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También hay luminarias en Egipto

Mil setecientos años después de extinta la Biblioteca Alejandrina (1987), la UNESCO lideró la construcción de la Nueva Biblioteca, también con sede en la legendaria ciudad al norte de Egipto

02/08/2010 - Autor: Víctor Morales Lozano - Fuente: El Imparcial
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La Gran biblioteca de Alejandría
La Gran biblioteca de Alejandría

Según fuentes históricas de la época helenística y del siglo I del imperio romano -véase Plutarco-, Alejandro Magno (356-323 a.C.) fundó la ciudad de Alejandría entre las dos victorias militares de un ejército que sellaron el final del “peligro persa” para el legado grecorromano. La Biblioteca Real o Gran Biblioteca de Alejandría, a no confundir con la pequeña biblioteca (Serapeo), fue preservada con esmero por la dinastía egipcia de los Ptolomeos, siendo considerada una referencia de distinción para la cosmopolita ciudad y puerto de la urbe egipcia.

Como apuntan varias fuentes y testimonios vertidos ex post facto, la desidia, el incendio, o la destrucción, de la Biblioteca no se produjo de una vez por todas, sino que parece haber sido el resultado de un proceso combinado de abandono, pillaje y cremación total de los fondos que logró albergar la Alejandrina a la altura del siglo III de la era cristiana.

Mil setecientos años después de extinta la Biblioteca Alejandrina (1987), la UNESCO lideró -de consuno con el gobierno de Egipto y otros patrocinadores públicos y privados procedentes del mundo euro-americano y árabe- la construcción de la Nueva Biblioteca, también con sede en la legendaria ciudad al norte de Egipto.

Su inauguración tuvo lugar el 16 de octubre de 2002. Fue coronada ab initio como patrimonio de la Humanidad, en la medida en que los fondos que albergó -y alberga en la actualidad- constituyeron el abanico bibliotecario más complejo y cosmopolita de la Historia Antigua.

La prestigiosa institución egipcia cuenta a su cabeza con el Director Ismail Serageldin, profesional de trayectoria compleja, puesto que a su formación de ingeniero han venido a superponerse estudios ampliados, grados diversos y honores pertinentes.

Como es sabido, El Cairo cuenta con la mezquita-guía del mundo musulmán sunní, aunque sea Alejandría la ciudad egipcia que ha visto renacer la fundación de su Gran Biblioteca.

Frente a la religiosidad que envuelve a El Cairo, algo que no deja de trascender, e impregna a esta ciudad a pesar de los fastos imperiales y cosmopolitismo de terracota que prolifera en la capital de Egipto, nos encontramos, por el contrario, con el valor simbólico de la Alejandrina y de la capital que la alberga.

Ismail Serageldin, de prosapia turco-otomana, es un converso de vieille souche al Islam aperturista, abierto a todos los vientos que soplan con intensidad en la atmósfera del tiempo presente; Islam aperturista que se beneficia, evidentemente, de las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación que irrumpieron con carácter irreversible en el último cuarto del siglo XX y que no han hecho sino adquirir carta de naturaleza en la centuria de nuestros días.

Serageldin bien podría tener como icono al filósofo cordobés e ilustre musulmán que fue Muhamad Ibn Rusd, (1126-1198), conocido como Averroes en la historia de la filosofía europea.

El mismo Averroes, el médico de altos vuelos Ibn al-Nafis y el sociólogo de la Historia Ibn Jaldun, podrían formar el paradigma antológico del Islam de las Luces. Recientemente, Serageldin ha puntualizado, con nostalgia de los mejores y denostación de dogmáticos: “Cuán diferentes eran esas voces de ilustrados (musulmanes), en comparación con el desvarío frenético y las condenas de todo aquello que es nuevo y diferente, cual se puede ver y oír en el mundo árabe-islámico de nuestros días”. El caso es que siempre cada uno ha de estar a la altura de sus convicciones.

Declaraciones y puntualizaciones del estilo anterior le han valido al Director de la Alejandrina varias repulsas procedentes del ámbito conservador a ultranza, de los ulemas cairotas, por no hablar de la muy potente cofradía de los Hermanos Musulmanes.

Es comprensible que muchos círculos estrechos del Islam rutinario en Egipto, tilden de arrogante a una figura como Serageldin. Por el contrario, y no sólo en Alejandría, hay más de un admirador ponderado del Director de la Biblioteca, a quien se le atribuye la volteriana reflexión: “Puedo estar en desacuerdo con sus opiniones, pero arriesgaría mi vida por defender su derecho a expresarlas”.

Víctor Morales Lezcano es director del Seminario de Fuentes Orales y Gráficas (UNED) y autor de varias monografías sobre España y el Magreb
 
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