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Nacido para matar

El terror es el arma principal con el cual Israel ha querido destruir la resistencia palestina, sin éxito hasta la fecha

05/02/2009 - Autor: Miguel Armoa - Fuente: Webislam
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El poeta palestino Mahmud Darwish escribió: «El que me ha convertido en refugiado ha hecho una bomba de mi»
El poeta palestino Mahmud Darwish escribió: «El que me ha convertido en refugiado ha hecho una bomba de mi»

La guerra-matanza en Gaza culminó y una frágil tregua entre Israel y Hamás aminoró un show mediático cargado de manipulaciones y omisiones. Israel volvió a relucir su política del terror castigando a la población palestina por dar apoyo a Hamás, aunque en el discurso oficial sus objetivos eran netamente militares, los más de 1300 muertos, en su mayoría civiles, lo desmienten. Pero esto no es nada nuevo, como lo demuestra la historia. El terror es el arma principal con el cual Israel ha querido destruir la resistencia palestina, sin éxito hasta la fecha. Palestina se niega a sucumbir ante sus conquistadores.

En una deslucida callejuela de la Franja de Gaza, territorio Palestino, se siente un leve temblor que parece intensificarse. Se escucha un susurro melódico que se agudiza gradualmente. Unas palabras grafiteadas en árabe rompen la monotonía de sus resquebrajadas paredes: «La sed de la tierra se apagará con sangre - Hamas»

Ya el susurro se vuelve inteligible, y el temblor se convierte en cientos de pisadas. Es una marcha. Niños, mujeres, hombres, jóvenes, ancianos. Velos. Kefias. Pancartas. Banderas Palestinas. Rojo, verde, blanco, negro. Banderas verdes de Hamás. Fotos de mártires. El susurro se convirtió en cánticos. Cánticos que celebran la retirada del ejército israelí de su territorio como victoria política, que claman justicia, tierra, libertad.

Varios niños llevan en la mano una llave antigua y de gran tamaño, la que agitan con el puño cerrado. Son llaves heredadas por sus abuelos y abuelas, las que pasarán de sus manos, a las manos de sus hijos, y a los hijos de sus hijos. Pertenecen a casas fantasmas, de sus familias, al otro lado de los controles militares israelíes, en pueblos que fueron exterminados desde 1948 para conformar el Estado de Israel.

El origen de la tragedia

Fue en mayo de 1948. Luego que la ONU diera carta blanca a la creación del Estado de Israel en estas tierras para los judíos europeos, como si la conformación de una Nación fuera un mero trámite inmobiliario. Pero el sentimiento de culpa que despertaba el Holocausto en las potencias mundiales forzó la creación de un nuevo monstruo, muerto el nazismo. El pánico aterrorizó a los pueblos desarmados que habitaban aquel vasto territorio denominado Palestina, en Oriente Medio, luego de que la propaganda les diera a conocer los sucesos de varias masacres, como los del pueblo de Deir Yasim, donde el grupo terrorista sionista Irgún (los sionistas son pioneros en la implantación de grupos terroristas en Oriente Medio), exterminó a sangre fría a sus 250 pobladores. Por entonces, el Irgún era encabezado por Menajem Beguim, presidente de Israel entre 1977 y 1983. Los palestinos huyeron horrorizados en masa, abandonando sus hogares por temor a la bestialidad inmisericorde de aquellos conquistadores venidos de Europa. Llevaron consigo sus llaves, convencidos de su pronto retorno.

En las ciudades combatía precariamente la improvisada milicia palestina que no podía contra la gigantesca máquina de guerra que había sido formada por los ingleses. Era el inicio del holocausto Palestino y el nacimiento del estado ilegítimo de Israel.

La política del terror

Entre escombros y edificios destruidos por los bombardeos se abren paso los tanques israelíes y los convoyes cargados de soldados, que flamean banderas israelíes en su retirada de Gaza. Dejan atrás más de 1000 muertos(300 niños), una economía devastada, 2000 millones de dólares en pérdidas, y el 14 % de los inmuebles destrozados, entre escuelas, universidades, comercios y casas particulares.

El quinto ejército más poderoso del mundo, con su tecnología bélica de punta y alta precisión, pese a afirmar que sus objetivos eran meramente militares, antes que terminar con los «terroristas» de Hamás, terminó masacrando a la población civil palestina. Esto no tiene que ver con la falta de puntería de sus jefes militares, es una política transversalmente bien definida desde la concepción de Israel. La política del terror.

Desde 1948, cuando estalló la guerra de conquista, a la que los israelíes y sus amigos gustan llamar «Guerra de Independencia»”, el terror ha sido un elemento esencial a la hora de llegar a los objetivos. Beguim, como es de esperarse, siempre negó la masacre de Deir Yasim, aunque posteriormente diría que «del mal(…)salió el bien», En esta frase puede resumirse la política israelí: el terror (mal), para lograr el estado prometido por Dios y su seguridad (bien). El terror le valió a las fuerzas israelíes el equivalente a media docena de batallones. Las matanzas del 48 tenían el claro objetivo de atemorizar a la población local para que abandonasen sus tierras y así poder apoderarse de las mismas los judíos europeos. Unos 850 mil palestinos, de los 1300.000 que habitaban esas tierras migraron entonces a Transjordania, Jordania, Líbano, Siria, y la Franja de Gaza.

Un avispero en los campamentos

Israel no contaba con que entre aquellos escuálidos campamentos de refugiados de sus fronteras germinase una fuerte resistencia que con el tiempo lo obligaría a reconocer el Estado Palestino.

Israel, quiso matar la resistencia de aquel pueblo obstinado, a través de su política del terror, pero ya no surtió efecto, al contrario, con el tiempo se le daría vuelta la torta. Con piedras, con palos, con cohetes caseros, con sus propias vidas, como fuese necesario, les hicieron frente. Así surgieron las guerras árabe-israelíes, las guerras del Líbano, las ocupaciones, los asentamientos judíos, la Intifada…En todas ellas, pese a saciar su sed de sangre, y en muchas ocasiones conquistar territorios, la máquina de muerte israelí se mostró incapaz de aplastar la resistencia, de acallar las voces que pedían justicia.

Gaza, más de lo mismo

Siguiendo la misma política, hace unas semanas el ejército israelí incursionó con todas sus fuerzas en Gaza argumentando los ataques con cohetes que Hamás realizaba en el sur de “su territorio” iniciando una guerra contra un pueblo sin ejército. La ONG The Israeli Project calcula que 23 israelíes han muerto entre principios de 2001 y el verano de 2008 a causa de los proyectiles palestinos. Según el Centro Palestino para los Derechos Humanos, solo en ese periodo 3.800 palestinos han muerto por ataques israelíes, de los cuales casi 850 son niños. Esto sin contar con las resientes muertes en Gaza. Pero la prensa occidental no se cansa de acotar que «Hamás es el grupo terrorista e Israel simplemente se defiende».

Expresiones de la resistencia

Muy al pesar de muchos, los grupos fundamentalistas islámicos (terroristas en su traducción occidental), como Hamás (Movimiento de Resistencia Islámica) y Yihad Islámica, han germinado con mucha popularidad desde fines de los 70 en los territorios palestinos, sobre todo con más fuerza después de la intifada (levantamiento popular) de fines de los 80. Su popularidad ha ido en crecimiento, sobre todo porque los movimientos nacionalistas laicos, como Al Fatah del difunto Yaser Arafat y los movimientos de izquierda, quienes sin duda fueron pioneros de la resistencia, se sumergieron en los pantanosos terrenos de la diplomacia claudicante.

Con la muerte de Yaser Arafat, los grupos como Hamás fueron ganándose a la gente, pese a que en un principio, con la elección de Mahmud Habas como presidente, parecía ganar terreno el ala moderada, de los que quieren la paz a cualquier costo, resignándose a no ver nunca más las tierras usurpadas. Esto sin embargo terminó convirtiéndose en una mera ilusión, pues los palestinos no se resignarían a claudicar ante su verdugo. Hamás accedió al poder en enero de 2006 tras obtener el respaldo del 65% de los palestinos en las elecciones parlamentarias.

Cultura democrática

Esta elección les saldría muy cara a los palestinos, pues a la democrática comunidad internacional e Israel no les cayó bien, y tomaron cartas en el asunto. Israel retuvo los fondos en concepto de aduana vitales a los territorios. Impuso un bloqueo al ingreso de productos básicos y de prestaciones alimentarias. Los soldados israelíes arrestaron a la mayor parte de los diputados islamistas en Cisjordania y Jerusalén Este inhabilitando el Parlamento palestino.

Para rematar, según la revista Vanity Fair, el gobierno de Bush provocó una guerra entre las facciones palestinas con el fin de debilitar al gobierno electo, que duró casi un año, hasta junio de 2007.

La excusa principal de la masacre en Gaza fueron los cohetes de Hamás, sin embargo el 19 de diciembre de 2008, Hamas había dado por finalizada una tregua unilateral de seis meses en la que los islamistas no lanzaron su artillería casera salvo en respuesta a bombardeos israelíes, sin causar muertos. A cambio, exigían que Tel Aviv aliviara el cerco permitiendo la entrada de productos básicos y de combustible, lo que no ocurrió.

Incluso, los israelíes prohibieron el paso de ayuda de Naciones Unidas y vetaron el suministro del combustible necesario para que las agencias de la ONU pudieran asistir a la población. El relator especial de la ONU para los territorios palestinos, Richard Falk, fue expulsado por Israel cuando intentó regresar a los territorios para terminar el informe que debe presentar ante la ONU en marzo.

Masacres castigo

Los asesinatos de civiles no son simple errores de cálculo sino castigos e intimidación contra la población civil por apoyar a Hamás, como en los campamentos palestinos de Sabra y Shatila en 1982 (2000 civiles muertos).

Muy a pesar de los defectos que se le puedan adjudicar a estos movimientos «extremistas», no se puede negar que son expresiones de la resistencia de este pueblo, que se niega a apagar. Así lo fueron alguna vez Al Fatah y el Frente Popular para la Liberación Palestina, también considerados en su momento terroristas, hoy ocupan su lugar grupos como Hamás, quien se niega a abandonar la lucha por la justicia y la tierra. Una vez que Hamás haya sucumbido, vendrá otro Fatah, u otro Hamás, porque mientras Israel no admita su crimen, no tendrá paz.

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