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La mujer de los manantiales generosos

Baha, a su manera, invoca en silencio, con la lógica de su tiempo, un poder que le pertenece por derecho natural y que trasciende su propia casa

16/11/2009 - Autor: Anwar Astilleros - Fuente: Webislam
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Vejez e islam.
Vejez e islam.

Baha, para amigos y allegados, es una mujer muy especial. Su rostro azotado por mil y una tribulaciones son como los de aquellos marineros de piel lacerada y lavada por el viento y la edad ,solo que Baha es un grumete de tierra. Originaria de Goulmima su piel negra, sus ojos al borde de la catástrofe y la ceguera y su piadosa sonrisa forman un todo difícil de olvidar. Chata y observadora como una ardilla se adelanta a cualquier acontecimiento, especialmente en lo que concierne a los niños, su mayor especialidad como ex nodriza. Me contaban que daba de mamar a diversos niños en el barrio y su capacidad era tal que se sentaba con dos a la vez, cada uno colgado de sus dos manantiales, portentosos y generosos. Así me lo explicitó a sus 70 años, con el gesto serio y endurecido mientras señalaba  sus dos venerables  y secos pechos orgullosa de su poder ya irremediablemente baldío. Aún así su instinto maternal permanece táctil y cariñoso, siendo una mujer de trato amable y respetuoso.

Durante las tardes intensamente largas e invernales Baha controla todo lo que la concierne, es decir la totalidad de su espacio físico, aproximadamente unos 30 metros cuadrados que pueda tener el salón de su casa (y su casa es la de los demás). En sus caóticas y múltiples conversaciones simultáneas ensalza a Allâh siempre que puede en compañía de otras que tampoco escapan a su control sin perder un instante en recriminarte con la mirada una oración a destiempo y mientras te  ofrece cualquier bebida o alimento aunque no le pertenezca, como un té, un trozo de pan con mermelada o un vaso de leche.

Baha, la vieja africana de Goulmima, parece estar encargada de velar por la seguridad y el bienestar de todos, del viajero, del niño y de los invitados. En su imaginario probablemente no entra la palabra egoísmo, ni aislamiento o soledad probablemente considere, sin pensarlo, que cualquier bien o alimento pertenece al colectivo masivo y silencioso probador de fidelidades y lealtades familiares y otras.

Durante la emocionante espera a una de las nuestras recién venida de hach Baha se erigió como la gran guardiana y organizadora de este momento sublime para nosotros, los musulmanes. La casa se llenó de gente venida de todos los lugares, las pocas puertas de la casa desaparecieron (siendo ya escasas) y todo era un constante fluir de invitados y auto invitados hasta tal punto que la  entrada de la casa estaban abiertas de par en par hasta altas horas de la noche.

La intimidad aquí se ha diluido hasta tal punto de que hermanos y hermanas, primos y primas y padres e hijos se comparten en una promiscuidad social digna de admiración. Este es el lugar natural de Baha la censora, la amante de los bebés, la escrutadora cariñosa mientras los sonidos de la umma se repiten en una estupenda letanía del dikr, de pollos asados y frutas que desfilan por sus ojillos investigadores, ansiosos de agradar al viajero, al familiar desvalido, a los niños en pleno éxtasis de juegos y felicidad. Decididamente me gustaría adoptar a Baha como abuela aunque creo que no fuera necesario. Para mí representa esa antigua maternidad, generosa, prima, primaria y primera. Aquella de la que huimos y que una vez dentro de sus pechos maternales es prácticamente imposible excluirse.

La dignidad de esta mujer es máxima entre varias familias del barrio. Es la madre a la que no abandonarán en la indigencia o el vacío, o peor aún la indiferencia. Una mujer arquetípica y antigua fundadora del mundo conocido y tal vez por conocer.

¿Cuál es el eje vertebrador de la sociedad sea la que sea, especialmente la islámica? Evidentemente la mujer. He escuchado tantas veces aquello de "La mujer es todo" (especialmente en tierras del islam) que aunque es exagerado decir que la mujer lo sea todo, sí podemos decir que es el espíritu del islam y la gloria de éste.

Probablemente Baha no conozca nada de esto pues para conocer a veces basta con vivir y no hay mejor manera de entender los entresijos de la familia islámica sino viviéndolos. Y aunque hay tantas mujeres como sensiblidades y evidentemente los tiempos se revelan como la integración laboral de la mujer y su inclusión en los ámbitos de poder, Baha, a su manera, invoca en silencio, con la lógica de su tiempo, un poder que le pertenece por derecho natural y que trasciende su propia casa y que planea sobre sus innumerables hijos e hijas de su amplia colectividad y umma.

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