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Los atributos del nafs

En verdad, prospera quien lo purifica

27/06/2010 - Autor: Mir Valiuddin - Fuente: musulmanesandaluces.org
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Portada del libro Contemplative disciplines in Sufism, de Mir Valiuddin
Portada del libro Contemplative disciplines in Sufism, de Mir Valiuddin

La necesidad de ser austero con el nafs se entenderá fácilmente desde un punto de vista lógico si tenemos en mente algunos de los atributos del ‘nafs imperante’ y reflexionamos sobre sus efectos dañinos y destructivos.

El autor del Misbah al-Hayat, Mahmud Ibn al-Kashani, ha descrito estos atributos:

1. El primero es la servidumbre a los deseos del cuerpo (pasiones). El nafs siempre busca los placeres sensoriales y realizar los deseos sensuales. Corre tras los placeres mundanales y la lujuria la entiende como su bien. A esto se refiere el Corán cuando dice “Has visto a quien convierte a su deseo en su dios” (Corán, XLV 23).

La austeridad se entiende aquí como el desarrollo del amor de Allah en el corazón rompiendo la esclavitud a los vanos deseos y obedeciendo los mandatos de Allah en concordancia con Su voluntad y teniéndolo como el Amigo. Todo ello engendra en uno la ‘locura divina’.

2. Otro atributo del nafs es la hipocresía (nifaq), es decir, en muchos casos el nafs no está en concordancia con su interior; alaba a la gente en su presencia y la menosprecia en su ausencia. En su presencia hace gala de sinceridad y en su ausencia de justo lo contrario. Aquí la austeridad significa adoptar la verdad y la sinceridad abandonando la hipocresía.

3. El tercer atributo del nafs es la ostentación y el disimulo (riya). Ante la gente el nafs puede parecer tener buenas cualidades, aunque ante los ojos de Allah pueden ser deplorables, por ejemplo, el orgullo ante la riqueza y prosperidad, la violencia, la independencia, etc. Igualmente, cuando el nafs evita aquello que es reprensible a los ojos de la gente, aunque ante Allah pueda ser elogiable, como por ejemplo, la pobreza, la humildad, la sumisión, se dice que el nafs padece de riya. Como consecuencia de esta riya, su poseedor llega a ser popular entre la gente, pero reprensible ante Allah, llega a estar cercano a la gente pero alejado de Allah.

Este atributo del nafs puede ser curado cuando se le revela el aya del Corán, “No obstante, han tomado dioses aparte de Él, que no crean nada sino que ellos mismos son creados, ni tiene poder para perjudicarse ni beneficiarse, ni controlan la muerte, la vida o la Resurrección” (Corán, 25, 3)

Estos dioses no tienen en su poder nada con lo que puedan beneficiar las vidas de los hombres.

El nafs que ‘disimula’ debería saber que se asemeja al fuego que revela su buen atributo, es decir, la luz, pero esconde su atributo destructivo, es decir, la destrucción. Pero la persona sensible está despierta a las actividades de disimulo del nafs y no se deja engañar por ello. Cuanto mayor es el deseo de disimulo ante la gente más pierde en dignidad. Si una mujer vieja se adorna de manera ostentosa con colorines y oropeles queriendo aparentar juventud, tal vez a un chico joven le parezca esto bonito y agradable, mientras que el hombre sabio lo contemplará con disgusto y antipatía.

El remedio más efectivo contra el disimulo, es que al igual que uno trata de guardar sus vicios ante los demás, de igual manera debe ocultar ante los demás sus virtudes y buenas acciones, pues el disimulo es una seria enfermedad del alma.

4. Otro atributo del nafs es reclamar para sí la adoración. El nafs o ego, siempre desea ser alabado por parte de los demás, que le sigan y le obedezcan; deben preferirlo ante cualquier otro, temerle y tener confianza en él en toda circunstancia. Todo esto no es mas que una pretensión de divinidad, pues todas estas relaciones han de establecerse única y exclusivamente con Allah y no con ninguna otra criatura, pues sino entramos en conflicto con la Soberanía de Allah Todopoderoso. Esto representa la culminación del orgullo. Un sufí ha dicho, ‘Es sorprendente que el hombre, quien se limpia con su mano el excremento una o dos veces al día, se sienta orgulloso de sí y reclame la divinidad compitiendo con Aquel que abarca los cielos y la tierra’.

Hadrat Taus notó cierto orgullo en ‘Umar ibn ‘Abd al-Aziz poco después de haber realizado su Peregrinación y antes de ser nombrado califa. Así pues, Hadrat Taus metió su mano en el bolsillo de ‘Umar y le dijo, ‘Aquel cuyo intestino está lleno de mierda no anda de esta forma’.

Según los sufíes, en tanto los Atributos divinos no le sean revelados al discípulo, el nafs no renuncia a su pretensión de divinidad. Cuando el discípulo se da cuenta de que los atributos de la existencia, es decir, conocimiento, poder, voluntad, etc. Pertenecen realmente a Allah Todopoderoso exclusivamente, y que su existencia es solamente ‘relativa’ exclama:

A veces el orgullo nos aguijonea,

A veces la uña de la humildad nos acaricia,

¡Oh Dard! No somos nada, pero la falsa ilusión de ser existente

nos presenta cada momento en una nueva forma.

5. Otro atributo del nafs es la tacañería y avaricia. El nafs no quiere renunciar a aquello que ha adquirido en materia de propiedades, posesiones y placeres. La razón de esto es bien el orgullo, bien el miedo a la pobreza en el futuro. Cuando este atributo se hace fuerte en el nafs, aparece la envidia. La persona envidiosa no quiere el bien de otra, y si encuentra a alguien a quien la fortuna le ha sonreído busca su ruina. Cuando este proceso continúa acaba en el odio.

La avaricia es el resultado del amor por la riqueza y la propiedad; es el principal problema en el mundo. Por otra parte si uno no posee algo de riqueza, sufre y la pobreza que de ello se deriva puede conducirlo al kufr (negar el Islam); el que adquiere riqueza puede volverse rebelde e intolerante, como dice el Corán, “¡No! El hombre en verdad transgrede, porque se considera por encima de toda necesidad” (Corán 96, 6-7).

Un poeta dijo. “Si nada poseo me encuentro triste y apesadumbrado, y si poseo, mi amor por ello me ata”.

La persona indigente puede tener dos estados: satisfacción o codicia; el primero es loable el segundo despreciable. De igual forma la persona que vive en la opulencia puede tener dos estados: el primero la avaricia y el segundo la generosidad en la dispensación de los bienes. La avaricia es un atributo del nafs que no se encuentra solo en el alma del rico; con pocas excepciones este atributo se encuentra en la mayoría de las personas, porque la avaricia forma parte de la naturaleza humana. Se ha dicho: “Si un hombre posee dos valles de oro, aspira a un tercero. Solo la tierra de la tumba puede llenar la barriga del hombre, y Allah presta atención a aquel que hacia Él se vuelve”.

El remedio para la avaricia es la satisfacción tal y como dijo el Profeta del Islam, “Enhorabuena a aquel que es guiado hacia el Islam y que encuentra lo suficiente en aquello que tiene”.

Los sufíes dicen, “El hombre quiere ganarse el mundo con tres objetivos: honor, riqueza y confort; aquel que practica la auto satisfacción gana respeto, llega a ser rico y disfruta del confort”.

El miserable debería reflexionar sobre las virtudes de la generosidad mencionadas en el Corán y los hadices. La experiencia nos dice que el miserable carece de amigos mientras que el generoso es amado por todos.

Allah es generoso y ama a los generosos. Se ha narrado en un hadiz de ‘Aisha, que el Profeta del Islam dijo, “El hombre generoso está cercano a Allah, cercano a la humanidad, cercano al Paraíso y lejos del Fuego. El miserable está lejos del Jardín del Paraíso y cercano al Fuego”.

A Asma, la hija de Abu Bakr, se le dijo, “No atesores dinero. Si lo haces Allah se comportará contigo de igual manera y no será espléndido contigo. No atesores y no seas miserable, porque sino la generosidad no se te mostrará; da en la medida de tus posibilidades”.

El significado de todo esto es que si uno deja de gastar, la fuente del sustento se seca, porque Allah da a aquel que da a otros.

En cierta ocasión un sabio vio una rupia en la mano de un hombre y le dijo, “¿De quién es esta rupia?, el hombre dijo, ‘Es mía’, el sabio dijo, ‘No es tuya hasta que pase a otra mano”.

Un poeta dijo, “Mientras atesores riqueza eres un esclavo; cuando gastes en nombre de Allah, la riqueza será tu esclava”.

Estos son unos cuantos de los atributos del nafs, por esto es que los profetas y sabios siempre han practicado la austeridad con el nafs porque éste es el obstáculo más importante en el progreso espiritual. El Profeta del Islam dijo, “Tu mayor enemigo es tu nafs que está entre los dos costados”.

Los grandes sabios del Islam siempre han considerado al nafs como el gran ídolo y han enseñado que “La lucha contra el nafs es un acto de ‘ibada (sometimiento a Allah) y que ceder al nafs es la base del kufr (negación del Islam)”; y también han enseñado, “Si deseas vivir una vida feliz, mata el nafs, pues no hay un enemigo mayor que tu nafs”.

Los innumerables deseos del nafs son los velos que nos separan de nuestro objetivo real, llegar hasta Allah. Tan pronto estos velos, dispuesto en capas sobre capas, son levantados, el objetivo de la vida se alcanza.

El famoso sufí egipcio, Dhu’n-Nun ha dicho, “Allah Todopoderoso ha concedido el mayor honor a algunos de Sus siervos haciéndoles ver la vileza del nafs, y ha hundido en el mayor de los deshonores a aquel de Sus siervos al que ha privado de este conocimiento. Hasta que el nafs no es purgado de sus malos atributos el corazón no estará a salvo de los pensamientos diabólicos”.

Un sabio ha dicho, “Si tu nafs se manifiesta aunque sea por un momento, Shaytan estará entonces susurrándote en tu corazón”.

En todas las épocas los espiritualmente despiertos han enfatizado la purificación del nafs y han dicho con letras de oro”

La coquetería de Shaytan se debe a tu astucia solamente,

Cada deseo en ti es realmente tu demonio,

Cuando realizas un deseo,

Cien diablos se crean en ti, esto es todo.

Dos atributos del nafs hacen que esté privado de todo bien: la indulgencia en aquello que codicia y la ausencia del recuerdo de Allah.

Cuando el nafs es purificado mediante la austeridad se alcanza el estado de rida o satisfacción, dice el Corán, “En verdad, prospera quien lo purifica” (Corán 91, 9).

El alma entonces ya no es el ‘alma depravada’, ha llegado a ser el ‘alma reposada’; ha dejado de ser la esclava de los deseos, para estar en sintonía con la Voluntad de Allah.

Un sufí ha dicho,

La religión del amor no es egoísmo,

Sino humildad y sumisión,

Estar satisfecho con aquello que se te ha dado,

Nada hay más desagradable que tu insatisfacción.

 

Contemplative disciplines in Sufism, Mir Valiuddin
Traducción: www.musulmanesandaluces.org
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