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Un hombre sordo visita a su vecino enfermo

Si tus oídos sensoriales se enredan en palabras, es que tu oído interior está completamente ensordecido

03/02/2009 - Autor: Rumi - Fuente: Revista Sufí N° 9
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Escarbador de orejas, 1825. The British Library, Londres.
Escarbador de orejas, 1825. The British Library, Londres.

Un hombre virtuoso dijo a su amigo, que estaba sordo:
“Tu vecino está enfermo”.
Y el amigo pensó: «Siendo yo sordo,
¿cómo voy a entender lo que me diga mi vecino enfermo,
sobre todo si, enfermo, ha perdido la voz?...
pero tengo obligación de visitarle, no tengo más remedio.
Cuando mueva sus labios, yo trataré de adivinar
los sentimientos que él trata de expresar.
Cuando yo le pregunte: -“¿Cómo estás, querido amigo?”,
él me dirá: “Muy bien” o “Me encuentro mejor”.
Y yo contestaré: “Gracias a Dios… ¿Qué has comido hoy?”
“Algo de sopa –me dirá- y un caldo de habichuelas”.
“¡Buen provecho! –le diré yo-, y ¿quién te está tratando?”
Y él dirá: “Pues un médico, sí, es fulano de tal”,
Y yo diré: “Si él llega, será una bendición,
si él te viene a sanar, todo irá bien.
Yo mismo he comprobado su habilidad y destreza;
todo lo que ha intentado, lo ha logrado con éxito” ».
Así fue maquinando en su cabeza el posible diálogo
y fue a ver al amigo que se encontraba enfermo, acostado en su lecho.

-“¿Cómo estás?” –“Medio muerto”– “¡Gracias, gracias a Dios!”
Entonces, el amigo se enfadó, sorprendido, pensando:
“¿Qué gratitud es ésa? ¿Acaso él me odia?”
¡El sordo había errado en sus suposiciones!
Después preguntó el sordo: “¿Qué has tomado?” –“¡Veneno!”,
“¡Buen provecho!”. (El hombre enfermo había llegado al colmo).
El sordo preguntó: “Dime, ¿qué médico
va a venir a ponerte el tratamiento?”
Y replicó el enfermo: “¡El Ángel de la Muerte, Azrael, así que vete ya!”
Y dijo el sordo: “¡Alégrate, pues su llegada es una bendición!”,
Y se marchó pensando:
“¡Gracias, gracias a Dios! He hecho una obra buena.”
Sin embargo, el enfermo se dijo: “Éste es mi peor enemigo;
¿cómo podía pensar que fuera a obrar así?”,
y, ofendido, tramaba miles de insultos y de maldiciones,
imaginando cómo enviarle un mensaje envenenado.

Cuando alguien come sopa que se ha echado a perder,
pronto se siente enfermo y vomita la sopa.
Contén tu rabia y no rechaces eso,
y así serás premiado con la más dulce bendición.
Pero el enfermo perdió la paciencia
y se enojó, diciendo: “Ah, ¿dónde está ese perro, ese bastardo?
Quiero arrojarle esas palabras a su propia cara,
pues mi conciencia de león estaba adormecida”.

Cuando alguien visita a los enfermos, es para sosegarles,
pero ésa no era una visita, sino un halago al enemigo,
cuya mente malvada siente gozo,
al ver que está abatido y humillado.

Muchos son desviados por sus propias obras de misericordia,
en las que sólo buscan su propia recompensa, su propio Paraíso.
Su devoción es sólo pecado disfrazado,
aun cuando su vileza sea todo pureza ante tus ojos.
Igual que el hombre sordo, que pensaba haber hecho un acto bueno,
pero que, en realidad, resultó lo contrario,
pues pensó, complacido: “¡Qué bien hice, he realizado un acto de servicio!
he hecho mi deber con mi vecino”,
aunque no hizo más que levantar el fuego
en el corazón del enfermo, abrasándose él mismo.

¡Procura siempre no encender tal fuego,
para no levantar aún más la suma de todos tus pecados!
Dijo un día el Profeta a un hombre pretencioso:
“¡Repite tus plegarias, porque tus oraciones no fueron sinceras!”
Para evitar cualquier hipocresía y cualquier pretensión,
decimos al rezar: “¡Oh, Señor, guíanos!”,
que es como decir: “¡Oh Dios, no mezcles estas oraciones
con las plegarias de los vanidosos que se han pervertido!”
Fue por culpa de su razonamiento por lo que el hombre sordo
malogró la amistad de tantos años con su propio vecino.
Recuerda bien, amigo, que tus maquinaciones sensoriales
son limitadas, y que la llamada divina es infinita.
Si tus oídos sensoriales se enredan en palabras,
es que tu oído interior está completamente ensordecido.

Rumi: Masnawi, Libro I, 3374-3409
Traducción: Adela Torres – José María Bermejo

 

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