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El Islam como producto etiquetado en la fábrica mediática de noticias

Hay titulares que se encuentran diariamente en la Red y que ayudan a crear una sensación de amenaza hacia la sociedad por parte del Islam

13/01/2010 - Autor: Beatriz Cabrera - Fuente: Revista Pueblos n° 40
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Los medios, prensa, cine, comics, suelen dar una visión estereotipada del Islam, mostrándolo como incompatible con el modo de vida occidental y la d
Los medios, prensa, cine, comics, suelen dar una visión estereotipada del Islam, mostrándolo como incompatible con el modo de vida occidental y la d

Los medios de comunicación se han convertido inadvertidamente en aliados de los extremistas musulmanes”. Esta frase sentenciosa del investigador Rashied Omar debería ser punto de reflexión para periódicos, radios, televisiones y portales de internet en todo el mundo, que optan por la vía fácil de presentar las noticias en su vertiente más llamativa y espectacular a pesar de que ello signifique dar una visión deformada del Islam.

Los medios tienden a crear falsas identidades (mediáticas) que ayudan a esta clasificación entre “buenos” y “malos”

"El Islam amenaza a cristianos, judíos y ahora también a China”, o “6017 presos musulmanes en las cárceles españolas sin control alguno” son algunos de los titulares que se encuentran diariamente en la Red y que ayudan a crear una sensación de amenaza hacia la sociedad por parte del Islam. Pero no hace falta ir a ejemplos tan concretos para darse cuenta de las reducciones simplificadas que la prensa realiza del mundo araboislámico: atentados talibanes, peligro nuclear, matanzas, guerras o violaciones de los Derechos Humanos por parte de los que utilizan el Corán como arma de represión, son los temas predilectos que llenan las páginas de los periódicos españoles. Por muy crítica que sea la audiencia, si las informaciones que aparecen con respecto a esta religión se relacionan siempre con violencia, se acaba creando un universo simbólico peligroso para la convivencia intercultural.

Las potencias necesitan tener un enemigo común y palpable para dar legitimidad a sus valores

El problema de la imagen deformada que existe del Islam en los medios de comunicación no es nueva. Ya en los años cincuenta el escritor Paul Balta destacaba que la representación de los árabes en los mass media se definía en cuatro roles: el terrorista, el trabajador inmigrante poco cualificado e inculto, el emir rico del Golfo, y el integrista fanático. Hoy los musulmanes todavía están más expuestos a estas identidades debido a que se han convertido en los adversarios del llamado mundo “occidental” (obviando así que existe un Islam europeo o americano).

Según el estudioso Rafael Miralles y su teoría del Enemigo en el Espejo, las potencias necesitan tener un enemigo común y palpable para dar legitimidad a sus valores. Una vez acabada la Guerra Fría, este rival dejó de ser el comunismo para pasar a centrarse en el Islam. La existencia de fanáticos religiosos alimenta la animadversión hacia esta religión, y los medios de comunicación suelen seguir este juego y pocas veces se centran en informaciones que puedan escocer o que ellos creen que no interesan a la opinión pública.

Los medios tienden a crear de esta manera falsas identidades (mediáticas) que ayudan a esta clasificación entre “buenos” y “malos”, gracias a aspectos culturales, religiosos o sociales. Estas identidades tienen un visibilidad pública y son identificadas como políticamente correctas, ajustándose así a una estructura de oportunidad mediática. De este modo se trata la información como si de una fábrica a lo cadena de montaje se tratara: así de fácil, con sus productos etiquetados (identidades), y aquellos que se salen del molde van directamente al cubo de la basura (no tienen representación en la esfera pública).

Webislam es un soplo de aire fresco con respecto a los medios masivos

Mediante la elaboración de una muestra de noticias con respecto al Islam en la prensa escrita española antes y después del 11-M se ha llegado a la conclusión de que los estereotipos más utilizados son “terrorista” y “fanático”. Sus efectos en la opinión pública son claros: según un estudio de la empresa de estudios sociales y de opinión Metroscopia en junio de 2006, un 83 por ciento de los españoles percibía una relación directa entre ser musulmán y fanático. Según el barómetro de opinión pública del Real Instituto Elcano de 2004 sobre terrorismo islámico y fanatismo religioso, un 56 por ciento de los encuestados calificaba a cualquier persona que practicara el Islam como “violenta”. Son interesantes también las encuestas que aparecen en un informe de la empresa Gallup en 2008 y donde se expone que el 68 por ciento de los españoles considera que una mayor interacción entre Islam y “Occidente” sería una amenaza.

Desgraciadamente el mundo musulmán sólo ha empezado a importar en España a partir de principios de esta década, por lo que son casi inexistentes estudios anteriores con los que poder realizar comparativas y obtener análisis de la evolución de la opinión pública española con respecto a este tema. Lo que sí está claro es que existe una relación directa entre la opinión pública y la publicada.

Amenudo las palabras “musulmán” y “fundamentalista” van de la mano en la prensa como si fueran inseparables (“ofensiva de los fundamentalistas islámicos”, “los grupos fundamentalistas islámicos criticaron la elección”, son algunas de las frases publicadas), aunque en realidad aluden a realidades y fenómenos diferentes. Es más, la expresión tiene realmente su origen en el cristianismo, lo que nos debería hacer reflexionar sobre la asimilación eurocentrista de los conceptos. El profesor de la universidad de Georgetown, John L. Espósito, establece que este término implica una amenaza monolítica que no existe y propone “resurgimiento islámico”, o “activismo islámico” como alternativas semánticas.

Si seguimos analizando los términos en la prensa es obligado hacer hincapié en yihad. Los medios de comunicación occidentales generalizan el término y además lo traducen como “guerra santa”, adaptando a un código cristiano occidental conceptos del Islam que poco ayudan a entender este tipo de movimientos. De hecho, el concepto medieval de guerra santa se traduce en árabe como al-harb al-muqaddasah, que no aparece en el Corán ni en los textos de los teólogos musulmanes. Por tanto, la guerra nunca es “santa” en el Islam, tal y como apunta el investigador Khaled Abou-el-Fadl.

Visto que muchos términos son asimilados de forma errónea y ayudan a crear falsas identidades, algunas asociaciones de periodistas como la de Indianápolis intentan paliar este hecho. Desde el 2002 aparece en sus principios generales que se tiene que abolir la utilización de este tipo de términos si no se está seguro del significado preciso, que en el caso de yihad significa realmente “esforzarse por ser un buen musulmán”. En España todavía no se ha llegado a este tipo de consensos, pero sería muy interesante para la salud de nuestra prensa.

Estas relaciones conceptuales que hegemonizan y simplifican ayudan al periodista convencional en su labor de alimentar a un público consumidor que engulle una información poco pulida, que acaba por indigestarle. Las relaciones simplificadas provienen de la creación de un universo simbólico por parte de los medios, en el que se folclorizan ciertos términos. Como declara la catedrática de Historia Contemporánea de la Universitat de Barcelona, Mary Nash, “fabricar una identidad colectiva del otro desde estrategias discursivas de simplificación y de homogeneización facilita el asentamiento de estereotipos y una construcción simbólica de jerarquización cultural y social”.

Esta jerarquización tiene su máxima expresión en la creación de un “nosotros” y un “ellos”. Los medios de comunicación prefieren apostar por la dicotomía antes que por la igualdad para ensalzar el conflicto, ya que de este modo las noticias surgen de manera espontánea y son más fácilmente asimilables por el público. El hecho de que se produzca esta separación implica un sentimiento de superioridad por parte de Occidente, y en parte estrategia política (por ejemplo identidad cultural de la Unión Europea frente a Oriente).

Existe un consenso invisible en torno, no sólo a la imagen que el Islam tiene en “Occidente”, sino a la imagen de “Occidente” en el Islam, como una cultura hostil hacia los primeros. De todos modos en este artículo se caería en una reducción simplificada si dejáramos esta idea sin explicar: no tiene sentido hablar de “Occidente” e Islam como dos elementos diferentes, ya que se obvia que la comunidad musulmana forma parte de la cultura occidental.

El comienzo de la satanización del Islam

Muchos pensarán que el inicio de la satanización del Islam en los medios surge a partir del 11 de septiembre de 2001. Es cierto que a nadie se le escapa que esto supuso un punto de inflexión y prácticamente el nacimiento del s. XXI, pero la profesora de la Universitat Autonoma de Barcelona, Moualhi Djaouida, indica algo insólito: la asociación entre musulmán y fanatismo comienza con los ataques de la Iglesia a Mahoma entre los siglos XII y XVIII y prosigue como arma ideológica en el s. XIX con la colonización de los países árabes y musulmanes por parte de “Occidente”.

Autores como Edward Said no se van tan lejos, ya que consideran que la Revolución Iraní de 1979 fue el verdadero punto de partida de la mala imagen que existe del Islam en los medios. En sus propias palabras: “debido a los tintes trágicos y negativos de la experiencia iraní, los medios de comunicación de Estados Unidos procedieron a analizar tanto la religión islámica como el mundo árabe con un tipo de visión tendenciosa y desinformada que, entonces y ahora, sigue sin tener parangón en el resto del planeta”.

El Islam, en general, se muestra como incompatible con el modo de vida occidental y la democracia. La Revolución iraní de 1979 dio muestras de que podía existir un Islam político en el mundo, así que se empezó a convertir en un problema para “Occidente”, que veía cómo su hegemonía estratégica en Oriente Medio, vestigio de su época colonizadora, podía menguar (y de hecho así ha sido). Los medios de comunicación han amparado las políticas exteriores de los países “occidentales”, a las que les interesa una visión negativa del Islam.

Hace dos años apareció un documental llamado Obsession, Radical Islam’s war against the West. A pesar de que al principio de la película advierten claramente de que la mayor parte de los musulmanes son pacíficos, hay un continuo desgaste a esta religión, ya que se fusionan imágenes de yihadistas con personas rezando. Aparece enun momento dado un mapa que poco a poco se va llenando de cruces rojas, simbolizando cómo, atentado tras atentado, los musulmanes intentan invadir todas las naciones. Lo más interesante es cómo relacionan el discurso de los radicales con el del nazismo, de hecho la mayor parte del film está basado en imágenes comparativas de Hitler y el Gran Mufti, adeptos yihadistas y nazis con el brazo derecho en alto... La voz más reconocida (además, claro está, de Daniel Pipes) es Nonnie Darwish, hija del mártir Shahid que ofrece una visión de la yihad como la menor (guerra contra los infieles, a diferencia de la yihad mayor, que es la lucha interna por superar las tentaciones). Nonnie realiza esta declaración: “Alguna gente se piensa que se trata de un choque de civilizaciones en alusión a Huntington,pero va más allá, se trata de una declaración de guerra del Islam radical a la cultura judeocristiana”.

La declaración de guerra y el Islam como enemigo es una constante en el documental, donde curiosamente se refleja la demonización de “Occidente”. Hasta ahora se ha hablado del caso contrario, pero es interesante saber que no sólo hay personas en Europa y EE UU que tienen al Islam como enemigo, sino que grupúsculos de países árabes también están interesados en tener a “Occidente” como enemigo para manipular a las masas.

Intento de cambio

Hay instituciones que luchan contra este tratamiento injusto que se da por parte de los medios de comunicación a los musulmanes. Un ejemplo son las labores de la Comisión Europea contra el Racismo y la Intolerancia (ECRI). Ya en el año 2006 realizaba una recomendación en la que alentaba a las autoridades españolas a recalcar a los medios la necesidad de evitar crear una atmósfera de hostilidad y rechazo hacia miembros de grupos minoritarios, incluidos expresamente los musulmanes. Pero eso no es todo, ya que Internet ha abierto la puerta a la creación de nuevos medios que luchan para dar a conocer la verdadera cara de esta religión. Un ejemplo es Webislam, que es un soplo de aire fresco con respecto a los medios masivos. Aun así, lo ideal sería que los mass media se guiasen más por sus códigos deontológicos, o por lo menos que los revisaran debido a la importancia que tiene la convivencia intercultural para evitar que se produzcan conflictos en la sociedad. Tal y como dijo Rafael Miralles: “El periodista no puede limitarse a reproducir el discurso dominante que hemos venido denunciando: tiene que evitar el recurso a los tópicos de siempre y favorecer una mejor comprensión de las realidades complejas que hoy están presentes en las sociedades arabomusulmanas”.

Beatriz Cabrera es periodista. Este artículo ha sido publicado en el nº 40 de la Revista Pueblos, diciembre de 2009.
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