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El Día del Juicio Final, la Destrucción del Mundo y el Más Allá

El Mundo equivale a un palacio, y el Universo a una ciudad. Ambos pueden ser destruidos, y existe una causa necesaria para su destrucción. Su destructor y reconstructor puede hacer ambas cosas

17/09/2009 - Autor: Bediüzzaman Said Nursi - Fuente: Islam en Europa
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Said Nursi (Turquía, 1878-1960), uno de los grandes pensadores del islam.
Said Nursi (Turquía, 1878-1960), uno de los grandes pensadores del islam.

Este capítulo consta de una introducción y cuatro alegatos.
Introducción: Si declaráramos que una ciudad o un palacio será destruido y después reconstruido con firmeza, nos serían preguntadas las siguientes cuestiones:

. ¿Por qué será destruido? ¿Acaso es su destrucción necesaria?
. ¿Puede su destructor y reconstructor realmente llevar a cabo dichos actos?
. ¿Tal destrucción es posible?
. Si es posible, ¿será realmente destruido?
. ¿Dicha reconstrucción es posible?
. Si es posible, ¿en realidad sería reconstruido?

El Mundo equivale a un palacio, y el Universo a una ciudad. Ambos pueden ser destruidos, y existe una causa necesaria para su destrucción. Su destructor y reconstructor puede hacer ambas cosas.

PRIMER ALEGATO:

El espíritu es eterno, y las pruebas del Primer Propósito en relación a la existencia de los ángeles y otros seres espirituales comprueban su eternidad. Nos hallamos demasiado cerca de las almas de los muertos —quienes están esperando en el barzaj para dirigirse al Más Allá— como para exigir la prueba de su existencia. Si tales seres tienen el discernimiento necesario dentro de la realidad de las cosas, los santos pueden ver e incluso comunicarse con ellos. Además, casi todos se encuentran con ellos en sus sueños reales. Ya que el materialismo moderno crea dudas sobre tales asuntos obvios, proporcionamos cuatro fuentes de referencia a través de las cuales dicho conocimiento convincente puede ser obtenido.

Introducción:

Una belleza eterna, sin igual, exige un amante eterno por medio del cual será reflejada eternamente. Un arte impecable, eterno, y perfecto requiere un heraldo permanente contemplativo. Una misericordia y benevolencia infinitas exigen la continua facilidad y alegría de los necesitados para agradecerla. El alma humana es el más destacado de esos amantes, heraldos contemplativos y aquellos agradecidos que se encuentran en necesidad. Por lo tanto, acompañará a esta belleza, perfección y misericordia en el camino a la eternidad.

Quizás todas las criaturas, incluso las más primitivas, se hallan creadas para algún tipo de eternidad. Incluso las flores, sin espíritu, están dotadas de un tipo de inmortalidad post-mortem: Su forma es preservada en la memoria, y las leyes de su formación obtienen la permanencia mediante las nuevas flores que crecen de sus semillas. Con motivo de dichas leyes, el modelo de su forma que tiene la misma importancia para ella como nuestro espíritu la tiene para nosotros, están preservadas a través de sus semillas por el Único Sumamente Preservador, Omnisapiente, así pues, el alma humana, poseedora de una sublime naturaleza integral y una conciencia además de haber sido engalanada con la existencia externa, está muy lejos de sólo merecer ser eterna. ¿Cómo podría el Único Omnisapiente de gran Majestuosidad, Aquel Sumamente Preservador de la Eternidad, Quien mantiene el ciclo de vida de un enorme árbol y la ley de su formación a través de una diminuta semilla, no preservar las almas de la gente muerta?

Primera fuente: Esta te concierne como ente individual y hace referencia a tu mundo interior.

Considera cuidadosamente tu vida y tu aspecto inter-no, y distinguirás la existencia de un espíritu eterno. Cada persona renueva su cuerpo anualmente a través de una transformación completa, pero el espíritu permanece inalterable.
El cuerpo es efímero; el espíritu es permanente. La formación o deformación de las moléculas de tu cuerpo, o su composición y desintegración, no afectan el espíritu, el cual cambia o renueva anualmente su indumentaria corporal. Cuando se despoja de esta vestimenta en el momento de morir, ni su permanencia ni su naturaleza esencial se ven afectadas ya que, como está comprobado por las experiencias y la observación, el espíritu no depende del cuerpo para vivir. El cuerpo es sólo su lugar de morada, no su envoltorio. El espíritu tiene una cubierta tenue, su «funda energética», y deja su lugar de morada arreglado con esta cubierta cuando el cuerpo muere.

Segunda fuente: Ésta incide en el mundo externo. La experiencia y la observación indican la eternidad del espíritu. La permanencia individual del espíritu, que ha sido acreditada en la vida después de la muerte, confirma la perpetuación del alma después del fallecimiento. Se ha justificado de manera lógica que cualquier aspecto fundamental observado en un individuo es una característica común en el cómputo general de las especies, ya que las cualidades que se originan en la esencia son compartidas por todos los individuos. Cada existencia permanente del alma después de la muerte del cuerpo, al estar basada en la observación y en incontables experiencias en los sueños y en otros tipos de comunicación, es tan innegable como la existencia de un continente que nun-ca hemos visitado. Tienen relación con nosotros, ya que nuestras oraciones se ponen en contacto con dichas existencias y recibimos a cambio su bendición. Además, puede percibirse que un aspecto fundamental de cada persona existe después de la muerte física: su espíritu.

Como el espíritu es una sencilla entidad unitaria, no se halla sujeta a la desintegración ni a la descomposición como las cosas materiales compuestas. La vida asegura un tipo de unidad dentro de la multiplicidad y crea una cierta clase de permanencia. En otras palabras, la unidad y la permanencia son esenciales para el espíritu, desde las cuales se distribuyen hacia la multiplicidad.

La mortalidad del espíritu se podría deber, hipotéticamente, o bien a su descomposición y desintegración o quizás a causa de su aniquilación. La primera opción es imposible, puesto que el espíritu posee una esencia unitaria sencilla. La segunda opción también es imposible, porque es contraria a la Misericordia infinita del Único Absolutamente Magnánimo. Además, Su ilimitada Munificencia no permitiría al espíritu humano ser privado de la bendición de la existencia que Él le ha concedido, debido a que dicho espíritu la desea ardientemente y es merecedor de dicha bendición.

Tercera fuente: El espíritu es una entidad viva, consciente, otorgadora de luz; una ley o precepto integral de Dios proporcionado con la existencia externa y tiene el potencial de alcanzar la universalidad. Incluso las leyes naturales, considerablemente débiles cuando se las compara con el espíritu, están dotadas de estabilidad y permanencia, exceptuando a la ley encarnada por el espíritu. Todos los tipos de existencia, aunque sujetos al cambio, poseen una dimensión permanente que permanece inalterada a través de todas las etapas de la vida. De modo que, cada persona es un individuo y, debido a su naturaleza integral, conciencia universal, e imaginación que todo lo abarca, una especie. Una ley que interviene sobre la humanidad también es aplicable en el individuo.

El Creador Majestuoso nos dotó de una naturaleza sublime y nos hizo ser extensos espejos donde Sus Nombres y Atributos son reflejados. Él nos ha dejado a cargo un deber universal de devoción. Dado esto, la realidad espiritual de cada individuo se mantiene viva para siempre por el permiso Divino, aunque su forma se someta a incontables cambios. Por eso el espíritu humano, que constituye nuestro elemento consciente y vivo, es eterno y ha sido elaborado de esta manera con el precepto y permiso de Dios.

Cuarta fuente: Las leyes Divinas de la naturaleza son parecidas al espíritu, debido a que también pertenecen al mundo de la Voluntad y el Orden Divinos. Sin embargo, intervienen sobre categorías que no poseen una existencia perceptiva. Cuando analizamos estas leyes, apreciamos que habrían sido los mismos espíritus de las categorías si a ellos les hubiera sido dada la existencia externa. Como son permanentes y no cambian, su unidad no se ve afectada por ninguna alteración ni transformación. Las semillas de una higuera contienen la ley permanente, similar a lo que denominamos espíritu, relacionada con su formación.

Como las débiles y sencillas leyes preceptivas se hallan conectadas con la permanencia y la continuidad, el espíritu humano debe estar conectado con la permanencia y la inmortalidad —y la eternidad—. De acuerdo con: «...¡El espíritu incumbe sólo al conocimiento de Dios!..» (17:85), el espíritu es una ley viva y consciente del Mundo de la Orden Divina y ha sido dotado de la existencia externa por el Poder Eterno. Ya que las leyes inconscientes que resultan del Atributo Divino de Voluntad y del Mundo de la Orden Divina son permanentes, el espíritu es incluso más merecedor de tal permanencia, porque proviene de la misma fuente, tiene los atributos adicionales de la vida y posee una realidad externa. Ser consciente significa que es más sublime y poderoso que las demás leyes; tener vida significa que es mucho más permanente y valioso que ellas.

SEGUNDO ALEGATO:

Un Mundo de Felicidad eterna es necesario, y el Majestuoso puede crearlo. La destrucción de nuestro Universo así como la resurrección de cada cosa y ente, ambas por igual, son posibles y acontecerán. Las siguientes observaciones eliminarán toda duda concerniente a la Resurrección, y los siguientes diez puntos explican el propósito y la causa necesaria de un eterno Mundo de Felicidad:

Primer punto: La creación expone una armonía perfecta y un orden lleno de propósito, y cada aspecto del Universo muestra signos de una voluntad e indicios de un propósito. Es imposible no distinguir una sabiduría y elección, intención y voluntad, en cada cosa y evento, y en cada composición a través del testimonio de sus frutos o resultados. Si la creación no tuviera la intención de engendrar felicidad eterna, su orden y armonía serían una falsedad. Además, todos los medios, relaciones y conexiones (el espíritu del orden) se convertirían en nada, porque sólo la felicidad eterna hace que este orden sea establecido.

Segundo punto: La creación del Universo exhibe perfecta sabiduría. La Sabiduría Divina, la representación del favor eterno, anuncia la llegada de la felicidad eterna a través del lenguaje de los beneficios y propósitos observados por todo el Universo. Si no existiera la felicidad eterna, todos los beneficios y propósitos observados en el Universo habrían sido negados.

Tercer punto: El intelecto humano, la sabiduría, la experiencia, y el razonamiento deductivo señalan que nada superfluo o vano ocurre en la creación. Esto indica la existencia de la felicidad eterna. El Majestuoso Hacedor del Universo elige la mejor y más fácil mane-ra en la creación, y asigna muchas obligaciones y propósitos a cada criatura, no importando cuán insignificante pueda parecer. Y ya que no acontece desperdicio alguno ni nada acaece en vano, debe haber felicidad eterna, porque la inexistencia eterna haría todo inútil y un despilfarro. La ausencia de desperdicio en la creación, particularmente en la humanidad prueba que nuestras incontables potencialidades espirituales, ilimitadas aspiraciones e ideas, además de las inclinaciones nunca van a ser desperdiciadas. Nuestra inclinación básica por la perfección indica la existencia de la perfección, y nuestro deseo por la felicidad proclama que estamos destinados a la felicidad eterna. Si esto no fuera así, todas las características espirituales y sublimes aspiraciones que constituyen nuestra verdadera naturaleza serían inútiles y derrochadas.

Cuarto punto: La alternancia del día y la noche, así como de la primavera y el invierno, los cambios atmosféricos, el renacimiento anual de nuestro cuerpo, y nuestros actos de despertarnos y levantarnos cada mañana tras dormir y descansar, todos ellos indican un progreso y renacimiento completos. Los segundos pronostican un minuto, un minuto predice una hora, y una hora anticipa un día. Las esferas del gran reloj de Dios —la Tierra— indican, una detrás de la otra, el día, el año, nuestro tiempo de vida, y las épocas a través de las cuales este mundo transcurre. Del mismo modo que muestran la mañana después de la noche y la primavera después del invierno, dan a entender que el amanecer de la Resurrección seguirá a la muerte de la creación.

La vida de una persona contiene muchos ciclos que pueden ser contemplados como un tipo de muerte y resurrección (por ejemplo, los cambios diarios, de estación y anuales; dormir y despertar tras el sueño; y varios renacimientos y renovaciones). El renacimiento de la naturaleza en cada primavera es una promesa de la Resurrección final, porque durante esa estación incontables tipos de resurrección tienen lugar entre los animales y las plantas. Por ello, el Creador Omnisapiente nos recuerda así que se aproxima la Resurrección.

Todas las personas son iguales, en cuanto al valor y la integridad se refieren, en relación a cualquier otra especie viva, porque la luz de su intelecto la ha dotado con aspiraciones absolutas e ideas que abarcan el pasado y el futuro. En el resto de especies al completo, la naturaleza de un individuo es particular, su valor es personal, su opinión es restringida, sus cualidades son limitadas, y su placer y dolor son instantáneos. Los seres humanos, sin embargo, tienen una naturaleza sublime y el valor más noble, perfección ilimitada, y un placer y dolor más permanentemente espiritual. Por lo tanto, los tipos de resurrección experimentados por otras especies sugieren que cada ser humano será resucitado completamente en el Día del Juicio.

Quinto punto: La humanidad está dotada de ilimitadas potencialidades que se desarrollan dentro de habilidades no restringidas. Éstas, a su vez, dan lugar a las incontables inclinaciones que generan deseos ilimitados, los cuales son la fuente de los infinitos conceptos e ideas. Todos ellos, como ha sido observado y confirmado por los eruditos de conocimiento profundo, indican la existencia de un Mundo de Felicidad Eterna más allá de este mundo material. Nuestra inclinación innata por la felicidad eterna nos asegura que tal mundo será establecido.

Sexto punto: La Misericordia que todo lo abarca del Sumamente Clemente Hacedor del Universo exige un Mundo de Felicidad Eterna. Si no fuera por esta felicidad, la gracia principal de Dios para la humanidad, toda la gente elevaría sus lamentaciones hacia la separación eterna, los actos de favor se convertirían en venganza, y la Compasión Divina sería negada. Pero la Misericordia Divina se encuentra por toda la creación y es más evidente que el Sol. Observa las tres manifestaciones de la Compasión Divina: el amor, el cariño y el intelecto. Si la vida humana resultara en la separación eterna inmersa en penas sinfín por la despedida, ese amor cortés se convertiría en la aflicción más grande, el afecto en la enfermedad más dolorosa, y el intelecto otorgador de luz en un redomado y verdadero mal. La Compasión Divina, sin embargo, (por eso se llama Compasión) nunca inflinge la agonía de la separación eterna sobre el verdadero amor.

Séptimo punto: Todas las experiencias placenteras conocidas, las bellezas, perfecciones, atracciones, anhelos ardientes, y los sentimientos de compasión son articulaciones espirituales y manifestaciones del Favor, la Misericordia, y la Munificencia del Creador Majestuoso que se dan a conocer por el intelecto; debido a que existe una verdadera Misericordia, habrá una felicidad eterna.

Octavo punto: Nuestra conciencia (la naturaleza consciente) señala a la felicidad eterna. Quienquiera que la escucha, la oye diciendo eternidad una y otra vez. Incluso si nos hubieran concedido el Universo entero, no seríamos compensados por la falta de la eternidad, porque tenemos anhelos innatos y fuimos creados para ella. Por lo tanto, nuestra inclinación natural hacia la felicidad eterna proviene de una realidad objetiva, la existencia de la eternidad y nuestro deseo en pos de la eternidad.

Noveno punto: El Profeta, quien sólo proclamó la verdad y cuyas palabras han sido confirmadas a lo largo de todas los siglos, predicó y prometió la llegada de la vida eterna y la felicidad perpetua. Su mensaje se centró casi tanto sobre la Resurrección como en la Unidad Divina, remitiéndose al consenso de todos los Profetas y santos.

Décimo punto: El Corán, un milagro inigualable con sus 40 aspectos, anuncia la Resurrección y la llegada de la felicidad eterna. Le despoja de su velo al misterio de la creación y ofrece incontables argumentos racionales de la Resurrección. Tales versículos como: «...cuando El os creó en fases sucesivas...»
(71:14) y «...Di:Les dará vida Quien los creó por primera vez...» (36:79) contienen una comparación y una analogía. Y, «...Tu Señor no es injusto con Sus siervos...» (41:46) indica la justicia de Dios. Estos nos permiten vislumbrar la Resurrección y la Felicidad Eterna. He tratado las pruebas inmersas en estos versículos en mi tratado Nokta («Punto») como sigue:

Cada ser humano experimenta cambios ordenados y sistemáticos durante el proceso de desarrollo. Cada fracción de esperma, coágulo, tejido, hueso, y carne que se desarrolla (en etapas) en otro ser (distinto) con forma humana debe adherirse a los principios precisos que, específicos de las etapas sucesivas del desarrollo, indican el ejercicio del propósito, la voluntad, y la sabiduría. El Creador Omnisapiente, Quien crea a los seres humanos a través de estas eta-pas, también provoca que el cuerpo se renueve cada año. Esta renovación precisa el reemplazo de las células descompuestas y su substitución por nuevas células engendradas a través de la provisión de los alimentos del Único Proveedor de acuerdo con las necesidades de cada parte corporal.

Si observamos los átomos empleados para renovar o reparar el cuerpo, apreciamos que proceden conjuntamente de la atmósfera, la tierra y el agua. Sus tránsitos son tan precisos que pareciera hubiesen recibido órdenes para dirigirse e ir a un lugar específico. Además, su manera de desplazarse revela la intervención del Agente Real. Empezando desde el mundo inanimado de los elementos y sustancias químicas, pasan al mundo animado de los vegetales y los anima-les. Habiéndose desarrollado en el sustento de acuerdo con los principios definitivos, entran al cuerpo como alimentos. Después de ser «cocinados» en diferentes «cocinas» así como transformados y franqueados a través de algunos «filtros», son distribuidos a las distintas partes del cuerpo de acuerdo con su necesidad.48

Todos estos procesos tienen lugar de acuerdo a las leyes del Único Que Todo lo Provee y sin la intervención de la ciega casualidad, la coincidencia sin ley, la naturaleza sorda, ni las causas inconscientes. Ellos ponen de manifiesto su perfecto conocimiento, sabiduría, y perspicacia. En cualquier etapa, un átomo se introduce en las células del cuerpo del elemento que se encuentra alrededor, lo hace de un modo ordenado y de acuerdo a las leyes específicas de esa etapa. A cualquier nivel que viaja, se desplaza con tal orden que no hace sino afirmar que evidentemente procede de un precepto del Guía Omnisapiente. Nunca se desvía de su propósito y objetivo, gradualmente avanza de etapa en etapa y de nivel a nivel, hasta que, bajo el precepto de su Sustentador, alcanza su posición apropiada. Una vez que se encuentra allí, se establece e inicia a trabajar.

La provisión de alimento y su llegada a las células para las cuales está destinada muestran la Voluntad y la Determinación Divinas. Tan perfecto es el orden de este proceso y su organización que cada partícula parece tener su destino final escrito en su «frente». ¿Es concebible que el Creador Majestuoso, Quien ejerce Señorío sobre la creación con poder sin límites y sabiduría sumamente abarcadora, desde las partículas de materia hasta los planetas, y que los hace girar con orden y proporción, fracasaría en revivir a la creación? Los versículos coránicos abren nuestros ojos a este renacimiento comparándolo con nuestra primera creación:

«Di: Les dará vida (en el Más Allá) Quien los creó por primera vez (con un propósito definido)». (36:79)

«Él es Quien crea al principio y luego vuelve a crear; y esto es aún más fácil para Él». (30:27)

Los soldados de un batallón se reúnen de nuevo con una llamada de corneta mucho más rápido que cuando se han dispersado para descansar. Tal proeza es asimismo una empresa fácil y factible para las partículas esenciales de un cuerpo, las cuales han establecido relaciones mutuamente íntimas y familiaridad durante sus vidas terrenales, en el preciso momento que el Ángel Israfil hace sonar su instrumento de viento. De hecho, pueden hacer esto de un modo aún más dispuesto que en la primera creación. No todas las partes componentes tienen que estar presentes todavía sino que las partes fundamentales y las partículas esenciales, las cuales son como núcleos y semillas y que son denominadas por una Tradición Profética como «la raíz de la cola» (el hueso os coccyx) pueden ser suficientes para la base y la fundación de la secunda creación. El Creador Omnisapiente reconstruirá el cuerpo humano sobre esta base.

La siguiente sección resume la verdad expresada por la analogía de la justicia en versículos tales como: «Tu Señor no es injusto con Sus siervos» (41:46).
Prestar atención a que las personas crueles, pecadoras, y tiranas generalmente llevan una vida acomodada y lujosa mientras que la gente devota, oprimida, vive en la pobreza y la dificultad. La muerte los equipara, ya que ambos habrían partido eternamente con sus acciones sin cuestionar en caso de que no hubiese existido un tribunal supremo. La Sabiduría y la Justicia Divinas, que no permiten que ningún pecado pase desapercibido y que prohíben la injusticia, exigen el establecimiento de un tribunal supremo para castigar la maldad y recompensar la bondad.

Como este mundo no es exactamente un lugar propicio para un desarrollo completo de las potencialidades humanas, somos destinados a encontrar la realización en otro mundo. Nuestra esencia es integral y se halla ligada a la eternidad. Como nuestra naturaleza es básicamente extraordinaria, podemos lograr cosas importantes, sean buenas o malas. El orden y la disciplina son esenciales, y no debemos dejarnos deteriorar hasta llegar a la inexistencia. El Infierno nos está esperando con una boca abierta de par en par, y el Paraíso nos espera con los brazos abiertos.

Estudia los versículos como los mencionados anteriormente, los cuales contienen argumentos racionales para la Resurrección, y contempla cuán grande es la verdad que se halla contenida en la vida eterna. Los Diez Puntos que has estado siguiendo y estudiando asimismo te proporcionan una clara perspicacia y una poderosa evidencia de la Resurrección. Asimismo, los Hermosos Nombres del Creador Majestuoso (por ejemplo, Omnisapiente, Sumo Compasivo, Sumo Preservador, y Ecuánime) necesariamente requieren que la Resurrección deba acaecer, que la vida eterna deba acontecer, y que la felicidad eterna tenga lugar. Por consiguiente, la necesidad y el requerimiento de la Resurrección son tan poderosas que no hay lugar para la duda o la incertidumbre.

TERCER ALEGATO:

Tal y como la necesidad y el requerimiento de la Resurrección son ciertos y seguros, del mismo modo el Único Quien la ocasionará es capaz de hacerla. Como Él posee el poder sobre todo, todo es lo mismo en relación a Su Poder. Él crea la primavera tan fácilmente como una flor. Él es tan poderoso que la creación atestigua Su Poder y Majestuosidad. Teniendo presente esto, ¿cómo puedes dudar que Él pueda alzar al muerto de su tumba para el Día del Juicio Final? Su Poder es tan grande que hace que un nuevo contexto acontezca en la existencia cada siglo, renueva el Universo cada año, y crea un mundo nuevo cada día. Él cuelga numerosos mundos transitorios sobre la cuerda del tiempo a la misma vez que los siglos, años, o incluso los días transcurren para un propósito perfecto, definitivo. Muestra la perfección de Su Sabiduría y la belleza de Su arte engalanando a la Tierra con el vestido de primavera como si de una sola flor se tratase, y luego la decora y la adorna con incontables ejemplos de la Resurrección.

Ya que Él puede hacer tales cosas, ¿cómo puedes dudar de Su habilidad para ocasionar la Resurrección y reemplazar este mundo con otro? El versículo: «Crear a vosotros y haceros resurgir es como crear a uno solo» (31:28) anuncia que el Único Todopoderoso es tan poderoso que nada es difícil para Él, que crear innumerables individuos es tan fácil como crear uno sólo.

El Poder Divino procede de la mera naturaleza de la Esencia Divina, y así no puede existir la incapacidad en conexión con Él. Como interviene en la dimensión interna, inmaterial de la existencia, ningún obstáculo puede interferir con Su operación. En Su relación con las cosas, el Poder Divino se asemeja a las leyes Divinas de la naturaleza, que expresan que crear una cosa universal es tan fácil como crear una cosa particular. Considera los siguientes argumentos:

Primer argumento: El Poder Eterno es esencial a la Esencia Divina ya que es un atributo indispensable de la Divinidad. Son idénticos en un aspecto: Cualquier incapacidad es imposible, ya que esta presupondría la existencia de dos partes contrarias en el Ser Infinito. Puesto que esto es inverosímil, y ya que la impotencia no puede acontecer en la Esencia Divina, nada puede interferir con el Poder Divino. Ya que la impotencia no puede involucrarse en el Poder Divino, no puede poseer grados ya que tales grados de la existencia de una cosa sólo pueden acontecer a través de la intervención de partes opuestas. Los grados de la temperatura tienen lugar a causa de la intervención del frío, y los grados de la belleza existen como consecuencia de la fealdad. Esto es verídico para todas las cualidades en el Universo. Las cosas contingentes y los seres poseen opuestos, ya que no existen esencialmente a partir de sí mismos y la cualidad impura es esencial para sus existencias. Ya que el Mundo de las Contingencias contiene niveles y graduaciones, está sujeto al cambio y a la transformación.

Puesto que el Divino Poder Eterno no contiene grados, es igualmente fácil para Él crear o traer a la existencia las partículas o las galaxias. Resucitar a la humanidad es tan fácil para Él como revivir a una persona, y crear la primavera es tan fácil como crear una flor. Si la creación o la Resurrección fueran atribuidas a las causas, crear una flor sería tan difícil como crear la primavera. Pero si existe sólo un Creador, crear todo es tan fácil como crear una cosa.

Segundo argumento: El Poder Divino interviene en la dimensión innata, espiritual de las cosas (el reino metafísico). Tal y como un espejo, el Universo tiene dos lados: el corporal (se parece a la superficie de color de un espejo) y el metafísico (que se asemeja a la superficie brillante del espejo y contempla al Creador). Los opuestos existen en el lado corporal, el cual manifiesta belleza y fealdad, bondad y maldad, grande y pequeño, dificultad y facilidad. El Creador Majestuoso del Universo encubre los actos de Su Poder detrás del velo de las causas observadas así que aquellos quienes carecen de comprensión no consideran la relación de Su Poder con las cosas sencillas como provenientes de Él. Su Honor y Majestuosidad requieren esto. Las causas no tienen ningún efecto real sobre la creación, ya que eso violaría Su Unicidad y Unidad. El mundo metafísico, absolutamente claro y transparente, no contiene ninguna de las incompetencias del mundo físico. Como el Poder Divino interviene directamente allí, la causa y el efecto no tienen ninguna influencia, los obstáculos no pueden interferir, y crear una partícula es tan fácil como formar un Sol.

Para terminar, el Poder Divino es el Atributo simple, infinito, e indispensable de la «Esencia» Divina. Este Poder intercede directamente en un reino que es claro, refinado, y transparente, un reino en el que no tiene lugar oposición, ni intervención alguna. Por lo tanto, no existe diferencia entre comunidad e individuo, particular y universal o grande y pequeño.

Tercer argumento: El Poder Divino ejerce como una ley dotada con la misma relación con todo. Hagamos este sutil asunto comprensible a través de varias comparaciones o series de relaciones. La transparencia, la reciprocidad, el equilibrio, el orden, la abstracción, y la obediencia son los fenómenos en el Universo que se equiparan a términos cuantitativos como mucho o poco, y grande o pequeño.

Primera conexión: Transparencia. El mismo Sol se refleja sobre la faz del océano y sobre una gota de agua. Si la Tierra hubiera estado compuesta de trozos de vidrio, cada uno reflejaría al Sol sin obstáculo y sin interferencia entre sí. Si el Sol fuera un ser independiente consciente dotado con la fuerza de voluntad para poder reflejar su propia luz, su acto de emitir luz o ser reflejado en una partícula o sobre la totalidad de la Tierra sería igualmente fácil.

Segunda conexión: Reciprocidad. Si nos paramos portando una luz de candela en el centro de un amplio círculo de personas, cada una de las cuales estuviera sosteniendo un espejo, cada espejo obtendría la mis-ma reflexión sin que se entorpecieran entre sí.

Tercera conexión: Equilibrio. Si pesamos un par de cosas con una balanza que mide cada artículo con precisión perfecta, cualquier fuerza adicional que se ejerciera sobre cualquiera de los dos platillos de la balanza alteraría el equilibrio.

Cuarta conexión: Orden. Podemos maniobrar un bar-co inmenso tan fácilmente como un juguete pequeño, ya que todas las partes de su sistema ordenado están interrelacionadas.

Quinta conexión: Abstracción o condición incorpórea. El tamaño de una criatura viva no tiene relación alguna con su esencia real o naturaleza, porque estos rasgos abstractos e incorporales son los mismos para cada criatura. Por ejemplo, un pececillo tiene la misma esencia o naturaleza que la de un tiburón (ambos son peces), y un microorganismo tiene la misma esencia que la de un rinoceronte (ambos son animales vivos).

Sexta conexión: Obediencia. Un comandante comanda y capitanea un ejército de un modo tan fácil como lo sería ordenar a un solo soldado que se pusiera en marcha. La realidad de la obediencia en el Universo es como sigue: Todo se inclina hacia su propia perfección. Una inclinación se deriva de una necesidad, una necesidad que ha sido aumentada se convierte en ansiedad, y una ansiedad incrementada se convierte en una atracción. Inclinación, necesidad, ansia, y atracción trabajan como las leyes Divinas y operan de un modo diseñado para dirigir las cosas en pos de obtener su perfección. La perfección final, absoluta de la creación acontece cuando se convierte en la existencia absoluta. La perfección relativa de una cosa es la existencia relativa que da efecto a todas sus potencialidades. Esto es así debido a la obediencia del Universo con respecto al Precepto Divino de «¡Sé!» y es (36:82) no difiere de aquel del de una partícula La creación obedece este Precepto Divino, que proviene de la Voluntad Eterna del Creador, por medio de las mismas fuerzas de inclinación, necesidad, ansiedad, y atracción. Todas son alentadas por la misma Voluntad Divina a intervenir sobre las criaturas. El poder de esta obediencia se observa mejor en el agua, que quiebra o incluso destroza el hierro cuando le es ordenado que se congele.

En vista de que estas contingentes fuerzas defectuosas, limitadas, débiles y de ningún modo creativas muestran tales efectos, todo es igualmente susceptible ante la orden del Poder Divino. Este Poder es infinito, eterno, absolutamente perfecto, y puede hacer transferir al Universo desde la nada, la inexistencia a la existencia. De igual forma puede manifestarse a través de esas grandes obras que nos fascinan y asombran. Nada es difícil para él. Al considerar estas seis conexiones no franquea ningún juicio sobre el Poder Divino, así como es imposible para nosotros hacerlo así; mejor dicho, nos permiten tener alguna comprensión sobre el asunto.

En resumidas cuentas: el Poder Divino es infinito, un Atributo indispensable del Ser Supremo que maniobra en la esfera metafísica, la cual no tiene ningún obstáculo o particularidad. Este dominio se halla en contacto directo con el Poder Divino, dentro del cual la existencia o inexistencia material de cualquier cosa es igualmente posible. Obedece todas las leyes Divinas de la creación. Por lo tanto, el Poder Divino puede crear todas las cosas con igual facilidad. Por ejemplo, Él puede resucitar a la creación entera en el Último Día de un modo tan fácil como revivir a un insecto en la primavera. De este modo, la declaración de «tu creación y resurrección como una sola alma» es cierta y para nada exagerada. Esto prueba que el Agente Quien destruirá y recreará el Universo en el Último Día puede hacer esto.

CUARTO ALEGATO:

Como la Resurrección es necesaria, el Único Que alzará a los muertos de su tumba puede hacer esto. El mundo entero está expuesto a la Resurrección. Existen cuatro conceptos relacionados aquí: El mundo puede perecer, perecerá, el mundo destruido se puede reconstruir como el Más Allá, y será resucitado y reconstruido.

Primera cuestión: La muerte de la creación es posible. Lo que se encuentra sujeto a la ley del desarrollo, tiene que evolucionar hacia un final último. Aquello que se desarrolla hacia un final ha de poseer una vida limitada y, por lo tanto, un final natural fijado. Aquello que tiene un final fijado inevitablemente muere. La humanidad es un microcosmos sujeto a la muerte; el Universo se puede considerar como un ser macro-humano y, por lo tanto, también está sujeto a la muerte. Por consiguiente, perecerá y será resucitado en la mañana del Último Día. Tal y como un árbol vivaz (un Universo en miniatura) no puede salvarse a sí mismo de la aniquilación, las «ramas de las criaturas» que crecen de «El Árbol de la Creación» perecerán.

Si el Universo no estuviera encaminado a ser destruido por un evento destructivo externo, con el per-miso de la Voluntad Eterna, eventualmente comenzaría a morir. Incluso los científicos lo afirman así. Según el Corán, emitirá un grito agudo, y después los siguientes acontecimientos sucederán: «Cuando el sol se contraiga y extinga, cuando las estrellas se disipen, cuando las montañas sean desplazadas de sus lugares...» (81:1-3) y «Cuando el cielo se hienda. Cuando los astros se precipiten. Cuando los mares se mezclen». (82:1-3)

Un punto sutil importante: El agua se congela y pierde su esencial forma liquida, el hielo se derrite y pierde su estado sólido esencial, la esencia de un objeto se fortalece a expensas de su forma material, el lenguaje soez no es adecuado para expresar significados, el espíritu se debilita cuando el cuerpo pasa a ser más substancial, y el cuerpo a su vez se debilita cuando el espíritu se hace más iluminado. De este modo, la vida gradual-mente purifica el mundo sólido en favor del Más Allá. El Poder Creativo insufla vida en las sustancias densas, sólidas, e inanimadas como resultado de asombrosas actividades, y depura ese mundo sólido en pos de la ventaja del Más Allá a través de la luz de la vida.

Ninguna verdad, a pesar de su debilidad, perece jamás sino que asume una forma en el mundo corpóreo. Mientras que la verdad florece y se expande, su forma se hace más débil y más refinada. La verdad espiritual que constituye la esencia de un objeto es inversamente proporcional a la fuerza de su forma. Por lo tanto, la forma pasa a ser más densa mientras la verdad se debilita, y la verdad se hace más fuerte mientras la forma se debilita. Esta ley es común a todo aquello que se desarrolla y evoluciona. Por lo tanto, el mundo corporal, que es una forma que contiene la gran verdad del Universo, se fragmentará, por el permiso del Creador Majestuoso, y será reconstruido de manera más hermosa. Un día, «...el día en que la Tierra sea cambiada por otra tierra que no sea esta y en que los Cielos sean cambiados por otros, en el día en que los humanos saldrán de sus sepulcros para comparecer y ser juzgados por Dios —quien no posee copartícipe— Único e Invencible...» (14:50), esto último será realizado, ya que el mundo puede morir.

Segunda cuestión: La muerte eventual del mundo es confirmada por todas las religiones reveladas por Dios, y apuntalada por todas las personas puras y santas, e indicada por los cambios, transformaciones, y alteraciones del Universo. El constante reemplazo de los habitantes de esta casa de huéspedes, todos los cuales son bienvenidos, y luego su abandono en tiempos fijados (a través de la muerte) para que así puedan ser reemplazados por los recién llegados, también indica la muerte de este mundo.

Considera la descripción coránica de la minuciosa y precisa interrelación de las partes constituyentes del Universo. Considera sus organizaciones sublimes y delicadas dentro de un sistema. Si a un cuerpo celestial se le ordenara que abandonara su elíptica, el Universo sería arrojado a las tribulaciones de la muerte. Las estrellas chocarían, los planetas se esparcirían, y el sonido de las esferas explotando llenaría el espacio. Las montañas comenzarían a moverse, y la Tierra sería aplanada. El Poder Eterno provocará la próxima vida de manera equivalente, y los elementos del Paraíso y del Infierno serán separados uno del otro.

Tercera cuestión: El Universo puede ser resucitado, ya que como está comprobado en el Segundo Alegato, el Poder Divino no es defectuoso. Además, existe una gran necesidad de esto y es asimismo posible. Si existe una gran necesidad de que algo posible deba acontecer, debe ser considerado como algo que va a suceder.

Otro punto importante: Un examen en profundidad acerca de lo que sucede en el Universo pone de manifiesto que éste contiene opuestos que se han distribuido por todos lados y han enraizado. Los resultados de sus choques señalan lo bueno y lo malo, el beneficio y el menoscabo, la perfección y el defecto, la luz y la oscuridad, la orientación y la desorientación, la creencia y la falta de creencia, la obediencia y la rebelión, así como el temor y el amor. Tales conflictos en curso ocasionan que el Universo manifieste una alteración y transformación continuas para producir los elementos de un mundo nuevo.

Estos elementos opuestos eventualmente se dirigirán a la eternidad en dos direcciones diferentes y se materializan como el Paraíso y el Infierno. El mundo eterno será elaborado a partir de los elementos esenciales de este mundo transitorio, a los cuales se les dará permanencia. El Paraíso e Infierno son dos frutos opuestos que crecen sobre dos ramas del Árbol de la Creación, los dos resultados de la cadena de la creación, los dos receptáculos que se llenan median-te dos corrientes de cosas y eventos, las dos astas en los que los seres ondean, y los lugares en donde la Gracia y la Cólera Divinas se manifiestan. Estos se llenarán con sus habitantes especiales cuando el Poder Divino zarandee el Universo.

Este punto es importante porque Dios, el Omnisapiente Eterno, y como requerimiento de Su Gracia Eterna y Sabiduría, ha creado este mundo como un lugar de examen, un espejo para reflejar Sus Nombres Hermosos, una página vasta sobre la cual escribir con la Pluma de Su Destino y Poder. La gen-te es puesta a prueba aquí para desarrollar sus potencialidades y manifestar sus habilidades. Esta aparición de las habilidades permite a las verdades aparecer en el Universo, el cual, en respuesta, hace que los Nombres Hermosos del Hacedor Majestuoso manifiesten sus inscripciones y conviertan al Universo en una misiva del Eternamente Suplicado para Todo. Conjuntamente, este examen separa las esencias cual diamantes de las almas sublimes, que tienen su base en un material semejante al carbón.

Para Sus Propios propósitos sublimes, Dios tuvo la voluntad de que dicha creación, así como su cam-bio y alteración, tuviera lugar. Él hizo que los opuestos se confronten entre sí, mezclando daño con beneficio, maldad con bondad, y fealdad con belleza. Amasándolos juntos cual masa, Él hizo que el Universo estuviera sujeto a la ley de la alteración y al principio de la perfección. Un día, este examen y juicio finalizarán, y la Pluma del Destino Divino tendrá por escrito aquello que ha de escribir. El Poder Divino habrá completado su obra, todas las criaturas habrán cumplido sus obligaciones y servicios, y las semillas habrán sido sembradas en el campo del Más Allá. La Tierra habrá expuesto los milagros del Poder Divino, y este mundo transitorio tendrá colgadas todas las escenas eternas sobre el riel de imágenes del tiempo.

La Sabiduría eterna y el Favor del Hacedor Majestuoso exigirán que los resultados de las pruebas sean anunciados y que las verdades de las manifestaciones de los Hermosos Nombres Divinos y las misivas de la Pluma del Destino sean descubiertas. Las obligaciones que fueron llevadas a cabo por las criaturas serán restituidas, las verdades de los significados expresados por las palabras del Libro del Universo serán apreciadas, los frutos de las potencialidades serán cedidas, un tribunal supremo será establecido, y el velo de las causas naturales será despojado para que así, todas las cosas sean presentadas directamente a la Voluntad y Poder Divinos.

En ese día, el Creador Majestuoso destruirá el Universo para eternizarlo y separará a sus opuestos. Esta separación hará que el Infierno aparezca con todas sus fealdades, y al Paraíso aparecer con toda su hermosura y esplendor. Los habitantes del Infierno serán amenazados con: «Pero los que hicisteis el mal alejaos hoy» (36:59), mientras que la Gente del Paraíso será bienvenida con: «¡Paz con vosotros!, fuisteis buenos, entrad en él para ser inmortales» (39:73). Por medio de Su Poder Perfecto, el Eterno Omnisapiente concederá una existencia eterna, inmutable a los habitantes de ambas moradas. Ellos no envejecerán ni sufrirán la desintegración o descomposición corporal, ya que no habrá nada que cause algún cambio.

Cuarta cuestión: Después de destruir este mundo, el Único Quien lo creó lo reformará de una forma aún más bella y lo convertirá en una mansión del Más Allá. El Corán, el cual contiene miles de evidencias racionales, y otras Escrituras Divinas están de acuerdo en esto, como lo hacen los Atributos del Único Sumamente Majestuoso relacionados con su Majestuosidad, Gracia, y los Hermosos Nombres. Además, Él prometió que provocará la Resurrección y la Gran Reunión a través de todos Sus decretos celestiales enviados a Sus Profetas, los cuales están de acuerdo en que Él cumple Sus promesas. El Profeta Muhammad es el más destacado al confirmar estas promesas, junto con la fuerza de mil milagros. Todos los santos y eruditos justos también las confirman. Finalmente, el Universo las predice junto a todas las evidencias científicas que contiene.

En resumen, todo esto es tan cierto como que la salida del Sol que acontece en la mañana siguiente tras ponerse esta tarde así lo hará, que el «Sol de la verdad» surgirá con la forma de la vida del Más Allá después de que la vida de este mundo se ponga.

Inspirado por el Nombre Divino el Omnisapiente y por la gracia del Corán, he elaborado las pruebas de esta verdad para convencer al intelecto y preparar al Corazón para que la acepte. Pero las palabras del Creador del Universo tienen el derecho más grande para hablar acerca de este asunto. Por lo tanto, escucha el Discurso Eterno del Omnisapiente Hacedor, en el cual Él se dirige a todas las personas, no importando el tiempo ni el lugar. Como respuesta, debemos creer y afirmar lo que Él dice:

«Cuando la tierra sea sacudida por su propio temblor. Y cuando la tierra expulse lo que pesa en su seno. Y diga el hombre: ¿Qué tiene? Ese día contará lo que sabe porque tu Señor le inspirará. Ese día los hombres saldrán en grupos para ver sus obras: Y el que haya hecho el peso de una brizna de bien, lo verá; y el que haya hecho el peso de una brizna de mal, lo verá». (99:1-8)

«Y dales la buena noticia a los que creen y practican las acciones de bien, de que tendrán jardines por cuyos suelos corren los ríos. Cada vez que se les provea con frutos de estos jardines para que se alimenten, dirán: Esto es lo mismo que antes se nos daba. Sin embargo, lo que se les dé, sólo será parecido. Allí tendrán esposas puras y serán inmortales». (2:25)

¡Gloria a Ti! No tenemos más conocimiento que el que Tú nos has enseñado. Tú eres, en verdad, el Conocedor perfecto, el Omnisapiente.

¡Señor Nuestro! No tengas en cuenta si olvidamos o erramos. Oh Dios, confiere bendiciones sobre nuestro maestro Muhammad y sobre su Familia, como Tú conferiste bendiciones sobre nuestro maestro Abraham y su familia. Tú eres aquel Sumamente Digno de elogio, el Altísimo Glorioso.

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