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El poder de la palabra: la importancia de encontrar un término que defina al terrorismo de Al-Qaeda

Hasta ahora, la mayoría de los términos empleados por estudiosos no sólo han sido inexactos, sino que han sido considerados ofensivos por los ciudadanos de confesión musulmana

19/12/2009 - Autor: Juan Carlos Antunez Moreno - Fuente: Webislam
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Bin Laden. FOTO: AP
Bin Laden. FOTO: AP

El combate contra el terrorismo comienza sin lugar a dudas con la detección de los procesos de radicalización. Prevenir, aislar y corregir la radicalización contribuirá a la lucha contra el terrorismo a largo plazo. Simultáneamente, las investigaciones tradicionales de los grupos y redes terroristas deben por supuesto continuar. Pero la lucha contra-terrorista tradicional, sin prestar atención al inicio y desarrollo de los procesos de radicalización esta llamada al fracaso.

A la hora de decidir, diseñar y aplicar las medidas necesarias a la hora de combatir el terrorismo es fundamental y necesario analizar el problema desde un punto de vista global y multidisciplinar. El debate mundial acerca de cómo combatir de forma efectiva el terrorismo que utiliza como justificación una visión distorsionada del Islam esta todavía abierto y no hay un consenso internacional a la hora de definir dicho fenómeno. ¿Es un conflicto entre civilizaciones? ¿Son los aspectos socioeconómicos el autentico caldo de cultivo de este terrorismo? ¿Es fruto de políticas domesticas e internacionales erróneas? Estos son algunos de los interrogantes que aun quedan por contestar.

Una de los aspectos fundamentales, al que no se ha dado la importancia que merece a la hora de estudiar los procesos de radicalización de los ciudadanos de religión musulmana, es la necesidad perentoria de encontrar un término adecuado a la hora de definir la violencia ejercida por Al-Qaeda y otros grupos afines.

Hasta ahora, la mayoría de los términos empleados por estudiosos de este fenómeno y difundidos y repetidos hasta la saciedad por los medios de comunicación, no sólo han sido inexactos, sino que han sido considerados ofensivos por los ciudadanos de confesión musulmana que se sienten insultados por el uso de dichos calificativos a la hora de referirse a este tipo de terrorismo. Dichos vocablos han aumentado también la estigmatización de conjunto de los musulmanes y el rechazo hacia ellos del resto de la población, contribuyendo a aumentar la brecha que les separa.

El objetivo de este artículo es el de proponer un nuevo término que designe y califique a este tipo de terrorismo y que contribuya en dos aspectos fundamentales:

• Aumentar la cohesión entre los diferentes grupos religiosos dentro de las sociedades occidentales en aras de aumentar su resistencia para afrontar los efectos de la radicalización de algunos de sus elementos y aminorar reacciones que “demonicen” al conjunto de la comunidad musulmana tras atentados realizados por terroristas que utilicen una versión tergiversada de la religión Islámica para justificar sus acciones.

• Resaltar el papel fundamental de la comunidad musulmana y sus líderes a la hora de combatir este tipo de radicalización y violencia asociada a ella, condenando sus acciones y distanciándose totalmente de los que las cometen.

Osama bin Laden recalcaba en un mensaje, emitido desde Afganistán en 2006, que la yihad no solo se hace con la “espada”, sino que también se puede contribuir a ella con dinero, con la pluma o con el verbo. De la misma forma debe también ser combatida.

El término propuesto por el autor de este artículo sería el de “terrorismo anti-islámico”, cuyo uso se justificaría en tres hechos fundamentales:

• La mayoría de los líderes religiosos musulmanes consideran la violencia de Al Qaeda contraria a los principios religiosos contenidos en el Coran y la Sunna.

• La inmensa gran parte de los musulmanes consideran las acciones de Osama Ben Laden y de sus seguidores contrarias a los intereses de los seguidores de dicha religión.

• La mayoría de las víctimas de este terrorismo son ciudadanos que profesan el Islam.

Este último punto ha quedado definitivamente confirmado por un reciente estudio del “U.S. Combating Terrorism Center” que señalaba que entre los años 2004 y 2008, de las 3.010 víctimas de los 313 atentados reivindicados por Al Qaida, sólo un 12 (371 víctimas) eran ciudadanos occidentales .

Los ataques terroristas en suelo occidental han provocado el incremento de la intolerancia contra el conjunto de la sociedad musulmana, a la que se ha percibido como un todo, sin distinguir entre los violentos y el resto de la población. Esto ha contribuido a aumentar la división y el rechazo al otro, a percibir la lucha contra el terrorismo como un conflicto de civilizaciones, convirtiéndose en una nueva pieza clave en la radicalización de algunos colectivos musulmanes, que puede desembocar en un aumento de nuevos “reclutas” para las organizaciones terroristas. El término “terrorismo anti-islámico” podría contribuir a romper esta macabra y peligrosa dinámica.

El fenómeno del terrorismo llevado a cabo usurpando el nombre del Islam, es un fenómeno complejo y novedoso. Los líderes religiosos musulmanes y sus diferentes representantes y asociaciones deben por su parte colaborar estrechamente con las instituciones del estado para localizar e identificar a los elementos más radicales, evitando que muchas mezquitas y centros culturales islámicos se conviertan en centros de reclutamiento de los terroristas. Además de esto y de condenar totalmente cualquier clase de actividad terrorista, apoyados por los medios del estado, deben convencer al conjunto de la comunidad musulmana de que la lucha contra el terrorismo no es una guerra entre occidente y el mundo islámico y de que la inmensa mayoría de las víctimas que éste genera son en realidad de su propia religión. Dichos actores deben implicarse también en el re-adoctrinamiento, mediante figuras religiosas de carácter moderado y tolerante de aquellas personas que ya han sido captados por ideas más radicales.

La comunidad musulmana en su conjunto debe ser consciente de que deben ser los primeros en denunciar estos comportamientos, al igual que es responsabilidad de todos el apoyarles y lograr que este mensaje se difunda de la manera más amplia posible. El uso del término “terrorismo anti-islámico” evitaría por tanto dar pábulo a los discursos religiosos más radicales, prestando mayor atención a otras ideas y pensamientos muchos más tolerantes y pacíficos, que si fuesen difundidos convenientemente ayudarían en gran manera a mejorar la situación.

 

 

 

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