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Traducción al catalán de 115 hadices qudsíes inéditos en España

Para entender de qué estamos tratando, habría primero que establecer qué es y qué no es Revelación

27/02/2009 - Autor: Redacción Webislam - Fuente: Webislam
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Portada del libro Dites del profeta Muhammad. Cenet quinze hadisos qudsi . Abdelmumin Aya y José F. Durán Velasco (eds.)
Portada del libro Dites del profeta Muhammad. Cenet quinze hadisos qudsi . Abdelmumin Aya y José F. Durán Velasco (eds.)

La Revelación al profeta Muhammad tomó la forma del Sagrado Corán. Este dato es sobradamente conocido. Lo que no es tan sabido fuera del orbe islámico es que no toda la Revelación muhammadiana entró a formar parte del Corán. Quedaron fuera unos miles de inspiraciones divinas en los que Allâh habla en primera persona o que tienen una temática trascendente que la tradición denominó “hadices qudsíes”.

Para entender de qué estamos tratando, habría primero que establecer qué es y qué no es Revelación. Hay quienes consideran que una Revelación consiste en la transmisión que hace un hombre a partir de que ha sido informado por un ángel de Dios. Ese ángel le hace obsequio de un caudal insólito de frases, palabras y letras que acaban conformando un libro sagrado. En realidad, es difícil argumentar contra la virtud teologal cristiana de la fe en que basan esta interpretación. El fenómeno de la aparición angélica es una imagen infantil que se hace a sí mismo el creyente para aceptar la autenticidad de la Revelación. Pero ni siquiera esta “imagen fija” del Ángel y Muhammad es la que nos transmiten los hadices más fieles a la tradición muhammadiana. La Revelación es un hecho polimórfico y no puede ser reducido a una imagen simple y homogénea: un ángel y un hombre. Tenemos, por ejemplo, un hadiz en el que está Ÿibrîl con el Profeta ¡y viene a ellos un ángel!.., como una especie de Revelación dentro de la Revelación1 … Sabemos, es cierto, que el Profeta vió a Ÿibrîl con sus 600 alas2 , pero otras muchas veces Ÿibrîl se aparecía a Muhammad con la forma de Dahîa al-Kalbî (uno de los compañeros del Profeta)3 . Al menos en dos ocasiones a Ÿibrîl pudieron verlo todos los que estaban junto al Profeta porque tomó la forma de un beduino4 . Lo mismo encontramos a Muhammad “estudiando” el Corán todas las noches de Ramadán con Ÿibrîl5 , que otras muchas veces la Revelación era simplemente un ruido, que o bien tomaba la forma de zumbido de abejas o de tintineo de campana6 , y el Profeta se quedaba pensando qué le había querido decir Ÿibrîl. La Revelación es un fenómeno complejo. Al menos durante siete años de los quince que pasó en Meca recibiendo la Revelación, ésta fue un resplandor de luz cegadora en el que no había mensaje alguno7 . ¿Qué interés podríamos tener los musulmanes en eliminar hadices y dar de la Revelación una imagen estereotipada y plana? ¿Es que los musulmanes no van a querer reconocer nunca que hay una diferencia cualitativa entre las suras del Fin del Mundo y las suras legales de Medina? ¿Por qué no decir que tres años antes de que Ÿibrîl comenzara a revelar el Corán a Muhammad, el Profeta ya recibía las visitas de otro mensajero celeste, de nombre Isrâfîl, el ángel de la Resurrección8 ? ¿Por qué no habríamos de dar a conocer que Ÿibrîl no sólo le reveló el Corán a Muhammad sino que también le hizo un exorcismo9 o le ayudó a encontrar un camello perdido10 ?

Una idea debe guiarnos en nuestro esfuerzo de comprensión: si podemos representarnos la escena imaginalmente (precisamente nosotros que somos los destructores de las imágenes), nuestro entendimiento de lo que es una Revelación es parte del shirk idolatría y debe ser superado. Las formas, en este caso, no tienen valor alguno. Se le dice a Muhammad en el Corán: “No mentiste respecto a lo que vieron tus entrañas fu‘ad”. Son las entrañas, las tripas, las que “ven” al malak. El wahy no es una lección magistral que tiene lugar por un encuentro en la tercera fase. El wahy, la Revelación, no es acceder al cofre escondido de la Sabiduría Universal. Una Revelación es un Profeta. Es la transformación de la inocencia de un hombre en palabra.

Dentro de esa visión de la Revelación como hecho polimórfico aparece el hadîz qudsî. La palabra hadiz, en árabe hadîz (en plural, ahâdîz), tiene el sentido general de “narración” o “noticia” (la raíz H-D-Z tiene el significado originario de “novedad”, en este caso de transmitir algo nuevo). Como término técnico islámico se refiere a los dichos, hechos y silencios del profeta Muhammad. Los hadices constituyen el fundamento de la sunna o modo de obrar del Profeta, que con el Corán es el fundamento de la religión musulmana. Pues bien, existe un tipo especial de hadiz conocido como hadîz qudsî (en plural, ahâdîz qudsiyya), hadîz rabbânî (en plural, ahâdîz rabbâniyya) o hadîz ilâhî (en plural, ahâdîz ilâhiyya), en el que el propio Al•lâh habla en primera persona –y por tanto con valor de Revelación- fue expresamente excluido por el profeta Muhammad de formar parte del Corán.

La exclusión de los hadices qudsíes del Corán no tiene ninguna significación añadida. No tienen menos valor por no formar parte del Corán. Los musulmanes sabemos que ni siquiera las aleyas que recibía de Ÿibrîl se han conservado íntegramente en el Corán que ha llegado hasta nosotros. Que hay suras enteras que sólo eran recordadas por una persona y no se quiso incluirlas en la compilación que hizo Uzman. Sabemos que había otros coranes diferentes funcionando por Arabia antes de que Uzman los requisase y los quemase todos y estableciera la canonicidad del Corán actual. Sabemos que ‘Omar –que sería un machista pero no un mentiroso- dijo haber recitado una âya sobre la lapidación y esa âya no se encuentra por ninguna parte en el Corán de Uzman, al igual que los nombres propios de otros seis coraishitas que como Abû Lahab maldecía el Corán según atestiguó Yafar. Sabemos que muchas suras fueron transcritas por copistas en el momento en que fueron reveladas y que cuando Uzman quiso utilizarlas para su compilación final estaban roídas e inservibles. Y sabemos que alguno de los copistas –por ej. ‘Abdal-lâh ibn Sa‘d ibn Abi Sarh- se entretenía modificando cuanto le dictaba el Profeta hasta que fue descubierto y huyó de Meca.

Lo cierto es que la importancia dada por el profeta Muhammad a estos hadices qudsíes fue tal que, para que no se confundiesen con sus simples opiniones, prohibió que se pusiesen por escrito cualquier otro hadiz que no fuera qudsi. Razón por la cual las primeras compilaciones de hadices –mayoritariamente compuestos de dichos, hechos o sucesos del Profeta que no serían calificados de “qudsíes”- tardarían más de cien años en aparecer.

FICHA:
DITES DEL PROFETA MUHAMMAD. CENT QUINZE HADISOS QUDSI

Abdelmumin Aya i José F. Durán Velasco (eds.)
Ed. Llibres de lÍndex
Colec. Mar Blava
Primera edición: noviembre del 2008
ISBN: 978-84-96563-70-4
Págs 72
Precio: €12,00

 

1 Muslim, 1/554, núm. 806.
2 IBN HAYR Fath al Bârî, Ta’ba as salafîa. El Cairo. 8/611.
3 Narrado por Ibn Sa’d en su at-Tabaqât y por Ahmad en su Musnad. Y otro hadiz diferente que confirma el citado en Muslim 1/153, núm.167.
4 Narrado por Muslim 1/37, núm. 8, también en Bujârî 1/114, núm. 49
Relatado por ‘Omar ibn al-Jattâb, quien dijo: “Mientras estábamos junto al Profeta de Allah (s.a.s.) cierto día, he aquí que se nos acercó un hombre de vestidura intensamente blanca y pelo muy negro, que no parecía venir de viaje y sin embargo ninguno de nosotros lo conocía. Se sentó delante del Profeta hasta rozar con sus rodillas las de él y apoyó sus manos en los muslos del Profeta (…) cuando se hubo marchado el visitante,el Profeta se volvió hacia ‘Omar y le dijo: “¿Sabes quién es el que ha estado preguntando?”, a lo que ‘Omar repuso: “Allah y su Mensajero saben más”, y Muhammad (s.a.s.) le contestó: “Es (el Ángel) Gabriel, que ha venido a enseñaros vuestro Dîn (Camino)”.
5 Recoge Bujârî este hadiz que se remonta a Ibn ‘Abbâs. 1/30, núm. 6.
6 Lo recoge Bujârî en su Sahîh, 1, 1. Es importante no dejar pasar por alto la apostilla final de este hadiz: “Éste era el modo en que hacía sufrir más cruelmente al Enviado de Al•lâh”.
7 Lo recoge Muslim y se remonta a Ibn ‘Abbâs, 15/104.
8 En realidad a Ÿibrîl le debe el Islam el Corán, pero -según los hadices que nos han quedado- tres años antes el Profeta ya había tenido las visitas frecuentes de Isrâfîl. Cfr. IBN KAZÎR The life of the Prophet Muhammad (As-Sîra an-Nabawîya). Garnet Publishing, Londres, 1998. Vol. I, pág. 281.
9 Recoge Muslim este hadiz que se remonta a Abû Sa’id. 4/1718, núm. 2186.
10 Lo recoge Baîhaqî de una narración de Urwah.
 
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