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Ayunar para crecer en espíritu

Millones de musulmanes celebran el Ramadán, una época de meditación que va más alla de la prohibición de comer

01/09/2009 - Autor: Alejandro Daroca - Fuente: El Día de Córdoba
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El islam es un sistema que abarca todas las facetas de la vida, no sólo el componente religioso.
El islam es un sistema que abarca todas las facetas de la vida, no sólo el componente religioso.

Cae la tarde. El sol está apunto de perderse por el horizonte. La mesa se va llenando de alimentos, en su mayoría dulces, y la familia de Milout se empieza a reunir en torno a la mesa en la que están dispuestas las vituallas. No es que vayan a celebrar una gran cena, pero es la comida más importante del día para ellos. Como para millones de musulmanes en todo el mundo. Es la ruptura del ayuno tras la puesta de sol de un día del mes del Ramadán.

Cada familia sirve en la mesa los alimentos que quiera, no hay ninguna comida típica de esta época. En el desayuno se comen cosas que podrían servir de menú cualquier otro día. Depende mucho de la zona de donde se proviene. Lo normal es que la primera comida tras la puesta de sol no sea un auténtico banquete, aunque hay excepciones. Se sirven varios platos de los que cada uno va cogiendo lo que quiere. Leche, café, dátiles o dulces. Si la familia es de origen magrebí es muy típica la harira, una deliciosa sopa, con muchas proteínas que ayuda a recuperar fuerzas.

Durante esta época, todos los seguidores de la fe islámica, pasan desde el alba hasta la puesta de sol sin ingerir alimentos o beber ningún tipo de líquido. Según dice el Corán, "todo musulmán puede comer, beber y tener relaciones sexuales hasta que con la luz del alba pueda distinguir un hilo blanco de un hilo negro; en ese preciso momento comienza otra vez el ayuno de ese día". Es la cara más conocida de esta festividad, la parte que más llama la atención. Es, para el occidental, la faceta famosa de este mes sagrado. Pero no se trata sólo de eso, de no comer. El Ramadán tiene un significado especial, una razón de ser espiritual, que va más allá del ayuno.

La abstinencia no deja de ser la parte física, superficial, de esta festividad. La razón de ser del Ramadán no se basa en un castigo corporal. Hay un motivo más profundo. Como señala Milout, vecino de Córdoba, la mayoría de la gente "no lo conoce mucho, no entra más en profundidad, se queda sólo con la parte de que está prohibido comer". Es una época, el Ramadán, "que da mucho para pensar, es como un estudio de uno mismo", comenta Milout.

Hamid, establecido en Córdoba desde hace nueve años, explica que el Islam es la aceptación completa de los mandamientos de Dios. "Es un sistema que abarca todas las facetas de la vida, no sólo el componente religioso", señala. "Pero es una religión, y como tal necesita de un elemento de ascetismo. Cualquier religión se queda incompleta sin un elemento ascético y de sacrificio, todas lo tienen. Y eso es el Ramadán. Pero no lo entendemos como un castigo, sino como un periodo de aprendizaje, de introspección", amplía Hamid. Para este hombre hay varias razones que explican el porqué del ayuno. "Durante este mes nos acostumbramos a comer poco. De este modo nos damos cuenta de cómo lo pasan los necesitados, los que no almuerzan porque no pueden. Es una herramienta para proteger el tejido social, que es uno de los pilares del Islam".

Hamid comenta que es un camino para fortalecer el espíritu. El ayuno ayuda, educa, al ser humano a controlar las tendencias desbocadas del alma, las pasiones extremas. Es un modo de someterlas a la voluntad. Con la abstinencia de alimento, bebida y relaciones sexuales, el individuo emplea su mente en la meditación, en la reflexión. Es una época de recogimiento personal, dicen. Milout explica que con esta meditación, el ser humano se purifica, se hace más consciente de lo que le rodea, y se acerca a Dios. "Aunque lo que más llama la atención es la prohibición de comer, lo más importante del Ramadán es el componente espiritual que tiene. El ayuno es sólo el camino para llegar a esta situación", comenta.

Pepe de Rojas, o Yusef, es un cordobés que se convirtió hace ya muchos años al Islam. Casado con una mujer marroquí, intenta conciliar su educación católica con su religión. "Yo estoy convencido de la fe que he elegido, la veo más natural. Aun así intento ver las cosas claras. Cumplo la palabra de Dios, eso lo llevo a rajatabla. Yo sigo el Ramadán porque estoy convencido, porque me parece un buen precepto para educar el alma. Pero si algún día no me veo capaz, no se si lo haré", puntualiza. Para él, ayunar tiene, sobre todo, beneficios. "Te notas que te hace bien, tanto a nivel física, porque te purifica, como en el plano espiritual, en el que creces y te haces más fuerte. Se observa a la gente de manera diferente", amplía Pepe.

Pese a que estamos en pleno verano, nadie parece pasarlo mal por la imposibilidad de llevarse algo a la boca. "Si la fe es sólida, se lleva con normalidad. Lo aceptas", señala Hamid. "Todo está en la cabeza. Si te pasas el día obsesionado con la idea, lo pasas mal, como me ocurría al principio. Pero eso es lo que se busca, estar sereno de mente y de espíritu", explica Pepe.

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