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Los sarracenos de St. Tropez

Este es uno de los nombres con los que la cristiandad medieval denominaba equívoca y genéricamente a los árabes o a los musulmanes

15/03/2010 - Autor: Robert W. Lebling - Fuente: Saudi Aramco World
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Ilustración en pergamino, por Norman Mac Donald.
Ilustración en pergamino, por Norman Mac Donald.

Al amparo de la oscuridad, llegaron a la playa con sus pequeños barcos de vela de aparejo latino en la orilla rocosa, y empezaron la lenta, silenciosa subida al caserío de la colina.

Nubes tormentosas escondían la luna, oscureciendo el paisaje costero mediterráneo; la lluvia esporádica y las ráfagas de viento ocultaron el acercamiento de los marineros. Eran 20 hombres, armados con dagas y espadas cortas, vestidos con las túnicas bélicas de la España Islámica, Al-Andalus.

Treparon con cuidado, evitando las zarzas que cubrían la cuesta por todos lados. Algunas luces aun brillaban en el caserío. El noble provenzal y la gente de la casa habían terminado de cenar. Después de escuchar las canciones de un trovador visitante, se preparaban para dormir. Pero no faltaba mucho para que la tranquilidad del anochecer de la villa costera se rompiera echa añicos.

Este fue el primer acto que duro 85 años, en la costa de Pro venza, entre los siglos IX y X de nuestra era.

Así pudo parecer en tiempos. Pero el paso del tiempo y los acontecimientos producidos prueban el error de estos cronistas. Los ataques piratas son normalmente hechos esporádicos, aislados.

Esta proyección del poder militar árabe en la tierra de los francos, poco conocida pero significativa, fue la segunda de este tipo en menos de tres siglos. La primera, lanzada casi dos siglos antes, es sobre la que mas sabemos, conducida desde Al-Andalus por un ejército de caballería, fue frustrada por Eudes de Aquitania en Toulouse en 721 y por Carlos Martel en Poitiers en 732.

La segunda proyección, pasada por alto por la mayor parte de nuestros libros de historia, empezó con una operación militar a pequeña escala a lo largo del trozo de costa conocido ahora como ribera francesa. Los cronistas franceses en relatos parciales y hostiles tratan de minimizar la operación como un "asalto pirata".

Así pudo parecer en tiempos. Pero el paso del tiempo y los acontecimientos producidos prueban el error de estos cronistas. Los ataques piratas son normalmente hechos esporádicos, aislados.

La operación en la costa Provenzal, como veremos, formaba parte integral de la política exterior del califato Omeya de España. El " asalto" se convirtió en algo mucho mas ambicioso, dando a las fuerzas de Al-Andalus durante casi un siglo el control efectivo del litoral costero entre Francia e Italia y de los pasos de montaña hacia Suiza - rutas de comunicación de la máxima importancia para el comercio de Europa. Los cronistas árabes de este periodo ­esto es, aquellos cuyos trabajos nos han llegado - han dicho poco sobre este episodio único en la costa Provenzal. Quizá no lo consideran lo suficientemente importante, en comparación con los acontecimientos transcendentales que tuvieron lugar al sudoeste en la Península Ibérica.

En este tiempo, la dinastía Omeya de Al-Andalus, que había gobernado España durante apenas un siglo, estaba siendo desafiada por todos lados. Las revueltas se extendían por numerosas ciudades españolas, algunas dirigidas por árabes, otras por bereberes norteafricanos y otras por muwalladum, o musulmanes españoles. El emir Omeya Abd Allah, un hombre educado y piadoso que carecía de habilidades políticas, luchó desesperadamente por mantener el estado, pero para el 912 el emirato estaba prácticamente desintegrado, y Abd Allah tenía poco control más allá de los muros de su capital, Córdoba.

Ese año le sucedió su talentoso nieto Abderrahman III, que estaba destinado a convertirse en uno de los principales líderes en la historia de la España islámica. En los años siguientes Abderrahman acabó con las revueltas, estableció un califato en Al-Andalus, presidiendo una "edad de oro" de prosperidad que convirtió a Córdoba en la vanguardia y centro intelectual y político de Europa.

Todo esto ocurría mientras las fuerzas andaluzas a partir de una cabeza de playa en Provenza, fueron extendiendo gradualmente su control a las zonas vecinas de Francia, norte de Italia e incluso Suiza. Pero si los historiadores árabes guardan silencio, los europeos dejaron constancia de la original incursión y sus perturbadoras consecuencias, y de ellos podemos reconstruir la historia.

Uno de los relatos mas detallados viene de Liudprand de Cremona. Un clérigo y diplomático italiano del siglo X. Describe los 20 hombres que llevaron a cabo la operación de Provenza como "piratas sarracenos"; ellos se consideraron como fuerzas especiales del califato. Sus identidades personales se han perdido para la historia. E. Levi Provencal, quizá el principal historiado occidental de al-Andalus, consideraba que estos grupos eran con frecuencia mezcla de árabes, bereberes, muwalldum e incluso cristianos. Debieron actuar bajo órdenes específicas del gobierno Omeya de Córdoba; es también posible que operaran con más libertad y flexibilidad bajo el equivalente islámico de una patente, con autoridad oficial para invasiones en la tierra de los francos. En todo caso, Liudprand confirma su papel como un instrumento de la política exterior andalusí cuando nos informa que la base que establecieron en el sur de Francia estaba bajo protección de Abderrahman III y de hecho le pagaban tributo.

Los sarracenos, como eran conocidos los andaluces y otros musulmanes árabes en aquellos días, estaban muy interesados en la región de Provenza, a cuya belleza y fertilidad natural se añadía el hecho de no estar gobernada por ningún reino o imperio. La costa mediterránea desde Marsella a Italia, con sus exuberantes promontorios rocosos y sus calas boscosas, salpicados de palmeras y flores, debieron ser tan atractivos para los aventureros musulmanes del siglo IX como para los turistas actuales. Los cronistas árabes refieren poco sobre estos hechos, que quizá palidecen en contraste con los desafíos a los que la dinastía Omeya hacía frente en la Península Ibérica El historiador árabe del siglo XVII, al Maqqari, narra con cierta gracia, la creencia popular algo infantil, de que a los francos se le negaría el paraíso, por tenerlo ya en la tierra: fértiles tierras abundantes en higueras, castaños y pistachos, entre otros dones naturales.

Los sarracenos establecieron su cabeza de playa en la costa de Provenza sobre el año 889, en un tiempo de gran confusión y miseria. Justo 30 años antes, las costas del sur de Francia habían sido saqueadas por los piratas nórdicos. Ciudades enteras fueron arrasadas y muchos habitantes pasados por la espada. El duque Boso de León, un usurpador ligado por matrimonio con la dinastía Carolingia, gobernante en Francia, aprovechándose del caos, y con la ayuda de condes y obispos locales, creó su propio reino independiente en Provenza en el 879. Los reyes carolingios no pudieron deshacerse de él. Cuando Boso murió en el 887, su hijo y heredero, Luís, era demasiado joven para gobernar efectivamente; los señores y príncipes locales declararon su independencia y le desafiaron uno tras otro. El imperio carolingio se dividió en reinos francos occidental y oriental. No había autoridad central en la costa sur francesa, y Provenza podía ser conquistada.

Las fuerzas navales sarracenas y corsarias atacaban con frecuencia estas orillas. Igual que siglos después, los piratas británicos colaboraron con la Royal Navy, así los corsarios andalusíes acosaban el Mediterráneo Occidental en sintonía con una gran flota naval sarracena, armada por el gobernador Omeya hacía pocas décadas, en respuesta a las incursiones de los nórdicos, que también asolaban las costas de al-Andalus.

Los 20 sarracenos zarparon de algún puerto o isla española, aparentemente dispuestos hacia un objetivo militar por el Levante. No se sabe ciertamente si St. Tropez era su objetivo primario. Según Liudprand, la tormenta les obligó a refugiarse en el golfo, donde pudieron llegar a la playa con la embarcación sin ser vistos. El golfo se abre hacia levante; en la actualidad el puerto pesquero de St. Tropez, sitio de vacaciones de moda de artistas, estrellas de cine y ricos, está situado en la orilla sur. Los sarracenos arribaron hacia el noroeste y guiados por las antorchas del caserío, coronaron el promontorio conocido como el Macizo de los Moros. Tomando su nombre de los invasores árabes, que eran conocidos también como "moros"; otros consideran que deriva de la forma provenzal del vocablo griego "amauros", que significa "oscuro" o "gris", una apropiada descripción del espeso bosque de montaña de alcornoques y castaños.

Antes del amanecer, los andaluces asaltaron y tomaron el caserío y aseguraron los alrededores. Cuando finalmente rompió la mañana, pudieron ver, desde las alturas del macizo, las impresionantes cumbres alpinas al norte, precedidas de laderas de espesos bosques y la amplía extensión azul del Mediterráneo al sur.

Los sarracenos decidieron afianzar su posición. Comenzaron a construir fortificaciones de piedra en las colinas de alrededor contra los ataques francos, dice Liudprand, los árabes favorecieron el crecimiento de los arbustos de zarzas especialmente agresivos que proliferaban en la zona, mas altas y espesas que antes, de modo que si alguien tropezaba con una rama esta le hería como una espada afilada.

Solo "un solo paso muy estrecho" permitía acceder a las fortificaciones sarracenas. "Si alguien penetraba a este laberinto, le resultaba tan difícil por las zarzas, y espinos hirientes, que le era muy difícil avanzar o retroceder", escribió el clérigo en su historia, titulada Antapodosis, o Titportah.

Con sus defensas seguras, los andaluces reconocieron el terreno. Enviaron mensajeros de vuelta a al-Andalus dando cuenta de su éxito, elogiando las tierras de Provenza e informando sobre la capacidad militar de los habitantes. En consecuencia, un nuevo grupo de unos 100 (andaluces guerreros), seguramente incluyendo caballería (fursan) y monturas, llegaron pronto desde España para reforzar los 20 del principio.

Muchas más llegaron al imponer los andaluces su presencia militar en la zona y conseguir victorias sobre la dispersa oposición de los francos. Administradores y suministros llegaron desde Córdoba. Con el tiempo, la presencia sarracena creció a lo largo de la Rivera hasta el punto que a veces había expediciones militares de cientos de tropas. El golfo de St.Tropez se convirtió en puerto de la flota naval y mercante andaluza en el mediterráneo occidental.

Los sarracenos llamaron a su base Fraxinet (en árabe, Farajchanit), después la localidad de Fraxietum, llamada en tiempo de los romanos por los fresnos, (fraxini) árboles abundantes entonces, en los bosques de alrededor. Hoy en día esta villa perdura en medio de un bosque de alcornoques y castaños a unos 400 metros, de altitud en el Macizo de los Moros, entre el Llano de Argén y el Golfo de St.Tropez. A una media hora subiendo a pie desde la población están las ruinas de una fortaleza de piedra que se dice es la construcción de lo primeros 20 sarracenos. Otros puntos prominentes de la zona fueron fortificados por los andaluces, pero las autoridades locales afirmaron que no queda nada de ellos.

Gradualmente, los señores francos de la zona, para aprovechar las nuevas realidades políticas y militares, buscaron la ayuda de los andalusíes en sus disputas. La estrategia fracasó, según Liudprand: "La gente de Provenza, cerrados, influenciados por la envidia y los celos, se mataban entre sí para apropiarse de las riquezas, cometiendo todo tipo de maldades ... Reclamaron la ayuda de los sarracenos ... y con ellos procedieron a aplastar a sus vecinos ... Los sarracenos, cuya fuerza era insignificante, tras vencer una parte con la ayuda de la otra, aumentaron con continuos refuerzos desde España, y pronto atacaron en vez de defenderse como al principio. En el furor de sus avalanchas ... temblaron todos los distritos vecinos".

Los cronistas europeos refieren que los sarracenos saquearon los territorios, costeros en tomo a Fraxinet, llamados hoy la Costa de los Moros, y las zonas próximas como objetivos. Primero, presionando hacia el este,"pasando a sangre y fuego el condado de Frejus, y saqueando la capital" según E.Levi­Provenzal. La ciudad de Frejus, un importante puerto de mar fundado por Julio Cesar en 49A.C. denominado Forum Julii, fue arrasada pero su población fue respetada.

Los andalusíes avanzaron, atacando ciudad tras ciudad a lo largo de La Costa Azul. Eventualmente retrocedían hacia occidente operando contra Marsella y Aix-en-Provenza, luego alcanzaron el valle de Rhóne, los Alpes y el Piamonte. Los historiadores creen que los soldados bereberes, norte africanos, experimentados en operaciones de montaña, intervinieron a gran escala en los Alpes. Hacia el 906 las fuerzas andalusíes habían tomado los pasos de montaña del Delfinado, cruzando el Monte Cénis y ocupando el valle de Suse en la frontera piamontesa. Los sarracenos constituyeron fortalezas de piedra en las zonas conquistadas en el Delfinado, Saboya y Piarnonte- con frecuencia llamadas Fraxinet, tras su fundación. El nombre perdura hasta hoy día en esas zonas con diversas formas como Fraissineto o Frainet. Pronto los sarracenos fueron capaces de ejercer control directo de las comunicaciones entre Francia e Italia. Los peregrinos que iban a Roma por los valles alpinos como Doire, Stura y Chisone frecuentemente tenían que volverse a causa de las operaciones militares andalusíes. En 911, el obispo de Narbona, que había estado en Roma en asuntos urgentes de la iglesia, no pudo regresar a Francia porque los sarracenos controlaban todos los pasos en los Alpes. Hacia el 933, dice Levi­Provenzal,"colurnnas ligeras, muy móviles, controlaban, al menos durante el verano, todo el territorio, mientras que el grueso de las fuerzas musulmanas estaba atrincherado en el cantón montañoso de Fraxinetum, en la cercanía del mar.

Los relatos históricos franceses con frecuencia muestran a los sarracenos como terribles y poderosos. Por ejemplo, el historiador del siglo XIX J.T. Reinard, describiendo los acontecimientos de 10 épocas, observa:"hay amplia evidencia del dicho común de que un musulmán bastaba para poner en fuga a mil francos". Esta es una extraña afirmación para referirse a una "banda de piratas" como les llaman con frecuencia los historiadores franceses. La afirmación tiene mucho mas sentido si los sarracenos fueran más bien una amplia y bien organizada fuerza militar al mando de un gobierno.

Como temer a los andalusíes, el que más le temía, era el clero de Provenza, que perdía su poder si la población se convertía al Islam, como sucedió en al-Andalus.

Sin embargo, no todos los provenzanos temían a los andalusíes de Fraxinet. Algunos se aliaban con ellos."Hay razones para creer que cierto número de cristianos hicieron causa común con los musulmanes y tomaban parte en sus ataques. Señala Reinard en su Invasiones de los sarracenos en Francia y Saboya el Piamonte y Suiza, "Si los aldeanos y ciudadanos de Provenza y regiones vecinas hubieran temido tanto a los sarracenos como pretenden los cronistas de la época, no hubieran cooperado con ellos ampliamente, en lo social, económico y artístico".

Los árabes de Fraxinet no eran solo guerreros; una atenta lectura de las crónicas revela que muchos colonos andalusíes se asentaron pacíficamente en las villas de Provenza, enseñaron a los francos la fabricación de corchos para las botellas descortezando, cada siete años, los alcornoques que abundaban en los bosques del Macizo de los Moros. Hoy día, la industria del corcho es la principal de la zona.

Los sarracenos también mostraron a los provenzanos como producir alquitrán de pino a partir de la resina del pino marítimo, y a usar el producto para calafatear los barcos. Reinard piensa que los Omeyas de Córdoba mantenían una flota naval permanentemente con base en el golfo de Saint Tropez, en parte para facilitar las comunicaciones por el Mediterráneo Occidental. El alquitrán de Fraxinet podría haber sido usado por estos marineros. Hoy día, en Francia, el alquitrán de pino es llamado goudron, una palabra derivada del árabe quitran, con el mismo significado.

Los sarracenos también enseñaron técnicas médicas e introdujeron los azulejos de cerámica y la pandereta, y Reinard piensa que la colonia árabe de Fraxinet tuvo una "influencia considerable" en el desarrollo de la agricultura local. Introdujeron el cultivo del trigo, un cereal que tiene dos nombre en francés moderno, blé noir (trigo negro) y blé sarrasin (trigo sarraceno). Además, se han encontrado muchas similitudes entre la poesía de los trovadores provenzales y los poetas andalusíes, pero este caso particular de interrelación pudo ocurrir incluso antes del asentamiento árabe en Provenza.

Poco conocemos a nivel personal de los que dirigieron o tomaron parte en esta empresa árabe en Francia. Raramente los sarracenos de Fraxinet son mencionados en las crónicas europeas de este periodo. Liudprand habla de un mando militar árabe con el nombre latinizado de Sagittus (quizás Said) que condujo una fuerza de combate andalusí desde Fraxinet hasta Acqui, a unos Salan (30 millas) al nordeste de Génova. Pero lo único que se sabe de Sagittus es que murió en la batalla de Acqui hacia 935.

Un líder del mismo Fraxinet, Nasr ibn Ahmed, se menciona en el Muqtabis de Ibn Hayyan de Córdoba, la mayor historia de la España medieval. Según la crónica del siglo II, Abd al-Rahman III firmó la paz en 939-940 con algunos gobernadores francos y envió copias del tratado de paz a Nasr Ibn Ahmed como qaid, o gobernador de Farajshanit, así como a los gobernadores árabes de las islas Baleares y los puertos de mar de al-Andalus; todos ellos súbditos del Califato Omeya. Nada más se dice sobre el gobernador de Fraxinet.

El primer esfuerzo serio para expulsar a los sarracenos de Fraxinet lo realizó Hugo de ArIes, rey de Italia, hacia el 931. Hugo, buscando el control de Provenza, reclutó barcos de guerra de Bizancio, en préstamo de su cuñado Leo Porphyrogenitus, emperador de Constantinopla. Los barcos, lanzando" fuego griego", atacaron y destruyeron una flota andalusí en el Golfo de St. Tropez. Mientras tanto, en un ataque coordinado, el ejército de Hugo asedió la fortaleza de Fraxinet y logró romper sus defensas. Los defensores sarracenos se vieron forzados a retroceder a las colinas vecinas. Pero justo cuando el fin de la colonia andalusí en el Sur de Francia parecía inevitable, intervinieron los políticos locales.

Hugo recibió noticias de que su rival, Berenguer, entonces en Alemania, estaba planeando volver a Francia en un intento de conseguir el trono. El rey, necesitado de aliados, envió la flota griega de vuelta a Constantinopla y se alió apresuradamente con los sarracenos que acababa de intentar expulsar. Firmó un tratado concediendo el control de Fraxinet y otros territorios a los andalusíes, y estipulando que las fuerzas árabes podrían ocupar las alturas de los Alpes- desde el paso Mont Genévre al oeste, hasta el Paso Septirner al este- e impedir cualquier intento de Berenguer de cruzar hacia Francia. Liudprand, siempre hostil a los sarracenos, estaba indignado por las actividades de Hugo; en sus crónicas reprocha al rey: "¡Que extraña, en verdad, es la forma en que defiendes tus dominios!"

Después de controlar el Gran Sto Bernardo y otros pasos claves de los Alpes, las fuerzas andalusíes se adentraron en los valles de alrededor. Grenoble y el exuberante valle de Graisivadun fueron capturados hacia 945.

Unos 10 años mas tarde, Otto 1, rey de Germania y luego Santo Emperador Romano, quizás temiendo que los sarracenos pudieran triunfar en su propio reino, mando un enviado al califa de Córdoba, Abderragman III, instando el fin de las operaciones militares en los Alpes por parte de los andalusíes de Fraxinet.

Al comienzo de la década de 960, los sarracenos empezaron una lenta pero constante retirada de las regiones alpinas. En cierta medida fue debida a la creciente presión militar de los francos, y quizás a las iniciativas diplomáticas de Otto 1. Pero un erudito moderno, especialista en Oriente Medio, Manfred W. Wenner, sugiere que la retirada pudo haber sido producida por un cambio de política exterior de Córdoba. "Abderrahman III murió en 961 y le sucedió su hijo Hakam II, un hombre pacífico que no compartía el entusiasmo de su padre por las operaciones militares en el sur de Francia y la región Alpina. Wenner cree que Al-Hakam II, pudo haber dado permiso en secreto para que los refuerzos dejaran Fraxinetum y volvieran a los puertos españoles", haciendo así cada vez más dificil para la colonia mantener su presencia militar en los Alpes.

Para 965, los andalusíes habían evacuado Grenoble y el valle de Grasivaudun bajo la presión continua de las tropas de varios nobles francos. Las fértiles granjas y prósperas villas a las que renunciaron fueron divididas entre las fuerzas francas que los sustituyeron, en proporción al valor y servicio de cada soldado.

Según Reinard, escribiendo hacia el 1836, "hasta hoy día, las familias del Delfinado, de Aynards y Montaynards localizan el origen de su fortuna en esta lucha con los musulmanes".

Aun en 972, los sarracenos controlaban el Gran Paso St. Bernard. Ese año, detuvieron una partida de viajeros en la que iba un enemigo político, el famoso clérigo franco Maiolus, abad de Cluny, que viajaba atravesando este paso a su regreso de Roma. Maiolus y su amplio séquito, fueron finalmente puestos en libertad. Pero el incidente provocó la indignación entre los reinos francos y dieron lugar a posteriores esfuerzos para desplazar a la colonia de Fraxinet y sus satélites.

Poco después de 972, los sarraceno s fueron expulsados de las alturas alrededor de Gran St. Bernard. Uno de los líderes de las fuerzas de oposición en esta ardua batalla fue Bernard de Menthone, que dió luego nombre al paso. (Su nombre era Mons Jovis, latinización de "Monte Jupiter"- un término que los árabes incorporaron nombrando toda la región alpina, Jabal Munjaws.) Bernard, por supuesto, fundó más tarde el famoso hospicio para viajeros en las alturas del Gran St. Bernardo que aún perdura en nuestros días. Algunos eruditos creen que el incidente de Maiolus alentó el ímpetu para construir este refugio. El nombre de Bernard, a propósito, se le dió también a los célebres perros entrenados en el rescate de viajeros atrapados en las nieves invemales.

A lo largo de la Riviera misma, los señores locales superaron gradualmente sus diferencias y, hacia 975, unieron fuerzas con el Conde William de Arles, luego marqués de Provenza, en un intento por consolidar todo el sur de Francia bajo su autoridad. Williani fue un líder popular, que se las arreglo para persuadir a los guerreros de Provenza, el bajo Delfmado y el condado de Niza, para unirse a su causa contra los sarracenos.

Los andalusíes, dándose cuenta de la gravedad de la maniobra contra ellos, consolidaron sus fuerzas en Fraxinet y "bajaron de sus estaciones de montaña", como dice Reinard, para encontrar a las fuerzas francas en Tourtour, cerca de Draguignan,a unos 33km (20 millas) al noroeste de Fraxinet. Los sarracenos fueron rechazados a su fortaleza de montaña, y los francos la sitiaron. Los andaluces, dándose cuentan que su destino estaba escrito, abandonaron el castillo en la oscuridad de la noche y huyeron por los cercanos bosques. Muchos fueron muertos o capturados por las fuerzas del Conde William, según los relatos contemporáneos, y los que depusieron las armas fueron perdonados. Se dice que el ejército franco también perdonó las vidas de los colonos andalusíes que vivían pacíficamente en las villas vecinas.

Fraxinet fué la capital administrativa de todos los asentamientos sarracenos en Francia, norte de Italia y Suiza, y se cree que en su castillo hubo un enorme tesoro. Todo el botín de la conquista del conde Willians, se repartió entre sus oficiales y gente. Su segundo en el mando, Gibelin de Grimaldi de Génova - un antepasado del príncipe Rainiero III, que gobernó Mónaco hasta 2005 - recibió el área donde la villa de Grimaud esta hoy, dominando el puerto de St. Tropez. Los ruinas del castillo feudal de Grimaldi, construido en estilo sarraceno, corona aún la villa. Este fue el fin de la colonización árabe del sur de Francia. Los andalusíes intentaron posteriormente establecer asentarnientos en estas costas: llevaron a cabo operaciones militares en Antibes en 1003, en Narbona y Maguelone en
1019 Y en las Islas Lérins de Cannes en 1047. Pero nunca más fueron capaces las fuerzas de al-Andalus de repetir los impresionantes éxitos de Fraxinet.

Las regiones montañosas del interior de Provenza tienen cientos de recintos fortificados, como Grimaud, cuya existencia es un recuerdo de "periodo sarraceno". Estas villas primero se construyendo como protección contra las incursiones sarracenas y después sirvió para proteger a los habitantes francos de los merodeadores de su propia religión. Los campesinos vivían intramuros, aventurándose a salir a trabajar sus campos durante el día. En el siglo XIX, sin embargo, con el establecimiento de una paz y orden duraderos, los campesinos empezaron a dejar sus villas y expandirse por los valles. Hoy, algunas de estas villas están total o parcialmente abandonadas, pero muchas están siendo restauradas, y sus viejas estructuras de piedra convertidas en alojamientos fin de semana o veraneo para los ricos, o pequeñas colonias de artistas o artesanos. Viejas minas y restos de fraguas en Tende en los Alpes Marítimos al noroeste de Mónaco y en La Ferriére, cerca de Barceloneta, han sido identificadas como sitios donde los sarraceno s extrajeron mineral de hierro y fabricaron armas.
Otra reminiscencia de la época de Fraxinet son las viejas torres redondas erigidas para defensa y vigilancia no solo por los sarracenos sino también por la población local.

Las torres francas imitan el estilo de los árabes. Ruinas de los que se llama "Torres sarracenas" se encuentran a lo largo de la costa, así como en los valles alpinos próximos.

Hay restos de las huellas físicas de los árabes de Fraxinet: acequias de piedra tallada saliendo de las maderas, fragmentos misteriosos como los relatos que hay sobre ellos.

Más allá de esto, los sarracenos de St. Tropez, quedan parte de la memoria del pueblo de Provenza, recordados como soldados, comerciantes y agente del cambio en una época oscura y agitada.

Texto traducido por Yahia Molina
Ilustración en pergamino de Norman MacDonald, artista canadiense independiente y colaborador frecuente de Saudi Aramco World.
Robert W. Lebling , ex editor asistente de Saudi Aramco World, es un escritor y especialista en comunicación para Saudi Aramco en Dhahran. Es autor de The Forthcoming Jinn: Legends of the Fire Spirits From Arabia to Zanzibar.
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