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Necesidad de un nuevo referente político de una sociedad de transición

El modelo político de socialismo real se demostró contrario a los deseos de libertad y de felicidad de las masas populares. Hoy existe un vacío político que es necesario llenar

01/08/2010 - Autor: Abel Samir - Fuente: Webislam
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La caída del muro de Berlín.
La caída del muro de Berlín.

El modelo de sociedad “socialista” que se vino abajo

En estos días se celebra la caída del muro de Berlín. Hacen 20 años que ese muro y su sociedad se vinieron abajo. Con la desaparición del muro empezó a derrumbarse un sistema que se planteó alternativo al capitalismo. Y como dice la escritora sueca ex militante del Partido Comunista Sueco y actualmente militante del partido de Izquierda sueco, Åsa Lindeborg, en su artículo publicado no hace mucho en www.continente.nu, con la caída del muro ella se hizo pedazos. Y no sólo ella, muchos militantes de izquierda quedamos sumidos en postración, producto de lo inesperado, de la desaparición de ese referente político. El modelo de “socialismo real” de la DDR desapareció totalmente un año después de la caída del muro. La DDR estaba afrontando una crisis seria con la escapada de su país de miles de jóvenes y personas de media edad con gran preparación profesional. Médicos, ingenieros y técnicos se escapaban con sus familias a través de otros países del área oriental hacia la República Federal Alemana. No había forma de impedirlo y la situación era tan crítica que los dirigentes de la DDR decidieron unir su Estado a la otra Alemania y para eso pidieron el visto bueno del líder soviético Mijail Gorbachov. Entendían, por lo demás, que integrarse a la otra Alemania significaba el fin de su “socialismo”. Se transformarían en capitalistas, aunque su economía nunca pasó de ser un capitalismo de Estado. Tal vez eso no hubiese ocurrido si en la DDR el sistema no hubiese sido tan represivo y el estándar de vida hubiese sido tan alto como en occidente.

El derrumbe de la DDR era la antesala del derrumbe de la URSS y de todos esos Estados “socialistas”. Con el derrumbe de la URSS ocurrido un año después del de la DDR, también todo un movimiento progresista que se afirmaba en lo que la URSS representaba, se vino estrepitosamente al suelo. Los partidos comunistas a nivel mundial se jibarizaron. De partidos relativamente fuertes se transformaron en partidos pequeños y una parte importante de su militancia formó otros partidos o simplemente habiendo perdido su brújula política e ideológica se fueron para la casa sin querer saber nada más de política, defraudados o destrozados por dentro. En la ex-URSS el partido comunista que llegó a tener 18.000.000 de militantes quedó reducido a 15.000. Imaginémonos a un país como Chile que tiene más o menos esa cantidad de habitantes y que de la noche a la mañana quedase reducido a un pueblo del norte llamado Taltal. Difícil de imaginarse y de explicarse racionalmente la desaparición de 17.999.995 de militantes de un día para otro. Los jóvenes pioneros con sus uniformes, sus banderas, sus símbolos y sus himnos revolucionarios lo abandonaron todo. ¿Eran realmente comunistas o sólo un atado de oportunistas? Me pregunto hoy en día. Además de otras chucherías, banderas de los Konsomoles (la juventud comunista) se vendían en cualquier parte de Rusia como souvenir a los turistas. Objetos que habían sido consagrados y que eran equivalentes a los objetos de las iglesias cristianas por el respeto y la devoción de los militantes de ese “socialismo”. Ẳsa Lindeborg reconoce que “fue un error histórico de enormes proporciones ligar la causa del socialismo a la Unión Soviética”. Ese error histórico ha tenido consecuencias desastrosas. Aunque todavía hay mucha gente de la derecha como de la izquierda en todos los países que vinculan a esas experiencias con el socialismo.

La política imperialista de USA especialmente, aunque no perteneciésemos a un partido comunista nos ubicaba al lado de la URSS y de los otros “socialismos” y, al parecer, las alternativas no existían por aquella época. Además, muchos que conocían de cerca estas experiencias, sólo querían ver lo que era correcto y hacían vista gorda de todo aquello que debería haberles producido náuseas. Y esta ceguera temporal tuvo su precio político.

Empieza el derrumbe del campo socialista

La caída del muro fue sólo el comienzo, lo peor de todo estaba por verse. Aun cuando muchas cosas desagradables ocurridas en la URSS se empezaron a conocer a partir del XX Congreso de partido comunista soviético, no todo había conocido la luz del día. Y para colmo, lo que algunos comunistas querían ocultar, estalló como una maléfica caja de Pandora: se abrieron los archivos secretos de la KGB y se conocieron historias increíbles de abuso de poder, de represión dentro y fuera del partido, de ejecuciones de mucha gente que nunca fue criminal, de un sistema en el cual nadie osaba pronunciarse contra la cúpula de la sociedad sin temer ser detenidos y conducidos a cárceles o deportados a pueblos perdidos en la inmensidad de Siberia. De militantes acusados de traidores por no tener la misma opinión política de los que ocupaban los lugares más importantes dentro de la superestructura de la sociedad (entendiendo por superestructura la organización social, jurídica, ideológica, moral en la cual se ubica la clase dominante).

Esa superestructura que se levanta sobre la base económica y que establece el tipo de relaciones sociales de producción conforme al modelo y al sistema económico. Uno de los aportes importantes de Marx fue descubrir que “al cambiar la base económica, se revoluciona, más o menos rápidamente, toda la inmensa superestructura erigida sobre ella”. En esa superestructura, entonces, no sólo existen cosas, sino también hombres, los que ejercen verdaderamente el Poder.

En la base de la sociedad, en la infraestructura ya habían síntomas muy elocuentes de que algo andaba mal en ese ”socialismo real”. La clase trabajadora se había ido apartando de toda actividad política. El inmenso fervor que comenzó en 1917 se había ido apagando y esa clase sólo se manifestaba en las grandes demostraciones del Primero de Mayo u otras fiestas políticas, donde concurrían en masa, pero una gran parte compulsados por el partido y por los que todavía creían en lo que este partido pregonaba. Sobre todo de que en la URSS los logros y beneficios sociales y económicos eran superiores a los de los países capitalistas.

Que la producción de los artículos de consumo en los países capitalistas era de baja calidad comparada con los países “socialistas” y que los artículos de buena calidad sólo los podía adquirir la clase burguesa, etc. Aunque una parte de eso era cierto, una gran parte era sólo un mito. Existían también síntomas de apatía de la clase trabajadora. El ausentismo del trabajo y la baja productividad, además del alcoholismo eran señales de que algo andaba mal en el sistema. Pero los dirigentes parecían no notar esos indicadores alarmantes. Total, de todas maneras ellos ejercían el Poder y gozaban de prebendas que carecía la mayoría, como casas de campo y vacaciones en lugares turísticos alrededor del Mar Negro. Gozaban de tal poder que podían incorporar a sus parientes y amigos al partido y a los puestos vacantes de la burocracia y su admisión al partido ocurría sin muchos contratiempos y así hacían carrera sin ser realmente comunistas. Por esa razón tantos jóvenes konsomoles son hoy en día empresarios ricos y enajenados.

Todas las ejecuciones llevadas a cabo durante la vida de Stalin se apoyaron en la célebre “Ley del 1 de diciembre de 1934” redactada por el mismo Stalin, por la cual toda persona acusada de terrorismo podía ser condenada en un proceso sumario y ejecutada de inmediato sin posibilidades de ser defendida por un abogado o tratar de probar su inocencia. Así fueron sentenciados a muerte militantes del Comité Central del partido como Bujarin, el joven economista Preobrazhensky, Kamenev, Zinoviev (estos últimos que compartían el poder con Stalin) y muchos más y también jefes militares del Ejército Rojo (purga iniciada en 1937, llamada “los procesos de Moscú” que costó la vida a miles de miembros del Ejército Rojo, al punto que de los 90 generales del Ejército Rojo sólo 6 sobrevivieron a la purga) como el general Yakir, reconsiderado después de muerto y declarado víctima de Stalin. Su mujer y hijo de 14 años fueron enviados a cárceles en Siberia, sólo por ser familiares cercanos, porque se sospechaba de ellos, sin prueba alguna de su culpabilidad, acusados de familiares de un “enemigo del pueblo”.

En esas cárceles permanecieron 17 años y, lógicamente, como era natural, terminaron por odiar al sistema “socialista” y a todo lo que significara comunismo. Otros militares conocidos por su lealtad al socialismo como, Mijail Tukachevsky, un héroe de la Primera Guerra mundial y de la Guerra Civil contra el ejército blanco, siguieron la misma suerte. Posteriormente en 1957 el Estado soviético lo declaró inocente de todos los cargos formulados por Stalin. Pero ya era muy tarde, incluso para sus familiares, que durante muchos años fueron maltratados y perseguidos por ser parientes de un “terrorista”.

Una sociedad que habría de ser superior a la capitalista en todo orden de cosas se reveló terriblemente represiva y no se respetaron los derechos humanos. El término terrorista se empleaba en un marco tan grande que cualquiera actividad contraria a la cúpula del partido podía ser considerada una actividad terrorista, y si no confesaban esos terroristas su “culpabilidad” eran sometidos al tratamiento más brutal para que se inculparan. Así cayeron muchos militantes comunistas no sólo de base, también miembros del Comité Central. Y no sólo en la era de Stalin, también después del XX Congreso. Y lo más increíble de todo es que a pesar de las pruebas irrefutables de todo esto, todavía existen militantes dentro y fuera de los partidos comunistas que se niegan a ver la verdad. Todavía justifican todo lo ocurrido porque era necesario proteger al “socialismo”.

La invasión de Checoslovaquia en 1968 era también necesaria para proteger al “socialismo checo”, aunque la gran mayoría del pueblo checoslovaco y la mayoría del partido comunista checo estaban por los cambios democráticos y se oponían a la invasión soviética y de sus aliados del Pacto de Varsovia y lucharon en las calles de Praga contra esa “ayuda” exterior. Esta invasión fue más que nada una prueba de la debilidad del sistema y en especial de la URSS, frente a la crisis de todo el bloque “socialista” de Europa. La crisis que vivió la URSS y sus aliados no era, en lo fundamental, una crisis económica, sino política como tan bien lo expresó el economista y marxista belga Charles Bettelheim, decía además que: “Este factor político decisivo... está constituido por el hecho de que el proletariado (soviético o checoslovaco) ha perdido el Poder político en provecho de una nueva burguesía” (Algunos problemas actuales del socialismo). Algunos hablan de una burocracia degenerada, pero esos apelativos no se sustentan en conceptos políticos. Habría que aclarar que esa nueva clase no era como la burguesía de los países capitalistas, pero de hecho y derecho usufructuaban del producto del trabajo del proletariado soviético.

El modelo económico no pasó de ser un “capitalismo de Estado” porque las empresas no pertenecían a los productores mismos sino al Estado, el que ejercía su dominio a través de esos burócratas. Si bien es cierto, esta medida puede ser necesaria en un primer momento dado la falta de técnicos y de ingenieros entre los trabajadores de la empresa, no se puede eternizar. De hecho se produce en el capitalismo de Estado una separación de los trabajadores de sus medios de producción. Y esa separación tiende a acentuarse cuando las relaciones de producción son mercantiles, es decir, de carácter capitalistas. Y estas relaciones acentúan su carácter capitalista cuando la dirección de la empresa recurre a actitudes autoritarias. El control que se ejercía de arriba-abajo y las sanciones contra los obreros rebeldes marcaron un camino no socialista.

Ya a principios de la revolución, en vida de Lenin, la vocero de la “Oposición Obrera”, Alejandra Kolontai, en un escrito dirigido al Comité Central les decía en uno de sus párrafos: “El principio de nombramiento es admisible, de modo excepcional, en algunos casos especiales, mientras que de hecho se ha convertido en la regla. El nombramiento es la característica esencial de la burocracia; pues bien, ha pasado a ser el hecho universal, reconocido, legal. El nombramiento crea una atmósfera malsana en el Partido, al violar las relaciones de igualdad y de camaradería; alimenta el arribismo; ofrece un terreno abonado al favoritismo y a toda clase de fenómenos de nuestra práctica en el Partido y en el Estado. El nombramiento elimina el sentimiento de responsabilidad en quien ha sido nombrado desde arriba para mandar a los demás, y ensancha el abismo entre la dirección y los escalones inferiores”.

La Oposición Obrera fue duramente reprimida la que terminó por desaparecer como organización, pero los sentimientos no desaparecieron. Lenin mucho después se mostraría preocupado del vigor que tomaría la burocracia dentro de ese sistema y a su muerte esta burocracia se hizo aún más fuerte y pujante. La libertad amplia y la libertad de opinión desaparecieron y ni hablar del derecho a crítica o a discusión al interior del Partido.

Describir todo lo ocurrido dentro de ese modelo “socialista” tomaría muchas carillas y no es el objetivo de este escrito. El objetivo es buscar el consenso de los que vivimos esa época y creíamos en esa sociedad, en ese modelo que llamaron “socialismo real”, en buscar otro modelo de socialismo más humano, que represente los verdaderos intereses de las grandes mayorías y de esa forma podamos seguir avanzando en esta lucha contra el capitalismo que no ha terminado. Nos encontramos en un mundo moderno, claramente dividido en tres sectores bien diferenciados: países ricos y dueños de la tecnología de punta, países en desarrollo y dueños de materias primas de carácter estratégico y países pobres de un escaso desarrollo que se sustentan más bien de la agricultura y de la pesca artesanal y dueños de materias primas que favorecen a sus burguesías locales y a las empresas trasnacionales.

En el primer mundo y también en gran parte del segundo, la clase trabajadora se encuentra tan alienada por el sistema que parece muy difícil que se interesen en derribar el sistema que los oprime. Ellos no sienten la necesidad de la transformación revolucionaria, sólo una parte pequeña tiene conciencia social, sobre todo la juventud estudiantil. Pero, ¿se trata sólo de un problema de consciencia o hay algo más? ¿Nada tiene que ver con eso que la alternativa que hemos presentado como un mundo idílico no fue tal? Indudablemente que los medios de información en manos de la burguesía ha exagerado hasta donde es posible todo lo negativo de ese “socialismo” y por otra parte nos hemos pasado el tiempo tratando de recomponer el modelo y justificar lo injustificable. Es un modelo fracasado que no se puede recomponer. Debe surgir uno nuevo con bases más humanas y, por tanto, mucho más sólidas. Aunque no se puede ni pensar que se pueda crear un modelo de sociedad sin conflictos, y que esos conflictos se resuelvan sin violencia y sin represión, en especial contra la clase trabajadora. Tampoco es posible un modelo en que no exista el Poder y éste sea ejercido de alguna forma. Todavía eso no es posible, sobre todo que vivimos en un mundo rodeado de poderosos Estados que no toleran el socialismo.

Se acusa a Mijail Gorbachov de ser el principal responsable del derrumbe de la URSS. Tiene algo de responsabilidad, sin duda, pero no es el mayor responsable. En su libro “Perestroica” dice que el poder de los sovietes era sólo nominal, aunque oficialmente fuese reconocido así. Dice que todo se dirigía desde la burocracia y los sovietes sólo podían aprobar lo que ya estaba decidido. De esa forma los sovietes habían perdido prestigio ante la masa de los trabajadores. En realidad los soviets habían pasado a constituir una organización puramente decorativa y eso no sólo a partir del XX Congreso, sino mucho antes. Gorbachov intentó democratizar el sistema, hacer de los sovietes un órgano de poder, porque como él mismo lo dice: “Trabajadores, campesinos e intelectuales siempre han sido participantes en todos los órganos de poder, pero no siempre tuvieron la oportunidad de tomar decisiones en la extensión que se necesita para que una sociedad socialista se desarrolle en forma sana. Las masas estaban preparadas para una acción política más activa, pero no había ningún lugar para que eso ocurriese, a pesar de que el socialismo crece más fuerte justamente cuando más gente participa de las actividades políticas”. Más adelante refiriéndose al período de Stalin dice: “Bajo el período de Stalin, las formas autoritarias que se desarrollaron para la sociedad socialista que habían surgido por las circunstancias se transformaron en algo absoluto, y se veía a eso como la única forma pensable de socialismo”. La política de Gorbachov de modernizar el sistema y de hacerlo más democrático tuvo como resultado inmediato el aumento del poder de las repúblicas. En ellas se hizo propaganda del multipartidismo y del nacionalismo preferentemente, además de otras temáticas que antes no se permitían por el Poder soviético, en verdad por el Partido Comunista de la URSS. Las reformas del sistema llegaron muy tarde y el acuerdo tomado por los presidentes de Rusia, Bielorrusia y Ucrania, sin invitar a Gorbachov, echó por tierra a la URSS en 1991, antes de que estas reformas entrasen en acción. Eso permitió que el capitalismo entrase con fuerza en esas repúblicas apoyadas por el propio Estado de cada república ahora estados independientes.

Con el pensamiento sumido en el pasado

El pensamiento político de muchos izquierdistas se ha anquilosado. Se ha quedado fijado a un pasado con muchos éxitos (y también fracasos), pero con un costo social enorme. El conocimiento de la verdad y la razón se ocultan detrás de dogmas, de información falsa y de una inexistente ideología. A Marx se le transforma en un ser perfecto y su pensamiento se acomoda al problema de turno. Otro tanto ocurre con Stalin. Sería el salvador de Europa de las garras del nazismo. Como si los millones de soldados que entregaron sus vidas en esa guerra contra la Alemania nazi no fuese nada. Se mistifica a Stalin y no se quiere reconocer sus errores que le costó al Ejército Rojo muchas bajas, por ejemplo los 3.000.000 de prisioneros, muertos y heridos de soldados soviéticos en la primera etapa de la operación “Barbarroja” (invasión a la URSS de las tropas alemanas en 1941) por la falta de acción de Stalin, que se mantuvo durante tres días paralizado sin dar crédito a las informaciones recibidas de la invasión germana y sin dar la alerta general al Ejército Rojo, incluso sin llamar a cuartel a los que se encontraban con permiso. Así la ofensiva alemana en sus comienzos se encontró con una defensa improvisada y desorganizada lo que les permitió avanzar y rodear a grandes masas del Ejército Rojo enquistado en las ciudades. Pensaba Stalin que sus generales lo engañaban porque tenía un pacto de no agresión firmado con Alemania. Creía que esos generales ―en los cuales desconfiaba― querían que diese un paso en falso y así poder derrocarlo. Tampoco confió en la información que le entregó el líder de los ingleses Churchill creyendo que éste quería que moviese sus tropas a la frontera con Alemania y así de hecho romper con el pacto de no agresión. Y tampoco le dio crédito al informe secreto entregado por el espía soviético Richard Sorge destacado en la embajada alemana en Tokio, quién le informó de la fecha de la invasión.

Otros izquierdistas desestiman todo el pensamiento marxista. El marxismo ya no es una guía para la acción ni un instrumento de análisis, sino una mera doctrina, bastante acomodaticia por cierto. Son recetas para todo problema a discernir, o puras reglas como dicen algunos que nunca entendieron el pensamiento de Marx. La filosofía marxista, el materialismo dialéctico, ha decaído y los militantes se olvidan de su existencia o la citan si saber como aplicarla. Sucede con frecuencia que el materialismo dialéctico pasa a ser sólo un tema escolástico y no una filosofía revolucionaria de la práctica cotidiana de los revolucionarios.

El modelo “socialista” que se inició con la Revolución Rusa y que luego en mayor o en menor medida se aplicó en las otras revoluciones (con las características estructurales propias de esas sociedades), es un modelo que ya no atrae a las masas, tampoco a los llamados cuadros políticos. Solamente unos pocos dogmáticos se aferran al modelo, al parecer, temiendo su propio derrumbe ideológico. Este modelo fue entendido más que nada, y en forma excesiva, en el marco del desarrollo de las fuerzas productivas, en el marco de la productividad, como lo expresara Marcuse en “El Final de la Utopía”. Pero dejando de lado el problema más fundamental, el problema de las relaciones de producción, el problema político por excelencia: el problema del Poder. ¿Quién decide la política y la economía dentro de esa sociedad de transición? ¿El partido o la clase organizada? Marx hablaba de un partido de la clase, o la clase organizada para sí. Los partidos comunistas se arrogaron la representación de toda la clase trabajadora sin que éstos en algún momento fuesen consultados.

Las sociedades llamadas “socialistas”

Me pregunto hoy en día si esas sociedades (la soviética, la china, la coreana, la vietnamesa, la cubana y otras) eran o son realmente sociedades socialistas. Si esos modelos correspondían o no al pensamiento de Marx. Creo que Marx y esos modelos son divergentes. Marx se imaginó una sociedad que fuese más libre, más justa en lo social y en lo económico y más democrática. Los conceptos más importantes de Marx sobre los que se sustentan los demás son la razón y la libertad. Todos los hombres razonamos y estamos en la búsqueda de una sociedad mejor. Deseamos vivir y gozar de la vida que es única. La juventud de hoy quiere una sociedad sin explotación, sin guerras, sin opresión, sin pobreza y sin desempleo. Si no estamos a la altura de sus deseos nos encontraremos muy solos.

Por esa razón, parece muy contradictorio y una negación de esto último el pensamiento marxista de la dictadura del proletariado, es decir, una sociedad dirigida por una dictadura, negando la esencia de la libertad. Una dictadura establecida por un hombre o por un grupo a nombre de toda la sociedad. Decía Marx que: “Entre la sociedad capitalista y la sociedad comunista media el período de la transformación revolucionaria de la primera en la segunda. A este período corresponde también un período político de transición, cuyo Estado no puede ser otro que la dictadura revolucionaria del proletariado (Crítica del programa de Gotha)”. La dictadura del proletariado enunciada por Marx, en lo esencial, era la dictadura de una clase (el proletariado) contra otra clase (la burguesía), no la de un partido a nombre de la clase trabajadora. Marx partía de la premisa que, en la sociedad capitalista, la libertad es un asunto puramente formal, si se considera que el Estado (de todas las formas sociales) es un instrumento al servicio de la clase que tiene el Poder. Es un instrumento fundamentalmente de represión. Aunque respecto al plano internacional el Estado sea el órgano de representación del país respectivo. Como decía Marx respecto al Estado del Imperio francés de su época: “un Estado que no es más que un despotismo militar de armazón burocrático y blindaje policiaco, guarnecido de formas parlamentarias, revuelto con ingredientes feudales e influenciado ya por la burguesía”.

¿Y que Estado hoy en día es un organismo independiente de las clases y neutral en la lucha de clases? Hasta ahora no se ha visto ninguno. Acaso estos componentes que Marx enunció no se dan en todas las sociedades de hoy. Marx creía que podía existir un Estado burgués realmente democrático, como una excepción y nombraba a USA. Pero se equivocó, el Estado de USA no ha dejado en ningún momento de ser un Estado antidemocrático y al servicio de su burguesía. La misma historia me da la razón. Ha ido cambiando las formas, los negros han sido aceptados como humanos y hasta han podido ocupar altos cargos dentro del Estado. Y para que eso ocurriese tuvo que haber una cruenta Guerra Civil que tomó 5 años y dejó una enormidad de muertos. Y aún así, todavía el respeto a los negros y a los indígenas demoró hasta por lo menos la mitad del siglo XX. Todavía durante el gobierno de Kennedy (en los Estados del sur) los negros no podían ir a las mismas escuelas que los blancos o sentarse en los asientos de un microbús reservado sólo para blancos. También existe una cierta forma de persecución contra la gente de religión musulmana. Pero, ¿acaso el Estado norteamericano ha dejado de ser un instrumento de la clase burguesa norteamericana? No debemos confundir las formas con el contenido. Lo reflejado con la esencia. Aunque la represión estatal se disfrace de distintas formas. Pero aún así, la represión aparece apenas se retire un poco la tela delgada que cubre ese cuerpo social.

El anticomunismo y la condena a los ateos ensombrece todo el camino de esa “democracia” norteamericana. Como dice Marcuse que vivió sus últimos años en USA: "...En Estados Unidos puede decirse e imprimirse casi todo lo que se quiera. Pero: primero, el castigo no se hará esperar mucho: pérdida de la situación profesional, imposibilidad de ascenso, vigilancia, si se cree necesario, policía y tribunal; segundo, la presión de los medios públicos de información monopolíticos y la integración general son tan eficaces que puede admitirse la libertad de palabra e información ―lo que pone en evidencia la cerrazón del sistema y no su apertura―. Y no obstante, aún hemos de celebrar y defender, naturalmente, esta libertad de palabra y de información, por ser la condición indispensable para nuestra lucha y nuestro objetivo (A la búsqueda del sentido, página 56)”. Para Marx el sistema “democrático” burgués era una dictadura encubierta. Era una dictadura burguesa. Guardando las formas democráticas el sistema capitalista oprime a la gran masa del pueblo en beneficio de la clase dominante. La gran masa concurre a las urnas cada 4 o 6 años y elige representantes que luego de ser elegidos ya no tienen nada que ver con la masa. El Estado burgués es administrado por una burocracia al servicio de la clase dominante. Ese organismo en forma ilusoria aparece como independiente y de carácter universal, cuando en la realidad depende de una clase en el Poder y, por tanto, responde a intereses particulares. Algo así ocurrió con los Estados populares en las sociedades “socialistas”. El Estado estaba al servicio del partido y de su burocracia que oprimía al pueblo.

En una sociedad de transición hacia el socialismo los que intenten conducir su sociedad hacia esa meta requerirán libertad no sólo para razonar sino también para expresar sus ideas. No puede ser inferior o igual a los sistemas capitalistas. De otra forma, lo que construimos es una sociedad inferior a la capitalista. Coartar la libre racionalidad muestra falta de madurez de los que pretenden conducir ese proceso revolucionario e inevitablemente, conduce al derrumbe del modelo. Lamentablemente muchos que se dicen marxistas, en esas sociedades de transición o fuera de ellas, menosprecian la libertad formal. Las relaciones sociales de producción entonces dejan de ser socialistas o revolucionarias y sólo reproducen al sistema que se quiere cambiar. Los dirigentes de esas experiencias reproducían la sociedad represiva (capitalista) en sus propias necesidades. Por un lado abjuraban del capitalismo y en la práctica lo reproducían al separar cada vez más la base de la superestructura, sin abandonar sus principios del todo, disfrazados de socialistas.

Para los que no se han repuesto del derrumbe o no creen en lo que salió a la luz con la apertura de los archivos secretos de la KGB quedó en el aire una interrogante que no pueden explicarse hasta hoy: ¿Por qué, si el sistema era tan favorable a la clase trabajadora, esta clase no salió a la calle a protestar por el derrumbe de la URSS? ¿Es que todo el proletariado soviético vivía alejado de la información de lo que ocurría en ese momento histórico? Parece algo imposible. Y, ¿qué hay de cierto en todo el contenido que muestra el archivo secreto de la KGB? Hay los que niegan su existencia o recurren a explicaciones simplistas: en todo ello está la mano siniestra de la CIA. Existe una fuerte tendencia a rechazar lo que ha salido a la luz y considerarla como un gran infundio. Las explicaciones simplistas demuestran que una parte importante de los auto-llamados marxistas están impregnados de la cultura burguesa y aunque se manifiesten seguidores del marxismo, su práctica cotidiana y sus análisis están saturados de idealismo burgués. Así aparecen escritos y discursos disfrazados de marxismo que no se alejan mucho de la ideología burguesa.

Los partidos comunistas que se guiaron por la Internacional Comunista y que siguieron los dictados de esa institución sin poner en duda lo más mínimo, hoy en día están pagando ese gran error. En cierta forma son cómplices de todas esas purgas y de todas esas infamias cometidas durante y después de la era de Stalin. A pesar de que tanto ha salido a la luz, no han sido capaces de reconocer sus errores y su complicidad. Por ejemplo no se dice mucho de la persecución de los habitantes de Chechenia cuya cultura y religión son muy diferentes de la cultura judeo-cristiana del resto de Rusia. Desde luego que por esas mismas razones ya han perdido la credibilidad de los pueblos. No por otra razón, sus militancias han disminuido tanto. El costo político ha sido alto, son muy pocos los que todavía acuden a las urnas para apoyarlos, pero ellos confían que los pueblos han de terminar por olvidarse y así, podrán levantar la cabeza de nuevo. Eso es muy difícil, toda vez que los países capitalistas publican muy seguido en la televisión programas que muestran estos errores y horrores del sistema “socialista real”. Y los pueblos, por muy desinteresados que estén en esos programas, en algún momento los verán y se harán muchas preguntas.

Mientras no tengamos un nuevo modelo de sociedad de transición al socialismo, un modelo humanista, un modelo en que se respete la opinión de las minorías, que interprete el sentir de las masas y en especial de la juventud, la tarea de avanzar contra el capitalismo se ve muy difícil, por no decir imposible.

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