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Moriscos

Felipe II, como Carlos I, siempre estuvo necesitado de dineros para financiar las variadas guerras sostenidas en diversos puntos de Europa

06/06/2009 - Autor: Rafael Sanmartín - Fuente: Webislam
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Foto: Benimar, moriscos
Foto: Benimar, moriscos

D. Juan de Austria, el hermanastro de Felipe II, vencedor de Lepanto, declaró tras terminar la represión en Las Alpujarras, "haber sentido repugnancia al cumplir la orden recibida del rey". Ningún historiador oficialista se ha molestado en explicarse el motivo de tan cruenta respuesta a la sublevación alpujarrense. Pero, pese a tan culpable falta de información, mayor gravedad reviste la falsedad de la causa aducida.

Felipe II, como Carlos I, siempre estuvo necesitado de dineros para financiar las variadas guerras sostenidas en diversos puntos de Europa. El "glorioso" imperio heredado por Carlos, pese a ser el más extenso de la historia al acceder a él Felipe II, tenía una base muy débil, compuesto de reinos y señoríos muy dispares, en muchos casos sin continuidad geográfica y con muy distintos grados de vasallaje.

A la falta de cohesión interna de los distintos estados -mayor en tiempo de Carlos I, pero igualmente notable en todo momento- se sumaron los enemigos-competidores quienes supieron aprovechar esa falta de cohesión, empezando por Francisco I y Enrique II de Francia y sus más fieles aliados: los papas contemporáneos y el Imperio turco, en fuerte expansión hacia el centro de Europa y el oeste de Europa y África.

Pese al título de "cristianos" de los reyes de Francia -igual que los de Aragón y Castilla tienen el de "católicos"- y a las bulas anteriores, en que se penaba la guerra entre reinos cristianos, para dirigirlos contra el Islam, Francisco I negoció reiteradamente y se alió con la Sublime Puerta en varias ocasiones, para combatir a la monarquía Habsburgo. Alianzas conocidas y oportunamente admitidas con el silencio, por Clemente VII, Julio III y Pablo IV, más proclives a la intervención francesa en Italia que al austracismo.

En resumen, una serie de guerras, mantenidas en tiempos de Carlos por ejércitos germano-italo-flamenco-castellanos, para ir quedando, progresivamente, en manos de estos últimos. Más gravosa para los reinos peninsulares era la financiación de aquellos ejércitos, al verse forzados a mantenerlos casi en exclusiva, con distintas exacciones exigidas por ambos reyes a las cortes y por los caudales llegados de América, de los cuales sólo una parte se quedaba en Cataluña, que disfrutaba la exclusiva del comercio. El resto iba a financiar los mismos ejércitos, o pagaban los préstamos e intereses de los banqueros imperiales.

La permanente necesidad de dinero llevó a Felipe II -durante su reinado hubo dos declaraciones de bancarrota- y a los dos Austria siguientes, a "agudizar" el ingenio, para financiar su cuantioso y permanente gasto.

Se ha hecho creer que los moriscos eran una especie de desharrapados, sin más medios económicos que la manutención ejercida por los señores a quienes habían sido confiados; pero no siempre era así. "Morisco" eran todos los habitantes de los reinos andalusíes, y los de Aragón, Murcia y Valencia, anteriores a sus respectivas conquistas. Todos ellos fueron obligados a bautizarse, aunque muchas familias habían continuado practicando la religión cristiana desde la implantación del Califato. No todos se habían convertido al islamismo, por lo que los conquistadores se encontraron con que entre los sometidos se practicaban dos religiones, pero los trataron a todos igual. Incluso algunas familias de moriscos acomodados, habían sido autorizadas a mantener sus posesiones, aunque sometidos a una jerarquía superior. Y, de todas formas, los efectos personales de la inmensa mayoría de aquellos moriscos -ropa, enseres, muebles y casas- eran susceptibles de ser convertidas en dinero. Constituían una riqueza en especie, igual que la agricultura, la ganadería y los oficios practicados por ellos.

Esa fue una de las fuentes de financiación de la monarquía católica Austria y por ello el principal motivo de las deportaciones interiores y exteriores.

Se excusó entonces, y hoy se sigue dando por bueno, que los moriscos andaluces y valencianos -muchos de ellos procedentes de las primeras deportaciones de andaluces- constituían una "quinta columna" capaz de atraer y ayudar al Gran Turco, deseoso de ocupar todo el Mediterráneo.

Sin embargo no existe un sólo documento, ni la mínima prueba de que andaluces o valencianos se hubieran propuesto facilitar un desembarco e invasión a Barbarroja ni a Dragut o a Pialí Pachá.

Sí parece que pidieron ayuda al Sultán Solimán, cuando ya las tropas de los Marqueses de Mondéjar y de Los Vélez, competían entre sí en una dura represión, asesinatos y vejaciones a la población "morisca" de Las Alpujarras y zonas aledañas. La propia historia de la Casa de Austria, de Luis Ulloa y Emilio Camps, que forma parte de la Historia de España dirigida por Luis Pericot, lo reconoce, aunque en ocasiones trate de justificarlo, con alusiones a la posible llamada a los piratas berberiscos, de lo que no aporta ninguna prueba. Sí cita, entre otras atrocidades, como el de Mondéjar, en su ataque a Las Guájaras, "sólo encontró ancianos, mujeres y niños, que fueron todos pasados a cuchillo".

Los moriscos aragoneses o los de los reinos de Jaén o Córdoba no tenían salida al mar; sin embargo sufrieron la misma suerte. Otro detalle importantísimo, es que la nobleza valenciana y aragonesa se negó enérgicamente a aceptar la deportación "porque los moriscos trabajan eficazmente y con conocimiento de lo que hacen". Si hubiera existido el menor riesgo de favorecer una invasión magrebí o turca, los nobles hubieran sido los primeros en exigir el castigo de los sospechosos.

La explicación es mucho más simple: en cada deportación, el Señor que la practicaba y sus soldados se quedaban con la quinta parte del botín. El resto era para la Corona.


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