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´La democracia no se lleva a un pueblo con bombas de racimo´

La jueza iraní y premio Nobel de la Paz en 2003, Shirin Ebadi, habló ayer en Palma ante el público que abarrotó el Conservatori

14/06/2009 - Autor: Lourdes Durán - Fuente: Diario de Mallorca
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Francesc Antich, presidente del Govern, presentó a Shirin Ebadi, en la conferencia que pronunció ayer en el Conservatori - Foto de Manu Mielniezuk
Francesc Antich, presidente del Govern, presentó a Shirin Ebadi, en la conferencia que pronunció ayer en el Conservatori - Foto de Manu Mielniezuk

A menudo preguntas sencillas encierran el corazón de un gran dilema. Con una de ellas ­–"¿el gobierno elegido por el pueblo garantiza la democracia?"–, inició ayer su "diálogo" la premio Nobel de la Paz en 2003, la jueza Shirin Ebadi, una luchadora incansable por los derechos humanos en un país, Irán, donde son conculcados a diario bajo el maquillaje de una cierta democracia. Invitada por el Club de Opinión Diario de Mallorca en un ciclo organizado al alimón con el Govern Balear, Ebadi fue introducida por Mercè Marrero, directora del Club y por el presidente del Govern balear, Francesc Antich, como "mujer valiente, apasionada y con el coraje suficiente para vencer las dificultades". Todas en el corazón de Irán, 7.000 años de civilización vueltos del revés "por un gobierno que se cree con derecho a hacer lo que le da la gana".

Mientras a orillas del Tigris y el Éufrates, millones de personas salieron a votar y según los primeros sondeos Mahmud Ahmadineyad parecía consolidarse en la presidencia, una voz, la de Shirin Ebadi, se elevaba a miles de kilómetros contra "unas elecciones en las que las personas no son libres para votar a quien quieren, sino a los aprobados por el Consejo de Guardianes", una institución reacia a los valores de la democracia. "De sus doce miembros, seis son religiosos de renombre nombrados por el líder supremo y los seis restantes son expertos en derecho nombrados por el presidente del Poder Judicial que se presenta al Parlamento". Hecha la ley, hecha la trampa.

Ante un abarrotado auditorio en el Conservatori Professional de Música i Dansa, la jueza iraní fue desmenuzando de manera precisa y didáctica la actual realidad de Irán. Punto por punto. Para afirmar al final con una rotundidad inquebrantable: "El siglo XXI ha convertido en ley moral los derechos humanos. Están por encima de la constitución de un país".

Por ello inició su charla con una serie de afirmaciones categóricas que salpicaron a otros países: "Ninguna mayoría tiene derecho a violar a la mitad de la población por tener otras ideas o por ser mujeres. Ninguna mayoría tiene derecho a eliminar la libertad de expresión como ocurre en China y Cuba. Ninguna mayoría con la excusa de la protección nacional puede realizar escuchas a los ciudadanos o intervenir sus cartas como ha ocurrido en Estados Unidos". Todos, ejemplos de "legitimización de su poder por las urnas".

Abordó las distintas grietas de esa supuesta democracia iraní puntualizando sobre sus leyes. "En Irán no hay libertad de expresión. Son muchos los periodistas que por publicar opiniones contrarias al gobierno están en la cárcel. Yo como abogada les defiendo". Ebadi narró un caso desgarrador, el de un joven blogger que al no tener trabajo, pese a ser licenciado, no podía casarse y escribió pidiendo parte de la ayuda económica que Irán destina a los palestinos. "Le dictaron una pena de tres años de cárcel. Apelé pero no me hicieron caso. Murió en la prisión de manera sospechosa. Es sólo un ejemplo de los muchísimos que podría contar".

Recordó que no hay libertad de creencia en su país, en el que el gobierno es chiíta y persiguen a los sunitas, o donde no se reconocen a los bahá´ís. El rasero es distinto si un delito lo comete un musulmán o alguien que tiene alguna de las otras religiones admitidas como son el cristianismo y el judaísmo. "Es tanta que un no musulmán puede ser ahorcado por el mismo delito que, cometido por un musulmán, le valdría cien latigazos".

Shirin Ebadi es una sagaz y valiente defensora de los derechos de las mujeres. En la universidad, donde ella da clase, el 65 por ciento de estudiantes son mujeres y, sin embargo, "tienen una tasa de desempleo tres veces más alta que los hombres. ¿Cómo se puede decir que un país es democrático si hace desaparecer los derechos de más de la mitad de la sociedad?"

En una nación donde el líder no tiene obligación de responder al pueblo, sólo ante el Consejo de Religiosos, los desmanes económicos son abundantes. "En Irán hay muchas personas que podrían ser auditadas pero el Consejo de Guardianes no da explicaciones. La democracia es el respeto al pueblo, a la dignidad del ser humano. En mi país no existe".

Concluyó su exposición incidiendo en un punto que suele ser mal entendido en Occidente. Shirin Ebadi lo dijo muy claro: "El Islam es compatible con la democracia". Recordó, entonces, cómo el profeta Muhammad (saw) quiso ser líder político, y al ser rechazado, "lo aceptó y no pasó nada. El Islam es una religión que fue creada y está basada en la consulta popular, sólo que los fundamentalistas se esconden detrás de él para justificar sus actos".

Pese a la adversidad, su voz se alza enérgica –no sabía cuando pronunciaba su discurso que la mayoría de votos, un 68 por ciento con el 35 por ciento escrutado, a las 23.00 horas de ayer, se posicionaban a favor de Ahmadineyad.

Ebadi se alzó contundente, con dignidad "La democracia no es un accidente ni se regala. No se lleva a un pueblo con bombas de racimo. Los gobiernos occidentales no tienen derecho a hacer mal uso del Islam". Recordó entonces la doble moral de los Estados Unidos que aupó a Sadam Hussein en su guerra contra Irán, para luego derribarlo. "¿No acordaron que era un dictador? ¿Sólo él lo era? El mundo está lleno de dictadores, la diferencia es que en Irán hay mucho petróleo", ironizó.

Su final estuvo lleno de esperanza "porque aunque critiquemos al gobierno, creemos que la responsabilidad de cambiar Irán es de los iraníes. No estamos de acuerdo con el Consejo de Seguridad de la ONU de querer intervenir. El pueblo de Irán da pasos seguros al cambio. Quiere democracia y la tendrá". Abrió el turno de preguntas, y en todas ellas reiteró su sí a favor de los derechos humanos.

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