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Terroristas Cristianos-terroristas Islámicos Violencia e iconografía religiosa y el doble rasero de occidente

Para los medios, el cristiano y el cristianismo son dos cosas distintas, el cristiano que promueve la violencia en estas sociedades es una suerte de paradoja que no rebasa el plano de lo privado

09/03/2010 - Autor: Julio Abdel Aziz Valdez - Fuente: Webislam
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Iconografía religiosa.
Iconografía religiosa.

Escenas de la lucha contra el terrorismo se exhiben a diario en los noticieros, la ultima que apareció fue la muerte de un líder de Hamas en Dubai, claro esto podría haber parecido contradictorio si no fuera porque dicha organización descrita por occidente como terrorista, a pesar de contar con el apoyo electoral de los habitantes de Gaza y por gran parte de Cisjordania.

Las escenas se repiten una y otra vez, hombres con largas barbas, camisas largas, con pañuelos (kufiya) sobre la cabeza, mujeres con hiyab, o peor aun celebrando el rito de la oración conjunta posando la frente al suelo, para el consumidor de notas periodísticas aprende a identificar al extremista religioso como musulmán, poco a poco, ese apelativo deja de tener adscripción en la realidad cotidiana, especialmente en Centroamérica.

Dejando por un lado estas notas periodísticas que se repiten a diario recordamos otra, hace tan solo un par de meses en Cuernavaca cerca de la ciudad de México soldados de la Marina dieron muerte a uno de los principales capos del narcotráfico, Arturo Beltran Leiva después de una batalla donde resonaron decenas de granadas los disparos de los fusiles AR 15 se entrelazaban con las AK 47.

Cuando los reporteros pudieron entrar a la habitación del hotel, constataron como los soldados mostraban como trofeo el cuerpo de los temidos narcotraficantes, los titulares los presentaron así y seguido a ello muchos ciudadanos de a pie mostraban su apoyo al combate de los narcotraficantes, pero en esa habitación había algo más que armas, drogas y dinero, habían imágenes de la Virgen de Guadalupe, claro en el México de hoy donde los mismos comunistas son guadalupanos, no era un detalle sobre el cual pudiese escribir más que una descripción somera, pero detrás de este detalle iconográfico se encuentra una paradoja que nos servirá para analizar el fenómeno mediático que se cierne sobre la tendencia de designar a los “islamistas”, “yihadistas”, “radicales”, “extremistas” y demás como una amenaza global encima de lo que pudiera ser el mismo imperialismo o el narcotráfico.

Una imagen = cien palabras

Cuentan los historiadores del fenómeno de las mafias italianas a inicios del siglo XX, que cuando esta se comenzó a transformar de bandas delincuenciales en estructuras de poder del trasiego de licor, luego de la extorsión y por fin con la droga, los elementos de identidad de estas agrupaciones comenzaron a jugar con dos elementos adentro y fuera de Italia, por un lado una adscripción liberal de nacionalismo que se entrelazaba con el lugar de nacimiento, ya sea Sicilia o Nápoles, que por supuesto de la mano con el idioma, pero hay que recordar que durante estos mismos años, sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial, Italia vio crecer un movimiento afincado en la ideología comunista hasta tal grado que se llegó a constituir allí el Partido Comunista más grande del occidente liberal, esto evidentemente mostraba a una Italia que como todos los países era diversa, es así que la mafia adicionó a sus constructo cultural la iconografía cristiana, altamente católica hasta tal grado que los juramentos de lealtad hacia la “Familia” se realizaban frente a crucifijos o imágenes de la Virgen María.

Cuando la Agencia Federal de Investigaciones de los Estados Unidos junto con las policías estatales comenzó a luchar contra las mafias, el aspecto de su identidad religiosa no era identificado como una amenaza, a pesar de que hubo sacerdotes que apoyaban tales actividades desde sus parroquias.

¿Por qué las agencias de seguridad no identificaron al cristianismo como ideología que impulsaba actividades delictivas? Pues, porque el cristianismo no es una ideología que promueve la violencia en sí, la utilización de la iconografía además de ser un elemento que reforzaba la identidad del grupo, intentaba darle coherencia y fuerza al planteamiento de superación de la vida delictiva en lo terrenal y, lo proyectaba hacia la vida después de la muerte, por lo tanto fortalecía al delincuente en su juego contra los contrarios que lo amenazaba en su integridad.

Para las agencias de seguridad era claro que aun habiendo religiosos en estas agrupaciones estos no eran ni representativos y menos aún se planteaban el cambio de las estructuras de poder con fundamento cristiano, tal y como sucede con los narcotraficantes mexicanos y colombianos.

Estos no representan una propuesta política distinta a la que permite que florezca la impunidad, y la corrupción, pareciera ser que la sin razón de la violencia tiene razón. El narcotraficante muere al pie de la imagen de la Virgen de Guadalupe, pensó en ella antes de morir, incluso encontró fortaleza en ella en su combate final, le ha llorado a ella cuando la culpa lo acosa cuando vuelve a recordar el daño que se hace a sí mismo, a su familia y sociedad, pero contradictoriamente siente que ella lo ha bendecido cuando ha salido bien librado de combates anteriores. El conoció a la Virgen desde que nació y estuvo con él hasta que murió, su familia la conoce, sus subordinados la adoran, al igual que los miembros de otros carteles, incluso las mismas fuerzas armadas que lo destrozaron a balazos en aquel cuarto de hotel.

Lo paradójico de la política anti narcótica es que se cuida de señalar a aquellos narcotraficantes de terroristas, este apelativo está reservado para los musulmanes.

En la “lucha contra el terrorismo” en Afganistán, hemos leído “se lucha contra poblaciones en poder de los talibanes” o “dominados por los terroristas”, como si el terrorismo en si fuera un sistema político social, sin embargo cuando se entra a abordar el tema de los Estados Fallidos en el tema de extensión del poder de las organizaciones delictivas del narcotráfico, y de cómo se tiene poder no solo de poblaciones sino de naciones enteras (en el último año han sido apresados dos jefes de policía en Guatemala por tener conexiones con el narcotráfico) que son secuestradas por el poder del capital que genera el trasiego de drogas nunca se van a plantear como que si estuvieran en poder de terroristas, a pesar de que ocasionan más muertos que todos los atentados en Irak, Afganistán, Pakistán juntos.

¿Terroristas Islamistas y Terroristas Cristianos?

Durante la década de los setentas Centroamérica vio crecer los movimientos sociales disidentes, como se les llamaría hoy, a los gobiernos militares de corte conservador, liberales como se les llamaría hoy, ampliamente corruptos, que alimentaban la pobreza y exclusión social y racial a lo largo de la región.

Estos movimientos sociales que décadas atrás se habían integrado por miembros de capas medias radicalizados en la teoría marxista, en esta nueva etapa, comenzaron a ver un crecimiento paulatino dentro de los sectores sociales pobres, pero organizados en torno a la iglesia católica. Para algunos autores como Ivon Le Bot, tiene que ver con el acercamiento de muchos curas a una nueva corriente de pensamiento cristiano llamada “Teología de la Liberación” que en pocas palabras planteaba que el paraíso no era una meta a alcanzarse después de la muerte sino que era posible alcanzarla en esta vida, y la resurrección del Profeta Jesús (P y B) se daba entre los pobres, luego este discurso se alimentaba de una serie de condenas hacia la riqueza acumulada y los ricos, los cuales no tendrían acceso al Paraíso.

Este planteamiento teológico se situaba a la par de los movimientos sociopolíticos que buscaban la transformación radical de las sociedades. Los cristianos revolucionarios desplazaron prontamente a los revolucionarios de ultranza atea como se planteaba desde Cuba y la Unión Soviética, viendo esto, parece interesante ver la entrevista que el sacerdote … realizó a Fidel Castro, donde a pesar de que este reconocía su ateísmo, plantea que el proyecto de la revolución socialista concretaba el ideal favor de los pobres que planteaba el Profeta Jesús (P y B), este planteamiento junto con la explosión de rebeldía que planteaba la Teología de la Liberación, marcaron un movimiento eminentemente religioso armado.

El comunismo y los comunistas nunca fueron una alternativa de poder en América Central y sur de México, la propaganda contra ellos de los años sesentas llego a impactar mucho en las áreas rurales que lo llegaron a considerar como personas que “comían niños”, pero el discurso cristiano católico, después de quinientos años, llegó a constituir comunidades completas que giraban en torno de dicho cristianismo primigenio.

La década de los setentas vio nacer la alianza de los cristianos revolucionarios con los socialistas y comunistas. Por supuesto, en aquellos años los Estados que desarrollaban políticas contrainsurgentes crueles contra la población, se planteaban a manera de generalización que el problema de estos cristianos no era el cristianismo, sino el de unos cuantos sacerdotes calificados de subversivos y luego conforme los conflictos alcanzaron dimensiones nacionales estos alcanzaron el nivel de “delincuentes terroristas”.

Por su parte los seguidores de la teología de la liberación no se denominan a sí mismos como fundamentalistas, sino como “cristianos comprometidos”, o “cristianos progresistas”, pero resulta ser más determinante que estos cristianos se convierten en un sector más dentro de otros sectores “comprometidos” como era los estudiantes, pobladores, sindicalistas, y campesinos, esto evidentemente relega a estos cristianos a lo que el mismo Estado había deseado clasificarlos como “un grupo”, los cuales después fueron desplazados por la violencia y por la acción renovadora de los protestantes.

El famado sociólogo francés Ivon Le Bot en su libro, Guerra en Tierras Mayas, planteaba una interrogante en este tema, ¿teología de la liberación o teología de la revolución? Y es que en el proceso de desarrollo de la acción transformadora de la conciencia de los cristianos comprometidos con su pueblo, se procedió a alimentar a los grupos armados que propugnaban, por medio de la fuerza, una idea sui géneris de transformación social y donde la violencia que se pudiera generar debería de ser una violencia justa y bendecida por Dios, aun cuando esta no estuviera planteada desde la posición oficial que siempre la objeto.

Muchos religiosos que se volcaron hacia las comunidades más pauperizadas de Centroamérica, vieron en su compromiso cristiano hacia el pobre la instauración del Reino de Dios en la tierra, lo cual encerraba en sí mismo un mensaje altamente espiritualista que por mucho superaba el discurso de la lucha de clases y la dictadura del proletariado que los comunistas repetían de la doctrina euro comunista.

La doctrina cristiana revolucionaria se combatió en las iglesias, y al cristiano revolucionario con un arma en la mano, pero con el sumo cuidado de que las bases de la creencia no fueran tocadas, se separo lo revolucionario de la doctrina, y se regreso la imagen del Jesús de los pobres al Jesús crucificado que purifica con su sangre los pecados de toda la humanidad, sin distinción de raza, género y clase, la parte que se asumía de la Biblia que señalaba que “de los pobres será el Reino de los Cielos”, se estableció por parte de la oficialidad que los pobres a los que se hacía referencia eran los pobres en espíritu y con ello se despojo a esta frase el contenido clasista al cual los teólogos de la liberación mostraban como paradigma.

Hoy en día, los que asumían las certezas de la Teología de la Liberación se distancian mucho de señalamientos como integristas o fundamentalistas, esa categoría se utiliza por la izquierda intelectual para los protestantes y su función contrainsurgente, evidentemente los movimientos de Resistencia Islámica no encuentran compatibilidad a pesar de que en teoría serían más congruentes que con el comunismo cientificista y materialista por no decir ateo.

La teología de la liberación se redujo como una práctica focalizada en comunidades determinadas, que luchan contra el integrismo protestante que plantea el ideal de un creyente

Muerte con un Rosario en la Mano

Hoy en día las pandillas juveniles denominadas Maras se reconocen como una amenaza a la seguridad regional de Estados Unidos hasta Nicaragua y se ha saltado hasta España. Miles de sus miembros, que son conocidos por sus métodos de violencia extrema altamente nihilista, no son reconocidos en su práctica religiosa a pesar de los múltiples tatuajes en forma de imágenes de la Virgen de Guadalupe, Rosarios alrededor del cuello, cruces e incluso el mismo rezo del Padre Nuestro, suele ser interesante más aún que desde hace al menos tres décadas la prisiones han sido identificadas por las iglesias protestantes como lugares idóneos para extender su labor de evangelización, hasta el grado que como Guatemala se considera que en centros de detención de menores el que se conviertan en “renacidos en la fe” es el menor de los males en comparación con la “vida loca” del pandillero, esto ha sido utilizado en innumerables oportunidades por delincuentes para mostrarse ante las autoridades como regenerados que tienen derecho a regresar a la sociedad, e igualmente han sido innumerables los casos de “recaídas” o “retornos” a la vida delincuencial siendo buenos cristianos renacidos, evidentemente no se encuentra en la doctrina el origen a las actitudes y comportamientos delictivos.

A la violencia pandilleril en estos países, que poseen caudas de miles de muertes por año en Centroamérica, esta de catalogarse como terrorismo, ya que esta categoría de violencia sectaria está reservada para los musulmanes.

Para los medios, el cristiano y el cristianismo son dos cosas distintas, el cristiano que promueve la violencia en estas sociedades es una suerte de paradoja que no rebasa el plano de lo privado. Ver a Arturo Beltran Leiva muerto con la imagen de la Virgen de Guadalupe, dice de su mexicanidad más no de su cristianidad, y es que los cristianos radicalizados no pretenden transformar la sociedad en un ideal cristiano como podría haber pasado durante los trescientos años de colonia española en América.

No existe el cristiano radicalizado en este contexto, sino ciudadanos que conviven en un contexto social formado por el liberalismo desde el siglo XIX, donde la religión prevaleciente es la cívica, con banderas, escudos de armas, himnos nacionales, hasta animales y flores, en este concepto prevaleciente en todas las sociedades occidentales, el cristianismo se ha reducido a una práctica prevaleciente que en teoría no determina el actuar de los seres humanos en sociedad, donde el casamiento civil es el reconocido, los contratos y las penas se rigen por el código mercantil y el penal, por lo tanto, resulta paradójico que en estas sociedades liberales que presuma que la idea de religión no rige los destinos de los seres humanos, aun más controversial resulta ser que atentados como el de las Torres Gemelas prontamente son calificados de terrorismo pero la invasión a Irak, sin más argumentos que la rapiña, no son calificados como tal. La destrucción de las torres en New York prontamente se le adjudico a una religión porque sus supuestos perpetradores eran musulmanes adscritos a organizaciones musulmanas, y los narcotraficantes que ocasionan más de diez mil veces más muertos por sus acciones, que son cristianos y que pertenecen a organizaciones religiosas no son calificados como terroristas, sino como eso como criminales.

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