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Acerca de la sinceridad

Para aquél que toma Shahada se abren las puertas de la percepción de los milagros continuos de la vida

23/08/2009 - Autor: Al-Hajj Orhan Efendi al-Yerrahi - Fuente: sufismo.org.ar
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Shahada.
Shahada.

Bismillahir Rahmanir Rahim
En el Nombre de Dios Clemente Misericordioso

Hoy es una noche de fiesta porque el hermano Abu Bakr comienza su Camino en el Islam. Siempre que alguien toma Shahada y se compromete con su Señor es un día muy especial. De manera que éste va a ser un Sohbet de historias, de pequeñas historias, muy especialmente de una historia que ha tocado una fibra muy intensa de mi corazón al volverla a leer. Me refiero al relato del Qadi Bektashi. A menudo las historias nos conmueven poderosamente, porque su hechos nos evocan emociones intensas. Algunas veces sabemos por qué y otras veces no, Allah sabe más Y cuando algo hermoso ocurre como lo que me sucedió cuando leí esa historia, lo único que podemos decir es: “Shukran Allah”, y nada más.

Pero ¿por qué me tocó tanto esta historia de Qadi Bektashi? En verdad tuvo un fuerte impacto por el hecho de que yo constantemente cuestiono mi sinceridad – no corresponde hablar de uno mismo en un sohbet, perdonen si lo hago en este momento con la sola intención de compartir una experiencia y no de hablar de mis particularidades -. Y al cuestionar mi sinceridad, se dio el caso de que mis ojos se posaron sobre esta historia y por cierto se llenaron de lágrimas.

En primer lugar voy a dirigirme a Abu Bakr, quien encontró en su corazón la invitación que le fue hecha a todos los seres humanos en el Paraíso de las almas. En verdad alguien puede ignorar esta invitación durante toda su vida, pero en muchos otros seres humanos – Alhamdulillah - de pronto esa voz, que no tiene sonido ni dirección, comienza a aparecer y a hacerse continua. Y entonces nuestra alma se vuelca a concretar una promesa. Y esto es lo que Abu Bakr va a realizar hoy cuando tome Shahada. Resulta fundamental tener presente que la promesa que va a hacer se la hace a Allah, es entre el creyente y Dios, y nadie más. Pues los que están allí presentes van a ser testigos de sus palabras, van a estar ahí para apoyarlo y para darle la bienvenida entre aquellos que buscan el Camino de retorno a Allah, pero tenemos que recordar que la promesa se hace al Creador.

Este Camino tiene muchos misterios, muchísimos sin duda. Pero todos estos misterios están dispuestos para aquellos que lo transitan con absoluta sinceridad. Esto es algo muy evidente pero es bueno recordar las cosas más evidentes porque a veces las olvidamos. La sinceridad con que tomamos las responsabilidades de este Camino constituye un ingrediente absolutamente necesario, sin el cual el Camino no existe; sin sinceridad el Camino se desvanece. Por el contrario, para quien lo emprende con una actitud sincera los milagros serán constantes, continuos, cotidianos, como es permanente la Gloria de Allah.

Recuerdo que hace 25 años yo estaba en Turquía con mi esposa y mi hija, que tenia unos 9 años. Entonces mi maestro Tosun Baba me sugirió que fuera a visitar la ciudad de Bursa - la primera capital del Imperio Otomano - . Bursa queda a unas cuantas horas de Estambul del lado asiático, cruzando el Bósforo y el mar de Mármara. Es una hermosa ciudad, muy bien cuidada, con amplias calles, hoteles antiguos. Y posee cosas valiosísimas. En Bursa se encuentran las tumbas de los dos primeros emperadores Otomanos, que fueron derviches. Luego de visitar sus tumbas y conocer muchos lugares interesantes fui hacia la ciudad de Éfeso. Es muy conocida la historia de esta ciudad que en la Antigüedad competía con Atenas, pero lo que les voy a relatar es algo que ocurrió en este viaje y que tiene que ver con un hecho histórico que comenzó en el siglo III D.C: visitamos esta hermosa ciudad, en la que se encuentran las primeras iglesias cristianas fuera de Jerusalén, y muchas otras reliquias de la historia de la religión y de la cultura. Pero alguien nos recomendó especialmente visitar el lugar de los Siete Durmientes.

En ese momento yo no sabía a qué se refería esta expresión y la persona tuvo la paciencia de relatarme la impresionante historia: es sabido que los Quraysh insistían en desafiar al Profeta (swas) en materia de conocimiento pues no advertían que el maestro de Muhammad (swas) era Allah. No podían creerlo, no podían creer que Allah se dirigiera a alguien que de acuerdo a los criterios de la sociedad Qurayshies de esa época era analfabeto y huérfano. De tal manera enviaban emisarios a buscar gente de conocimiento de otras tribus para encontrar preguntas incontestables. Y de tal manera le van a preguntar al Profeta (swas) acerca de lo acontecido siglos antes con los Durmientes de Éfeso, sin saber que Allah en su sabiduría infinita había hecho descender el Sura Qaf donde se relata la historia de estos jóvenes. La ciudad de Éfeso fue gobernada en una época por un rey cristiano muy justo, a quien la población quería mucho.

Cuando él murió – como suele ocurrir en esos casos – los descendientes se pelearon entre sí hasta que un rey vecino invadió la región y sometió a los cristianos de manera cruel porque no creía en el Dios Uno. El nombre de este rey fue Decio y gobernó entre los años 249 y 251. En la ciudad había unos jóvenes, desesperados por las injusticias que se vivían, y se fueron a refugiar a una cueva en las afueras de la ciudad. Al ver que la violencia y la codicia reinan en el mundo, le piden a Allah que por favor les permita dormir en esa cueva y los despierte cuando las condiciones sean más favorables. La corrupción, los vicios, la inmoralidad imperaban en la sociedad de esa época, pues esas hermosas virtudes humanas han existido siempre. Entonces Allah les permitió entrar en esa cueva y dormir tranquilamente. El cruel rey Decio envió a sus soldados pero éstos los hallaron durmiendo y los dieron por muertos. Entonces el rey ordena sellar la entrada poniendo una roca con la fecha en que eso ocurrió, quedando todos encerrados ahí. Y así permanecieron soñando mientras el perro Qitmir que los acompañaba se dedicó a cuidarlos durante todos los años que se mantuvieron en ese estado que sólo Allah puede conceder.

El rey se retira, 180 años transcurren, y llega la época del emperador Teodosio, y entonces los jóvenes se despiertan. Entonces deciden que uno de los jóvenes vaya al pueblo a buscar algo de comida, pues ellos pensaban que habían transcurrido solamente unas horas. Al ver que la cueva estaba cerrada y no podían salir, le piden a Allah que abra la cueva. Al salir este joven ve que todo lo que recordaba de la zona había cambiado totalmente. Llega al pueblo y ve que las casas eran diferentes, que la gente usaba otra ropa, que hablaban un idioma distinto. Entonces se acerca a una panadería porque el olor lo atrae y quiere comprar pan y cuando el panadero habla con él advierte que este muchacho hablaba un dialecto muy antiguo. Y además tenia monedas que no existían más. Y ante la sorpresa del panadero y las respuestas inusitadas del joven, la cuestión termina ante el rey, que escucha la historia del joven, cree en ella y decide ir a la cueva. El joven, como no sabia si los iban a matar o no, pide permiso al rey para adelantarse para preparar a los demás para recibir al rey y su comitiva. Cuando llega a la cueva le pide Allah que por favor, le permita volver a dormir y a despertarse en un momento más propicio que ese. Y todos vuelven a dormir por un total, dice el Corán, de trescientos años y nueve días. Es recordada con el nombre de los Siete Durmientes de Éfeso. Tal historia está presente en el Libro de la palabra de Allah, y no necesitamos agregar nada más.

Los milagros ocurren constantemente alrededor nuestro, y si pudiéramos ver y escuchar los sonidos que hace la Creación permanentemente alrededor nuestro, seríamos concientes de que toda ella vibra en una permanente adoración a Allah. Nuestro cuerpo late y respira en un ritmo de adoración, pero es una música que no podemos apreciar sólo con los oídos carnales. Sin ninguna duda para aquél que toma Shahada se abren las puertas de la percepción de esos milagros continuos de la vida. Y este es el caso de nuestro hermano que tomará desde hoy el nombre de Abu Bakr.

Como comentaba antes, resulta una preocupación constante de mi ser el cuestionarme acerca de cuán sincero soy en esta búsqueda y el cuento del Qadi me dio esperanzas. Se trata de una situación en la que se encuentran derviches de distintas órdenes y le van a dar la bienvenida al Qadi, al juez recién llegado. Entonces estaban cenando, y cada uno se presentaba haciendo alusión a la Tariqah a la que pertenecía; uno de ellos dijo: “soy Rufai”; otro dice “soy Mevlevi”; otro: “soy Naqshbandi”; hasta que llega el turno del Qadi, que estaba sumamente molesto con esa conversación. Pues entre los musulmanes hay gente sumamente ortodoxa que considera al sufismo, el camino que nosotros seguimos, como una innovación, no necesito aclarar quién esta en lo correcto y quién equivocado.

Esta historia la relató mi primer Sheik Muzzafer Efendi (ra), quien la oyó de uno de sus maestros que estuvo presente en esa cena de la que estamos hablando. Entonces le preguntaron al Qadi: “¿acaso Ud. sigue alguna escuela de Tasawuuf?”, a lo que respondió, “Si, yo soy Bektashi”. Los Bektashis entre los sufis son famosos porque aparentaban desobedecer la mayoría de las reglas islámicas, aunque en realidad las observaban rigurosamente. Y los miembros de la guardia real otomana han sido bektashis por muchos siglos. Entonces este Qadi, una vez que terminó la cena se fue a dormir. Y esa noche soñó que estaba en el Día del Juicio Final, y le llegó el momento de responder.

Al juzgarlo, se manifiesta que había cometido muchas más malas acciones que buenas, de modo que Allah ordena a los Ángeles que lo lleve hacia abajo, al calor del fuego el infierno. Y él gritaba y gemía con todas sus fuerzas, entonces en el momento en que lo estaban arrastrando hacia las puertas del infierno, apareció alguien hermoso y radiante, como lo son los verdaderos practicantes de este Camino, y se dirigió a Allah: “Oh, mi Señor, ¿por qué lo llevan hacia el infierno, él es mi derviche, mi seguidor. Y yo soy Tu amigo, Tu siervo, Tu santo, Hz. Bektahsi. Si tú te llevas a este Qadi al infierno yo me niego a entrar al Paraíso hasta que él no salga. Te pido por favor Déjalo que me acompañe al Paraíso”. Y Allah en todo Su Esplendor le respondió: “Si es tu derviche y tú lo pides, irá contigo al Paraíso”.

Hz. Bektashi tomo de la mano al Qadi y le dijo: “Esta es la consideración que tenemos para alguien que finge que pretende ser mi discípulo, si hubieras sido un auténtico seguidor mío te hubiera hecho alcanzar el Jardín de la Esencia”.

Fue en ese momento cuando salieron lágrimas de mis ojos, porque pienso cuán lejos estoy de ese Jardín de la Esencia de mi amado Hazreti Pir Nureddin Al-Yerrahi (Quddusi Sirrahul Fetahi , que Allah proteja su Secreto), y cuánto me gustaría ser un verdadero derviche de Hazreti Pir y poder acompañarlo a las puertas del Paraíso y al Jardín de La Esencia. Ruego que Allah permita que todos y cada uno de los que están aquí presentes esta noche y aquellos a los que ustedes aman, y aquellos de quienes ustedes descienden, y aquellos que van a llegar a este mundo a través de ustedes, que todos ellos sean bendecidos con la sinceridad requerida para transitar este camino y que todos Inshallah lleguemos a ese Jardín de la Esencia de Allahu Ta’Ala.

Por ultimo, cuando alguien toma Shahada, recibe un nombre islámico, y ese nombre tiene un peso enorme sobre cada uno de nosotros espiritualmente. Por favor recuerden su nombre y traten de vivirlo, y de imitarlo el resto de su vida en esta tierra. Por eso quiero terminar con una breve historia de Hz. Abu Bakr. El fue el mejor amigo y compañero de Hz Muhammad (swas), eran amigos desde la niñez. Una vez Hz. Aisha le pregunta a Hz. Muhammad (swas) “¿A quién quieres más de entre todos los seres humanos?”. “A ti” respondió el (swas). “Y¿ a quién quieres más de entre todos los hombres?”, “A tu padre ”respondió el Profeta (swas).

Y Hz. Abu Bakr (ra) era el padre de Hz. Aisha (ra). Él estaba siempre al lado de Hz. Muhammad (swas), siempre. Pero sucedió que un día no vino a hacer el salat con el Profeta (swas), y esto le extrañó muchísimo porque jamás había faltado. Entonces el Profeta (swas) envía a Hz. Omar (ra) a ver qué es lo que había ocurrido a la casa de Hz. Abu Bakr (swas). Entonces Hz. Muhammad (swas) tuvo una visión: “El Arcángel Gabriel (as) descendía para decirle “Oh Muhammad, hoy los cielos están de fiesta”, todos los Ángeles están honrando a Abu Bakr”. Y le muestra en los cielos a todos los Ángeles cubriendo sus partes íntimas con unas polleras de junco. Hz. Muhammad (swas) se queda sorprendido, y luego le pregunta a su amigo qué había sucedido.

Los musulmanes estaban en guerra y necesitaban armas y camellos para fortificar su ejército, y Hz Muhammad (swas) les pidió a todos que donaran lo máximo posible para esa causa y cuando llego el momento de Hz. Omar le pregunto cuánto había donado. A lo que respondió: “He donado la mitad de todos mis bienes y he dejado el resto para mi familia y mis hijos”, “Alhamdullilah”, respondió el Profeta (swas). Cuando le llegó el turno a Hz. Abu Bakr, se confirmó que él había donado todo, absolutamente todo lo que poseía.

Lo que no sabia Hz. Muhammad (swas), era que todo también incluía toda su ropa y que se había quedado con una sola prenda de vestir que la compartía con su esposa. El día que Hz. Muhammad (swas) se dio cuenta de que Hz. Abu Bakr no estaba con él, esto había ocurrido porque él había permanecido en su casa cubiertos con unos juncos para no estar desnudo ante su Señor. Quizá no haya mayor prueba de sinceridad y entrega que la actitud de Hz. Abu Bakr. Por eso a Usted que ingresa en el Camino de Muhammad (swas) se le abre la posibilidad del Camino de regreso a Allah en vida, con todo lo que esto significa. Bienvenido Abu Bakr, no puedo abrazarlo físicamente pero mi corazón vuela hacia usted y hacia todos y cada uno de los que escuchan estas palabras.

As Salamun Aleykum wa Rahmatullahi wa Barakatuhu

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