» (Tariqa) continuó desarrollándose hasta que en los siglos XIII y XIV alcanzó la cumbre de su expansión y poder. Desde entonces, unas veces con mayor fuerza que en otras, continuó su existencia hasta hoy día dentro del mundo islámico. La gnosis o sufismo como lo observamos hoy día apareció primero en el mundo sunní y más tarde entre los shiíes. Los primeros hombres que se declararon abiertamente sufis y gnósticos, y fueron reconocidos como maestros espirituales de las órdenes sufis, aparentemente sigieron al sunnismo en las ramas (furu’) de la Ley Islámica. Muchos de los maestros que los siguieron y que expandieron las órdenes sufis fueron también sunníes en su cumplimiento de la ley.

Con todo eso, estos maestros rastrearon su cadena espiritual, que en la vida espiritual es como la cadena genealógica de una persona, por conducto de sus anteriores maestros hasta el Imam Ali (as). Asimismo, el resultado de sus visiones e intuiciones de acuerdo a como las recibimos nosotros, comunican principalmente verdades respecto a la Unidad divina y a los estadios de la vida espiritual, que se encuentran en los dichos del Imam Ali (as) y otros Imames shiíes. Esto se puede ver siempre que no seamos afectados por algunas de las expresiones chocantes e incluso a veces ofensivas usadas por estos maestros sufis, y consideremos el contenido total de sus enseñanzas reflexiva y pacientemente.

La santidad (En el lenguaje gnóstico, como éstos se olvidan de sí mismos, se convierten en aniquilados en Allah y entregados a Su Guía o walayat) resultante de la iniciación en el sendero espiritual, que los sufis consideran como la perfección del hombre, es un estado que de acuerdo a la creencia shií es poseído en su completitud por los Imames y a través del brillo de su existencia puede ser alcanzado por sus verdaderos seguidores. Y el Polo Espiritual (qutb: Los gnósticos dicen que a través de los Nombres Divinos el mundo ha obtenido una existencia aparente y sigue así su curso. Todos los Nombres Divinos se derivan del «Nombre Completo y Supremo». El Nombre Supremo es el estadio (maqam) del Hombre Universal, que también es llamado el polo espiritual (qutb) del Universo. En ningún momento el mundo del hombre puede existir sin qutb), cuya existencia en todas las épocas es considerada necesaria por todos los sufis y tiene correlación con la concepción shia del imam.

De acuerdo al dicho de la Casa del Profeta, el Imam es, para usar una expresión sufí, el Hombre Universal, la manifestación de los Nombres Divinos y la guía espiritual de las vidas y las acciones de los hombres. Por lo tanto uno puede decir, considerando el concepto shií de walayat, que los maestros sufís son «shiíes» desde el punto de vista de la vida espiritual en relación con la fuente de walayat, aunque desde el punto de vista de la forma externa de la religión siguen la escuela de ley sunní. Es necesario mencionar que incluso en tratados sunnés clásicos se ha dicho a veces que el método espiritual del «Sendero», o las «técnicas» por medio de las que uno llega a conocerse y realizarse, no se pueden explicar a través de las formas y enseñanzas externas de la Sharia. Más bien, esas fuentes afirman que algunos musulmanes han descubierto muchos de estos métodos y prácticas, que entonces se han vuelto aceptables por Allah, como es el caso del monasticismo en la cristiandad Allah Exaltado sea Su Nombre dice:«Este último (el monacato) fue instaurado por ellos (los cristianos) no se lo prescribimos Nosotros, sólo por deseo de satisfacer a Allah, pero no lo observaron como debían» (Sura 57, aleya 27).

Por lo tanto, cada maestro ha diseñado ciertas acciones y prácticas que le han parecido necesarias en el método espiritual, como ser el tipo de ceremonia particular para ser aceptado por el maestro, los detalles de la manera en que se hace la invocación para los nuevos adeptos junto con la túnica, y el uso de la música, el canto y otros métodos de inducir el éxtasis durante la invocación del Nombre Divino. En algunos casos la práctica de la Tariqa se volvió exteriormente separada de la Sharia y puede parecer difícil para un extraño ver la relación íntima e interior entre ellas. Pero teniendo en consideración los principios teóricos del shiismo y estudiando luego en profundidad las fuentes básicas del Islam, es decir el Sagrado Corán y la Sunna, rápidamente se comprobará que es imposible decir que esta guía espiritual no ha sido provista por el propio Islam, o que el Islam ha permanecido despreocupado por clarificar la naturaleza del programa espiritual a ser seguido.

Guía Provista por el Sagrado Corán y la Sunna para el Conocimiento Gnóstico

Al-lah exaltado sea Su Nombre ha ordenado al hombre en distintas partes del Sagrado Corán, reflexionar sobre el Libro Sagrado y persistir en ese esfuerzo, y no estar satisfecho con una comprensión simplemente superficial y elemental del mismo. En muchos versículos, al mundo de la creación y todo lo que hay en él sin excepción, se lo llama portento (ayat), signos y símbolos del Divino. Cierta ponderación y reflexión sobre el sentido de los portentos y los signos, y la penetración en su significado real, revelará el hecho de que las cosas son llamadas por esos nombres porque manifiestan y se hacen conocer, no tanto a ellas mismas, sino a una realidad distinta a ellas (a las cosas mismas). Por ejemplo, una luz roja colocada como signo de peligro, nos recuerda plenamente la idea de peligro de modo que ya no se presta atención a la luz roja en sí. Si uno se pone a pensar acerca de la forma o la esencia de la luz o su color, tendrá presente en su mente solamente la forma de la lámpara o el color, antes que la concepción de peligro. De la misma manera, si el mundo y sus fenómenos son todos en cada aspecto signos y portentos de Allah, el Creador del Universo, los mismos no tienen ninguna independencia ontológica propia. No importa como los vemos, no exhiben nada más que a Allah. Quien a través de la guía del Sagrado Corán es capaz de ver el mundo y a su gente de esa manera, no percibirá otra cosa más que a Dios. En vez de ver solamente esa belleza prestada con otros ojos en la atractiva apariencia del mundo, verá una Belleza Infinita, un Amado que se manifiesta Él Mismo a través de los estrechos límites de este mundo. Por supuesto, como en el ejemplo de la luz roja, lo que es contemplado y visto en «signos» y «portentos» es Allah, el Creador del mundo, y no el propio mundo.

La relación de Allah con el mundo es desde cierto punto de vista como (1+0) no (1+1) ni (1x1) es decir, el mundo no es nada frente a Allah y no le agrega nada. Es en el momento de la comprobación de esta verdad que el fruto de la existencia separada del hombre es robada y de un golpe éste confía su corazón a las manos del amor Divino. Esta comprobación, obviamente, no tiene lugar a través de los ojos, los oídos o los otros sentidos exteriores, ni a través del poder de la imaginación o la razón, porque todos estos instrumentos son ellos mismos signos y portentos y de poca significación para la guía espiritual buscada aquí (El Imam Ali (as) ha dicho: «Allah no es lo que uno puede entender según una categoría de conocimiento. Al-lah es Eso que guía la razón hacia Él». “Bihar Al-Anuar”, vol. II pg. 186). Quien ha alcanzado la visión de Allah y no tiene ninguna otra intención sino recordar a Allah y olvidar todo lo demás, cuando oye que en el Sagrado Corán Allah dice: «Creyentes. Preocupaos de vosotros mismos. Quien se extravía no puede dañaros…» (Sura 5, aleya 105), entonces comprende que el único sendero real que le guiará completa y totalmente es el sendero de la autorrealización.

Su verdadera guía que es Allah mismo le obliga a autoconocerse, para dejar atrás todos los otros caminos y buscar el sendero del autoconocimiento de modo de ver a Allah a través de la ventana de su alma, obteniendo de esta manera el verdadero objeto de su búsqueda. Es por esto que el Profeta Muhammad (saws) dijo: «Quien se conoce a sí mismo, verdaderamente conoce al Señor» (Un conocido hadiz repetido especialmente en las familiares obras sufis y gnósticas, tanto shiítas como sunnitas). Y también dijo: «Entre ustedes, los que mejor conocen a Al-lah, son los que mejor se conocen a sí mismos» (Este hadiz se encuentra también en muchos trabajos gnósticos, tanto shiítas como sunnitas). En cuanto al método de seguir este sendero, hay muchos versículos del Sagrado Corán que ordenan al hombre recordar a Al-lah, como por ejemplo cuando Él dice: «Recordadme, que Yo os recordaré» (Sura 2, aleya 152), y otros similares. Al hombre también se le ordena que cumpla acciones justas, las cuales se describen completamente en los hadices y en el Sagrado Corán.

Al final de esta discusión de las acciones justas, dice Allah: «En el Enviado de Al-lah tenéis ciertamente, un bello modelo» (Sura 33, aleya 21). ¿Cómo puede alguien imaginar que el Islam podía descubrir que un sendero particular es el sendero de toda la gente? ¿O cómo podía hacer conocer ese sendero y no obstante negarse a explicar el método de seguirlo? Porque dice en el Sagrado Corán: «Te hemos revelado la Escritura como aclaración a todo…» (Sura 16, aleya 89).

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