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Mujeres indias: la esperanza para superar los conflictos entre comunidades religiosas

En los disturbios entre comunidades en la India también los hombres han sido los verdaderos culpables, y no las mujeres

15/02/2010 - Autor: Asghar Ali - Fuente: Indian Muslims
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Tulja Bai en la puerta de su casa.
Tulja Bai en la puerta de su casa.

Nuestras sociedades patriarcales consideran débiles a las mujeres y los hombres sienten que ellas necesitan ser protegidas. ¿Es cierto? Quizá sea cierto en ciertos contextos, pero hay casos en los que las mujeres han demostrado su valor
mientras los hombres se han acobardado, e incluso “débiles” mujeres han probado ser moralmente mucho más fuertes. Debemos subrayar aquí que la mera fuerza física o la fuerza de las armas no es verdadera fuerza, son los valores morales los que te hacen verdaderamente fuerte. Es por ello que los que tienen una superioridad moral no tienen por qué temer a nadie y no pueden ser derrotados.

Nadie puede afirmar que las mujeres son intrínsicamente superiores moralmente, sino que las mujeres suelen tener mayores principios que los hombres. Hay muchas razones para ello. Los hombres aspiran en mayor medida al poder y la dominación que las mujeres y por consiguiente recurren a prácticas moralmente reprobables, viéndose así involucrados en actividades delictivas en mayor medida que las mujeres, quienes por lo general son más éticas en su comportamiento.

Excepto casos excepcionales, las mujeres no han participado en guerras. La mayorías de las más ferozmente destructivas guerras, en las que millones de seres humanos inocentes fueron asesinados, fueron declaradas por hombres. Durante el último siglo los hombres declararon y combatieron en dos guerras mundiales, siendo las mujeres solamente víctimas. Las mujeres son mucho más sensibles a la vida humana que los hombres. Son las mujeres las que dan a luz y sustentan la vida, llevándola en su útero durante nueve meses. Tras dar a luz, continúan alimentando a los hijos hasta que llegan a ser autosuficientes.

Los hombres, por su parte, para alcanzar sus ambiciones, la riqueza o el poder, matarían a miles de seres humanos en pocos segundos dejando caer bombas o lanzando mortíferos misiles. ¿Quién hizo que se lanzase la bomba atómica sobre Nagasaki e Hiroshima matando más de doscientas mil personas de una vez? No fue desde luego una mujer. Para los hombres poder y autoridad son mucho más importantes que la sensibilidad hacia la vida humana.

En los disturbios entre comunidades en la India también los hombres han sido los verdaderos culpables, y no las mujeres. No he encontrado un solo caso en el que una mujer haya inducido y organizado algún altercado, y mucho menos que haya asesinado a un hindú o musulmán. Solo en Gujarat sucedió que una mujer, Maya Kodnani, haya instigado, presuntamente, a algunos hombres a asesinar personas inocentes en Narodia Patia. Pero no he encontrado ningún otro caso.

Pero sin embargo, sí he encontrado varios casos en los que las mujeres han salvado la vida de personas inocentes. Mujeres que son una verdadera inspiración para todas aquellas personas que aman la paz. Me gustaría por ello dar a conocer las acciones de esas mujeres. Algunas las he conocido mientras investigaba los conflictos y otras a través de la lectura de periódicos, pero que posteriormente conocí personalmente. Algunas de ellas fueron homenajeadas en nombre de Women for Secularism, una organización que trabaja a favor de los derechos de las mujeres mediante diversas organizaciones de base.

El primer caso lo encontré durante la investigación de los disturbios entre comunidades que tuvieron lugar en 1969 en Ahmedabad. Ahora no recuerdo sus nombre, solo que era una vendedora de verduras que vivía en Jalimsingh Ni Chawl en Ahmedabad, donde tenía dos familias musulmanas como vecinos. Durante los disturbios de 1969 una turba rodeó el Chawl (vivienda típica india) y pidió que les fueran entregados los musulmanes para asesinarlos y después saquear su casa.

Esta mujer, vendedora de verduras, oyó esto y salió de su habitación con la hoz con la que solía cortar las verduras, bajó las escaleras y se plantó en la entrada desafiando a la turba e invitándoles a seguir adelante y matar a los musulmanes: “cortaré la cabeza de cualquiera que dé un paso adelante, entonces podríais matarme, pasar sobre mi cadáver y matar a los musulmanes”. Nadie se adelantó y la el grupo formado por 500 personas se dispersó.

Conocí a esta mujer durante mi investigación y le pregunté por qué había arriesgado su vida por salvar a los musulmanes. Contestó que, en primer lugar, eran sus vecinos y por tanto su deber era salvar sus vidas o morir antes de que fueran asesinados. En segundo lugar, eran de su mismo pueblo en Rajasthan. “¿Con qué cara me hubiera presentado a mis paisanos si hubieran sido asesinados? En tercer lugar, salvar vidas humanas era mi obligación. Eran inocentes y no tenían nada que ver con la violencia que estaba teniendo lugar”.

“Había hombres en el Chawl, podrían haberse adelantado para salvar las vidas de sus vecinos. Pero si esos hombres no tenían el valor suficiente, ¿qué podía hacer yo? Hice lo que pude para salvar la vida de mis vecinos musulmanes”. Ella fue sin duda un ejemplo para cientos de hombres. Hombres que se escondieron en sus casas mientras esta mujer afrontó sola el desafío.

Otro ejemplo es el de Yadav de Aligarh durante los disturbios entre comunidades que se desataron en 1994. Un autobús transportando baraat (procesión de familiares del novio de una boda) que se dirigía a Lucknow se aparcó en el bazar yendo el conductor a hacer un recado. Una grupo de hindúes se acercó para dar fuego al autobús en el que iban principalmente mujeres y niños a la boda. La señora Yadav pasaba por allí con su hijo, y vio que el autobús sería quemado asesinando a 40 mujeres y niños. Buscó a su alrededor algo con lo que protegerse y alejar a los atacantes. Encontró una barra de hierro, la levantó y cargó con ella contra la turba que salió corriendo. Luego pidió a su hijo que condujera el autobús hacia su casa. Afortunadamente el conductor había dejado la llave en el autobús, lo que permitió a su hijo conducirlo a casa salvando con ello 40 vidas.

El presidente regional Mulayamsingh Yadav, se reunió con la mujer premiándola por su valor con cien mil rupias. Yo también la conocí cuando fui a
Aligarh para realizar una investigación. Me dijo que no estaba segura de si podría salvar sus vidas, pero pensó que era su obligación intentarlo al menos. “Más que valor -afirmó- era mi deber salvar vidas inocentes, especialmente de mujeres y niños, antes de que fueran reducidos a cenizas. Soy muy afortunada por haber salvado sus vidas”.

En este caso también había muchos hombres cerca, pero ninguno mostró el coraje o el interés por salvar esas vidas inocentes. Tuvo que ser una mujer la que se armara de valor y alzara la barra salvando todas esas vidas. Más que a ninguna otra cosa, las mujeres son sensibles a la vida. Su inusual hazaña fue ampliamente comentada en la ciudad de Aligarh.

En 2008 estallaron los disturbios en Bhainsa en el distrito de Adilabad en el estado de Andhra Pradesh. Una casa, perteneciente a un musulmán llamado Syed Osman, fue quemada el 10 de octubre. Hubieran muerto quemados vivos todos los miembros de la familia, pero no fue así gracias al valor de Tuljabai, de 61 años, su hijo y otras mujeres de su familia, que consiguieron salvar sus vidas mientras otros se quedaban mirando. De nuevo, es una mujer la que se adelanta mostrando un valor extraordinario mientras el resto pasaba del asunto. Los hombres “de la comunidad” estaban muy ocupados matando y destruyendo.

Diversos disturbios entre comunidades estallaron en las pequeñas ciudades de Sangli, Miraj, Ichalkaranji en el distrito de Kolhapur a comienzos de septiembre de 2009, la víspera del Festival Ganesh que se celebraba entre el 7 y 9 de ese mes. Durante los disturbios 60 mezquitas y dargahs (mausoleos) fueron destruidos o dañados. Muchas mujeres hindúes de esas ciudades no sólo salvaron a los musulmanes, sino que también participaron en la reconstrucción de esas mezquitas y dargahs. Por ejemplo, el Gram Panchayat (municipalidad) de Kavthepiran, que es gobernada por mujeres, decidió reparar los lugares religiosos musulmanes y devolver la normalidad a la vida diaria. Estas mujeres hindúes afirmaron: “nuestras hermanas musulmanas han trabajado conjuntamente para ganar el premio para nuestra ciudad –a la más limpia-. Hay aproximadamente 100 casas de musulmanes aquí y algunos ya han comenzado a abandonar la ciudad tras los disturbios, pero los hemos frenado. Todas las mujeres de la ciudad hemos visitados los hogares de los musulmanes y les hemos asegurado protección para sus vidas y propiedades”. La lucidez de estas mujeres rurales analfabetas brilla frente al ardor comunitario masculino.

Algunas de estas mujeres fueron Hasubai Buchare, Rekha Chanade, Vandana Gaikwad y Nisha Butade, todas miembros de organizaciones de base. Las conocí en Icchalkaranji donde las homenajeamos en nombre de Women for Secularism en una jornada celebrada el 13 de noviembre de 2009. Las encontré armadas de valor y aunque algunas de ellas eran analfabetas o con muy poca educación, se expresaban con gran convicción contra los que organizan la violencia entre comunidades sirviendo a fines políticos, frente a los que juraron no volver a permitir violencia de ese tipo en su pequeña ciudad.

La violencia entre comunidades en el distrito de Kandhmal, en el que cerca de 40 cristianos fueron asesinados por fanáticos hindúes, se vio frenada también por algunas valerosas mujeres hindúes que tomaron la iniciativa para salvar la vida de sus vecinos cristianos en 2008. Algunas de estas mujeres fueron Ranchi Pradhan, Suruchi Pradhan del pueblo de Rudenia, Satyabhama Nayak y Nabojini Pradhan quien mostró una valentía excepcional salvando la vida de muchos cristianos y protegiendo sus casas. Las homenajeamos a todas en una jornada All India Secular Forum. (Pradhan es el título usado por algunos grupos hindúes de Kandhmal).

Estas mujeres son también analfabetas y colaboradoras de organizaciones de base. Su humanismo está extremadamente vivo y libre de prejuicios sobre las diferencias entre comunidades. Demostraron ser seres humanos por encima de ser hindúes, cristianas o musulmanas. Ello nos da muchas esperanzas y prueba dos cosas: una, que las mujeres muestran mucha más compasión que los hombres; y dos, que las mujeres analfabetas están mucho más libres de los prejuicios entre comunidades que la gente altamente educada de las ciudades.

Women for Secularism se está dirigiendo por ello sobre todo a estas mujeres de organizaciones de base y trabajando principalmente con ellas. Son mujeres que sufren mucho en manos de hombres fuertemente aferrados a la tradición, especialmente los que son devotos de la ideología de sus comunidades, pero a pesar de todo ellas son mujeres con muchos menos prejuicios y más humanas. Son para nosotras un fuerte activo y debemos conseguir que alcancen sus derechos constitucionales. Necesitan organizarse mejor de lo que lo hacen ahora, siendo también muy necesario incrementar su conciencia sobre sus derechos.
 

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