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¿Un santo como presidente?

Colombia eligió a un nuevo presidente: Juan Manuel Santos

26/06/2010 - Autor: Pablo Jofré Leal - Fuente: Webislam
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Juan Manule Santos: Nuevo presidnete de Colombia. Un Santo que no genera devoción.
Juan Manule Santos: Nuevo presidnete de Colombia. Un Santo que no genera devoción.

Tal como se auguraba, el ex Ministro de Defensa del gobierno de Álvaro Uribe y considerado su Delfín político, Juan Manuel Santos, triunfó en las elecciones presidenciales colombianas. Asumirá el próximo 7 de agosto el sillón presidencial de la Casa de Nariño, consolidando una sucesión aliada de Estados Unidos en la región y un bloque derechista junto a los gobiernos de Chile y Perú.

Nacido en Bogotá en 1951, Juan Manuel Santos estudió en las universidades de Harvard y Kansas, en EE.UU., y en la Escuela de Economía de Londres. Con experiencia como ministro de Defensa, Hacienda y Comercio, Santos es considerado como un hombre pragmático, disciplinado y con gran capacidad de liderazgo. Tiene una larga experiencia política, pero nunca compitió por cargos de elección popular, hasta ahora, en que triunfó para el más importante de esos cargos. Santos es miembro de una familia de periodistas, abogados y economistas y hasta un tío ex presidente, que llega a la presidencia de Colombia como el político colombiano que más votos ha logrado en los últimos 25 años, lo que no es menor en un país donde la abstención alcanza promedios del 50% del universo total de votantes. Santos alcanzó el 69,05% de los votos frente al 27,52% de su oponente, Antanas Mockus, del Partido Verde.

Contunuidad es el concepto

El triunfo de Santos en segunda vuelta, contra el ex alcalde de Bogotá, anuncia la continuidad de la política uribista en Colombia, con promesas de más empleo y profundizar la política interna económica neoliberal y militar contrainsurgente de su predecesor. En lo inmediato, en el plano militar eso implica, por ejemplo, profundizar la lucha contra la insurgencia encabezada por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) que tan positivos resultados le otorgó al gobierno de Uribe, gracias al apoyo de las agencias de seguridad e inteligencia estadounidenses y de cuyos frutos bebe hoy Santos.

Para el sociólogo Decio Machado, esta política de continuidad significa también “ofrecer una recomposición en las deterioradas relaciones con sus países vecinos, especialmente con Ecuador y Venezuela pero también enfrentar la alta cifra de desempleo que afecta a cerca del 12 % de los colombianos en edad de trabajar, reducir la pobreza y mejorar la cobertura de salud, el acceso a la educación y no incrementar la carga tributaria”. Difícil panorama para Santos en esta área, toda vez que se ha comprometido a crear más de 2,5 millones de empleos y formalizar otro millón. Para esto, según lo ha dicho, continuará con la política de subsidios y exenciones tributarias para los empresarios, que en su idea viene a ser la única vía para disminuir la pobreza.

La desaceleración de la economía será un difícil escollo, pues tal efecto post crísis, ha traído consigo el incremento de la desocupación y el deterioro de la calidad del trabajo. Ambos elementos han incidido en forma negativa en el comportamiento de la pobreza y de la pobreza extrema, ahondando con ello la brecha social en uno de los países con la más alta diferencia entre el quintil más rico y los dos quintiles más pobres. El resultado de esta constatación es que más de 20 millones de personas viven en la pobreza en Colombia y más de 8 en la indigencia en una población total de 45 millones de colombianos.

Para Machado, según señala el informe de la Misión de Empleo, Desigualdad y Pobreza en Colombia, el 45,5 % de los colombianos vive en la pobreza y el 16,4 % en la pobreza extrema. En Colombia se considera que un hogar está en condición de pobreza cuando, estando conformado por cuatro personas, tiene ingresos inferiores a un millón 100 mil pesos mensuales. En cuanto a la indigencia (pobreza extrema), se hace referencia a los hogares que no tienen ingresos suficientes para comprar una canasta básica de alimentos, que en el país se estima que cuesta 450 mil pesos para cuatro integrantes. Según el PNUD, las metas del Gobierno, frente al tema, que eran de cifras de pobreza del 28 % en 2015, no será posible cumplirlas, considerando que 48 de cada 100 colombianos seguirán pobres en el 2011” duro trabajo le espera al nuevo presidente en esta área en la cual tendrá que encomendarse a más de un santo.

En el plano económico, que Santos ha declarado como prioritario en su gestión ha comenzado a desplegar una batería de medidas y decisiones para cumplir lo prometido en su campaña “trabajo, trabajo y más trabajo”. Al día siguiente de haber triunfado en las elecciones, el mandatario anunció el primer miembro de su Gabinete: Juan Carlos Echeverry, investido como Ministro de Hacienda de quien se recuerda su paso como miembro del equipo que puso en marcha un ajuste fiscal en Colombia en plena crisis financiera, entre el año 1998 y 2002. Este nombramiento confirma el análisis respecto a que la economía será, junto a la lucha contra la insurgencia sus máximas prioridades

Para los analistas políticos colombianos uno de los grandes retos, allí en el área chica del manejo económico, será reducir un déficit público colombiano que llega al 4,3%. Para el logro de este objetivo el nuevo gobierno anunció que ampliará la base tributaria sin subir los impuestos, con la idea de reducir las exenciones y los subsidios a las grandes empresas, que no sean capaces de crear los empleos “formales” con los cuales se ha comprometido. El presidente electo ha reafirmado que su gobierno mantendrá los programas sociales puestos en marcha por su antecesor, reiterando lo que suele ser el discurso permanente de aquellos que triunfan en las elecciones, repetido casi como una letanía “mi compromiso con los más pobres". Si bien Colombia ha logrado reducir en diez puntos los niveles de pobreza en los últimos ocho años, todavía un 45% de la población vive en condiciones de pobreza precisamente en aquellas zonas de Colombia donde las FARC son más fuertes.

Colombia como eslabón

En el plano de las relaciones internacionales el mandatario electo ha señalado que se encuentra cercano a los gobiernos andinos de Derecha: Alan García de Perú y Sebastián Piñera de Chile, quienes han señalado su satisfacción frente al triunfo de quien formará, sin duda, parte de una triada dispuesta a enfrentarse, principalmente, a la influencia del régimen chavista en el continente.

Santos, a pesar de estos aliados deberá solucionar un duro obstáculo diplomático y geopolítico, del cual él es el principal ideólogo e impulsor: la presencia de siete bases estadounidenses en territorio Colombia, convirtiéndose la Base Aérea de Palanquero, en una plataforma desde donde poder situar unidades militares estadounidenses en cualquier rincón del territorio latinoamericano en apenas 72 horas. Decisión llevada a cabo por el saliente régimen uribista pero que Santos está dispuesto a mantener, generando con ello una enorme inquietud en los países de la UNASUR, y especialmente en Venezuela.

Para el cientista político Marcelo Colussi “las elecciones en Colombia permiten predecir que este país seguirá jugando el papel geoestratégico que ha comenzado a jugar los últimos años. Más aún con el reciente triunfo electoral de Juan Manuel Santos, un “duro” que continuará la política guerrerista de Álvaro Uribe o más precisamente, que continuará con los dictados de Washington en su plan de dominación hemisférica: Colombia como el Israel latinoamericano. Colombia con las fuerzas armadas más grandes en términos comparativos en todo el subcontinente, casi tan grandes como las brasileñas (con cinco veces menos población que el país carioca), y con una batería de bases militares estadounidenses en su propio territorio que tornan virtualmente posible el control de toda la región latinoamericana por tropas norteamericanas con capacidad de control absoluto del área en espacio de unas pocas horas”.

La decisión del nuevo gobierno es mantener contra viento y marea las bases ofrecidas a Estados Unidos, pues ello les garantiza dinero fresco y un apoyo logístico fundamental en su lucha contra la producción de drogas y el combate contra la insurgencia. Tal decisión ha generado la lógica inquietud en los países de UNASUR y especialmente en Venezuela, cuyo gobierno no ve con buenos ojos la elección del que se considera un Halcón y un títere de las políticas antivenezolanas de Estados Unidos.

A estas dificultades se agrega la enorme desconfianza que la figura de Santos genera en las organizaciones defensoras de los derechos humanos, principalmente por su cercanía al presidente Uribe. A ambos se les ha acusado de ser aliados políticos de los escuadrones de la muerte y con una política contrainsurgente que tiene sus raíces en las políticas de las agencias de seguridad estadounidenses.

Como prueba de la cercanía de Santos a los paramilitares se señalan las declaraciones del líder paramilitar Salvatore Mancuso. Este declaró, en una audiencia, que el año 1997, Santos había planeado derrocar al entonces presidente Ernesto Samper, apoyándose en figuras políticas cercanas a este ex presidente, como era su vicepresidente, unido a grupos paramilitares. Ya iniciada la campaña electoral 2010, Mancuso volvió a denunciar esto a través de un teleconferencia desde la cárcel de Washington, donde está desde 2008, cuando el gobierno colombiano lo extraditó a EE UU. Según Mancuso, Santos fue a los campamentos de los paramilitares para pedir respaldo al golpe contra Samper, y reunirse con el que en aquel momento era el líder máximo de los “paras”, Carlos Castaño.

En palabras de Decio Machado, no sólo atemoriza esa cercanía de Santos con la ultraderecha sino también “las amenazas y asesinatos contra sindicalistas, periodistas, personas lesbianas, gays, bisexuales y transgeneristas, y contra quienes promueven sus derechos, como también la situación de quienes defienden derechos etnoterritoriales de comunidades afrocolombianas y pueblos indígenas. Los cánticos belicistas de Juan Manuel Santos, hacen prever un incremento del número de desplazados colombianos. Un informe presentado en mayo de 2009 por el Centro de Control de Desplazamientos Internos señala que la población desplazada en Colombia por la violencia alcanzó en 2008 los 4,3 millones de personas. A efectos de desplazamiento externo, se estima en el Ecuador un número entre 135 y 170 mil refugiados colombianos”

A lo señalado hay que agregar las acusaciones contra el mandatario electo de ser el autor intelectual de los llamados “falsos positivos” como se conoce a las denuncias hechas a finales de 2008 contra el gobierno de Uribe y en específico contra Santos y que involucran a miembros del ejército en el asesinato de civiles para hacerlos pasar como guerrilleros muertos en combate. Con este proceder se cobraban las recompensas que el gobierno ofrecía a quienes mataran o entregaran “vivo o muerto” a un guerrillero, en un remake sangriento de las viejas películas del oeste, que tanto suelen gustar al electo mandatario colombiano.

Pero nada parecía empañar la triunfal carrera hacia Nariño, que comenzó Santos a consolidar en su gestión como Ministro de Defensa. En ese período, avalado por el apoyo total de la administración del ex presidente George W. Bush, Santos logró dar certeros golpes a las FARC, tales como las muertes del líder guerrillero Militón Sierra Gómez, el jefe guerrillero Tomás Medina Caracas, conocido como “el Negro Acacio” y sobre todo la operación que significó la muerte del segundo comandante en rango de las FARC, el Comandante Luís Edgar Devia Silva, alías “Raúl Reyes”, en marzo de 2008, en territorio ecuatoriano y que significó la posibilidad cierta de enfrascarse en una pugna militar con sus vecinos de Ecuador y Venezuela. A ello se sumó la liberación de la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt, tres estadounidenses y once militares y policías secuestrados en la llamada Operación Jaque, en julio del 2008.

Todo este trabajo contrainsurgente, aupado por una campaña comunicacional de impacto mundial, pavimentó el camino para que el Uribismo encontrara en Santos la figura para suceder al aún presidente colombiano, que abandonará la presidencia con niveles de popularidad cercanas al 70%. Nada de mal para aquel que representa la vanguardia de la derecha política latinoamericana y que servido de modelo político y filosófico para un Sebastián Piñera en Chile, cuyos asesores no han escatimado esfuerzos en compararlo con el saliente mandatario colombiano. No está de más recordar la vieja máxima de que en el reino de los ciegos el tuerto es rey, al menos es lo que piensan aquellos que no ven con buenos ojos compararse a la figura de un presidente cuestionado en múltiples aspectos y menos con un santo que no es reconocido como tal por ninguna congregación religiosa.


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