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Game Over

Todos perdemos en la misma proporción, y el equilibrio sigue incólume

02/05/2009 - Autor: Félix Udivarri - Fuente: Ácratas
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Donald Rumsfeld.
Donald Rumsfeld.

El que este artículo escribe lo hace porque, a pesar de que el precedente, "La Puerca Gripe", es exacto en cuanto a datos, no comparte el tranquilo criterio de Mess que apunta a que la pandemia de gripe porcina que nos sacude es un bluff mediático y que se quedará en agua de borrajas. Y explicaré por qué:

Ya se ha planteado en Ácratas la tesis de que EEUU está liquidado como líder mundial, porque China, con 1,5 billones de USD acopiados en deuda norteamericana, no lo sostendrá por más tiempo. Eso quedó bien claro en la reunión del G-20 de Londres. Como respuesta, los estrategas que ocupan el poder mundial real, y que tienen la exclusiva de la fabricación de dólares desde la nada, conscientes del inmenso poderío armamentístico de los EEUU, le acaban de propinar una patada al tablero de juego. Y la patada consiste en la generación de una pandemia, que ya en estos momento no hay quien pare, de alcance global, que puede llegar a producir (o no: lo importante es la amenaza) decenas de millones de muertos; pero que, a cambio, permitirá a EEUU poner las cosas en su sitio: para salvar la vida, todos los seres humanos que vivimos en el planeta Tierra necesitamos ahora mismo (o así lo creeremos) de un mágico remedio curativo llamado Tamiflu, cuya patente posee la empresa norteamericana Gilead Sciences Inc. (empresa cotizada en el Nasdaq, con 1.530 millones de dólares de beneficio en el primer trimestre de este año), y que fabrica bajo licencia la multinacional Roche.

Muchos expertos consideran al virus de la gripe como el pandémicamente más peligroso, y el más útil desde el punto de vista bioestratégico y militar. Este tipo de virus ha sido el responsable de la muerte de cientos de miles de personas en períodos breves, uno o dos años. La “gripe española” (tipo A –H1N1-) de 1918-19 mató a medio millón de personas solamente en los EEUU, y a más de 20 millones en todo el mundo. La "gripe asiática" de 1957-58 la dejó 70.000 muertos en EEUU; y la “gripe de Hong Kong” de 1968-69 mató otros 34.000 también sólo en EEUU.

Y, en efecto, ha podido comprobarse que los enfermos tratados con el milagroso medicamento Tamiflu sobreviven tras pasar una convencional gripe, mientras que los no tratados mueren como chinches bajo los penosos efectos de la asfixia por neumonía. Tomando en cuenta que hasta el mismo 18 de abril, el Ejército de EEUU realizó maniobras bajo el supuesto de una pandemia de gripe grave, y que organizó desde los campos de concentración adonde llevar a los enfermos, hasta las fosas comunes donde arrojar los cadáveres de las víctimas; y que Donald Rumsfeld es el actual tenedor mayoritario de acciones de Gilead Sciences Inc., se llega fácilmente a la conclusión de que el virus A: H1N1, culpable de la pandemia, está especialmente diseñado para ser curado con Tamiflu. Y como prueba añadimos que es absolutamente insensible a la Amadantina, un antiviral de alta potencia, pero de propiedad pública, que se fabrica como genérico a bajo costo. Pero, en este nuevo milagro económico de la biociencia, hay que preguntarse: ¿qui prodest?

La solución es maquiavélica, porque aunque China sea consciente de la procedencia de la cepa del virus, la misma del SARS y el virus de influenza aviar, no puede responder militarmente a la agresión, porque la mayor parte de los muertos de la crisis sanitaria internacional los va a poner la propia población del agresor. Es en EEUU, en efecto, donde más víctimas habrá, porque la Sanidad Pública no podrá costear el inmenso volumen de retrovirales Tamiflu necesarios con los 1.500 millones de dólares que ha solicitado al Congreso; y, mucho menos, si China los adquiere a un altísimo precio para tratar de salvar a su propia población. Y de un golpe, se resolverá la crisis pandémica y China se deshará de buena parte de sus reservas en dólares en un juego que se llama “todos perdemos en la misma proporción, y el equilibrio sigue incólume”. Y las aguas de la crisis volverán, de momento, a su cauce, mientras Gilead Sciences Inc. gana una auténtica fortuna.

¿Qué clase de personaje es este Rumsfeld, capaz de organizar, participar en o simplemente beneficiarse de un holocausto semejante, sacrificando incluso a la población de su propia nación? ¿O es que no se siente norteamericano? Y otra pregunta importantísima: ¿Es la primera vez que actúa así? Pues lean y juzguen ustedes...

Rumsfeld es un halcón que preside el llamado Lobby Judío que opera sobre los cuatro sectores claves del poder estadounidense: Defensa, la industria militar, Wall Street y los medios de comunicación; y está fuertemente ligado a los consorcios armamentistas, petroleros, financieros y tecnológicos. Nuestro hombre estuvo en la Casa Blanca hasta 1977, y llegó a ocupar el cargo de Secretario de Estado con Ford. Luego entró en el mundo de los negocios farmacéuticos donde se ganó la fama de amo durísimo; y fue presidente de Sears World Trade, empresa que vendía armamento por todo el mundo bajo cobertura de la CIA.

En el 1983 volvió a la política como Emisario para Oriente Medio, con Reagan. Tras el ataque bajo falsa bandera a la embajada americana en Beirut, EEUU dio su apoyo estratégico a Saddam Hussein bajo su asesoramiento. A finales de los 90, Rumsfeld había amasado una fortuna de 200 millones de dólares, y en 1997 pasó a ser Presidente de Gilead Sciences Inc., empresa dedicada a la investigación de enfermedades infecciosas, de la que es aún hoy máximo accionista. Y no dudó en utilizar su influencia para que Clinton bombardease la planta de un competidor, fabricante de genéricos, en Sudán.

El pánico del ántrax, en octubre de 2001, falsa amenaza terrorista islámica en los Estados Unidos para obligar a los demócratas a aprobar el presupuesto de la invasión, que fue finalmente atribuido a una organización de extrema derecha norteamericana (?), permitió a Gilead Sciences Inc. vender millones de vacunas contra la viruela al Pentágono. En 1998 articuló el Proyecto para un New American Century, instando a Clinton a derrocar a Sadam Hussein y a desplegar tropas estadounidenses en el Golfo.

Inventó el «Eje del Mal» para George W. Bush en enero de 2001, y ya amenazó entonces públicamente con el 11-S: «La historia está llena de situaciones en las que se han ignorado las advertencias y se ha resistido al cambio hasta que un evento exterior, hasta entonces considerado improbable, viene a forzar la mano de las burocracias reticentes. Lo que se plantea es saber si los Estados Unidos tendrán la sabiduría de actuar de forma responsable y reducir lo más rápidamente posible su vulnerabilidad espacial o bien si, como ya ha sucedido en el pasado, el único elemento capaz de galvanizar las energías de la Nación y forzar al gobierno de los Estados Unidos a actuar deba ser un ataque destructivo contra el país y su población, un «Pearl Harbor espacial». Un periodista le preguntó de dónde vendría esa amenaza y Rumsfeld contestó que por “un posible ataque espacial con una nave que un tal Osama Bin Laden estaría listo para lanzar desde una base secreta en Afganistán”.

Ocho meses después, el mundo cambiaba a su favor: todas sus predicciones se cumplían y se convertía en uno de los hombres más poderosos del mundo. Sadam Hussein había sido artificialmente implicado en el 11-S y en la fabricación de armas de destrucción masiva, e Irak caía bajo dominio norteamericano. Por fin, los marines estaban instalados en Oriente Medio de manera permanente, tal y como él quería. ¿La causa real? Que Saddam quiso acabar con el billete verde como divisa de transacción del crudo iraquí y sustituirlo por el euro. Por ese motivo, y no por cuestiones de derecho internacional, es por el que Europa estaba en contra de la invasión.

El resto es bien conocido: como Secretario de Defensa de Bush, y al compás de la política imperialista norteamericana, ha hecho una fortuna. Sin embargo, la consecuencia directa de esa política es que el estado más poderoso del mundo está arruinado, y no podrá hacer frente a su deuda externa. Todo indica que EEUU suspenderá pagos en el cuarto trimestre de este mismo año. Entonces, esta pandemia de gripe del puerco podría no ser más que un nuevo Pearl Harbor que permitirá, posiblemente, poner en marcha un antiguo plan que fue ensayado por Rumsfeld varias veces durante su estancia en la Casa blanca con Reagan(1) como ejercicio de simulación: un golpe de Estado tras la muerte (ya veremos por qué procedimiento) de Barack Obama y su sustitución por una persona diferente del Vicepresidente.

¿Y Europa? ¿Qué pinta en todo esto? Pues es un convidado de piedra que pondrá sus muertos proporcionales para que la partida siga, cuando fina la crisis pandémica, con el mismo equilibrio de fuerzas. Es inevitable. Pero ahora que toca morir, ¿no podemos sustituir ese repugnante nombre de gripe porcina por otro más digno, por lo menos?


(1) Está documentada su participación en las simulaciones de golpe de Estado realizadas durante la administración Reagan. Oficialmente se trataba de preparar la continuidad del ejecutivo en caso de muerte del Presidente en un ataque soviético. En realidad, lo que se testeaba era la viabilidad de un golpe de Estado del Vicepresidente y ex director de la CIA George H. Bush, al verificar el vacío de poder derivado de la senilidad galopante del presidente Reagan.
 
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