webislam

Viernes 24 Mayo 2019 | Al-Yuma 19 Ramadan 1440
1182 usuarios en linea | Español · English · عربي

WebIslam.com

» Artículos

?idt=13830

El pecado de Haddock

Una historia de reconocimiento

23/04/2010 - Autor: Gerardo De Oscar y Araujo - Fuente: Webislam
  • 0me gusta o estoy de acuerdo
  • Compartir en meneame
  • Compartir en facebook
  • Descargar PDF
  • Imprimir
  • Envia a un amigo
  • Estadisticas de la publicación

Son personas honestas, Haddock, así son los musulmanes.
Son personas honestas, Haddock, así son los musulmanes.

Nada me asqueaba más que ver a esos negros de mierda paseándose por mi barrio, hablando su porquería de idioma y viendo como caminaban por la calle como si les perteneciera. Marcus, el tendero, me dijo que habían llegado desde Sudán y que eran musulmanes. Vaya combinación, simios terroristas resultaron los apestosos.

Solía verlos sentados en la plaza, o en la tienda de Marcus comprando mercadería, cuanto más los observaba, mas odio les profería, un odio que me llenaba de una extraña sensación placentera, que me colmaba de complacencia.

Si existía un Dios, como podía haber creado criaturas tan horripilantes, con ese pelo de alambre, esa expresión animalesca y ese hedor…, en realidad nunca me había acercado lo suficiente para comprobar esto último, pero de seguro olían a puercos.

Recuerdo que fue un viernes por la noche cuando salimos de copas con mi amigo William y el gordo Bent. Íbamos por la calle alegres y borrachos cantando los himnos del Sparkgreen United y bebiendo cerveza cuando, al llegar a Place St. John vi a uno de los monos comiéndose un postre en una banca. Sin pensarlo me dirigí hacia el, tomé su postre y se lo arrojé en la cara.

-No te queremos aquí pedazo de mierda africana- le dije satisfecho de mi resolución.

El negro me observo con una expresión de miedo que me llenó aún más de complacencia.

— “No problemas, yo no problemas” – balbuceó el primate azorado.

— Te enseñare a hablar bien, esclavo inmundo – le dije, y le pateé el rostro.

De inmediato el negro cayó al piso y continué pateándolo con saña, mientras mis amigos observaban la escena con nerviosismo.

Déjalo ya -me interrumpió el gordo Bent tomándome del brazo. El maldito negro yacía en el piso, murmurando algo…, algo que sonaba como una plegaria o una letanía, quise saber que demonios decía, así que me acerqué y sentí algo como “la ilaha ialà” o algo así.

El mono me está insultando, dije y volví a patearle en el estómago antes de retirarme.

Días después fui a casa del gordo Bent a buscarlo, puesto que desde la golpiza no había sabido nada de él.

- No quiero volver a verte Haddock, eres un mal tipo.

- ¿De que mierda me hablas , me conoces desde la escuela, vamos, ¿fue por lo del negro?

- Era una persona, Haddock, una persona, y yo no tuve valor para detenerte, siento asco de mi mismo.

- Estas loco, era solo una mierda de inmigrante.

-Vete ya, Haddock, no quiero volver a verte nunca más.

-Vete a la mierda entonces, eres un cobarde.

Pasaron los días y no supe más nada de William o Bent.

Cierta vez, cuando me dirigía a la tienda de Marcus vi salir a dos negros de ella.

-Vaya clientes, Marcus, ten cuidado no vayan a robarte- le dije

- Son personas honestas, Haddock, así son los musulmanes.

-Si ser terrorista es honestidad

- Eres un ignorante, Haddock- me dijo- hace pocas semanas unos necios como tú le dieron una golpiza uno de ellos. Ahora está en el hospital en coma.

- Vaya, es que hay mucho descontento con los inmigrantes, Marcus –le dije cínicamente.

- Puras idioteces, Haddock, ahora la familia del pobre hombre que se encuentra en Àfrica se ha quedado sin sustento, y tu aquí riéndote, ¿acaso no eres cristiano?.

- No Marcus, no lo soy…

Algo en mi conciencia comenzó a molestarme desde aquella vez en la tienda de Marcus.

Comencé a sentirme enfermo, deprimido…, sucio. Trataba de conformarme diciéndome a mi mismo que solo se trataba de un negro.

Pasaban los días y mi angustia crecía. Imaginaba a los hijos del ne…, del pobre tipo desnutridos, como los que salen en el noticiario, y por las noches no podía dormir, y cuando lo hacía terribles pesadillas me turbaban el sueño.

Cierto día, volví a toparme con los sudaneses en la tienda de Marcus. Decidí seguirlos a distancia prudente. Caminé unas cuadras hasta que los vi entrar a una casa no muy grande. Algo en mi interior me impulsó a tocar en aquella puerta. Uno de los sudaneses me atendió.

-¿Desea algo? – me dijo- No supe que decir …, traté de inventar algo , pero mi mente estaba en blanco.

- Señor ¿Qué se le ofrece? – me dijo el africano.

- Eh…, mi nombre es Tomas Gray…, verá, hace algún tiempo pasaba por Place St.John y bueno…, vi a unos tipos golpeando a su amigo, y bueno …no pude hacer nada, cuando llegué se habían ido …

- No queremos problemas, ¿entiende? – Dijo el africano-

- Solo quería saber como está su amigo, …si esta bien.

- Casi muere, pero está en coma –

- ¿Hay algo que pueda hacer para ayudarlo? – pregunté extrañado de mi actitud.

- No, nosotros nos encargaremos, gracias.

- Bien,…entonces me voy, eso era todo.

- Espere, me dijo… si hay algo, rece por él.

¿Rezar? , ¿Rezar a quien? yo era de origen cristiano, le podía rezar a Dios o a Jesús, pero no a Alà, ni siquiera sabía las características de su dios, solo sabía que era un dios de guerra y prohibitivo. Días después decidí preguntarle a Marcus, que era un hombre con conocimientos, sobre el Dios de los musulmanes.

- Verás- me respondió- los musulmanes le rezan a Allàh, que es el mismo Dios de los cristianos, de hecho es el único.

- Ahà, ¿y le rezan a Cristo?

- No, para los musulmanes Cristo es un profeta, pero da igual, porque Dios hay uno solo, y es el mismo para todos ¿entiendes?

- Tal vez…

- ¿Que tanto repentino interés por los musulmanes, Haddock?

- Solo curiosidad, Marcus.

- Ya veo, bueno, si quieres más información, ve a una mezquita.

- ¿Mezquita?

- Así se llama Iglesia de lo musulmanes.

- ¿Y donde hay una mezquita?

- Toma el teléfono, llama a informaciones y pregunta.

Llovía copiosamente cuando ese jueves llegué en taxi a la Mezquita. Era un edificio pequeño pero bien tenido. Caminé por un pasillo y vi en una sala alfombrada a unos sujetos postrados con la frente en el piso. Caminé lentamente y me quedé observando el curioso rito. Minutos después el viejo de los hombres me observó. Era un hombre blanco, como nosotros de aspecto agradable y una barba bien recortada. Me observó, sonrió y me dijo.

- Al entrar aquí, debe quitarse los zapatos.

- Disculpe, es la primera vez…

- Descuida, no hay problema.

- ¿ Que estás buscando?- Pregunto el hombre.

- Busco a un sacerdote –le dije- El hombre soltó una carcajada que me hizo ruborizarme, quizás debí haber dicho un pastor…

- Los musulmanes no tenemos sacerdotes – me dijo- Yo soy un sheik, algo parecido.

Estuve varias horas con el hombre que me explicó pacientemente muchas cosas acerca del Islam, los musulmanes, sobre Allàh, el profeta Mohammad, y el Corán.

- Le pregunte al sheij : ¿que significa la illa illlah?

- Es “La illaha ilah Allah” no hay dios mas que Allàh.

Desde ese día fui a la mezquita todos los días durante un mes entero, aprendí a rezar como lo hacen los musulmanes hasta que, en cierta ocasión, mientras conversaba a solas con el sheij , le dije.

- Sheik, he hecho algo muy malo, un pecado muy grave.

- Si te arrepientes con sinceridad Allàh te perdonará.

- Es que es algo muy terrible, no creo que ni yo mismo pueda perdonarme.

- El Sagrado Corán dice : “Las buenas obras disipan las malas”, si has cometido una obra repudiable enmiéndalo con una obra piadosa.

Ese día recé por el africano, perdí perdón a Dios por mi brutalidad, por mi crimen y desde ese día trabajé para enviarle dinero a la familia del sudanés.

Tiempo después supe que el hombre se había recuperado, y me sentí feliz, el odio había sido cambiado por conciliación, aunque nunca pude perdonarme por lo que había hecho. Han pasado varios años de este hecho. Me convertí al Islam, y eso purificó mi corazón, me llenó de regocijo y de paz, y hasta el día de hoy le envìo dinero secretamente para Omar, que así se llama el sudanés, y su familia que ahora vive con él.

Gerardo de Oscar y Araujo es escritor y ensayista uruguayo.
Anuncios
Relacionados

La violencia excusada

Artículos - 22/03/2005

Francia: raíces de la violencia

Artículos - 10/11/2005

Las llamas francesas

Artículos - 12/11/2005



Escribir comentario

Debes iniciar sesión para escribir comentarios.

Si no estás registrado puedes registrarte en un minuto.

  • Esta es la opinión de los internautas, no de Webislam
  • No están permitidos comentarios discriminatorios, injuriantes o contrarios a la ley
  • Céntrate en el tema, escribe correctamente y no escribas todo en mayúsculas
  • Eliminaremos los comentarios fuera de tema, inapropiados o ilegibles

play
play
play
play
Colabora


 

Junta Islámica - Avda. Trassierra, 52 - 14011 - Córdoba - España - Teléfono: (+34) 957 634 071

 

Junta Islámica
https://www.webislam.co/articulos/38682-el_pecado_de_haddock.html