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Orhan Pamuk: Estambul ya no es melancólica

No solo sobre islamismo, kurdos o Turquía y Europa quiere hablar el Nobel de Literatura del 2006, Orhan Pamuk. De hecho, prefiere rehuir esos temas y conversar sobre novela y museos, amor y ciudades

26/01/2010 - Autor: Ernest Alós - Fuente: El Periódico
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El Nobel turco Orhan Pamuk,el pasado lunes en el patio del CCCB. Foto: ELISENDA PONS
El Nobel turco Orhan Pamuk,el pasado lunes en el patio del CCCB. Foto: ELISENDA PONS

Orhan Pamuk publicó en España el pasado octubre su primera novela desde que es Premio Nobel. En El museo de la inocencia (Mondadori), Kemal, un estambulita de clase alta, se enamora locamente de su prima pobre Füsum y colecciona miles de objetos que la recuerdan. Es una novela romántica, al estilo de los musicales que producía el cine turco entre los años 60 y 80, pero también un repaso a la evolución de la sociedad turca: clasismo, aspiraciones de modernidad, revolución sexual frente a tradición...

¿Tanto se parecen museo y novela?

He escrito un libro que se llama El museo de la inocencia y también estoy construyendo un museo, que se llama El museo de la inocencia. Para mí el museo es como una novela y la novela como un museo. Para decirlo brevemente, unos y otros tienen la cualidad de preservar los detalles de nuestras vidas: sensaciones, sonidos, objetos, imágenes, gestos. Cosas que tienden a desvanecerse. Los museos serán más personales, menos objetivos, como la novela, que representa el punto de vista de una persona, más que a una nación.

Prepara un libro sobre la teoría de la novela. Reivindica lo naíf, la inocencia. ¿Del escritor, del lector...?

Son las conferencias que pronuncié en Harvard y titulé El novelista naíf y el sentimental. Allí planteo, como hizo Schiller, que hay dos tendencias en el arte. Cuando somos naífs, al escribir o leer, no pensamos en técnicas, métodos, todo es simple y genial y sentimos la ficción como real. Lo sentimental es reflexivo, consciente de los recursos técnicos, interpreta la realidad. Los novelistas deben ser tanto sentimentales como naífs. Y los lectores también. Debemos ser capaces también de leer una novela como si estuviésemos viendo una película, olvidándonos de que eso no es la realidad. No tengo ningún problema en ser naíf.

¿En El museo de la inocencia se ha desbocado su espíritu naíf?

Es una novela de amor, aunque no quiere ser almibarada. Toma los temas melodramáticos de las películas turcas. El tema melodramático del amor, de hecho, es común a todas las culturas.

Déjeme hacerle inocentemente la pregunta que Kemal le hace en el libro cuando usted aparece como personaje. ¿Orhan bey, ha vivido usted nunca un amor tan apasionadamente?

Yo puedo decir: "No, no, venga, pero si esto es ficción, no enloquezco de esta manera". Pero, por supuesto, no quiero que se lo crea completamente. Justo esta es la naturaleza de la novela. Nunca estamos del todo seguros de si el autor nos explica su experiencia o si está siendo imaginativo. El museo... es novela, no es biografía. Pero yo soy como Kemal: he vivido en los mismos barrios de clase media alta. El museo de la inocencia es mi libro más íntimo, basado en observaciones de la vida real.

¿Más que Estambul?

Allí reflexionaba sobre la ciudad, aquí la muestro.

En la novela muestra una clase media estambulita que aspiraba a ser europea. ¿Está frustrada hoy?

Hoy Turquía es más rica, está más cercana a los valores y modelos europeos que en los años 70. No se deje confundir por la política, los cambios económicos y sociales son mucho más fuertes. Pero, por favor, soy un novelista, no un sociólogo.

Pero hoy gobiernan...

El partido en el poder hoy es más o menos la continuación del partido conservador de hace 20 años. El país básicamente es conservador, la clase media secular no es más del 35% de la población y esto no ha cambiado. Pero la clase media es más rica y tiene más presencia pública.

En la novela cita a una estrella musical, Zeki Müren, de quien una cantante, Maria del Mar Bonet, adaptó una canción al catalán...

¿Cuál?

Bir demet yasemen.

¿Me la tararea? (se suma).

Era un personaje andrógino, prácticamente travestido. Choca en una sociedad tan conservadora.

En mi infancia posaba como un galán y declaraba que se casaría cuando apareciese la chica de sus sueños. Todos sabían que era gay pero que disimulaba. Turquía era conservadora, reprimía la sexualidad. Eso cambia, y no tiene que ver tanto con la religión como con la represión en una sociedad premoderna.

Los años 70 y 80 de Turquía que muestra parecen los 60 y 70 de aquí.

Probablemente. Creo que este libro pueden disfrutarlo más los lectores de Italia, Grecia y España, países mediterráneos donde la modernidad llegó un poco tarde.

¿Ha visitado muchos museos para preparar la novela?

Hoy ha sido mi tercera visita al Museu Marés. La primera vez fue hace ocho años. Hay pequeños museos en los que el tiempo se detiene. Mire las fotografías (abre su cámara). He disfrutado mucho viendo la colección que hizo ese hombre.

¿Es usted también coleccionista?

No. Tengo 16.000 libros pero no lo soy. Conozco muchos coleccionistas de libros que no los leen. El coleccionista es feliz poseyendo el objeto que no tiene nadie. Para mí, los libros son para leerlos. Y los objetos, para recordar el pasado.

Los monumentos son también objetos que recuerdan un pasado. Visitó Granada en mayo: ¿como Estambul, de su pasado multicultural solo quedan piedras?

La melancolía del paisaje... Grandes monumentos que muestran una civilización que desapareció. Granada era quizá más espectacularmente melancólica cuando Washington Irving la vio en ruinas, hoy es más una joya turística. Esa Alhambra quizá se parecería al Estambul de mi infancia. Pero hoy ambos lugares son sobre todo turísticos, relucientes. Los lectores de mi libro Estambul, y las nuevas generaciones turcas, disfrutan de la ciudad y la encuentran colorida, cuando en mi libro la describía como gris y melancólica.

¿Añora ese Estambul? ¿Y el pasado otomano, cuando Estambul era turca, griega, armenia, sefardí...?

Hoy es una ciudad más turística que melancólica, pero mucho más habitable. Añoro el colorido de la vieja Estambul, la tolerancia de la sociedad otomana. En una sociedad multiétnica tienes que ser tolerante. Por eso creo que la entrada de Turquía en la UE sería buena para Europa, porque integrar una sociedad islámica ampliaría su capacidad de comprensión de los valores humanos, y para Turquía, porque ampliaría su capacidad de combinar etnicidades, culturas, religiones, ideas...

¿Dónde siente que vive ahora?

Viajo mucho. Paso seis meses dando clase en Nueva York. Pero mi hogar es Estambul.

¿Tiene proyectos en Barcelona?

Estamos negociando con el CCCB una exposición similar a la serie que iniciaron sobre Kafka y Praga, Bor ges y Buenos Aires... Pero lo que es innegociable es que siempre preferiré al Fenerbahçe que al Barcelona.

Parece que los equipos de Estambul tienen un perfil social muy marcado. El suyo...

¡Oh, bien, hablemos! Hasta los marxistas turcos que se burlan del fútbol siempre, siempre, acaban hablando de fútbol. El Fenerbahçe es mi equipo. Dicen que es el más popular, con un espectro social más amplio. Besiktas es pequeño burgués. Y el Galatasaray, aristocrático.

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