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Suizos que tiemblan de miedo

Ya todos parecen haber olvidado que la combinación de odio al otro y discurso demagogo y xenófobo en tiempos de crisis parió el nazismo

05/12/2009 - Autor: Fran Ruiz - Fuente: cronica.com.mx
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Ya todos parecen haber olvidado que la combinación de odio al otro y discurso demagogo y xenófobo en tiempos de crisis parió el nazismo.
Ya todos parecen haber olvidado que la combinación de odio al otro y discurso demagogo y xenófobo en tiempos de crisis parió el nazismo.

Ahora resulta que los suizos no quieren minaretes. Que al parecer les da miedo; pensarán, digo yo, que son en realidad misiles apuntando a sus cantones. Así que, bastó activar la dictadura del régimen hiperplebiscitario que rige en Suiza y ya: la extrema derecha propone la consulta popular, invoca el miedo al musulmán invasor y se vota para que no se construyan más esas torres cilíndricas y rematadas en sus cúpulas por la media luna islámica.

No deja de todos modos de causar estupefacción que se dediquen a perder el tiempo en montar un referéndum sobre una parte del “problema”: si tienen miedo a que las mezquitas sean centros del islamismo radical, ¿por qué prohíben sólo los pobres minaretes y no todo el conjunto? Si repudian el trato vejatorio a las mujeres musulmanas, como incluyeron en la campaña por el “no”, ¿por qué no mejor hubieran pedido el voto a favor de leyes más dura contra esas agresiones que denuncian?

El “no” a los minaretes confirma más bien algo que ya sospechaba: la sociedad helvética es hipócrita. Mientras los suizos con una mano se tapan la nariz para no contagiarse de una cultura o religión ajenas a sus raíces cristianas, con la otra agarran los fajos de billetes que les entregan los magnates árabes y los depositan en las cámaras acorazadas de sus bancos. No querrán minaretes, pero sí la fortuna, Dios sabe de qué forma amasada, de quién sabe cuántos jeques.

Es como el mito que alimentaron los suizos durante años sobre la aparente neutralidad en la Segunda Guerra Mundial. Si bien no permitieron que la estética nazi inundase sus bucólicos paisajes alpinos y sus tranquilas ciudades, lo cierto es que sus bancos ocultaron el oro de los nazis, sin importarles si fue arrancado a los judíos, y una vez acabado el conflicto intentaron por todos los medios no devolver ni ese oro ni el dinero de las cuentas que reclamaron los clientes judíos que sobrevivieron. No lo digo yo, lo reconocieron los propios suizos en el demoledor informe de la Comisión Bergier presentado a finales de 2001, en el que se concluyó que lo que realmente importó durantes esos trágicos años a los banqueros, políticos y empresarios helvéticos era “seguir haciendo negocio”.

Esta hipocresía es la que en realidad alimenta su falta de escrúpulos para aceptar dinero venga de quien venga, invocando, eso sí, el principio sagrado del secreto bancario. Suiza es una especie de Meca para todo aquel pirata contemporáneo que quiera ocultar su riqueza al fisco de su país, no importa a cuantos gobiernos, empresas o terceras personas perjudiquen.

Es una lástima que en el país del referéndum no se pregunte a la población si considera moralmente aceptable que Suiza se enriquezca del dinero que depositan tranquilamente sinvergüenzas de todo el mundo.

Pero volviendo al tema de los minaretes, el “no” de los suizos ha sido saludado con alegría por movimientos populistas radicales en toda Europa.

En Dinamarca, país que ya tuvo fuertes tensiones con el mundo musulmán por la publicación de viñetas ofensivas contra Mahoma, la extrema derecha propone un referéndum similar; algo parecido piden sus colegas en Holanda, los independentistas radicales en Flandes o Le Pen en Francia. En Italia, la Liga Norte, en un paso más en su regreso a las catacumbas, exige que la bandera tricolor incluya en su escudo la Cruz. Todos coinciden en la misma idea: que el pueblo (y no los acomplejados políticos que gobiernan) queme con sus votos en la hoguera esa religión intrusa e intolerante. Son tan ignorantes que no conciben que lo único que consiguen es radicalizar aún más el sentimiento de persecución entre los musulmanes que viven en Europa.

Ya todos parecen haber olvidado que la combinación de odio “al otro” y discurso demagogo y xenófobo en tiempos de crisis parió en el corazón del viejo continente, en la cultísima Alemania, el nazismo. Allí también empezaron con lo que parecían unas inocentes votaciones.

fran@cronica.com.mx

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