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¿Castigo de Dios?

Nos debe incomodar seguir nuestra rutina diaria normal cuando aún se escuchan las voces de auxilio de los atrapados en los escombros.

18/01/2010 - Autor: Hajj Wilfredo Amr Ruiz - Fuente: El Nuevo Dia
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Una fe sin acciones es hueca e insubstancial.
Una fe sin acciones es hueca e insubstancial.

El creyente enfrenta el sufrimiento con oraciones, arrepentimiento y buenas acciones. El no creyente, con dudas y confusiones. Ellos culpan a Dios o argumentan en Su contra”. (Doctor Muzamil Siddiqi, director del Consejo de Jurisprudencia Islámica de Norteamérica).

Haití vive un verdadero desastre humanitario de mayores proporciones. Muy al principio, luego del terremoto, me comentaba indignado un buen amigo pastor cristiano que le afligía escuchar a pseudo-líderes religiosos pronunciar el ya común señalamiento luego de algún desastre natural: “Castigo de Dios”. 

Muchos escuchamos a pastores que apresuradamente hicieron coro al teleevangelista Pat Robertson que, abrogándose el rol divino de juzgador de la Humanidad, vociferaba que Haití sufría del terremoto como venganza de Dios por haber hecho sus habitantes un pacto con el diablo. Ante tan enfermizos planteamientos compartí la indignación de mi amigo solidariamente, seguros ambos de que estos pronunciamientos son actos insensatos de quienes imprudentemente se adjudican ser portavoces e interlocutores del Creador, como si tuviesen el rango de ser Su profeta o mensajero.

El doloroso episodio de muerte y sufrimiento que hoy sufre Haití amerita de nosotros que aspiremos realizar acciones de bien que hagan aflorar nuestro humanismo, compasión y sentido de dolor por el sufrimiento ajeno.

Una fe sin acciones es hueca e insubstancial. La vivencia espiritual plena plantea que la fe y las buenas obras son dos caras de una misma moneda, con un mismo rango y valor ante Dios. La fe no está completa sin buenas obras y realizar buenas obras sin fe las tornas insípidas y fútiles. Ciertamente nos debe incomodar seguir nuestra rutina diaria normal cuando aún se escuchan las voces de auxilio de los atrapados en los escombros. Respondamos prestos con acciones concretas a esa voz interna que nos invita a preocuparnos y a seguir el llamamiento natural del creyente a manifestarnos piadosamente.

Sin duda esta desgracia nos ha sucedido tan cerca que a muchos les ha provocado imaginarse la posibilidad real de que hubiese sucedido en nuestra tierra. ¡Cuánto cambiaría nuestro quehacer diario! Cabe preguntarnos: ¿afloraría nuestra piedad o la misma agresividad que se muestra al abrir las tiendas para los especiales? Dios nos libre de semejante desastre. Que para bien sea que los ojos del planeta hoy estén puestos en el país más pobre de las Américas. Ojalá este vistazo sea perenne y que esta tragedia pinte de una vez en el mapamundi al Haití ignorado por todos. Que esta desventura sirva para ayudar a incorporar a los inmigrantes a todas las tierras donde son discriminados y donde les ponen trabas mayores para incorporarse a la sociedad.

Les invito a meditar en que el sufrimiento es una prueba. Tanto para el que lo sufre en carne propia como también para quien lo atestigua. Quien lo sufre se crece espiritualmente y con ello se acerca al Creador siempre y cuando Le reconozca como su Único Ser Supremo y a Él sólo adore y pida ayuda. Para quienes presencien el sufrimiento significa una oportunidad que Dios les ofrece para ser piadosos y manifestar su caridad, humanidad y espiritualidad. Quien poco o nada haga seguramente rendirá cuenta por ello; quien por otro lado de corazón ofrezca de lo que tiene, será recompensado: “Pero el piadoso estará a salvo, aquél que da parte de su riqueza con el anhelo de purificarse y que cuando hace una obra de bien, no la hace esperando la retribución de los hombres sino anhelando el rostro de su Señor el Altísimo (y Su complacencia), y por cierto que se complacerá (con lo que le aguarda en el Paraíso)”. (Corán 92:17-21)

Hajj Wilfredo Amr Ruiz, es capellán musulmán.
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