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Entre Penes y Vaginas: Genitalidad, Sexualidad y Humanidad

El feminismo actual, que deriva de la revolución sexual de los años 60, está vinculado estrechamente con una visión marxista de la sexualidad

28/05/2010 - Autor: Yaisa Marrugo - Fuente: Webislam
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El beso.
El beso.

Retrato de una sociedad en crisis

“¡Oh humanos! Os hemos creado de un varón y de una hembra y hemos hechos de vosotros naciones y tribus para que os conozcáis entre vosotros…” (Corán 49:13)

“…Más para Adán no halló ayuda que fuese idónea para él. Y Dios hizo caer el sueño sobre Adán, y este se quedó dormido; entonces tomó una de sus costillas y cerró la carne en su lugar; Y dijo Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne, esta será llamada Varona, porque del varón fue tomada. Por lo tanto dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.” (Antiguo Testamento- Pentateuco-Génesis 2:20-24)

Desde los albores de nuestra existencia, hombre y mujer fueron creados como parte de un todo, seres complementarios, luz y sombra, el Ying y el Yang de una especie de criaturas privilegiadas por el Creador (llamado Al-lah, Y.H.W.H, God, Dios, Umvellnqangi, Got, Gott, Gudd, Allon, Deus, Dieu, Dio, Deu, Dia, Duw, en lenguas árabe, hebrea, inglesa, castellana, zulú, Afrikaans, alemán, danés, sueco y noruego, fenicio, portugués, francés, italiano, catalán, escocés y galés) a las cuales le ha conferido la supremacía absoluta y regencia sobre todo aquello que habita sobre la tierra, encima y debajo de ella.

Al referirnos a una especie, botánica y zoológicamente hablando, señalamos a cada uno de los grupos en que se dividen los géneros y que se componen de individuos que, además de los caracteres genéricos, tienen en común otros caracteres por los cuales se asemejan entre sí y se distinguen de los de las demás especies. La especie se subdivide a veces en variedades o razas y dentro de esta, en particular, subyace una diferenciación, que singularmente en nuestro caso ha suscitado una monumental controversia, desencadenadora de un particular proceso de degeneración, a saber, la diferenciación de géneros.

Etiológicamente hablando, este proceso de “Resexualización del Hombre” (lo cual resulta a todas luces ridículo, tratándose del Hombre como género ó como especie) empieza a fraguarse entre los siglos XVII al XIX, cuando en Europa los intelectuales promueven el modelo cultural llamado “Iluminismo”, el cual pretende separar la moral (privada y pública) de la religión (Vista en aquel momento como concepto ético), pretendiendo un modelo “Ético y moral laico” que promueva el máximo placer al mayor número de personas, evitando a toda costa el dolor, ya que este es concebido como “malo” desde el punto de vista ético.

Se plantea entonces la obtención de placer como el fin último de la vida, lo cual anula cualquier cabida para la palabra responsabilidad. Al mismo tiempo, con la aparición de las teorías freudianas, se otorga el estatus de fuente primaria de placer al sexo, por lo que las obligaciones derivadas de su ejercicio resultan indeseables. Hablamos entonces de ejercer de manera “libre”, todas aquellas prácticas asociadas con la obtención del placer, sin asumir ningún tipo de responsabilidades u obligaciones ya que estas representan ataduras, coerción y represión, lo cual es antinatural al deseo primigenio del placer, creando así una cultura utilitarista, hedonista y una fuerte mentalidad anticonceptiva.

A partir de ese momento de la historia, empezó a considerarse a la mujer como objeto de placer sexual, articulo desechable cuya única finalidad era el de satisfacer las lujurias de los libidinosos hombres, sin que estos tuviesen ningún tipo de responsabilidad con ellas, ni las “consecuencias” de sus ardientes faenas, empezó a promulgarse la libertad sexual y las “reivindicaciones” de los derechos de las mujeres, esta época fue testigo mudo del nacimiento del movimiento feminista, el cual a la postre terminaría forjando las cadenas que subyugan a las esclavizadas mujeres de hoy.

Pero el clímax en el desarrollo de este modelo fue alcanzado en el “País de la Libertad”, poco tiempo después de la segunda Guerra Mundial, iniciando su etapa de auge en la década de los 60ts, siendo sus principales artífices Alfred Kinsey y Hugh Hefner.

Kinsey, llamado “El Padre de la Revolución Sexual” plantea que: La sexualidad es incontrolable, el matrimonio es parte de un condicionamiento social, el sexo fuera del matrimonio es normal y saludable, las familias son innecesarias y, el incesto y el sexo entre niños y adultos es completamente normal. Hefner, por su parte, fundó el imperio Playboy en 1.953.

El “Estudio Kinsey” y la “Filosofía Playboy” proporcionaron la base del fundamento a la promulgación del “Sexo Libre” en las escuelas públicas y la sociedad norteamericana a partir de la década de los 60ts y aún persiste. Además ha sido el modelo seguido por muchísimas de las sociedades de países desarrollados y en vías de desarrollo que ciegamente imitan al “Gigante del Norte”, incluso en sus “Colosales Estupideces”.

Esta “Revolución Sexual” estuvo marcada por tres facetas:

1. Desviación de los fines de la sexualidad:
a. Sexo sin amor
b. Sexo fuera del matrimonio
c. Sexo sin finalidad procreativa
2. Aceptación y reconocimiento social y legal de la homosexualidad (Sexo sin referente natural)
a. Homosexualidad masculina
b. Homosexualidad femenina (lesbianismo)
c. Bisexualidad
3. Tecnología aplicada a la reproducción humana
a. Genética reproductiva
b. Reproducción sin sexo
c. Técnicas de reproducción asistida
d. Clonación, etc.

El feminismo actual, que deriva de la revolución sexual de los años 60, está vinculado estrechamente con una visión marxista de la sexualidad, que suprime el sexo y lo sustituye por la premisa de que la noción de género nace a partir de la idea de que lo femenino y lo masculino no son hechos naturales biológicos, sino construcciones culturales, por lo que se considera que hombres y mujeres nacen sexualmente neutrales y adquieren uno u otro género según el papel social y cultural que ejerzan.

Dentro del mismo orden de ideas Simone de Beauvoin plantea que “La mujer no nace, sino que se hace”; Betty Friedan, en su libro “Mística de la Feminidad” niega lo femenino y envidia e imita lo masculino, mientras que Kate Millet, por su parte, defiende la tesis de que la mujer está universalmente oprimida y explotada por el hombre, y que solo a través de una toma de consciencia común, esta podría cambiar la situación de las estructuras que la oprimen, considera que la sexualidad opta por garantizar el deseo sexual, de los hombres por las mujeres, planteamiento que dio origen al lesbianismo radical.

Finalmente el matrimonio es identificado como fuente de opresión y se reivindica el irrenunciable placer sexual de la mujer, ligado, para algunas de ellas, al descubrimiento del placer “clitoriano”(y su contraparte el placer fálico), lo que acaba derivando en la independencia entre sexo y coito. Esta concepción es la que dará lugar a que se considere que la liberación sexual de la mujer debe luchar por la emancipación de la heterosexualidad, porque además libera a la mujer de “La carga de la concepción”.

A lo anterior cabría preguntarse entonces, que fue del pasaje bíblico:

“… Con dolor parirás a tus hijos; para tu marido será tu deseo y él se enseñoreará de ti” (Génesis 2:16)

Y los versos Coránicos:

“Él es quien os ha creado de un solo ser, y de este ser surgió su esposa, para encontrar la tranquilidad cerca de ella. Cuando cohabitó con ella, ella cargó una carga liviana que no la entorpecía. Cuando el fardo se hizo más pesado, los dos invocaron a Al-lah, su Señor; “Sí Tú nos das un hijo bueno y virtuoso, seremos del numero de los agradecidos”” (Corán 7: 189)

“…Su madre lo llevó penosamente en su seno y lo dio a luz con dolor…” (Corán 46:15)

De resultar correctos los planteamientos anteriores (que en efecto no lo son), quedaría una incógnita por resolver:

¿Por qué hemos sido creados seres diferenciadamente sexuados y no hermafroditas?

¿Ó más aún, que papel cumple, entonces, el perfecto sistema reproductivo con el que fue dotado el hombre, si en última instancia, estamos relegando esta imprescindible función a la simple búsqueda del placer y considerando su verdadera finalidad como una “consecuencia indeseable de ella”?

Si de placer sexual se trata entonces, no habría la necesidad de dos sistemas genitales diferenciados, ya que en última instancia, la estimulación clitoriana ó fálica, proporcionan exactamente el mismo tipo de placer, independientemente de que sea alcanzada a través de recursos propios ó de la intervención de seres u objetos ajenos a nosotros.

Es decir, según esta visión de la vida y la existencia humana, hemos reducido a ese grupo de criaturas, a quienes Al-lah ha concedido el más alto de los privilegios, a un montón de hombres pene y mujeres vagina, quienes con la ayuda de todo tipo de recursos externos (drogas y el sinfín de aberraciones que de ellas se derivan y las que lo acompañan, en toda la extensión de su significado), conforman nuestras “Modernas Sociedades Libres”.

Como consecuencia de esta percepción del mundo, el matrimonio fue desvirtuado y la familia declarada innecesaria, lo que convirtió a nuestras sociedades en un grupo amorfo y caótico de personas que transitan por las frías selvas de asfalto en su incesante búsqueda por conseguir placer, a cualquier costo, y evitar el dolor, ó todo aquello en lo que ellos crean se encuentre representado.

En este mundo de placeres reales y virtuales hablamos entonces de un cambio (que aunque algunos menos optimistas lo llaman inversión, yo lo llamaría pérdida total) en la escala de valores morales y éticos, llevando a percibir lo natural como malo y lo repudiable como placentero.

La transformación sufrida por la estructura familiar, presentada por nuestro creador, a través de los tiempos y culturas, ha sido modificada tan profundamente que fuimos testigos del nacimiento del concepto de familia comunitaria (grupos de hombres y mujeres que cohabitan en un espacio determinado compartiéndolo todo, de manera indiscriminada, incluyendo el sexo), homosexual y monoparental.

Solo bastará con consultar las estadísticas a cerca de consumo de drogas, prostitución, abandono infantil, suicidios y delincuencia, entre otros, para hacernos a una idea clara de la gravedad y relevancia de las consecuencias de esta concepción hedonista y lisonjera de la vida y el mundo, la cual, muy seguramente, nos conducirá hacia el impacto frontal con nuestra desgracia y finalmente a la total extinción.

Visión islámica del papel de la mujer en la familia y la sociedad

Los miembros de cada sociedad humana, independientemente de su tipo y sistema de creencia, tienen deberes que se espera que cumplan, así como derechos de los cuales disfrutan, tal y como lo plantea Rousseau en su Emilio:"es difícil demostrar la validez de un contrato que no obliga más que a una de las partes, que pone todo de un lado y nada del otro". De hecho, el sentido del término "sociedad" depende, en gran parte, del equilibrio coordinado de estos dos elementos, es decir derechos y deberes. Sin embargo, las sociedades humanas se diferencian entre sí respecto a los factores específicos y causas que determinan los derechos y deberes que los caracterizan. Esto, por su parte, está relacionado con el sistema de creencias religiosas y conceptos ó filosofías sociales a las cuales la sociedad en cuestión se acoge, así como la costumbre predominante entre sus miembros. Dando además por entendido que la mujer en todas tales sociedades es obligada a tener tanto derechos, de los cuales ella disfruta, como deberes que se espera que cumpla. A este respecto, no hay ninguna diferencia esencial entre la mujer y el hombre, sin tener en cuenta el grado de igualdad ó desigualdad que exista entre ellos.

Desde los albores de la creación misma, fue asignado a la mujer un papel primordial en el establecimiento de la sociedad y la conservación del ser humano como especie y criatura privilegiada, a saber, el papel de madre.

La conformación estructural del cuerpo de la mujer se encuentra fabulosamente diseñado para concebir y albergar durante el periodo de gestación al nuevo individuo, luego del cual, y por un maravilloso milagro de Al-lah, es capaz de producir el mejor de los alimentos para su hijo, mediante un completo sistema que regula de forma integral sus funciones orgánicas y psíquicas, este sorprendente ser es capaz de dar vida y sostener a los nuevos individuos.

Pero lo anterior deja de ser del todo fascinante si tomamos en cuenta que estas mismas funciones son cumplidas por las hembras de otras especies, menos privilegiadas, dado que corresponde a uno de los procesos del ciclo vital de los seres vivos, el de la reproducción, sin embargo es aquí en donde aparece el verdadero papel de la mujer en la sociedad, aquel que la hace protagonista, el de madre educadora.

El termino educar proviene del latín educare, que significa dirigir, encaminar ó adoctrinar, es decir, la madre educadora es aquella que desarrolla y perfecciona las facultades intelectuales y morales del niño y el joven, por medio de preceptos, ejercicios, ejemplos, etc., a fin de formar hombres y mujeres ética, física, mental, psicológica, social y sexualmente sanos, en base a una creencia correcta, con miras a la construcción de una sociedad ideal.

Esta labor por supuesto, debe ser desarrollada en conjunto con los demás integrantes de la familia, sin perder de vista que cada uno de ellos posee una determinada función en el cumplimiento de este objetivo, pero tomando en cuenta que en cuanto a la responsabilidad del proceso formativo y educativo como tal, la mujer es la llamada a tomar la bandera en el asunto.

Al respecto el Sagrado Corán dice:

“¡Oh vosotros que habéis creído! Preservad vuestras personas y vuestras familias de un fuego cuyo combustible serán las gentes y las piedras…” (Corán 66:6)

Al-Bukhari y Muslim relatan:

“Ibn ‘Umar dijo: ‘Oí al Mensajero de Al-lah (Paz y las Bendiciones desciendan sobre él) decir: «…Todos vosotros sois pastores y todos vosotros sois responsables por vuestro rebaño. El emir (gobernante) es el guardián (pastor) de la gente y es responsable de su rebaño (por el modo en que los ha conducido). (Análogamente) El hombre es el guardián de los miembros de su familia y es responsable por ellos; la mujer es la guardiana de la casa de su marido y de sus hijos y es responsable por ellos...”

Fue relatado que Abu Sulaymán Malik Al-Huwayrith dijo: “Fuimos a la casa del profeta (La Paz y las Bendiciones desciendan sobre él) con un grupo de compañeros y permanecimos allí durante veinte noches. El pensó que nos encontrábamos nostálgicos y preguntó quienes de nosotros habíamos abandonado nuestras familias. Entonces le contestamos y con gran amabilidad y compasión nos dijo: ‘Regresad a vuestras familias, enseñadles, instruidles y rezad en la misma manera que me habéis visto hacerlo. Cuando sea el tiempo de la oración permite que uno de vosotros lleve a cabo el llamado (Adhan) y que el mayor de entre vosotros dirija la oración”

Lo anterior implica de manera reciproca e interdependientes dos importantes premisas:

1. El hombre es el directo responsable por la manutención (proveedor) del hogar y los lineamientos generales y políticas establecidas para el funcionamiento de la familia nuclear.

2. La mujer lo es por la aplicación de las normas, lineamientos y políticas establecidas por el cabeza de familia, servir como soporte y consejera de su marido, establecer las estrategias necesarias a fin de cumplir cabalmente su misión, velar por los intereses de su esposo y su familia, que finalmente hacen parte de los suyos propios.

A fin de cumplir cabalmente con su papel, la mujer debe, desde su infancia y durante toda su vida, prepararse concienzudamente para ello, por lo que la educación del más alto nivel pasa de ser un derecho para convertirse en un deber de la mujer, nadie puede dar de aquello que no tiene, ni enseñar de aquello que no sabe, si la mujer es la responsable de educar debe estar en posesión de las herramientas necesarias para hacerlo.

Partiendo de este principio, podremos trascender fácilmente el mito de la mujer ignorante, inculta, relegada al último de los rincones de la casa, abriéndonos paso hacia la imagen de una mujer capaz de liderar un importante proceso, a saber, el de formar a aquellos que cimentarán la sociedad deseada, e ir más allá, proyectándose en los diferentes estamentos sociales.

Muestra de este tipo de mujer fueron las esposas del Profeta Muhammad (Que la paz y las bendiciones de Al-lah desciendan sobre él) quienes, contrariamente a lo que muchos pensarían, fueron, además de madres ejemplares y, esposas abnegadas y dedicadas, participes activas en la construcción del nuevo estado y del desarrollo de la historia del establecimiento y expansión de la llamada de Al-lah.

Todas, con excepción de Aisha, fueron madres de familia, pero solo Khadiya dio hijos al Profeta.

Shifá Bint Abdullah, dada su aguda inteligencia política, era frecuentemente consultada por Umar durante su califato, además de esto le fueron otorgadas responsabilidades en cuanto a asuntos de estado relacionados con cuestiones comerciales; de igual forma durante la migración del Profeta a Medina, Ruqayya Bint Saifee le advirtió a cerca de las intensiones de los incrédulos de atacarle en su casa.

Aisha memorizó completamente el Corán y luego de la muerte del Profeta dedicó su vida a transmitir todo aquello que de él había aprendido, al igual que lo hicieran Umm Salmah, Umm Waraqah y muchas otras, que Al-lah esté complacido con todas ellas.

El caso de Khadiya bint Khawaylid fue un caso excepcional, a su matrimonio con el Mensajero de Al-lah esta brillante mujer, proveniente de una rica, poderosa e influyente familia, había estado casada en dos ocasiones anteriores y poseía dos hijos, de su primer matrimonio, y una hija, del segundo. Era una hábil comerciante, ampliamente conocida y respetada entre los árabes. Fue la primera persona en dar credibilidad a las palabras del Profeta y aceptar el Islam como religión y modo de vida, brindándole un gran soporte en sus primeros días.

El Mensajero de Al-alh se refirió a ella en términos de una de las cuatro mejores mujeres del universo, junto a Fátima, su hija, María, madre de Jesús, y Aisha Bint Muzahim, la esposa del Faraón, quien adoptó a Moisés.

“No he encontrado una mejor esposa que ella. Creyó en mí cuando nadie, incluso los miembros de mi propia familia y tribu, lo hizo y aceptó que yo era realmente el Mensajero de Al-lah. Se convirtió al Islam, gastó todos sus bienes y fortuna en ayudarme a extender la fe, al tiempo que el mundo entero se tornaba en mi contra. Y a través de ella Al-lah me bendijo con hijos”. (Narrado por Aisha)

A demás de lo anterior, pero quizá lo más importante de todo, fue la distinción con la que Al-lah le reconoció al enviarle su “Saludo de Paz” a través del Ángel Gabriel, acontecimiento ampliamente comentado por Al-Bukhari en su Sahih.

Khadiya pasó a la historia como una esposa, madre y musulmana virtuosa, ejemplo de mujer que demuestra con creses la maravillosa capacidad con la que Al-lah ha dotado a estos seres para desempeñarse de manera exitosa en todas y cada una de las diferentes facetas de su vida, sin obligar nunca que entre todas estas existe un orden de prioridades y que el papel fundamental es el de madre educadora, sustento y guarda de la integridad de la suciedad.

Por último debe resaltarse además, que como sistema hacemos parte de un complejo mecanismo que compone la pareja, la familia y la sociedad, en el cual todos sus componentes son necesarios, por lo que el cumplimiento de los deberes se hace inherente al disfrute de los derechos de cada uno de los miembros, siendo de carácter obligatorio el respeto y reconocimiento mutuos como lubricante en esta complicada pero perfecta máquina que representa nuestra sociedad humana.

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