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Una introducción a la shari’a

Shari’a literalmente significa ruta, vía, lugar por donde se transita, y es la práctica legal y social de una gente basada en la revelación de sus profetas

01/03/2010 - Autor: Imam Luqman Ali - Fuente: Musulmanes Andaluces
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Shari’a literalmente significa ruta, vía, lugar por donde se transita.
Shari’a literalmente significa ruta, vía, lugar por donde se transita.

“Y a quienes se esfuerzan por Nosotros, ciertamente, les guiaremos por Nuestros caminos”

Qur’an (29:69)

Shari’a literalmente significa ruta, vía, lugar por donde se transita, y es la práctica legal y social de una gente basada en la revelación de sus profetas. En el mundo musulmán la shari’a es el código de conducta, o ley islámica, obtenida del Qur’an.

La shari’a de todos los profetas, desde Adam hasta Muhammad (s.a.s), es la misma en esencia. Es la ley natural prescrita por Allah como orientación a toda la humanidad. Sin embargo, al igual que una ruta, de acuerdo a su significado literal, se desarrolla en función de las características del terreno que atraviesa, y según las distintas épocas. Los caminos individuales de los profetas, que son en realidad como tramos de un mismo sendero, conducen a un destino común, pero sus peculiaridades varían en función de las necesidades y requerimientos de los distintos pueblos y eras.

La shari’a del profeta Muhammad (s.a.s.), es la shari’a de los profetas Nuh, Ibrahim, Musa e ‘Issa en su forma completa. Es el tramo de la ruta más próximo a su destino, el cual transcurre abiertamente, libre de la espesura del impedimento, y es capaz de satisfacer todas las necesidades que los seres humanos puedan tener hasta el final de los tiempos.

Durante la vida del profeta (s.a.s)

La shari’a durante la vida del profeta (s.a.s.) era dinámica y fluida. Se desarrolló en dos etapas: la primera se ajustaba a la práctica privada e individual de los musulmanes en el entorno hostil de la ciudad de Meca. La segunda abarcaba, además, sus prácticas públicas, sociales y económicas en el entorno amigable de Medida. Cada fase requería una cierta manera de dar respuestas a las necesidades de los musulmanes, así como el establecimiento de cuales iban a ser las prioridades según la coyuntura especial del momento.

Para los musulmanes de Meca, lo más importante era la consolidación del tawhid en el corazón, ser consciente de la muerte y del carácter efímero del dunia, y prepararse para la otra vida, por lo que la shari’a era extremadamente sencilla, básicamente un camino cuyas señales eran la revelación misma, a cada instante manifestada a través de los actos y de la lengua del profeta (s.a.s).

Era un camino dinámico y directo de acción y guía. No había preocupación por formalizar una ley y fijarla por escrito, o mediante alguna jerga. Simplemente había aceptación del corazón y puesta en práctica.

Al ser gente de fitra, los primeros musulmanes encontraron la shari’a fácil de asimilar y de seguir, porque era transmitida por el profeta (s.a.s.) como la forma de vida sana y natural para el ser humano, no como un sistema legal o una ciencia formal que hubiera que aceptar por que sí. Más aún, tomaba en consideración sus circunstancias personales y capacidad de asimilación, y no les demandaba el seguimiento estricto propio de un cuerpo normativo legal.

En los primeros años del islam los musulmanes fueron imbuidos con la sabiduría necesaria que se requiere para poder reconocer sus propias carencias y limitaciones, y las soluciones se obtenían directamente de la revelación, disponible a cada instante a través de la figura del profeta Muhammad (s.a.s.), en la certeza de que Allah proveería la guía adecuada a cada situación planteada.

En la fase de Medina, la shari’a evolucionó desde la dimensión individual característica de Meca, hasta abarcar todos los aspectos que implicaba la vida en una sociedad islámica. En Meca, a nivel individual, se comprobó la importancia de ajustarse al código de conducta revelado para potenciar el desarrollo de las cualidades que el musulmán requería a la hora de asumir de corazón la enorme implicación del tawhid. E igualmente, en Medina, el establecimiento de una sociedad islámica, justa, sana y equilibrada, según las pautas de la Shari’a, era necesario, incluso imprescindible, para facilitar el desarrollo pleno de todo nuestro potencial como seres humanos, cuya máxima cima constituye la expresión misma de la libertad; una libertad que no es más que la vivencia en la plenitud del tawhid, cuando éste se muestra en todo su esplendor, completamente desvelado y sin restricciones o trabas de ningún tipo, ya sean internas o externas. La célula germinada en Meca tomó cuerpo en Medina.

El desarrollo del marco social de la shari’a comenzó cuando el discurso ético y conminatorio de las revelaciones de Meca adquirieron un tono más formal y normativo en la revelaciones de Medina. Pero, como en Meca, la aplicación de la shari’a siguió siendo un proceso natural, pues aunque ya no había ningún impedimento externo para seguir abiertamente las directrices coránicas, no había porqué interrumpir su aplicación natural y espontánea allí donde surgía la necesidad de ajustare al dictamen de la norma revelada. De esta forma, cada cuestión o problema planteado se resolvía en función de sus propias características y peculiaridades.

Durante la vida del profeta, la shari’a fue siempre transmitida por medio de palabras y actitudes de una manera espontánea. No existía tal cosa como el estudio formal de la nueva ley, y ni siquiera se registraba. El din estaba basado en una transmisión y una capacidad de acogida, una receptividad (iman), junto con el consiguiente desarrollo de la conducta justa y apropiada. Todo estaba en el Libro, las señales eran sus palabras, y el profeta (s.a.s.) era el intérprete y transmisor de sus significados, todos orientados a la significación última, que es la presencia misma de la realidad iláhica en el corazón del ser humano. Medina era un organismo vivo en perfecta armonía con el cosmos, un organismo en continuo crecimiento y desarrollo, según las pautas de lo que podríamos llegar a denominar como la shari’a universal.

La vivencia de la shari’a, propósito y objetivo

La shari’a es la pauta de conducta de la forma de vida islámica. Estableciendo límites, la shari’a previene contra la perdida inútil de energía, y conduce a los que la adoptan por un camino recto de sencillez y de facilidad hacia la realización de la verdad última. La regla básica de la shari’a es prevenir y resolver la confusión y la discordia, a nivel social e individual. Para ello provee un conjunto de disciplinas que se combinan para afianzar a la persona en el camino de Allah, minimizando al máximo las distracciones (con respecto a Él) que conllevan los continuos conflictos de una forma de vida malsana. Toda norma establecida en la shari’a deriva necesariamente del mandato de Allah a Adam:

“…pero no os acerquéis a este árbol, pues entonces seríais de los transgresores.” Qur’an(2.35)

El árbol simboliza la dispersión (el conflicto permanente) y el carácter transitorio de toda la creación. La atracción por el fruto del árbol condujo a Adam y a Eva del ámbito de la unión al ámbito de la separación, desde más allá del espacio y del tiempo hasta la dimensión condicionada por el vector espacio-temporal. Cualquier acción que no está en armonía con Allah, tiene el mismo resultado, y constituye la fruta del árbol del olvido de nuestra auténtica naturaleza, que debemos a toda costa tratar de evitar.

El conocimiento se expandió, pero al mismo se empezó a recurrir al criterio personal en el seguimiento de la ley revelada, lo cual constituye la causa principal de las aproximaciones equivocadas a la shari’a. El hecho es que el camino se estrecha y el margen para el criterio personal disminuye a medida que el conocimiento aumenta. Uno se vuelve consciente de donde está el daño y de donde está el beneficio. Uno sabe que el salat refuerza nuestra conexión con Al-Haqq, de modo simplemente lo hacemos y nos entregamos en la plenitud de esa certeza. Así que nunca faltamos al salat.

Al principio, la aplicación de la shari’a se basaba en la certeza de que era una ley revelada. Después se basó en el conocimiento especulativo y en las convicciones personales. Lo importante a tener en cuenta en nuestra aproximación a la shari’a, es que se trata de una vía recta, y que no hay manera de evitarla si queremos llegar a la meta. Si hay certeza, iman e intención correcta, entonces uno experimenta:

“Y a quienes se esfuerzan por Nosotros, ciertamente, les guiaremos por Nuestros caminos” Qur’an (29:69)

El imam ‘Ali aclaró la manera apropiada de afrontar la shari’a, cuando dijo:

“Si uno no puede cumplir con todo, al menos no abandona todo”

Y…

“No abandones la facilidad a causa de la dificultad”

El profeta Muhammad (s.a.s.) dijo:

“Quien quiera da un paso hacia Allah, Allah da diez pasos hacia él”

Una vez que se hace evidente que nuestra proximidad a Allah depende de una hábil aplicación de la shari’a, la apertura, los vislumbres y los regalados de Ar-Raççaq son experimentados. Lo que antes era vivenciado como dificultad y duda, deviene en facilidad y certeza. Actuar con sinceridad de acuerdo a la shari’a, nos conduce a adherirnos a ella de forma plena y absoluta.

Finalmente, la shari’a se convierte en el reflejo de nuestra realidad interna desvelada, la consciencia despierta. Cuando esto ocurre, eres libre, más allá de la limitación y la carencia; un corazón sano dentro de un cuerpo. Esto si te ajustas en todo a la shari’a, el camino de la trascendencia, si no, no harás más que perpetuar las sombras del caos y de la duda.

Traducción al castellano: ‘Uzman García.

 

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