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Los escuadrones de la muerte de Israel: la historia de un soldado

Un ex miembro de un escuadrón de asesinato israelí ha roto el silencio por primera vez

12/03/2009 - Autor: Donald Macintyre - Fuente: Rebelión
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¡Disparen! ¡Fuego! ¿Quién dio la orden y a quién? El comandante de la unidad… a todos. Todos oyeron ‘¡Fuego!’
¡Disparen! ¡Fuego! ¿Quién dio la orden y a quién? El comandante de la unidad… a todos. Todos oyeron ‘¡Fuego!’

La política militar israelí de asesinatos selectivos ha sido descrita desde adentro por primera vez. En una entrevista con The Independent on Sunday, y en su testimonio a una organización de ex soldados, Breaking the Silence Rompiendo el silencio, un ex miembro de un escuadrón de asesinato, ha hablado de su papel en una emboscada fracasada en la que murieron dos transeúntes palestinos, así como los dos combatientes atacados.

La operación, que tuvo lugar hace poco más de ocho años, al comienzo de la actual Intifada, causó traumas psicológicos al ex francotirador. Hasta hoy no ha contado a sus padres su participación en lo que llamó “el primer asesinato cara a cara de la Intifada.”

A medida que se desarrollaba el levantamiento los asesinatos selectivos se convirtieron en un arma de uso rutinario en el arsenal de los militares israelíes, especialmente en Gaza, donde los arrestos se hicieron más adelante menos fáciles que en Cisjordania. Los más destacados fueron los de los dirigentes de Hamás

Ahmed Yassin y Abdel Aziz Rantisi en 2005, y de Said Siyam en la más reciente ofensiva. Pero los ataques contra militantes de menor rango, como el asesinado en la operación descrita por el ex soldado, se hicieron suficientemente comunes como para provocar pocos comentarios.

El incidente descrito por el ex soldado parece casi trivial en comparación con todo lo que ha pasado desde entonces en Gaza, culminando con las más de 1.200 víctimas palestinas infligidas por la Operación Plomo Fundido en enero de este año. Podría haber sido olvidado por todos, con la excepción de los directamente afectados, si no hubiera sido por el desacostumbrado relato que hizo a Breaking the Silence, organización que ha recolectado testimonios de cientos de antiguos soldados respecto a lo que vieron e hicieron – incluyendo abusos contra palestinos – durante su servicio en los territorios ocupados.

Ese relato, expandido en una entrevista con el Independent on Sunday, y ampliamente corroborado por el testimonio de otro soldado a Breaking the Silence, cuestiona directamente elementos de la versión oficial de la época, y ofrece una nueva perspectiva sobre la táctica de asesinatos selectivos del ejército israelí. Lo mismo hacen comentarios del padre de uno de los palestinos asesinados, y del que sobrevivió, también encontrados por el Independent on Sunday.

Nuestra fuente no puede ser identificada por su nombre, sobre todo porque finalmente decidió hablar sobre lo sucedido, y en teoría podría ser acusado en el extranjero por su papel directo en un asesinato del tipo que la mayoría de los países occidentales considera como una grave violación del derecho internacional. Proveniente de una buena casa, y ahora integrado a la vida civil en el área de Tel Aviv, el ex soldado tiene unos 30 años. Inteligente y articulado, y con una memoria detallada de numerosos aspectos, es escrupuloso al admitir que su recuerdo de otros puntos podría ser defectuoso.

El ex conscripto dijo que su unidad especial había sido entrenada para un asesinato, pero que luego les dijeron que sería una operación de arresto. Sólo dispararían si el hombre en cuestión tenía armas dentro de su coche. “ Nos sentimos bastante molestos porque sería un arresto. Queríamos matar,” dijo. La unidad entonces fue hacia el sur, a Gaza, y se colocó en posición. Era el 22 de noviembre de 2000.

El principal objetivo del escuadrón era un militante palestino llamado Jamal Abdel Razeq. Estaba en el asiento de pasajero de un Hyundai negro conducido hacia el norte en la dirección de Khan Younis por su compañero Awni Dhuheir. Ambos hombres ignoraban por completo la trampa que los esperaba cerca del cruce Morag. Esa sección de la principal carretera Salahadin de norte a sur en Gaza pasaba directamente junto a un asentamiento judío. Razeq estaba acostumbrado a ver un transporte blindado de personal (APC) al borde de la ruta, pero no tenía idea de que su personal regular había sido reemplazado por hombres de una unidad especial de elite de la fuerza aérea, incluyendo a por lo menos dos francotiradores altamente entrenados.

Desde que dejó su casa en Rafah esa mañana, Shin Bet – el servicio de inteligencia israelí – había estado monitoreando cada movimiento de Razeq con especial exactitud, gracias un comentario continuo desde los teléfonos móviles de dos colaboracionistas palestinos, entre ellos uno de sus propios tíos. El hombre que debía matarlo dice que le “sorprendió” el detalle transmitido al comandante de la unidad desde Shin Bet: “Cuánto café tenía en su vaso, cuándo partía. Sabían que tenía un conductor y… dijeron que tenía armas en el maletero, no en el coche. Durante 20 minutos supimos que iba a ser un simple arresto, porque no tenía armas en el coche.”

Pero entonces, dice, las órdenes cambiaron repentinamente. “Dijeron que faltaba un minuto para que llegara, y recibimos la orden de que después de todo sería un asesinato.” Piensa que provino desde un cuarto de operaciones establecido para la operación y su impresión fue que “todos los grandes jefes estaban allí”, entre ellos un brigadier general.

Los dos palestinos seguramente todavía no sospechaban nada al aproximarse al cruce, incluso cuando un gran camión de aprovisionamiento del ejército israelí salió de un lado, girando para cortarles el camino. No tenían modo de saber que el camión estaba repleto de soldados armados, esperando ese momento. Un todo terreno fue enviado por la carretera, sólo en caso de que sucediera “algo realmente malo.”

Pero algo anduvo mal: el camión salió demasiado rápido, y bloqueó no sólo a los militantes en su Hyundai negro, sino al taxi Mercedes blanco que iba frente a ellos. Llevaba a Sami Abu Laban, de 29 años, panadero y a Nael Al Leddawi, 22 años, estudiante. Iban en camino desde Rafah a Khan Younis para tratar de comprar algo de escaso diesel para operar sus hornos para pan.

Al acercarse el momento crítico, el francotirador comenzó a temblar de la cintura hacia abajo. “Lo que pasa entonces es que estoy esperando que venga el coche y pierdo control de mis piernas. Tengo un M16 con digicom (mira especial para francotirador. Fue una de las cosas más extrañas que jamás me hayan pasado. Me sentía completamente concentrado. Así que mientras contábamos los segundos, comenzamos a ver a los coches, y vimos que venían dos coches, no uno. Había un primer coche muy cercano al siguiente y cuando vino el camión, un poco temprano, ambos coches se detuvieron. Todo se detuvo. Nos dieron dos segundos y dijeron: “¡Disparen! ¡Fuego!” ¿Quién dio la orden y a quién? El comandante de la unidad… a todos. Todos oyeron ‘¡Fuego!’”

El objetivo, Razeq, iba en el asiento de pasajero, más cercano al APC. “No dudo de que lo tengo en la mira. Comienzo a disparar. Todos comienzan a disparar y pierdo el control. Disparo durante uno o dos segundos. Conté después – disparé 11 balas a su cabeza. Podría haber disparado un solo tiro y basta. Fueron cinco segundos de disparos.”

“Miré por el visor, vi la mitad de su cabeza. No tenía motivo para disparar 11 balas. Pienso que tal vez haya sido por miedo, tal vez para encarar todas las cosas que están sucediendo. Seguí disparando.”

“Si mal no recuerdo, la orden de disparar no fue específica para los francotiradores en el APC. No puedo saber con seguridad si los soldados en el camión pensaron incorrectamente que parte de los disparos iban dirigidos contra ellos desde los coches.” Pero dijo que después que se detuvo “los disparos se hicieron aún peores. Pienso que la gente en camión comenzó a llenarse de pánico. Disparan y uno de los coches comienza a partir y el comandante dice: “¡alto!, ¡alto!, ¡alto!” Tarda un par de segundos en detenerse por completo y veo después que ambos coches están llenos de agujeros. El primer coche, también, el que estaba allí por coincidencia.”

Razeq y Dhuheir, los militantes, estaban muertos. También Abu Laban y Al Leddawi. Milagrosamente; el conductor del taxi, Nahed Fuju, estaba ileso. El francotirador sólo recuerda uno de los cuatro cuerpos que yacían por el suelo. “Me horrorizó ese cuerpo. Era como un saco. Estaba lleno de moscas. Y preguntaron quién disparó al primer coche el Mercedes y nadie respondió. Pienso que todos estaban confundidos. Era obvio que había sido un desatino y nadie lo admitía.” Pero el comandante no realizó un interrogatorio formal hasta que la unidad volvió a su base principal.

“El comandante entró y dijo: ‘Felicitaciones. Recibimos un llamado telefónico del Primer Ministro y del Ministro de Defensa y del Jefe de Estado Mayor. Todos nos felicitaron. Tuvimos un éxito perfecto en nuestra misión. Gracias.’ Y desde ese momento, comprendí que estaban muy contentos.” Dice que la única discusión fue sobre el riesgo real que podría haber habido bajas entre los soldados por fuego amigo en el tiroteo, en el cual por lo menos uno de los vehículos del ejército israelí fue alcanzado por el rebote de balas, y al final de lo cual por lo menos un soldado incluso salió del todo terreno y disparó a un cuerpo inerte en el suelo.

Dijo que su impresión era que “querían que la prensa o los palestinos supieran que dábamos un paso más en nuestra lucha,” y agrega: “El sentimiento fue de un gran éxito y yo esperaba un interrogatorio que hiciera todas esas preguntas, que mostrara algún pesar por alguna falla, pero no ocurrió. Lo único que sentí es que los comandantes sabían que había sido un gran éxito político para ellos.”

El incidente causó inmediatamente una cierta conmoción. Mohammed Dahlan, entonces jefe de la Seguridad Preventiva dirigida por Fatah en Gaza, lo llamó “un asesinato barbárico.” El informe presentado entonces a la prensa por el brigadier general Yair Naveh, a cargo de las fuerzas del ejército israelí en Gaza, fue que iba a ser una operación de arresto, pero que al darse cuenta de que algo andaba mal, Razeq había sacado un rifle

Kalashnikov e intentado de abrir fuego a las fuerzas israelíes, y entonces los soldados dispararon contra su vehículo. Aunque Razeq era el principal objetivo, se afirmó, las dos víctimas en el taxi eran también activistas de Fatah “con vínculos con Razeq.”

El señor Al Leddawi dijo la semana pasada que la presencia de su hijo fue un trágico accidente de coincidencia y que la familia nunca había oído hablar de los otros dos hombres. “Fue todo por coincidencia que hayan estado allí,” dijo. “No tenemos nada que ver con la resistencia en esta familia.” Fuera de decir que no había recibido “ni un solo shékel” en compensación, el taxista, señor Fuju, no quiso hablar con nosotros en Rafah la semana pasada. “¿Queréis entrevistarme para que los israelíes bombardeen mi casa?”

Los militares israelíes dijeron en respuesta a consultas detalladas sobre el incidente y las discrepancias entre su informe de la época y el de los palestinos, y ahora el del ex soldado, que “toman muy en serio las violaciones de los derechos humanos” pero que “lamentan que Breaking the Silence no les suministre detalles o testimonio sobre los incidentes de los que habla a fin de permitir una investigación exhaustiva.” Agregan que “esos soldados y comandantes no abordaron a sus comandantes superiores… con sus quejas durante su servicio.”

Nuestras revelaciones en breve: unidad secreta en una misión para asesinar

Independent on Sunday ha obtenido un informe que, por primera vez, detalla el servicio en uno de los escuadrones de asesinato de las fuerzas armadas israelíes.

Un ex conscripto ha informado al IoS y a una organización de ex soldados de su participación en una emboscada que salió mal, matando accidentalmente a dos hombres así como a los dos milicianos que eran su objetivo.

El ex soldado, francotirador entrenado, dice que disparó 11 balas a la cabeza del miliciano cuya muerte había sido ordenada por sus superiores. Al escuadrón le habían dicho inicialmente que iba a una misión de arresto, pero un minuto antes le ordenaron que dispararan a matar.

En lugar de que se discutieran posteriormente los defectos de la operación, al escuadrón le dijeron que “había tenido un éxito perfecto” y fue felicitado por el Primer Ministro y el Jefe del Estado Mayor.

© Copyright Donald Macintyre, The Independent, 2009
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
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