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Genocidio en Gaza y la escuela de guerra en Guatemala

Si Israel exportó un modelo de guerra contrainsurgente también tuvo el tiempo de leer la escuela que dejó el conflicto en Guatemala

05/02/2009 - Autor: Julio Abdel Aziz Valdez - Fuente: Webislam
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Si Israel exportó un modelo de guerra contrainsurgente también tuvo el tiempo de leer la escuela que dejó el conflicto en Guatemala.
Si Israel exportó un modelo de guerra contrainsurgente también tuvo el tiempo de leer la escuela que dejó el conflicto en Guatemala.

Una helada mañana de enero en una aldea del occidente indígena en Guatemala, sumida en la más execrable miseria de siglos y, que desde que aparecieron los primeros guerrilleros que ofrecían un nuevo porvenir cambio de su compromiso con la lucha armada muchos toman la decisión de apoyar dichos esfuerzos de esos jóvenes, un tanto por convencimiento otro tanto por un genuino deseo, apremiante, por salir de esa violenta pobreza que cada año se lleva a la tumba a niños, mujeres y ancianos, es así como las colaboraciones iniciaron con apoyo logístico, alimentación y alojamiento, después información sobre movimientos de tropas al final muchos de estos pobladores se convirtieron miembros de comités clandestinos dentro de las comunidades que dicho sea de paso, eran la reserva de combatientes.

A inicios de los años ochenta la crueldad sin límites que mostró las acciones contrainsurgentes del Estado desencadenaron en actos tan atroces como la quema de la embajada de España donde murieron más de treinta personas entre pobladores, estudiantes, ex funcionarios y personal de la misma embajada, después de un acto político de toma de la misma embajada por parte de pobladores que exigían el ceso de actos de secuestros y asesinatos en regiones rurales, este acto fue ampliamente difundido en los medios noticiosos, y al Estado no le importó que ello le trajera el aislamiento internacional si aún contaba con el apoyo político de Estados Unidos, pero fallaron por unos centímetros en su cálculo porque Jimmy Carter se sumo a un bloqueo de comercio de armas (por lo menos frente a las cámaras) con aquella pequeña nación centroamericana que quemaba vivos a los que osaban en señalar los abusos cometidos en nombre de la democracia y, en contra de la conspiración “cubano-soviética”.

Aun así, esos años vieron entrar la lucha contrainsurgente en una nueva fase, del asesinato selectivo de dirigentes sindicales y estudiantiles en las calles de la ciudad, se pasó al aniquilamiento de aldeas enteras, que a falta de bombas inteligentes y armamento químico se procedió a incorporar a miles de soldados y comunitarios organizados por la fuerza en comités de autodefensa civil en campañas de aniquilamiento de los bolsones de resistencia, claramente identificados.

Cientos son los testimonios de comunitarios que vieron entrar en sus aldeas a unidades del ejército, armados con fusiles galil de fabricación israelí, y es que hay que recordar que el embargo de comercio que pomposamente anuncio el gobierno norteamericano no incluía el comercio que aliados tan devotos como Israel podían montar en negocios de muerte con pingues ganancias.

Detrás de cada cargamento de fusiles de asalto diseñados para el combate en el desierto, o subametralladoras Uzi para los cuerpos policiales y, aviones de carga Arava, descendían de aviones fletados desde los Estados Unidos decenas de asesores hablando hebreo. Dicha asesoría no consistía en técnicas y tácticas para guerra convencional y, es que Guatemala, por su posición geográfica no posee más enemigos que su propia pobreza y corrupción, aún así, lo primero que estos asesores enseñaron a las fuerzas de seguridad local fue el uso del armamento que fabrica, en un segundo momento a levantar una base de datos sobre fuerzas de insurgentes irregulares en ámbitos urbanos como los que se encuentran en los campamentos de refugiados en Líbano, Cisjordania, Gaza, para ello el argumento de estudios de mercadeo sobre productos de consumo diario era suficiente para determinar las variables del consumos en determinadas áreas donde se suponía que se encontraban las llamadas Casas de Seguridad que servían de retaguardia de las columnas guerrilleras en el área rural. Estas casas eran el emulo de los túneles que abastecían la resistencia, es por eso que en la lógica contrainsurgente era imprescindible acabar con las líneas de abastecimiento de recursos y aislar a los frentes urbanos de los rurales por medio de un cerco informativo.

Después de esos años de combates urbanos la guerra acabo para la ciudad, la vida regreso a la normalidad, entre mundial de futbol y la lucha por la sobrevivencia, la población dejo de percibir la presencia de los insurgentes que habían sido expulsados a los montes de donde nuevamente volverían a oír hasta años después cuando en el umbral de la finalización del conflicto se hablo de comisiones de la verdad histórica.

Luego de estas bases de datos, se asesoró en el montaje de una segunda base de datos extraídos a militantes, simpatizantes, e incluso familiares todo ello con métodos de tortura que convirtieron a Guatemala en el único país que vivió conflictos armados en América Latina, en esta época, y no reconoció a un solo prisionero político, porque en realidad no los había, cuando alguien era retenido o se le dejaba o se le mataba, esto a la larga destrozaba la confianza interna en las organizaciones clandestinas y la moral de combate. Bases de datos que sirvieron para la formación de redes de informantes que al menor movimiento que se pudiera convertir en un la formación de nuevos frentes automáticamente eran reducidos por medio de asesinatos a plena luz del día.

Destruida la infraestructura de retaguardia en las ciudades y el sustento político de las organizaciones populares, los asesores emprendieron camino en helicópteros de fabricación norteamericana hacia las áreas ampliamente estudiadas por becarios norteamericanos y guatemaltecos que en años anteriores habían recorrido estos pueblos con libretas raídas y grabadoras en mano, esta información nunca paso desapercibida para los estrategas que combinaban la amplia experiencia de campo que produjo la lucha contra la resistencia después de que el Estado Israelí se impuso en 1948 en Palestina.

Cuando esa madrugada vio los primeras hora del día, en una aldea cubierta por neblina en el occidente indígena, una unidad de soldados indígenas cuya formación en el cuartel había sido que esos insurgentes eran ateos que les quitarían a sus hijos para llevárselos a la Unión Soviética, pero además de los castigos crueles a los que eran sometidos por no cumplir con las ordenes de oficiales, la mayoría de ellos con diplomados impartidos por esos mismos asesores, levantan un cerco que impide el que los habitantes puedan emprender la huida, y luego de reunir a los hombres en el parque proceden ejecutarlos a todos, el terror se expande en toda la población que al ver actos tan atroces como el quemar vivos a estos comunitarios acusados de comunistas, los tiros y golpes de machete se imponen, niños estrellados contra troncos de árbol y mujeres violadas antes de ser descuartizadas, de esto solo quedan las narraciones de vecinos que llegaron a estas comunidades incendiadas después de los gritos y con un trapo en la cara llegan a enterrar los pedazos de cuerpo esparcidos, y que los antropólogos forenses, después de doce años de estar excabando siguen encontrando.

Se calcula entre 40 y 70 mil las muertes en orgias de sangre que duraron al menos cinco años, la lógica expuesta por el periodista Ethan Bronner en New York Times, que en hebreo se pronuncia “baal habayit hishtageya” o sea “el jefe perdió la cabeza”, esto traducido al campo de acciones en Guatemala y que perfectamente encuentra conexiones a lo acaecido en Gaza y, que el mismo Estado Mayor reconocía en eventos públicos era que la guerrilla existía gracias a la población que los apoyaba, si las acciones sangrientas del ejercito lograban mostrarle a esa misma población que esa guerrilla no solo no iba a poder defenderlos sino que además de que sus acciones armadas los llevarían a la muerte eran el presagio de la muerte política de esas agrupaciones que se decían ser representativas de la población.

La avalancha de sangre de pobladores alimento que muchos comunitarios se unieran a la insurrección más razones de venganza que por solidez ideológica y por otro lado, mucha población solicita su incorporación a la patrulla civil no solo por sobrevivencia sino porque el “jefe perdió la cabeza” y entonces había que hacerse al lado del que además garantizaba seguridad.

Israel sabía que no podría acabar con la Hamas en veinte días, ni con su infraestructura bélica sino al aislamiento político por medio del miedo y la prefería, el diluir el poder construido en cada una de las fases de la vida diaria de los palestinos en Gaza en reclamos que hoy en día suenan en muchas víctimas del conflicto armado en Guatemala “nos han utilizado como carne de cañón en un conflicto que no era nuestro”.

Hoy en día las ex organizaciones insurgentes que ahora están organizadas como partido político, y que en zenit del conflicto el mismo ejercito llego a reconocer que poseían una base de simpatizantes que rebasaba las 300,000 personas, en una población con menos de 9 millones, ahora difícilmente logra la simpatía del 5 del un electorado de más de cuatro millones de votantes, es esa la comprobación de la hipótesis a la cual Israel apunta, a que la verdadera derrota la infrinja la población, que el aislamiento lo regresen a un grupo armado radical y no como una alternativa real de poder en Palestina.

Los dirigentes monolíticos de la insurgencia guatemalteca sobrevivieron durante el conflicto y esto los convirtió en extraños a la propia realidad que decían querer cambiar, la dirigencia interna se le empujo a la marginalidad política, pero además la dinámica social impuesta por el modelo de democracia clientelar ayudo a que surgieran nuevas versiones de disidencia política contra el poder pero más demócratas, esto rompió la imagen de unidad nacional contra la dominación frente a la población.

Hamas de ser un grupo armado de resistencia se convirtió en fuerza política y de ello a alternativa de poder, la agresión salvaje israelí va más allá de convencer a los combatientes sino reducir la voluntad colectiva de la población que lo ha perdido todo.

El reto de la reconstrucción de una país no solo pasa por levantar de nuevo edificios, escuelas, hospitales, sino por la reconstrucción de lo que une a la población, de ese tejido social unido por la cultura, la historia, la religión y el imaginario colectivo de nación, hoy en día Guatemala posee más de un treinta y cinco por ciento de población protestante, número que se ha quintuplicado desde el inicio de las campañas de pacificación a inicios de los ochentas, más de un millón de guatemaltecos han emigrado a Estados Unidos, cuyo diáspora original fue empujada por el mismo conflicto y por la pobreza luego y después por la falta de referencia local de proyección de prosperidad, actualmente se producen entre quince y veinte muertos diarios por causas violentas, producidas en el marco de la abyecta impunidad, por rencillas entre bandas delincuenciales, por la prosperidad del negocio de la delincuencia con la cauda de muertos civiles.

Si Israel exportó un modelo de guerra contrainsurgente también tuvo el tiempo de leer la escuela que dejó el conflicto en Guatemala donde además la inversión en seguridad con sello hebreo es una de las más prosperas. El epílogo de esta historia la escribió la última guerra contra el Líbano, que después de haber despejado producido más de 1,300 muertos, se acepta la presencia de fuerzas multinacionales de Naciones Unidas y Guatemala levanta la mano para proponer un cuerpo de observadores militares, los mismos que habían pasado por la escuela israelí.
 

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