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Respuesta a Masuma Assad de Paz sobre el feminismo islámico

¿Se basa el feminismo islámico en ideas occidentales y está en contra de la Sharia?

13/03/2010 - Autor: Abdennur Prado - Fuente: Blog Abdennur Prado
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Imagen del Tercer Congreso Internacional de Feminismo Islámico (Barcelona 2008)
Imagen del Tercer Congreso Internacional de Feminismo Islámico (Barcelona 2008)

As salamu aleykum, hermana en el islam

He leído con interés tu entrevista publicada en el portal de UMMA (Unión de Mujeres Musulmanas Argentinas) y reproducida hoy en este portal, en la cual criticas el feminismo islámico.

Lo que pretendo con esta carta es clarificarte algunas de las posturas del feminismo islámico, de cara a un posible debate posterior, no viciado por prejuicios y acusaciones infundadas. Pues es poco apropiado el criticar a un movimiento por posturas que no sostiene. Por ejemplo, supongo que no te gustaría ver una entrevista en la que otro musulmán llamase a tener cuidado con la Unión de Mujeres Musulmanas Argentinas porque se trata de una organización que defiende la abolición de la poligamia o el aborto. Te sentirías, y con razón, ofendida: si te critican, por lo menos que sea por aquellas posiciones que efectivamente mantienes. Por eso mismo espero que tu hagas lo mismo con respecto al feminismo islámico. Como acusaciones que considero infundadas, me centraré en dos:

1. La pretensión de que el feminismo islámico se basa en ideas occidentales.
2. La pretensión de que el feminismo islámico se opone a la sharia.

Antes de entrar en materia quisiera llamar la atención sobre una serie de coincidencias entre tu planteamiento y el del feminismo islámico. Empiezas citando el Corán y afirmando que “entre los seres humanos no hace distinción según el género, sino que por el contrario ambos, hombre o mujer, serán juzgados con respecto a sus propias acciones y su relación con Dios… En este contexto es que decimos que la mujer es considerada un ser humano al igual que el hombre”. Y esto es exactamente lo mismo que dicen autoras como Amina Wadud o Riffat Hassan, quienes insisten en el califato o agencia moral como una característica de todos los humanos, hombres y mujeres. De esta consideración se deriva la autonomía moral de las mujeres, su responsabilidad individual con Al-lâh y el resto de la creación, una responsabilidad no delegable, que choca con el papel subordinado que cierto (falso) tradicionalismo otorga a las mujeres musulmanas.

También coincides con el feminismo islámico al decir que las discriminaciones que sufren las musulmanas en muchos contextos no se deben a las leyes del islam, sino a una mala interpretación y peor aplicación de las mismas. Y por supuesto todas las feministas del islam estarían de acuerdo contigo en que es una discriminación el no permitir a una mujer llevar hiyab, como sucede en muchos contextos en Turquía y otros países. De hecho, muchas de las feministas musulmanas llevan hiyab, y algunas sufren discriminación por ello.

Feminismo islámico como abanderado de “la cultura occidental”

Afirmas que el feminismo islámico es “un fenómeno nuevo que aparece en los países islámicos para inculcar la cultura occidental entre las mujeres musulmanas y poner en duda las fuentes islámicas respecto a sus derechos.” Resulta como mínimo sorprendente esta definición, y más si tenemos en cuenta que viene precedida por la definición de Margot Badran, según la cual el feminismo islámico “deriva su comprensión y mandato del Qurán”. Pues la centralidad del Sagrado Corán en el feminismo islámico es incuestionable, si nos atenemos a sus propios textos.

Estando centrado en el Corán, y en la consideración del Corán como Palabra de Al-lâh, no veo cómo el feminismo islámico podría pretender “inculcar la cultura occidental”. El feminismo islámico deriva su mandato única y exclusivamente del Corán. Y esto es algo en lo que están de acuerdo todas las feministas del islam. En su web, el grupo malayo Sisters in Islam se presenta como “un grupo de mujeres profesionales musulmanas comprometidas en la promoción de los derechos de la mujer dentro del marco del islam. Estos esfuerzos están basados en los principios de igualdad, justicia y libertad proclamados por el Corán, tal y como se hace evidente durante nuestro estudio del texto sagrado.”

Esto no quiere decir que no puedan encontrar puntos de convergencia con otros planteamientos o propuestas, y que no puedan utilizar categorías propias de las ciencias sociales. El propio Jomeini hizo eso muchas veces, sin que por ello lo consideres como un musulmán “occidentalizado”. El conocimiento no tiene fronteras.

Si conocieras las obras de las principales teólogas feministas del islam, sabrías que muchas de ellas son absolutamente críticas con las políticas neo-coloniales de occidente hacia el mundo islámico. En el caso de Asma Barlas, profesora de ciencias políticas en una Universidad norteamericana, su compromiso con el feminismo islámico está unido a una crítica radical de las pretensiones de universalidad de “lo occidental”, una crítica que ella hace extensiva a los derechos humanos.

Pero hay algo más preocupante todavía en esta acusación. Estimada Maimuna: tu eres argentina. Cuando hablas de “la cultura occidental”, ¿puedes decirme a qué te refieres? Yo soy un musulmán occidental, nacido y crecido en Barcelona hace más de cuarenta años, y no creo que exista nada semejante. Soy musulmán, y mi cultura es la de un ciudadano europeo-catalán del siglo XXI, con unas influencias culturales específicas, y muy diferentes de las de mis vecinos. Tu misma debes ser culturalmente argentina, o porteña, o platense, o lo que sea, sin que ello te impida ser musulmana y vivir en Irán. Un país, por cierto, culturalmente muy diverso. Culturas en oriente y occidente hay muchas, como hay muchas filosofías o ideologías, o religiones o concepciones de la vida. Hablar de “la cultura occidental” como algo homogéneo es muy poco realista. Y de hecho el feminismo está muy lejos de ser dominante en occidente, lo mismo que el secularismo. Hablas de la separación de la religión y del Estado como parte de “la cultura occidental”. Pero yo no conozco ni un solo país en Europa en el cual exista tal separación: la mayoría de los países europeos son confesionales. Y muchas de las leyes vigentes en los países occidentales tienen su origen en el derecho eclesiástico. Existe incluso una importante influencia de la ley islámica en la Common Law británica y en el Code Napoleón… pero este es otro tema.

Una crítica asociada a la anterior se refiere a la utilización de categorías sociológicas y a la terminología. Dices que no hay una interpretación patriarcal del Corán, que eso no forma parte de la metodología islámica, y que no debería existir nada por el estilo. ¡Cuanta razón tienes, hermana Masuma! Pero el problema es que si miramos algunos comentarios clásicos del Corán, nos damos cuenta de que en muchas ocasiones los comentaristas han proyectado sobre el Libro de Al-lâh sus prejuicios hacia las mujeres, afirmando que el hombre debía estar por encima de la mujer, puesto que estas son deficitarias en su religión. Con esto, han soslayado y tergiversado el mensaje del Corán, según el cual hombres y mujeres tienen la misma dignidad ante los ojos de Al-lâh, hombres y mujeres son protectores los unos de los otros, y la única diferencia que existe entre las personas está en su taqua, su grado de conciencia. Una igualdad ontológica que por desgracia no es ni ha sido respetada en la práctica. Lo cual nos conduce al siguiente tema.

Feminismo islámico y Sharia

Afirmas lo siguiente: “Fundamentalmente entre sus consignas del feminismo islámico están: la separación de la esfera religiosa de la pública, es decir, la religión es reservada a la vida privada y no debe intervenir en los asuntos sociales ni del gobierno. En las leyes, la religión es dejada de lado, es decir que hay separación de política y religión y por lo tanto el Islam no participa en el gobierno como tampoco en la legislación.”

Ante un fragmento como este, quiero manifestarte mi sorpresa. Quisiera preguntarte en que texto o declaración de las más destacadas feministas musulmanas has leído que éstas estén contra la Sharia o que quieran una separación entre la esfera religiosa y la pública. Lo que sí es cierto es que desde el feminismo islámico se denuncian las leyes discriminatorias hacia las mujeres, por considerarlas contrarias a los valores del islam.

Puedo citarte el ejemplo de la nigeriana Ayesha Imam, de Baobab for Women’s Human Rights. Después del combate de su organización a causa del nuevo código islámico implantado en el norte de Nigeria, y en concreto en contra de las penas de lapidación en caso de adulterio, se manifestó públicamente a favor de la aplicación de la Sharia. Ayesha Imam, como muchas otras feministas musulmanas, consideran que los códigos jurídicos que se aplican mayoritariamente en los países de población musulmana no son realmente islámicos, sino el producto de una lectura machista del Corán.

Otro ejemplo es el de la indonesia Lily Zakiyah Munir, quien tras la implementación del código de familia “musulmán” en Banda Acech, se preguntaba: “¿ha traído la Sharia la justicia social?” Ante la respuesta negativa, su conclusión era tajante: entonces, la Sharia no se está aplicando correctamente. Y ese es precisamente el problema del presente, la necesidad de reconocer que la jurisprudencia islámica clásica fue codificada en el contexto de sociedades patriarcales y autoritarias, y que está lastrada por esta herencia. Luchar por liberar a la Sharia de esta herencia patriarcal y autoritaria no es luchar contra la Sharia, sino por la Sharia.

Por mi parte, no me cabe la menor duda de que los musulmanes tienen no solo el derecho sino la obligación de guiarse por la Sharia, por una norma superior emanada de Dios. Pero esto requiere una clarificación de qué entendemos por Sharia y que entendemos por “regirse por las leyes que Dios ha hecho descender”. Por un lado, no creo que un gobierno clerical o el establecimiento de una teocracia tengan nada que ver con ello. Por otro lado, creo que la pretensión de que los códigos de jurisprudencia medievales son una plasmación objetiva y aplicable a todos los tiempos y contextos de los mandatos coránicos es totalmente infundada. Los grandes juristas del islam hicieron lo mejor que supieron para aplicar los principios coránicos en una situación determinada. Y lo hicieron (como no puede ser de otro modo) a partir de las premisas dominantes en su tiempo. ¿Por qué no podríamos nosotros hacer lo mismo? De ahí la insistencia de las feministas del islam al iÿtihad.

Pues en ningún campo se ve más claramente la deriva patriarcal que en el de la jurisprudencia islámica de los siglos II y III después de la Hégira. No es este el lugar para entrar en detalles, pero resulta evidente que los derechos que el sagrado Corán y nuestro amado Profeta Muhámmad (saws) otorgaron a las mujeres musulmanas se vieron drásticamente reducidos, a través del establecimiento de la figura del varón como jefe de familia y de la obligación de la mujer a obedecerle. Decimos una y otra vez que el islam otorgó todos sus derechos a las mujeres musulmanas en el siglo VII, y citamos como pruebas el derecho al trabajo, a la planificación familiar, a la educación, a escoger a su esposo, a tener su propio capital, al divorcio, a percibir parte de la herencia… Pero nos olvidamos de decir que la jurisprudencia islámica posterior sometió estos derechos a un recorte. Derecho al trabajo… pero solo si el marido lo consiente, y prohibición de ejercer determinadas profesiones (juezas, cargos de gobierno); derecho a escoger esposos… pero obediencia al padre en caso de matrimonios concertados; derecho a la educación… pero tutela masculina; separación de bienes… pero derecho del marido a pegar a la mujer rebelde; derecho al divorcio… pero con el precio de perder la dote, la vivienda familiar y la tutela de los hijos… Y podríamos seguir. Basta con decir que en muchos tratados de fiqh el capítulo dedicado al matrimonio viene después del dedicado a la compra-venta de esclavos… Y esta es una realidad que no debemos soslayar, sin que esto signifique que debamos tirar al cubo de basura la obra de los grandes alfaquíes del islam. No: se trata de saber contextualizarlos, para poder sacar provecho de ellos sin tener que caer en la imitación ciega.

Por eso no sorprende saber que algunas de las más destacadas feministas del islam son juristas. Una de ellas es Sitti Musdah Mulia, profesora de Sharia en la Universidad Islámica de Yakarta y portavoz de la rama femenina del Nahdlatul Ulama, el partido islamista más grande del mundo. Cuando Musdah Mulia plantea la reforma del código de familia musulmán en clave igualitaria, lo hace enteramente a partir del Corán y de la Sunna. También merecen conocerse el trabajo de Aziza al-Hibri o de Abdullahi an-Naim.

Desacuerdos

Donde sin duda no estamos de acuerdo es en la pretensión de que en la República Islámica de Irán las mujeres gozan de todos los derechos que les otorgó el islam. Creo que el caso de Irán es un claro ejemplo de manipulación patriarcal y autoritaria del islam con fines políticos e intereses económicos espurios. No creo que la segregación de los sexos tenga nada que ver con el islam, y las limitaciones que sufren las mujeres iraníes en muchos campos (códigos de vestimenta impuestos, prohibición de ejercer determinadas profesiones, prohibición de acceder a determinados espacios, dificultades a la hora de obtener divorcio…) me parecen infundadas. Tampoco me islámico que las mujeres deban tener una autorización de sus tutores masculinos para viajar por Irán o para sacarse el pasaporte. Y no caigo por ello en una demonización de la República Islámica de Irán, que consiguió muchas cosas positivas para las mujeres: lo que citas de la alfabetización es un logro que merece todo mi respeto.

Tampoco estoy de acuerdo en que la exégesis coránica deba quedar en manos de los expertos. No existe fundamento coránico para semejante pretensión, que conduce inevitablemente al totalitarismo. El Sagrado Corán nos dice que se trata de una revelación para los que usan la razón, y considero que el iÿtihad es una obligación para todo musulmán y musulmana, pues todos somos (potenciales) califas de Al-lâh sobre la tierra.

Todo esto nos conduce de nuevo a la cuestión de las divergencias de opinión, tema recurrente. Puedes no estar de acuerdo, pero el feminismo islámico es un movimiento basado enteramente en las fuentes del islam, que aplica una metodología islámica a la interpretación de dichas fuentes. Si quieres rebatir sus argumentos, te recomiendo que hagas lo mismo y dejes de lado las acusaciones personales o las descalificaciones de conjunto. Por ello me parece tan fuera de lugar tu afirmación según la cual las feministas musulmanas “apuntan a la destrucción del islam”. Puedes no estar de acuerdo con algunos o la totalidad de sus planteamientos, pero atribuirles unas intenciones perversas y demonizar el feminismo islámico como movimiento es una actitud muy poco islámica. Y más cuando muchas de estas feministas musulmanas están luchando a brazo partido y poniendo todo su empeño en defender al islam y a las musulmanas de las injusticias que se cometen contra ellas, sean en nombre del islam o del imperialismo occidental. Creo que sería más beneficioso para todos el mantenerse en el plano del intercambio de ideas y no pasar a hacer juicios de valor sobre las intenciones de los otros. Pero comprendo que siempre es más fácil descalificar a las personas que rebatir sus argumentos.

Cuando yo u otros musulmanes criticamos determinadas leyes o cosas que suceden en Irán o en Arabia Saudita o en cualquier otro país de mayoría musulmana, lo hacemos por considerar que estos países están muy lejos de representar el ideal islámico. No lo hacemos con ánimo de destruir estos países o de atacar el islam, sino con el ánimo de mejorarlos. Y eso se aplica sin duda a Shirín Ebadi, a la que tú acusas de ser "la más complaciente agente de Estados Unidos en Irán". Sin embargo, he leído textos de Shirín Ebadi en los cuales su defensa de la soberanía de Irán y su oposición a las pretensiones hegemónicas de los EEUU es manifiesta. 

Más bien, creo que son las actitudes reactivas y la negación del pensamiento crítico las que conducen no solo al descrédito sino a la destrucción del islam como alternativa creíble para el siglo XXI. Hay mucho que corregir y mejorar, y el feminismo islámico es uno de los movimientos más potentes encaminados a una real mejora de las sociedades musulmanas, hacia la consecución de sociedades más justas y libres de toda tiranía, en la cual los hombres y las mujeres puedan desarrollar sus potencialidades innatas y ejercer como califas de Dios sobre la tierra, insha Al-lâh.

Y Al-lâh sabe más.

Abdennur Prado es co-director del Congreso Internacional de Feminismo Islámico
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