webislam

Sabado 22 Febrero 2020 | As-Sabat 27 Jumada al-Zani 1441
504 usuarios en linea | Español · English · عربي

WebIslam.com

» Artículos

?idt=14935

Una necesaria mística cristiana

Buscar a Dios implica un viaje al interior de la vida, a sus profundidades, allí donde no hay disimulos ni excusas, donde encontramos la autenticidad de la vida y en ella lo que realmente somos

06/01/2010 - Autor: ALC - Fuente: Enric Capó
  • 0me gusta o estoy de acuerdo
  • Compartir en meneame
  • Compartir en facebook
  • Descargar PDF
  • Imprimir
  • Envia a un amigo
  • Estadisticas de la publicación

Buscar a Dios implica un viaje al interior de la vida, a sus profundidades, allí donde no hay disimulos ni excusas, donde encontramos la autenticidad
Buscar a Dios implica un viaje al interior de la vida, a sus profundidades, allí donde no hay disimulos ni excusas, donde encontramos la autenticidad

Karl Rahner, el conocido teólogo de la Iglesia Católica, dijo en cierta ocasión que el cristianismo será místico o no será. Y en esto habría que darle toda la razón. No creo que la religión cristiana, tal como la conocemos, tenga mucho futuro. Está tocando fondo. Si la hemos de juzgar por la experiencia europea, hemos de reconocer que ha hecho todo lo posible para desacreditarse y lo ha conseguido, tanto en lo que se refiere a las iglesias católica y ortodoxa, como a las iglesias evangélicas. En los círculos más informados de nuestra sociedad, no tiene ninguna credibilidad. Tampoco entre el pueblo. Queda una inercia religiosa, quedan los nostálgicos, quedan aquellos que no han encontrado otra forma de vida interior que la que proporcionaba la iglesia y constituían su razón de ser. Quedan los flecos del gran manto religioso que cubrió Europa: fanáticos, fundamentalistas, sectarios… Quedan también los grandes edificios, las magníficas manifestaciones religiosas, los restos del naufragio…

Decir esto no significa que todo está perdido y que la fe cristiana no pueda dar respuesta a los grandes interrogantes de la vida, ni que el derrumbe del edificio religioso implica la desaparición de la fe y el testimonio cristianos.

Entre los que quedan en la iglesia están también, gracias a Dios, los cristianos que todavía mantienen la antorcha encendida y dan testimonio de una fe que, si bien se ha agotado en la religiosidad popular, todavía florece y permanece en el corazón y la conciencia de aquellos que, en Cristo, han encontrado el verdadero camino de la vida. Pero incluso entre estos, a menudo, lo formal priva sobre la vivencia de la fe.

Todos los creyentes que han llegado a Dios, lo han hecho por caminos distintos. Unos lo han hecho por convencimiento intelectual, otros por afinidad religiosa, otros por principios morales. En este camino han intervenido la mente, el corazón o la conciencia. Ha sido, sin duda, una experiencia positiva y en su práctica, sin duda, han encontrado riqueza espiritual para sus vidas. Pero, no para todos esta experiencia de Dios ha sido global, es decir, una experiencia que lo abarca todo y lo involucra todo. La fe ha quedado para muchos en los márgenes, en lo religioso, en las normas, en la oralidad, en los ritos, en las costumbres… Se limitan a ser protestantes, o católicos, o pentecostales. No han ido mucho más allá, y hay muchos que hoy están buscando otras experiencias interiores en las que encontrar la plenitud a la que la persona humana aspira. Y lo hacen a menudo en círculos esotéricos de otras culturas que han llegado a experiencias místicas de gran transcendencia. La mística es una experiencia común a todas las religiones, pero no siempre encuentra los caminos adecuados para expresarse con claridad.

Entre nosotros, los evangélicos, la mística no es bien recibida. La hemos asociado a las experiencias extraordinarias e inabordables de los grandes místicos españoles y nos parece que cae fuera de nuestras opciones, ya sea por su carácter extraordinario, o por no ajustarse a los parámetros de la doctrina comúnmente aceptada. Pero ninguna de estas dos características nos ha de dar miedo. La fe cristiana se mueve en el terreno de lo extraordinario, lo incomprensible, lo fantástico y, también a menudo, los grandes creyentes, al expresarse con claridad, han rozado la herejía. Por tanto, la mística es una opción cristiana que ha de entrar de lleno en nuestra vivencia de la fe. Seguramente no nos será posible alcanzar las cumbres que nos describen aquellos que llamamos místicos, pero hay otro nivel, el de la vida de todos los días, en el que la experiencia mística ha de encontrar un lugar. Mal nos irán las cosas si en nuestra vivencia de la fe nos conformamos con una convicción intelectual, o a un sometimiento a las normas religiosas, o a una opción por razones morales. Si no llegamos a otro nivel, al del descubrimiento de la presencia de Dios en nosotros y a la posibilidad de la relación y la comunión con él, nos quedaremos en los márgenes del cristianismo, en sus postulados puramente religiosos. Quedaremos dentro de los límites de lo que llamamos religión cristiana, que es justa y buena, pero no suficiente. Perderemos la principal razón de ser cristianos: ser una sola cosa en Cristo y vivir la fe al nivel de la experiencia de Dios.

El gran místico que fue el apóstol Pablo es un ejemplo de cómo vivir la vida cristiana. En Pablo se encuentra la mística como experiencia puntual, tal como podríamos encontrarla en San Juan de la Cruz o en Teresa de Jesús, y la mística como experiencia cotidiana, de todos los días. Será difícil seguirle en su viaje al tercer cielo (2 Co.12,2ss), pero es gratificante acompañarle en su viaje al interior de su vida (Ro 7,7ss) en el que llega a tal comunión y unión con Dios que ya no le es posible distinguir entre su vida y la de Cristo en él: “vivo, no ya yo, sino que Cristo vive en mí (Gá. 2,20). Es una mística de todos los días que inspiró el pensamiento y toda la vida del apóstol. Su vivencia y su comunicación de la fe están impregnadas por la experiencia de su conversión y la revelación que recibió (Gá. 1,12) durante su estancia en el desierto de Arabia. Llegó a una tal intimidad con Dios que llega a afirmar que tiene la mente de Cristo y ésta es una posibilidad abierta a todos los creyentes (1 Co. 2,16).

Si no se da esta experiencia, es muy dudoso que podamos hablar de cristianos en el sentido profundo de esta palabra, aunque sea aceptable en su sentido sociológico. Ser cristiano implica una unión mística del creyente con Cristo. Se trata de un encuentro con Dios, pero no en el exterior, donde todo lo objetivamos, sino en el interior de la vida. A Dios no lo encontraremos a través de las cinco vías que propone Tomás de Aquino para probar su existencia, ni en las especulaciones filosóficas de Anselmo de Canterbury, ni en las grandes ceremonias eclesiásticas. No hay un Dios ahí fuera para ser encontrado por la razón humana. Hay un Dios, nuestro Dios, en la profundidad de la vida, allí donde nos encontramos a nosotros mismos y, al hacerlo, nos vemos en el espejo de Dios.

Buscar a Dios implica un viaje al interior de la vida, a sus profundidades, allí donde no hay disimulos ni excusas, donde encontramos la autenticidad de la vida y en ella lo que realmente somos: nuestras limitaciones, nuestros errores, nuestra pequeñez y, al mismo tiempo nuestra grandeza, como seres humanos pensados por Dios, amados por él y por él rescatados. Es allí, en lo más profundo de la vida, donde recuperamos nuestra autoestima al sentirnos confrontados por la realidad del amor de Dios. La fe no es un credo, ni una doctrina, ni una práctica, sino una experiencia, la experiencia de lo trascendente, del Dios que está en el fondo de la vida, que se nos ha manifestado en Cristo y nos invita a una vida de comunión en el amor. Una comunión que nos transforma y nos lleva a una nueva vida, la del amor a todos los hombres, en especial a los que están cerca y a los más pequeños, los marginados y oprimidos de nuestro mundo.

La unión mística del creyente con Cristo está en el origen de la paz interior, del gozo continuado, de la vida renovada. No es una actitud de espera ante lo que nos sucederá en el futuro, ni un llamamiento a la paciencia en la esperanza de la consumación final del Reino. Es un presente lleno de luz y de contentamiento. Para quien vive en Cristo, todo lo viejo ha pasado y todo ha sido hecho nuevo (2 Co 5,17). Vive la nueva realidad del reino de Dios, que no es sólo una esperanza de futuro, sino una promesa y una realidad de presente. Pablo nos dirá que si esperamos solamente en Cristo para esta vida, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres (1 Co 15,19), pero también es verdad lo contrario: quien sólo espera en Cristo para la otra vida se pierde lo más valioso de la presente.

Quien vive auténticamente la unión mística con Dios, goza de una vida de plenitud. Ya no hay tinieblas ni temores. La muerte y el sepulcro han perdido su horror. Ha experimentado la nueva creación en Cristo y en su perspectiva de futuro, no hay ninguna condenación, lo que no significa que esté exento de los males de este mundo, sino que está en las manos de Cristo y él tiene el control de su vida. Quizás no viva momentos de exaltación religiosa, ni tenga experiencias extraordinarias de Dios, pero esto no es importante. Lo fundamental es haber sintonizado con Dios y vivir la experiencia de Dios como una experiencia diaria, renovada cada mañana, vivida en el gozo de la salvación de Aquel que se manifiesta como el Amor: Dios. Naturalmente, el futuro del cristianismo en Europa y en el mundo está en las manos de Dios, pero lo ha puesto también en las manos de aquellos sus amigos de todos los días, que viven en comunión con él y esparcen en este mundo Su luz.

Anuncios



Escribir comentario

Debes iniciar sesión para escribir comentarios.

Si no estás registrado puedes registrarte en un minuto.

  • Esta es la opinión de los internautas, no de Webislam
  • No están permitidos comentarios discriminatorios, injuriantes o contrarios a la ley
  • Céntrate en el tema, escribe correctamente y no escribas todo en mayúsculas
  • Eliminaremos los comentarios fuera de tema, inapropiados o ilegibles

play
play
play
play
Colabora


 

Junta Islámica - Avda. Trassierra, 52 - 14011 - Córdoba - España - Teléfono: (+34) 957 634 071

 

Junta Islámica
https://www.webislam.co/articulos/37910-una_necesaria_mistica_cristiana.html