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Obama y los musulmanes: Omisiones nada involuntarias

Una de sus omisiones, evidentemente bien pensadas, tuvo que ver con el tema nuclear, al evitar mencionar a la principal potencia atómica del Medio Oriente (Israel)

17/06/2009 - Autor: Ulises Canales - Fuente: La Patria En Linea
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Retransmisión en Al-Yazira del discurso de Obama en El Cairo.
Retransmisión en Al-Yazira del discurso de Obama en El Cairo.

El siempre grato saludo “al salam aleykum” y un pasaje autobiográfico por sus vínculos con el Islam, fueron insuficientes a Barack Obama para revertir las accidentadas relaciones estadounidenses con los musulmanes, particularmente en el Medio Oriente.

Desde la planificación misma del itinerario, que incluyó sólo Arabia Saudita y Egipto, la visita del presidente de Estados Unidos dejó claro que el “nuevo comienzo” del que habla Obama tiene como distintivo mayor su verbo reconciliador y auto crítico, pero mantiene su esencia.

Arabes de a pie, analistas independientes y líderes de partidos u organizaciones de diversas tendencias saludaron el gesto del mandatario de pronunciar un discurso al mundo musulmán desde la capital de un país islámico, pero en muchos casos creen que erró en la sede elegida.

Cierto es que Egipto y Arabia Saudita, que encajan en la definición estadounidense de países árabes moderados, han desempeñado un activo rol diplomático en la zona, pero también es cuestionable su imparcialidad debido a su estrecha cercanía a la Casa Blanca. Ello, de antemano, levantó suspicacias respecto a la alocución leída con ingeniosa habilidad por Obama en la Universidad de El Cairo ante un selecto auditorio de diplomáticos, políticos, estratos de la alta sociedad egipcia y estudiantes de centros académicos.

El presidente instó a la comunidad islámica a trabajar por la coexistencia y la cooperación, pero deslegitimó el derecho de los palestinos a la resistencia frente a la ocupación israelí de sus territorios y omitió temas puntuales. Su discurso lo centró en seis puntos que consideró esenciales para rebasar lo que definió como “tiempo de tensión” entre su país y los musulmanes del mundo, a saber, el combate al extremismo en todas sus formas y la situación entre israelíes, palestinos y el mundo árabe.

Asimismo, disertó sobre el derecho y la responsabilidad de las naciones respecto a las armas nucleares, la democracia, la libertad religiosa y los derechos de la mujer, siempre a partir de ensalzar los valores de la civilización y la religión islámicas.
Tras hacer recurrentes alusiones al origen musulmán de su padre y el tiempo que él vivió en Indonesia, Obama reconoció que la relación entre musulmanes y occidentales “incluye siglos de coexistencia y cooperación, pero también conflictos y guerras religiosas”. Atribuyó el punto de enfriamiento en los nexos con los musulmanes a los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington, y con la comodidad que permite estar recién estrenado en sus funciones, aludió a deslices e incoherencias de su antecesor.

Sin embargo, los aplausos cesaron y el auditorio enmudeció cuando tocó el contencioso cardinal en esta región a partir de subrayar “los bien conocidos y fuertes vínculos (de Estados Unidos) con Israel”. Incluso, procuró sensibilizar a una audiencia mayoritariamente árabe y musulmana con “la trágica historia” de un “holocausto (judío) sin precedentes”, pero omitió referencias a los seis mil 700 muertos y heridos palestinos en sólo 22 días de agresión israelí a Gaza.

Por el contrario, el mensaje fue inequívoco: “los palestinos deben abandonar la violencia (porque) la resistencia a través de la violencia y los asesinatos es errónea e ineficaz”. La exhortación dirigida al Movimiento de Resistencia Islámica (Hamas) que controla la Franja de Gaza y a otros grupos que luchan para poner fin a la represión y ocupación israelí incluyó el pedido de “reconocer viejos acuerdos y el derecho de Israel a existir”.

Al mismo tiempo que criticó la ampliación de colonias judías en Cisjordania, pidió a las naciones árabes aceptar que su iniciativa de paz, presentada por el reino saudita en la cumbre de Beirut, en 2002, “fue un importante comienzo, pero no el fin de sus responsabilidades”. Dicho de otra forma, es necesario flexibilizar ese plan que en esencia exige a Tel Aviv devolver los territorios ocupados en 1967 al Líbano y Siria, y permitir la creación del Estado palestino, a cambio de ser reconocido y normalizar los vínculos con las naciones islámicas.

Versiones de prensa aseguran que durante las conversaciones en Riad con el rey saudita Abdulah Bin Abdelaziz, Obama arrancó compromisos de trabajar en ese sentido, a fin de que la citada iniciativa se amolde a la intransigencia del Estado sionista.

A modo de premio de consuelo, Obama definió en Egipto de “innegable” e “intolerable” el sufrimiento durante más de 60 años del pueblo palestino en la lucha por una patria, habló del “dolor del desplazamiento” (expulsión) y se refirió vagamente a los refugiados. “Estados Unidos no dará la espalda a las legítimas aspiraciones palestinas por la dignidad, oportunidad y la creación de su propio Estado”, subrayó para reiterar la viabilidad de la fórmula “dos Estados”, pero nuevamente silenciar la negativa israelí a aceptarla. Tampoco fue explícito en defender la aplicación de la resolución de la ONU que concibe la zona oriental de Jerusalén como capital del futuro Estado palestino independiente, eventualidad que el gobierno derechista de Benjamín Netanyahu descarta tajantemente.

Otras de sus omisiones, evidentemente bien pensadas, tuvo que ver con el tema nuclear, al evitar mencionar a la principal potencia atómica del Medio Oriente (Israel) cuando habló del peligro de armas fabricadas a partir de esa fuente. Reiteró implícitamente el cuestionamiento al programa nuclear civil de Irán, aunque repitió la oferta de diálogo con Teherán “sobre la base del respeto mutuo y sin precondiciones”, y defendió el derecho de las naciones -incluida la persa- a usar esa energía con fines pacíficos. Pero el mundo musulmán, que agrupa a 1,5 mil millones de personas devotas de esa fe, abarca desde Marruecos hasta Malasia y en ese vasto espectro hay otros temas espinosos que agrian la relación de Washington con la comunidad islámica: léase Iraq, Afganistán y Paquistán.

El discurso que unos vieron con encanto y gancho, y otros reiterativo y decepcionante, generó muchas más reacciones en cuanto a la ocupación y devastación de Iraq, el saqueo de su patrimonio y las intenciones norteamericanas de mellar su esencia árabe e islámica. Un analista egipcio mostró satisfacción por la autocrítica del jefe de la Casa Blanca sobre la actuación de su país en Iraq y la promesa de estar abierto a la diplomacia y al multilateralismo. La alocución presidencial también arrancó aplausos al ofrecer mil 500 millones de dólares anuales en el próximo lustro para reconstruir la devastada Paquistán y ayudar a la población desplazada, así como otros dos mil 800 millones para fomentar el desarrollo en Afganistán.

Mirada diferente suscitó la permanencia de cientos de miles de militares en territorio afgano en nombre de una cruzada contra el terrorismo ya desacreditada en otros escenarios. Varios estudiantes, ciudadanos comunes y diplomáticos consultados por Prensa Latina coincidieron en que las palabras de Obama confirmaron la percepción de que es un hombre con sagaz elocuencia, aunque para muchos árabes, poco convincente.

Ulises Canales es corresponsal de Prensa Latina en Egipto.
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