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Avatar

Existe una perfecta, natural y sabia combinación entre pureza, bravura, sensibilidad, ternura, fiereza, dignidad y belleza que remueve el interior del espectador

09/02/2010 - Autor: Revista Fusión - Fuente: Revista Fusión
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Escena de la película.
Escena de la película.

Mucho se está hablando y escribiendo sobre Avatar. Su impacto mundial sorprende a todos, sobre todo a los expertos y a los críticos. Pero poco o nada se ha dicho de las verdaderas razones que causan tal impacto, porque de lo que más se habla es de la técnica empleada en la película que, parece ser, revolucionará el mundo del cine. En otras palabras, la tecnología es la culpable de todo. Pero no es así.

Cuando la película termina y uno se queda soldado a la silla, con una sensación indescifrable dentro, con una emoción incontenible que no sabes exactamente a qué se debe y con una voz gritando dentro pidiendo que no se acabe, todo ello no tiene nada que ver con la nueva técnica de 3D ni con la belleza, es justo reconocerlo, de las imágenes que dicha técnica nos transmite.

Hay un algo más que tiene mucho que ver con el mundo donde se desarrolla la historia, Pandora, nombre que por cierto está relacionado en la mitología griega con la primera mujer, quien, al igual que Eva, fue “culpable” de todos los males que sufre la humanidad. ¡Que casualidad!

En ese mundo, Pandora, hay algo que el espectador conoce, que le resulta familiar, que a lo largo de la película te va capturando y que al final te posee, como le sucede al protagonista humano. Ese algo tiene que ver con el pasado de la humanidad y también con su futuro. Sólo es cuestión de atar cabos.

También toca muy dentro y remueve sensaciones dormidas la presencia de lo sagrado en los habitantes de Pandora. Lo sagrado está presente en su relación con la Naturaleza, con la Vida, en su veneración y sincronización con la Madre.
Forman una red entre ellos y con todas las vidas que les rodean. Su respeto a la Vida es absoluto, su espiritualidad no está dirigida por fantoches ni falsos sacerdotes, más bien es consustancial a ellos mismos y se respira por todas partes.
Son una prolongación de la Vida del planeta. Pero ello no impide que sean a la vez bravos guerreros, orgullosos y dignos, dispuestos a luchar hasta el fin por defender su planeta y lo sagrado de sus vidas.

Esa combinación de espiritualidad y guerrero permanece dormida, latente, en el interior del espectador, porque la humanidad, en sus ancestros, la poseía. Avatar la despierta, nos la recuerda. Por eso la película nos transmite la sensación de algo conocido.

Existe una perfecta, natural y sabia combinación entre pureza, bravura, sensibilidad, ternura, fiereza, dignidad y belleza que remueve el interior del espectador porque le toca la fibra de sus orígenes y hace vibrar todo aquello que la mal entendida “evolución” hizo olvidar.

El espectador acaba, al igual que el protagonista humano, uniéndose a los habitantes de Pandora en su lucha contra el invasor. Pero lo hace sin pararse a pensar que está luchando contra su propia humanidad, contra los suyos. Sólo que en esos momentos ya no se siente humano. De alguna forma también ha “renacido”, al pie del árbol mágico, en un nuevo cuerpo, en un nuevo mundo. Y eso precisamente es lo que más cuesta, que después de haberte convertido en uno de ellos, cuando se apagan las luces tienes que volver a ser humano y sustituir la majestuosa y mágica selva por las calles de tu ciudad y el ruido infernal del tráfico, tienes que salirte del cuerpo y de la mente pura de un na´vi y entrar en la cruda realidad en la que vives. El choque es muy fuerte.

Esa es la magia de la película, que te “roba” tu condición de humano hasta el punto de que no quieres recuperarla al final. Al fin y al cabo nos “roba” lo que nos sobra, aquella parte de nosotros con la que no nos encontramos a gusto. Pero, sobre todo, te muestra algo que sabes, que conoces, que ya has vivido o que has soñado alguna vez.

Todos aspiramos a un mundo real, puro, auténtico. Todos soñamos con una vida diferente, lejos de esta absurda mentira que nos han colado y que pasivamente aceptamos. Pandora y sus habitantes nos muestran, en imágenes, en sensaciones, nuestros sueños más profundos.

Es importante recordar aquí, que el director tuvo un sueño una vez, tomó nota de él y ahora nos hace partícipes a todos. Su sueño activó nuestros sueños.

Todo gira en torno al sueño, pero soñar es entrar en otra realidad, es “ver” en el espacio, fuera del tiempo, es la antesala del creador.

Si, como muchos creemos, formamos parte del Sueño de un Creador, tal vez Avatar nos esté mostrando un futuro donde nuestros sueños se harán realidad, donde la humanidad no sea la invasora, sino algo más parecido a la que existe en Pandora, formas aparte.

Porque, repito, lo que nos impactó de Avatar es que removió lo más profundo de nosotros, lo que somos, lo que un día fuimos y lo que un día seremos.

Gracias al director por el regalo

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