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Peregrinar a un Túnez judeo-musulmán

La luz y la belleza de Túnez son visitadas anualmente por millones de turistas. Algunos de ellos son judíos que vuelven cada año a su país de origen

03/08/2010 - Autor: Mirra Banchón - Fuente: Periodismo Humano
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La comunidad judía en Djerba es una de las tres más grandes que existen en este momento en Túnez.
La comunidad judía en Djerba es una de las tres más grandes que existen en este momento en Túnez.

Un burrito de poco más de un mes atraviesa junto a su madre -ambos decorados con flores- el asentamiento judío de Hara-Kebira, en la tunecina isla de Djerba. Detrás de ellos, músicos y gente del pueblo. La procesión termina donde ha empezado: la casa donde ha nacido el burro; allí se congrega un gran grupo en torno a una autoridad religiosa de la comunidad.

“El primer varón nacido en una familia es de Dios. A los 31 días de su nacimiento –dado que el niño no pertenece ni al padre ni a la madre- la familia tiene que comprarlo. El cohén, el cura digamos, en un acto simbólico se lo venderá a sus padres, representando a Dios. Eso sucede en toda familia judía. Lo que ocurre aquí es que entre los burros, desde hace 150 años, sólo habían nacido niñas; es la primera vez que nace un burrito. Y han hecho el acto simbólico de comprarlo”, explica Moisés Cohén, presidente del Consistorio Judío de París. “Que se aplique también a los animales nunca antes lo había visto”, añade Cohen, cuya familia es originaria de Tánger, emigrada luego a Francia.

“Esta comunidad es muy creyente y está muy unida”, comenta una mujer recién llegada de Israel: ha venido a pasar sus vacaciones y a conocer estos asentamientos judíos, en un país musulmán. Pone sobre el burrito su pañuelo, para que le traiga buena suerte.

“Pregunta a tus ancianos, ellos te dirán”

“Acuérdate de los tiempos antiguos, considera los años de muchas generaciones,
pregunta a tu padre, y él te declarará; a tus ancianos, ellos te dirán”, cita el catedrático Claude Nataf un pasaje del Deutereonomio. Nataf es especialista en la Historia de los judíos, sobre todo de los de Túnez.

“La tradición oral de los judíos de Djerba remonta su presencia en la isla a la destrucción del templo de Salomón”, dice Nataf. Estamos hablando del siglo X antes de Cristo. Sin embargo, no hay pruebas históricas contundentes de su presencia sino hasta la Cartago romana, pocos años antes de comienzos de la era Cristiana.

Luego “los padres de la Iglesia, especialmente Tertuliano, describen las comunidades judías. Por otro lado, las excavaciones realizadas en la época del protectorado francés han permitido descubrir vestigios de esa presencia como la necrópolis de Gammarth o la sinagoga de Naro”, explica el historiador, judío de Túnez, que abandonó el país cuando la comunidad contaba decenas de miles de miembros.

En las juderías tunecinas

Aparte de recoger el dinero de la venta del primer varón en la familia –incluida la del joven asno- en la asamblea de los habitantes de la hara–barrio destinado a los judíos – se subastan bendiciones en forma de cuadros religiosos. “Para recoger dinero para los pobres de la ciudad; en esta comunidad, que es muy chiquitita hay gente muy rica y hay gente que tiene apenas de qué vivir”, comenta Cohen.

La comunidad judía en Djerba es una de las tres más grandes que existen en este momento en Túnez; juntas no llegan a dos mil personas; desde la Edad Media viven agrupados en estos barrios de judíos.

Las versiones del porqué han vivido siempre en zonas especiales difieren: desde órdenes antisemitas gubernamentales en diferentes momentos de la historia hasta por motivos de propia voluntad u organizativos: para evitar los matrimonios mixtos, para hacer más fácil la observación de las costumbres religiosas. “Desde siempre se han dedicado a la orfebrería y les gusta vivir en la hara”, cuenta un taxista en Djerba, musulmán, añadiendo que tenía un amigo judío en ese pueblo, pero que se marchó a vivir a Francia, “como muchos”.

Tunecinos aunque judíos y en Francia

Aunque las cifras difieren de acuerdo con la fuente, en 1948, cuando la fundación del Estado de Israel, los judíos de Túnez sobrepasaban los 100.000 ; desde ese momento, un parteaguas de la historia del siglo XX, diversas olas migratorias fueron mermando la población judía en el norte de África.

Algunas medidas gubernamentales después de la independencia del país en 1956 (dificultades para licencia de importación, mayor gravamen a la propiedad, disolución de los consejos judíos de las comunidades, imposibilidad de ocupar cargos públicos) aportaron a que esta minoría “lo dejase todo atrás”. La presencia francesa en el país –debido al protectorado ejercido desde 1881 hasta 1956- había facilitado las relaciones con París y la adquisición de la nacionalidad gala ; el puente para los emigrantes estaba tendido

La crisis por la última base francesa en Túnez, la Guerra de los Seis Días en 1967 y, después, la Guerra de Yan Kipour en 1973 determinaron momentos de grandes migraciones. Con todo, y en comparación con otros países árabes, el tunecino, bajo Habib Bourguiba, no se caracterizó por una política antisemita. Es más, el más pequeño de los países del Magreb se enfocó, a pesar de las restricciones impuestas, a tolerar a la restante población judía.

Sin ingresos por petróleo y con los conflictos en Argelia y Libia en la puerta de la casa, el gobierno de la pequeña República Tunecina, de 10 millones de habitantes, optó por la apertura comercial, por atraer el turismo, por invertir en la educación y por sujetar las riendas de las turbulencias políticas internacionales que podrían tener ecos en el país.

Así, el presidente tunecino, Zine el-Abidine Ben Alí, en el cargo desde 1987, declaró en el año 1992 que los judíos tunecinos eran ciudadanos con todos los derechos y que aquellos que hubiesen partido podían volver a instalarse en su país. Según el historiador Nataf, el Gobierno comenzó a revalorizar una identidad nacional tunecina bastante más amplia que la arabo-musulmana.
Entonces, cementerios y sinagogas fueron restaurados, se comenzó a respetar las festividades judías en el calendario escolar, se permitieron estudios religiosos judíos paralelos a la escolarización estatal musulmana. Con todo, de una ola de vuelta de judíos hacia Túnez no se puede hablar.

Judíos en un país musulmán

Se trata de una comunidad que mira más bien hacia al pasado y, que a pesar de ser tan pequeña, se encuentra bajo la protección del gobierno de Ben Alí. El aparato de seguridad que se despliega para la visitas de las autoridades judías a Túnez recuerda que la convivencia pacífica no ha existido en otras épocas y, en la actualidad, no es de cajón.

“Los judíos sefarditas, en toda su historia, han convivido con cristianos y árabes. Y aunque hemos sufrido con los dos, ha habido muchos tiempos en la historia judía en España, en Marruecos o en Turquía en que los judíos se llevaban muy bien con los musulmanes”, afirma Abraham Levy, gran rabino de los judíos sefarditas de Londres. “Lo que pasa en Djerba y en Túnez es lo que ha pasado en tiempos muy buenos de nuestra historia; lo que está pasando en Medio Oriente es una una tragedia”, añade.

Y, ¿cómo es posible esta convivencia en un país del Magreb teniendo en cuenta el conflicto entre judíos y musulmanes en Israel y los territorios palestinos, y las tendencias islamistas actuales? « Los judíos tunecinos han formado parte de una sociedad moderna y tolerante y han vivido junto con los musulmanes”, explica Kamel Ben Jounes, director ejecutivo del Instituto para Estudios Internacionales de Túnez. « A pesar de los enfrentamientos entre judíos y musulmanes en Palestina, los líderes musulmanes tunecinos –tanto los oficiales como los independientes- intentan convencer a la mayoría musulmana de que existen diferencias entre los israelíes de Israel y los ciudadanos judíos en Túnez o en el resto del mundo », añade Ben Younes. Originario de Djerba también da testimonio de una infancia durante la que, con su bicicleta, atravesaba la hara: en ese entonces no había las torres de control que se erigieron después del atentado islamista contra la sinagoga en 2002.

Bereberes, otomanos, bizantinos y ¿judíos?

Este país mediterráneo y sahariano –la antigua Cartago- , oficialmente musulmán y con un proyecto nacionalista bastante definido, se ufana del aporte romano, bizantino, otomano y bereber en su identidad. No obstante, “en ningún libro de historia se habla de la presencia milenaria de los judíos”, cuenta Monique, que vive en París. Más que judía de Túnez, Monique se siente tunecina. Educada en el sistema regular, la única judía en el liceo de Nabeul, fue la primera de su clase en lengua y religion árabe; da fe de haber vivido una niñez alejada de conflictos entre musulmanes y judíos. En 1976 tuvo que emigrar.

“¿Convivir con los judíos? ¿En Túnez? ¡Como hermanos!”, responde otro taxista, musulmán, en Túnez ciudad; él conoce las festividades de Djerba y Nabeul; ha estado en Zarsis, al sur, el tercer asentamiento judío en tamaño. ¿Amigos judíos? “Sí, tenía uno.Tenía un restaurante en la Goulette; se ha ido a Francia“, cuenta recalcando que los tunecinos se sienten primero eso, tunecinos, y después musulmanes o judíos.

“¿Un novio judío? No, mi familia no lo aceptaría”, dice Mabrouka, tunecina musulmana. “¿Que mi hija se case con un musulmán? Uhm, difícil; tendría que tener mucha fuerza para enfrentarse a la comunidad”, cuenta Esther, judía sefardita, también de visita.

Visita anual

A las festividades religiosas judías acuden desde el extranjero, principalmente, los miembros de la diáspora. “Son sobre todo mujeres”, cuenta Monique; “vienen con otras de su familia; hacen su peregrinación; piden sus deseos y después gozan de una semana de vacaciones, de hammam”.

Una madre con dos hijos adolescentes relata: “Venimos todos los años; es importante para nosotros, para la armonía en la familia”. A la Ghriba –la sinagoga de la isla que alberga una de las Torahs más antiguas del mundo- hay que ir. La sinagoga tiene la fama de conceder milagros; en el altar de la sinagoga se depositan unos huevos en donde está escrito el deseo a conceder. “He puesto los huevos para una persona a quien le deseo un bebé; soy judía de la region parisina”, relata una mujer mientras espera que pase la menorah de la procesión: “Tengo parientes que vivían en La Goulette, ellos vienen todos los años; yo vengo por mi marido, él conoce Djerba desde siempre, es judío tunecino”.

“Es una comunidad muy tradicional”, comenta la mujer de Israel; “estas costumbres no las había visto yo nunca antes”, dice sonriendo acerca de esta curiosa romería, mientras las autoridades del pueblo, acompañadas por un Gran Rabino, bendicen al burrito.

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