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¿Es suficiente tener hijos/as para convertirnos en madres y padres? ¿Es suficiente tener alumnos/as para convertirnos en maestras y maestros?

La educación es ayudar al educando a encontrar su camino, su lugar en el mundo para alcanzar la felicidad y no la desgracia

22/11/2009 - Autor: Salam Adlbi - Fuente: Envio público - WI
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El valor de educar.
El valor de educar.

Sin duda, hay algunos países más avanzados y desarrollados que otros en materia de educación. En algunos casos las comparaciones son imposibles, dadas las diferencias abismales que hay entre unos y otros.

Los sistemas educativos más atrasados y subdesarrollados son aquellos que pertenecen a países que han sufrido largos y destructores periodos de colonización y que aún hoy, continúan soportando lo que se ha llamado postcolonialismo, unido a la cara más oscura e inhumana de la globalización económica y cultural.
Estos países, suelen coincidir con los que aguantan, además de todo lo mencionado arriba, una cruel dictadura y una descarada corrupción interna, apoyada, desgraciadamente, por nuestros ricos países.

Si nos preguntamos por qué apoyamos a estos dictadores, y a sus hijos, y a los hijos de sus hijos, y a los hijos de los hijos de sus hijos, la respuesta es sencilla: nos conviene tanto económica como ideológicamente.

Pero esto es una historia larga y bien conocida por las mentes cultas y atentas, y lo que me interesa aquí es otra cuestión: ¿Cómo conseguir que los pueblos coaccionados por sus dictadores y atrapados por nuestros intereses y su propia corrupción interna, no digan, sino griten “¡basta ya!”? Que por cierto el “basta ya” es ya un montón.

El primer paso, es rechazar el rol de víctimas. No porque no lo sean. Lo son. Sino porque no podrán empezar a actuar positivamente hasta que no se conciencien de que pueden cambiar las cosas. Al igual que ocurrió y ocurre con la lucha de las mujeres.

Y el segundo paso, es nada más y nada menos que: “educar”. Una necesidad, por cierto, también necesaria para nuestros países supuestamente democráticos. Solamente que las necesidades y los desafíos de unos y otros países son distintos.
Mi aportación en las siguientes páginas va dirigida más bien a los sistemas educativos más castigados, y especialmente a los del mundo árabe, y no musulmán, porque éste es mucho más amplio que el árabe, a pesar de la enferma obsesión de los medios de comunicación de querer reducir el mundo musulmán al árabe.

Hagamos una sencilla prueba; preguntemos a alguien por el significado de “educación”, independientemente de la edad, el sexo y la clase socioeconómica de la persona a la que preguntemos, ésta, sin pensarlo nos dará como respuesta un discurso, hasta el punto de que pensaremos que nos encontramos ante un doctor en pedagogía.

Después, hagamos la misma prueba, pero en lugar de preguntar por el ámbito de la educación, hagámoslo por el de la medicina. Seguramente no encontraremos ni el mismo ánimo ni la misma soltura y rapidez a la hora de recibir la respuesta, puesto que todos sabemos qué es educación y todos sabemos educar, y prueba de ello es que en el mundo no existe ningún maltratado, ningún analfabeto, ni ningún psicópata social. Todos somos felices, cumplimos correctamente con nuestros deberes, y conocemos nuestros derechos, pero claro, como todo va muy bien, nunca hace falta recurrir a ellos.

¿Qué es educación? ¿Impedir que se desarrolle la natural dignidad humana del niño? ¿Prohibirle que aprenda a respetarse a sí mismo y a los demás? ¿Coaccionarle para que no intervenga en presencia de los mayores? ¿No dejarle pensar?
¿Educar significa, si es necesario y también si no lo es, de vez en cuando y sistemáticamente, insultarle y pegarle para recordarle que es débil e indefenso? ¿Para hacerle pensar que no tiene derecho a la libertad, ni a la esperanza, ni a la diversión, ni a la sonrisa, ni a equivocarse, ni a aprender? ¡Y que no se queje! ¡Encima que le hemos parido!

Volvamos a realizar la prueba, pero esta vez preguntemos por el significado de la palabra formación, y hagámoslo especialmente a profesores. ¿Formación es no leer, excepto claro está, el maravilloso, instructivo y pedagógico libro de la asignatura? ¿Formación es aprender de memoria el maravilloso, instructivo, y pedagógico libro entero (y cuando digo entero, es entero) de la materia, incluidos los puntos y las comas? ¿Formación es prohibir pensar, dialogar y criticar constructivamente? ¿Es no entender, ni comprender ni lo que se lee, ni lo que se aprende de memoria, ni lo que explica el profesor? ¡Si es que explica claro!
¿Formación significa, si es necesario y también si no lo es, de vez en cuando y sistemáticamente, insultarle y pegarle para recordarle que es débil e indefenso? ¿Para hacerle pensar que no tiene derecho a la libertad, ni a la esperanza, ni a la diversión, ni a la sonrisa, ni a equivocarse, ni a aprender? ¡Y que no se queje! ¡Encima que le estamos enseñando!

¿Cómo van a luchar estos niños y niñas por la igualdad, la libertad y la justicia? ¿Cómo van a enfrentarse a un mundo globalizado y competente? ¿Cómo van a saber decir “no” y “sí” en el momento adecuado? ¿Cómo van a reconstruir la economía y la política de sus países? ¿Cómo van a combatir la corrupción interna? ¿Cómo van a desarrollar una creatividad que les lleve a ganar el Premio Nobel? ¿Cómo van estos niños y niñas, futuros hombre y mujeres, a levantar la cabeza con dignidad ante situaciones de humillación y discriminación si se les ha mantenido agachada desde que llegaron a este increíble mundo?

El día que comprendamos que la educación no es maltratar e impedir a los niños ser personas libres y capaces de tomar decisiones, podremos empezar a construir un mundo mejor.

La educación es hetero-educación. Es tarea del educador y no del maltratador; es la ayuda exterior ofrecida por una persona adulta y formada a un niño, joven u otra persona que no lo está, con el fin de que llegue a ser persona (mujer y hombre) y no animal, de que encuentre la salida de su pobreza y limitaciones y no con el fin de que sea aún más miserable y débil. La educación es ayudar al educando a encontrar su camino, su lugar en el mundo para alcanzar la felicidad y no la desgracia.

Precisamente, la educación se caracteriza fundamentalmente por aquello que nosotros hemos eliminado y enterrado. La educación es la libertad y no la coacción, el respeto y no el insulto, la relación interpersonal entre iguales y no la relación de sometimiento, sumisión y resignación, es la elevación moral y no la indecencia y suspensión morales, la responsabilidad y no la incapacidad para afrontar las consecuencias de nuestras decisiones y actos. La educación exige la inteligencia del educador y no su ignorancia, idiotez y prepotencia. La educación requiere la consideración de las características individuales, biológicas, y psicológicas del educando y no el maltrato físico y psicológico continuos. La educación reivindica el desarrollo de la madurez espiritual del niño y no la obsesión en lo material e inmediato.

El día en que comprendamos que la educación es como la define el filósofo alemán Fritz März en su obra (2001). Introducción a la pedagogía. Salamanca: Sígueme:

“(…) como un suceso cuyas características esenciales hay que verlas en que una persona madura ayuda a otra persona en su pobreza esencial; en que esta ayuda se realiza con la intención de llevar al otro hacia su propia responsabilidad; y en dicha ayuda tiene su causa en el amor del educador, en la firme voluntad de indicar al otro el camino para su salvación.” (März, 2001: 144), y que “No se puede hablar razonablemente de educación sin pensar en tres categorías antropológicas: la consciencia de la persona, su conciencia (moral) y su responsabilidad” (März, 2001: 149).

Podremos levantar la cabeza para denunciar, sin miedo a las represalias, las injusticias sociales que se cometen contra el ser humano en general, y contra las mujeres y los niños en particular, día tras día a nuestro alrededor.
Del mismo modo que la educación no es cegar los ojos del niño, sino todo lo contrario, ayudarle a abrirlos lo más que pueda para agudizar al máximo su mirada, la formación no es tragar libros de texto sin sentido. La formación es auto-educación, autoayuda más ayuda. Es tarea del educando; es el fin inseparable de la educación. De modo que una vez que el educador le haya enseñado a escuchar la conciencia, el educando debe convertirse en “el protagonista” y, haciendo uso de su libertad, debe ser capaz de seguir él mismo su propio camino.

Nuestro deber como madres/padres, profesoras/profesores, orientadoras/orientadores, es conseguir “hacernos inútiles”:

“La formación no es una intervención configuradora de otro ni el resultado de esta intervención: la formación sólo puede entenderse como autoformación de la persona. El hombre formado es, como dice Pestalozzi, obra de sí mismo.” (März, 2001: 104).

La educación y la formación son inseparables:

“La formación, como realización de sí mismo, sería imposible sin la ayuda biológica y dialógica de los demás. Y esta ayuda no es otra cosa que la educación” (März, 2001:105).

Para ser madres/padres no es suficiente con tener hijos. Para ser madres/padres, hay que tener consciencia personal. Es decir, intención clara de saber y querer ayudar. Para ser madres/padres hay que tener conciencia*(1) moral del deber permanente que tienen con respecto a sus hijos, algo que deben reflejar en su personalidad y en la atmósfera que los rodea. Para ser madres/padres, hay que tener responsabilidad individual de la selección que se ha realizado inteligentemente para ayudar a sus hijos/as a salir de su pobreza inicial. La pobreza del niño/a no se limita solamente al campo de las necesidades primarias como la alimentación, sino que existe aún una pobreza más profunda, y es aquella relacionada con su “eternidad” como persona. Es decir, que para ser madres/padres no basta con la “preocupación” por el cuidado natural e inmediato del niño/a, sino que es fundamental la “preocupación por el alma” del niño/a, y por tanto actuar en consecuencia mostrándole el camino de la salvación, que no es más que el camino hacia Dios.

Para ser maestras/os no es suficiente con tener alumnos/as. Para ser maestras/os hay que tener, primero, pre-configuración personal, es decir, un gran tacto pedagógico unido a una ilimitada comprensión y una inmensa fantasía creadora. Segundo, una maestra/o sin condiciones intelectuales, es decir, sin cultura, podrá ser todo menos educador/a. Y tercero y finalmente, las “actitudes básicas para ser maestra/o”, y que son: amor, esperanza, humor, unidad, constancia y seriedad. Entonces, cuando cumplamos todos estos requisitos podremos aspirar a intentar ser maestras/os.

Para ser panaderos/as quizás sea suficiente con tener pan y para ser carniceros/as quizás sea suficiente con tener carne, pero para ser madres/padres y maestras/os nunca será suficiente con tener hijos/as y alumnos/as.


*(1) Siguiendo el manual de F. März (2001), el término “consciencia” hace referencia a la “intención” fija de la persona de querer ayudar, y por tanto de saber que puede hacerlo. Mientras que el término “conciencia (moral)” se refiere al control que deben ejercer nuestros principios a la hora de seleccionar en nuestro trabajo como padres y maestros. De modo, que yo puedo enseñar a mi hijo a robar, soy “consciente” de que sé y quiero “ayudarle” y “enseñarle”, sin embargo, no he tenido “conciencia moral” a la hora de seleccionar, ya que he decidido enseñarle a hurtar, y “la educación es exclusivamente un suceso moral que debe preparar al hombre a saberse responsable ante Dios y a poder morir debidamente” p. 151.
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