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Las mil y una formas del hiyab

La exclusión histórica de las mujeres musulmanas en la vida pública es la demanda que con tanta fuerza se manifiesta hoy en forma de hiyab

18/05/2010 - Autor: Malika Arifa al-Yerrahi - Fuente: Webislam
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Atleta musulmana.
Atleta musulmana.

La aceptación o prohibición del uso del hiyab es el tema más actual sobre Islam en la mayoría de los medios de comunicación en los países de Occidente. Antes de entrar de lleno al debate, conviene hacer ciertas aclaraciones conceptuales y etimológicas: Hiyab procede de la raíz árabe hayâba, que significa “esconder”, “ocultar a la vista”, así como “separar”; alude a un obstáculo entre dos cosas o personas, como “barrera”, “cortina” o “pantalla”, por lo que su semántica tiene más connotaciones que el término de “velo” utilizado comúnmente.

Es así que el término hiyab, aunque se use indistintamente, de manera formal es un género, a partir del cual, se puede observar una tipología derivada de su uso social, cuya especificidad ha sido determinada geográfica, política y culturalmente; y en la cual podemos reconocer los siguientes tipos principales: el niqáb, es un velo negro que cubre todo el rostro, dejando sólo una rejilla que descubre los ojos, se utiliza principalmente en los países de la zona del Golfo: Irán, Kuwait, Bahréin, Qatar, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Omán, y también en el norte de África: Argelia, Egipto, Libia, Marruecos, Túnez, Sudan, Mauritania, en las regiones españolas de Ceuta, Melilla y Canarias; así como en el suroeste de Asia: Indonesia, Malasia, y en el Subcontinente Indio: India, Pakistán, Bangladesh, Nepal, Bután, entre otros países y regiones.

Otro de los tipos de hiyab es la famosa burka, (representada en los medios de comunicación occidentales como símbolo de la sumisión femenina), que es un vestido amplio que se lleva en varios colores, y que cubre todo el cuerpo y el rostro, dejando sólo una malla en los ojos; de origen y uso preislámico en el desierto, ha sido impuesta por el régimen talibán en Afganistán, desde 1996; el chador, utilizado sobre todo en Irán, es un vestido amplio, usualmente negro que se cierra por delante y cubre todo el cuerpo, con excepción del rostro, fue prohibido en 1936 por el Shah de Irán, y se reintrodujo su uso a partir del triunfo de la Revolución en 1979; la Abaya, capa negra amplia que cubre todo el cuerpo y el rostro, dejando una rejilla en el área de los ojos, utilizada en particular en Arabia Saudita y Palestina. Por último, en los países occidentales predomina el velo islámico multicolor, que es un pañuelo que cubre la cabeza, la frente, y el cuello.

De esta tipología básica se despliegan a su vez tres condiciones generales a nivel social que podemos observar en el uso del hiyab, a saber: por tradición o costumbre, en la que no se le cuestiona; segundo: la imposición y coerción del Estado, en la que las mujeres son obligadas a utilizarlo bajo la advertencia de ser castigadas si no lo hacen; y por último: por elección. En el caso de la tradición, no existe coerción estatal, sin embargo, sí impera la costumbre y obligación en las relaciones familiares y sociales; en la situación de la  imposición del Estado, existen ejemplos muy ilustrativos, como Arabia Saudita, Yemen, los Emiratos Árabes, así como el régimen talibán en Afganistán, donde está absolutamente prohibido y castigado para las mujeres salir sin el hiyab; y en la elección, que es la que impera en los países occidentales, su uso representa más que un símbolo, la práctica pública e integral del Islam que reivindica así el derecho a la libertad de culto y expresión, plasmado en el discurso de la democracia y la libertad en Occidente. 

Tanto la tipología del hiyab como su condición de uso no son estáticas, aunque pueden ser predominantes en una época y geografía determinada, como se observa en las referencias antes citadas; esto, sin embargo, no significa que permanezcan inamovibles, sino que su transformación es continua, dependiendo y en relación estrecha con los cambios políticos y sociales, como lo es la misma expresión del Islam, que es la fuente de vida, el agua en continuo movimiento, que toma la forma del recipiente que la contiene, de ahí que le nombremos a este pequeño estudio, las mil y una formas del hiyab.

Ya en el plano del debate, iniciaremos con el versículo del bendito Qur’an que fundamenta el uso del hiyab entre los musulmanes: Sura 33: 59 (parte 2ª): Al-Ahsab (La Coalición)
¡Oh Profeta! Di a tus esposas, a tus hijas y a las demás mujeres creyentes, que deben echarse por encima sus vestiduras externas cuando estén en público: esto ayudará a que sean reconocidas como mujeres decentes y no sean importunadas. Pero aun así, ¡Dios es en verdad indulgente, dispensador de gracia!

Como se puede apreciar con claridad, no existe ninguna referencia concreta al uso del hiyab, ni a la forma, y en especial al lugar donde estas vestiduras deben colocarse, como abunda en su comentario Muhammad Asad, autor de El Mensaje del Qur’an: “La formulación específica y limitada en el tiempo de este versículo (evidente por la referencia a las esposas e hijas del Profeta), así como la vaguedad deliberada de la recomendación a las mujeres de que "deben echarse por encima sus vestiduras externas (min yalabibihinna)" cuando estén en público, ponen de manifiesto que este versículo no tenía carácter de mandamiento (hukm) en el sentido general e intemporal del término, sino que debía ser, más bien, una norma moral a observar en función del marco cambiante de la época y del entorno social. Esta conclusión se ve confirmada por la referencia final a la indulgencia y la gracia de Dios”.

De lo anterior, podemos concluir entonces que no existe coerción posible en el uso del hiyab que encuentre su fundamento en el bendito Qur’an, y que por lo tanto cualquier argumento de obligatoriedad proveniente de algún Estado, régimen, o grupo, significa de algún modo una transgresión y una afrenta a la misericordia e indulgencia expresada por Allah.

Con base en este estatus de libre elección en el uso del hiyab, fundamentado en el Qur’an, podemos entonces ubicar la discusión sobre su aceptación o prohibición, ya no como un tema meramente religioso, sino primordialmente político, en el que se pone en tensión la veracidad y certeza práctica del discurso del marco de derechos de la democracia, y también del discurso imperante en los Estados que se ostentan como musulmanes.

Esto es así, porque es la actual generación de mujeres en los países de Occidente, quienes con mayor fuerza reivindican su derecho al uso del hiyab, como una elección autónoma y libre, sustentada en los derechos constitucionales que aseguran la expresión pública y privada de su espiritualidad. Al mismo tiempo que musulmanas, dan la batalla en defensa de sus derechos legales de acceso al conocimiento, al trabajo, al tiempo libre, bajo los cánones que consideran lícitos de acuerdo a una lectura actualizada del Islam; lo que exige como condiciones mínimas, para vivirlo en plenitud: el respeto total a su forma de vestir, adecuación y construcción de espacios físicos y de tiempo en las escuelas y centros de trabajo, para realizar las cinco oraciones diarias (salat); comida lícita (halal); la construcción de mezquitas como espacios colectivos de la comunidad musulmana, con espacios amplios y dignos para las mujeres; así como el impulso a una banca que cumpla con los preceptos del Islam, apoyando los proyectos empresariales, artísticos y científicos de la población musulmana.

La confrontación política que ha derivado del uso del hiyab en Europa, deriva de la novedosa y fuerte exigencia que en su calidad de ciudadanos, llevan a cabo las y los jóvenes musulmanes, a que sus gobiernos cumplan con sus obligaciones en el ámbito religioso, ya que la inercia canónica de la iglesia católica, ha colocado la práctica de esta religión predominante, en un plano acomodaticio. La emergencia actual de “otra” forma religiosa, que pugna por su reconocimiento e igualdad, cuestiona las estructuras oxidadas y anquilosadas de los Estados, y los obliga a una revisión y actualización para estar a la altura de estas demandas.

Esto, si se quiere solucionar las cosas por el camino correcto; por lo demás, sólo hay que recordar, a quien pretenda que no pasa nada, que los musulmanes, en especial, los más jóvenes, esperan y exigen una transformación profunda en la mentalidad de los gobiernos del mundo, en tanto que desde la revelación del bendito Qur’an, hasta la fecha (1431 años), lo que se puede constatar, incluyendo de manera alarmante a los Estados musulmanes, es la falta de condiciones para vivir de manera plena los principios del Islam, y esto involucra de manera enfática a las mujeres; la exclusión histórica de las mujeres musulmanas en la vida pública es la demanda que con tanta fuerza se manifiesta hoy en forma de hiyab, en las calles de Europa, y muy pronto, en todo el mundo.

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