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La Revolución que Cambió el Rostro de Oriente Medio y el mundo

El espíritu de la Revolución ha inspirado a los pueblos de Oriente Medio para defender su independencia y derechos frente a las agresiones israelíes

16/02/2010 - Autor: Yusuf Fernández - Fuente: Webislam
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Manifestantes iraníes con una foto del Imam Jomeini.
Manifestantes iraníes con una foto del Imam Jomeini.

El pasado día 11 de febrero, millones de iraníes llenaron las principales calles del país para conmemorar el 31º aniversario de la Revolución Islámica de 1979. Este año las celebraciones tenían un especial interés por cuanto iban a servir para evaluar el nivel de apoyo de la población a la Revolución en un contexto de presiones occidentales en el tema del programa nuclear iraní. En este sentido, aquellos que esperaban una participación débil en las celebraciones quedaron defraudados. Decenas de millones de iraníes aprovecharon el aniversario para llenar las calles de más de 800 ciudades iraníes en una nueva muestra de apoyo inequívoco al sistema creado por el fallecido Imam Jomeini y a los derechos del país a conseguir nuevas metas en el desarrollo científico y técnico.

La Revolución Islámica de 1979 ha sido uno de los hitos históricos más relevantes de la historia mundial y sin duda el acontecimiento de mayor alcance dentro de la historia reciente del Islam. La principal característica de la Revolución es que puso fin a un período en el que la política mundial estaba dividida entre dos grandes polos materialistas: el capitalista occidental y el comunista soviético. En tal contexto, los valores éticos y religiosos estaban ausentes y parecían relegados a la esfera privada del individuo e incapaces de servir como base para la construcción de un sistema político y económico.

La Revolución puso en marcha una transformación profunda de la sociedad iraní e internacional. Sus efectos llegaron al mundo musulmán en forma de un auge de los movimientos islámicos y de los valores religiosos. También se dejaron sentir en el mundo occidental donde el Islam ha crecido y se ha desarrollado de forma notable durante las últimas décadas.

El espíritu de la Revolución ha inspirado a los pueblos de Oriente Medio para defender su independencia y derechos frente a las agresiones israelíes. En Líbano, la Resistencia libanesa ha logrado derrotar dos veces al Ejército invasor israelí en la última década, algo que los ejércitos árabes convencionales no habían logrado. La Resistencia palestina logró también expulsar a las fuerzas ocupantes sionistas de Gaza en base a tales mismos principios.

Este espíritu de resistencia a la opresión fue el que llevó a los iraníes a enfrentarse al régimen del Shah Pahlavi. Una serie de confrontaciones entre la población y las fuerzas de seguridad acabaron por convertirse en un amplio movimiento revolucionario. Este proceso se inició en enero de 1978 cuando, tras un artículo aparecido en un periódico iraní que atacaba al líder espirtual de millones de iraníes, el Imam Ruhollah Jomeini, se produjeron protestas en la ciudad santa iraní de Qom, que fueron rápidamente sofocadas por la policía del régimen con un balance de varias decenas de muertos.

El 29 de marzo de 1978 se produjeron manifestaciones en cincuenta y cinco ciudades iraníes para homenajear a los mártires de Qom. Las fuerzas de seguridad abrieron fuego ese día contra una multitud en la ciudad de Yazd. En mayo, Teherán se convirtió en el principal foco de las protestas y el Ejército desplegó columnas acorazadas para intentar frenarlas.

En agosto, las fuerzas de seguridad asaltaron la ciudad de Isfahan, cuyo control había perdido el 17 de ese mes, y varios centenares de personas fueron masacradas. Dos días más tarde, 410 personas murieron carbonizadas en un cine de Abadan y el gobierno del Shah fue considerado responsable del incidente. El 4 de septiembre, fiesta del Aid el Fitr, cuatro millones de personas pidieron en las calles el fin del régimen del Shah, la abolición de la monarquía y la creación de un gobierno islámico.

El 9 de septiembre, una multitud reunida en la Plaza de Zhala (rebautizada más tarde como Plaza de los Mártires) fue atacada por las tropas que habían bloqueado todos los accesos a la plaza. Unas 2.000 personas fueron masacradas en ella ese día. Esta matanza, que se conocería en adelante como el Viernes Negro, supuso un punto de no retorno hacia el fin del régimen pro-occidental del Shah.

El proceso revolucionario fue posible gracias a la existencia del firme liderazgo del Imam Jomeini, que se hallaba exiliado en París. Irónicamente, gracias a los esfuerzos del Shah para occidentalizar el país las comunicaciones entre Teherán y París eran mucho más fáciles que desde Nayaf, en Iraq, donde el Imam había residido anteriormente y de donde había sido expulsado por las presiones del régimen del Shah. Esto sirvió para mantener al Imam en contacto con sus seguidores en Irán.

Durante el mes islámico de Muharram, grandes manifestaciones contra el Shah tuvieron lugar en diversas partes del país. El 9 de Muharram un millón de personas desfilaron por las calles de Teherán pidiendo la abolición de la monarquía y al día siguiente, la fiesta de Ashura, dos millones aprobaron por aclamación una declaración de 17 puntos que pedía la formación de un gobierno islámico bajo la dirección del Imam Jomeini. El dia 18 de diciembre una huelga general paralizó el país.

Entretanto, la moral de las tropas, que continuaban llevando a cabo una feroz represión, acabó por resquebrajarse. El Shah nombró a un primer ministro laico y nacionalista, Shahpur Bajtiyar, en un intento de evitar la creación de un gobierno islámico y poco después, el 16 de enero de 1979, abandonó el país en lo que iba a ser en principio una ausencia temporal.

El 1 de enero y con la situación ya fuera del control del gobierno nombrado por el Shah, el Imam Jomeini regresó a Teherán entre escenas de celebración popular. Se estima hoy que más de 10 millones de personas se reunieron en la capital iraní para dar la bienvenida a Jomeini. El Imam se negó a reconocer al gobierno de Bajtiyar y nombró un gobierno islámico, bajo la dirección de Mahdi Bazargan.

El Ejército se desintegró y muchos de sus miembros, junto con sus armas, se pasaron a los Comités Revolucionarios que habían estado surgiendo en todas las partes del país. El 12 de febrero, todos los órganos del antiguo régimen finalmente colapsaron y la Revolución triunfó, cambiando para siempre el rostro de Oriente Medio y el del mundo.

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