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Palestina

Un entramado de trampas y caminos cuya meta final es impedir que Palestina sea un Estado

18/01/2009 - Autor: Nacho Carretero - Fuente: Webislam
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Mapa de Palestina.
Mapa de Palestina.

PARTE I. TEORÍA Y PRÁCTICA

Ayer regresé de un inolvidable viaje por Palestina. En los próximos días relataré algunas de las vivencias que experimenté allí, pero antes necesito ponerme/nos/os en situación. Si no, nada tendría sentido.

Por un lado está la teoría, que es lo que lees desde aquí cuando te interesa el tema:

La teoría dice que en una parte se encuentra el Estado de Israel y en la otra el Territorio Palestino. Éste está compuesto por la Franja de Gaza, que es una extensión de tierra al sur de Israel que controla Hamás, y por Cisjordania, que es otra extensión de tierra entre Israel y Jordania que controla Al Fatah. Dentro del Territorio Palestino existen asentamientos de colonos judíos, conocidos como la ocupación. Israel, sin embargo, asegura que Palestina es territorio en disputa y por lo tanto es legítimo de disputar mediante la ocupación.

El estado de Israel fue creado en 1948 con unas fronteras concretas. Estas fronteras saltaron por los aires en 1967, en la Guerra de los Seis Días que, hay que decirlo, no comenzó Israel. El estado israelí se enfrentó a los que entonces controlaban Palestina (Siria, Líbano, Jordania y Egipto) y venció. Por lo tanto Israel (con el respaldo de Estados Unidos) considera Palestina (Cisjordania y la Franja de Gaza) territorio en disputa legítimamente conquistable.

Los opositores a esta idea recuerdan que en 1993, y bajo los tratados de Oslo, Israel admitió la existencia del Territorio Palestino gobernado por un órgano provisional llamado Autoridad Palestina con potestad para negociar. Se comprometió a no ocuparlo. Hoy sigue haciéndolo.

Israel invalidó unilateralmente estos acuerdos en el año 2002, legitimándose nuevamente a disputar el suelo palestino. Pero las consideraciones por las cuales el estado israelí invalida estos tratados se basan en actos terroristas, no en ataques de la Autoridad Palestina, lo que deja sus movimientos militares de respuesta al mismo nivel que su motivador.

Israel basa su existencia en una política de hechos consumados, por lo que no es planteable la desaparición del estado creado en 1948. La propia Autoridad Palestina así lo admite, y busca soluciones desde la aceptación del estado de Israel. A partir de esto cabe afirmar que Palestina también es una realidad como pueblo y comunidad, pese a no tener el estatus de Estado. Si nos basamos en la misma política de hechos consumados debemos de ser igual de pragmáticos y asegurar que existe una conciencia palestina y un Territorio Palestino que quiere su autonomía y que basa su razón en que viven y ocupan ese suelo desde hace 2.000 años. Es más, si existe una repuesta violenta a la ocupación -si existe una guerra como existe- es porque ambas partes consideran que deben defender sus intereses, es decir, son dos partes con conciencia de pueblo o estado. A partir de esto, y siendo pragmáticos, deben respetarse ambas posiciones tengan el estatus que tengan.

Aún en el extremo caso de que la comunidad internacional diese la razón a Israel y admitiese que Palestina está en disputa e Israel tiene derecho a conquistarla, el estado israelí debe aceptar y tratar bajo el amparo de los derechos humanos a los habitantes que ha conquistado. Si estos resultan ser resistentes a la ocupación, Israel debe optar por regresar a las fronteras que le fueron asignadas.

Sin embargo Israel insiste en que debe defenderse. Jamás habla de conquistar cuando justifica su ocupación de Territorio Palestino, sino que alega que es necesaria para la seguridad de su país. Esto hace aún más hipócrita su ocupación, ya que si se trata de defenderse a toda costa, basta con levantar un muro en las fronteras que te han sido asignadas, y no invadir el país vecino como una metástasis ahogando a sus habitantes y sumiéndolos en unas condiciones de vida denigrantes.

Por otro lado está la práctica, que es lo que ves cuando estás allí y que aquí se desconoce o no nos suelen contar El día a día de la ocupación, los verdaderos problemas que no entienden de tratados, ni políticas, ni mapas y que te hacen ser pesimista de cara a una solución final del conflicto:

Israel controla todo y Palestina se reduce a una serie de núcleos aislados incomunicados entre sí. A día de hoy, Israel controla innumerables extensiones de kilómetros cuadrados dentro del Territorio Palestino en las que los propios palestinos, pese a estar en su propio país, no pueden entrar. Normalmente estas extensiones se sitúan entre las principales ciudades y pueblos, haciendo que éstos queden aislados entre ellos. Por ejemplo, Jericó, al este de Cisjordania y en pleno corazón de Territorio Palestino, está completamente rodeada de suelo controlado por Israel. Este control llega hasta Belén, en el otro extremo del país, de manera que desde un lado a otro del ancho del Territorio Palestino, todo es control israelí. Para impedir que los palestinos entren en estas extensiones controladas por Israel, las han blindado con puestos de control, de manera que toda Cisjordania está llena de los conocidos como ‘chek points’. Los palestinos tienen que pasarlos para moverse por su propio país. Para hacerlo, en la mayoría de los casos, deben contar con un permiso especial, muchas veces anulado por la arbitrariedad de los soldados del ‘chek point’. La distribución de estos interminables puestos de control está pensada para que los núcleos urbanos palestinos queden aislados, con lo que el mapa de Cisjordania es el de un país controlado por Israel salpicado con cientos de núcleos urbanos palestinos aislados entre sí. Muchos ‘chek points’ separan la casa de un palestino de su lugar de trabajo o universidad, con lo que deben atravesarlos a diario y no siempre lo logran. En Palestina no se sabe nunca el tiempo que te puede llevar ir de un punto a otro. Además, hay zonas que son de control exclusivo palestino, pero en las que Israel ha trazado una carretera por la que sólo pueden circular coches con matrícula israelí. Los palestinos deben utilizar otras carreteras. El aislamiento entre los núcleos urbanos palestinos dentro de su propio territorio es total.

En algunas zonas el control se extiende hasta la propia ciudad. En el caso de Nablús la policía palestina no puede salir a la calle desde las doce de la noche hasta las seis de la mañana de todos los días, ya que la ciudad pasa a estar bajo el control del ejército israelí. Como lobos, los soldados bajan de las bases militares que coronan las montañas que rodean el valle en el que está Nablús, y patrullan la ciudad sembrando fobias, agresividad y desórdenes en toda una nueva generación de niños palestinos que mañana, llenos de odio, deberán elegir el camino que debe seguir el conflicto.

En la mayoría de estas zonas controlada por Israel dentro del Territorio Palestino existen núcleos urbanos judíos. Son los asentamientos. Estos asentamientos están por toda Palestina, siempre en lo alto de las montañas y colinas, y muchos de ellos surgen pegados a barrios o pueblos árabes. Están controlados por el ejército y ningún palestino (que, insisto, están en su país) pueden acercarse a ellos. Los asentamientos nacen por imperativo militar. Se acota una zona y se establece una base militar israelí por motivos (indiscutibles) de seguridad. Después se trae a los colonos, antes de edificar nada. Los colonos suelen ser judíos provenientes de Rusia, Argentina o Uruguay, bastante radicales. El gobierno de Israel les ofrece las casas gratis en el asentamiento, una subvención de por vida (ningún colono trabaja, vive del estado) y los exime de pagar impuestos. Es decir, los traen para, sencilla y llanamente, ocupar. No sólo eso. Los colonos, como todos los ciudadanos israelíes excepto los ortodoxos, son parte del ejército del país. Es decir, tiene licencia de armas y permiso para utilizarlas en caso de que la seguridad de Israel se vea amenazada. Si disparan a un vecino palestino que debe pasar cerca porque la tienda donde trabaja está pegada al asentamiento (algo nada raro) pueden alegar que la seguridad del país estaba en peligro y es muy complicado que un tribunal ordinario hebreo les condene. Esta es la realidad de los asentamientos que inundan como quistes el día a día del pueblo palestino.

Por el contrario, en la mayoría de zonas controladas por Israel (dentro de Palestina) no existen núcleos urbanos de árabes, pese a que, insisto, estamos en Territorio Palestino. Los que resisten, están siendo destruidos o desalojados. Pero hasta el desalojo, que supone una encubierta limpieza étnica, está bien pensado. El estado israelí ha diseñado toda una trampa jurídica para desalojar de sus casas a los palestinos que resisten en zona ocupada por Israel y realojarlas con judíos.

Las leyes de propiedad en las que se basan los palestinos son, en su mayoría, jordanas. Estas leyes se estructuran en contratos verbales o elementos circunstanciales, como que esta casa es del padre de mi padre de mi padre, es decir, la casa de los Abus Alul de toda la vida, por poner un ejemplo. Para la justicia israelí este tipo de contrato de propiedad no es válido y, por lo tanto, si la casa es abandonada un período de tiempo muy corto (a veces horas) se aplica una ley israelí conocida como la ley del ausente, mediante la cual, si una casa es abandonada, por ejemplo, por una familia árabe que se va a pasar el día fuera, otra familia de colonos judíos puede adquirirla. El gobierno le da los papeles en regla, conforme esa casa ha sido abandonada y nadie tiene contrato de propiedad, se la compra (a los colonos se las compran y después se les mantiene de por vida) y le dan legalidad. Cuando esta familia árabe vuelve se encuentra a los judíos en su salón. Esto no es una exageración. Una mujer de Jerusalén con la que tuve el privilegio de hablar y ser testigo directo de su caso, vive en una Haima (tienda de campaña) desde hace cuatro meses porque cuando regresó de la compra se encontró en el primer piso de su casa una familia de judíos. Fue desalojada y se tuvo que instalar en la tienda de campaña donde su marido murió a los pocos días porque tenía problemas de salud. Hoy resiste a pocos metros de su casa, que está ocupada por una familia de colonos que le ha tirado abajo la Haima tres veces. Otra decena de familias árabes de este barrio ya tiene orden de desalojo y no pueden recurrir porque no tienen los papeles que la justicia israelí les pide. La señora que me lo cuenta, mientras unos colonos nos miran desde la distancia, viene del médico de que le revisen los ojos. El doctor le ha dicho que debe dejar de llorar o se producirá daños irreversibles. De película….

En realidad los árabes sí podrían denunciar. Con elementos circunstanciales como facturas de luz o incluso testigos vecinales, se puede demostrar la propiedad (también en España) pero es una enorme complicación jurídica que se extiende en procesos de más de un año. Un coste económico que pocos árabes se pueden permitir y abandonan, quedándose sin razón ante el juez y por lo tanto sin casa. Sin la casa que, seamos realistas, es suya.

De esta manera, basándose en las leyes de la propiedad, Israel desaloja barrios enteros y sitúa en ellos a judíos. No judíos cualquiera, claro. Judíos que, una vez allí, su única función es ocupar y ayudar al estado a hacer la vida imposible a los árabes que resistan. Es el caso de Mahmud, un palestino de Hebrón que me invitó a su casa, la última que resiste pegada a una colonia judía en el casco viejo de la ciudad. Sus vecinos colonos no sólo tienen la cotidiana costumbre de tirar la basura a su azotea, si no que ya le han quemado una habitación y matado a un hijo.

En resumen, el control de Israel en Territorio Palestino, en lo que se conoce como Palestina, es total, y creo que hay bastante desconocimiento de ello. Israel aprovecha militar y jurídicamente la desestructuración de Palestina como estado, a sabiendas de que si se conformara como tal sí podría defenderse. Pero el aislamiento de todas y cada una de sus ciudades, su indefensión legislativa, su bloqueo comercial, económico y comercial, y el odio que llena su sociedad asfixiada, hace que Israel actúe a su antojo con el pueblo Palestino. Es una realidad dura de comprobar y que tuve el privilegio de vivir de primera mano, recorriendo Palestina.

PARTE II. LO QUE NO SE VE

En el periodismo actual a cada cosa o situación le corresponden sus noticias concretas. Aunque haya mucho más que contar, de cada historia de actualidad salen sólo determinadas noticias de prensa. Así, el conflicto Israel- Palestina genera siempre, pase lo que pase, noticias muy bien delimitadas: existe un estado de Israel que se defiende para algunos y abusa para otros de un territorio palestino que aspira a convertirse en Estado. A partir de este marco son noticia los lanzamientos de cohetes, las respuestas militares, la ocupación y los conflictos internos palestinos. Poco más.

Tiene su lógica. Primero porque no es noticiable todo lo que allí sucede. Y segundo porque tampoco interesa. Sin embargo, en un tema tan delicado y tan de actualidad, se revela importante, casi fundamental, conocer el resto de aspectos del conflicto para comprender los porqués. Conocer lo que no se ve para analizar (y si se quiere juzgar) un poco mejor una situación que tiende a simplificarse escandalosamente. Conocer, al fin y al cabo, lo que no es noticia.

La base de este conflicto es clara: Israel no va a permitir, ni lo hará nunca mientras esté en su mano, que los Territorios Palestinos se conviertan en un Estado soberano y reconocido. A su entender, un Estado Palestino supondría un enemigo estable, independiente y con capacidad. Por el contrario, impedir que Palestina sea una realidad lo convierte en un enemigo inestable, dependiente de las ayudas de la comunidad internacional y sin capacidad jurídica, educativa, militar ni económica. Esta forma de pensar de Israel es unidireccional, ya que el estado hebreo no contempla la hipótesis, por ejemplo, de que la conformación de un Estado Palestino lleve el desarrollo, la educación y la estabilidad a un pueblo que, harto de castigos, pueda optar libre y razonadamente por la paz y hablar, de igual a igual, con su vecino Israel. Pero el vecino no se fía, y prefiere no arriesgar: mientras su bota de hierro permanezca sobre Palestina, ésta no podrá defenderse. Estos días la bota de hierro tiene forma de incursión en la Franja de Gaza, otras veces son asesinatos selectivos, ocupación, escaramuzas militares... Pero estas maniobras son las que salen en los periódicos. ¿Cuáles son las maniobras y trampas reales, las del día a día? ¿Cómo impide Israel que Palestina se conforme como Estado, mucho más allá de las actuaciones militares o de la ocupación? Las respuestas se descubren cuando visitas la zona, te sumerges en ella y ves la realidad del entramado israelí para asfixiar a Palestina e impedir su conformación como estado.

Una serie de estrategias bien estudiadas que no salen en la televisión:

Destrozo geográfico: El aislamiento de los núcleos urbanos palestinos es una de las líneas más efectivas para impedir que Palestina se conforme como un estado. Israel controla, a día de hoy, casi el 50% de Cisjordania. Los asentamientos son el pequeño porcentaje visible de este control. La verdadera cara de la ocupación son las enormes extensiones de tierra que incomunican entre sí las principales ciudades palestinas y que impiden que los palestinos se muevan libremente por su territorio. Este aislamiento tiene forma de muro en las ciudades cercanas a la frontera con Israel. Por ejemplo, Belén está completamente rodeada por un enorme muro de hormigón. Cualquiera de sus habitantes que desee salir de la ciudad debe pasar rigurosos controles no siempre sorteables. Jericó, al este de Cisjordania, es una isla incomunicada del resto del mundo. Los cientos de kilómetros cuadrados que la rodean están bajo control israelí, pese a encontrarnos en el extremo contrario a la frontera con Israel. Sus habitantes están aislados y también su economía y desarrollo. El caso más alarmante se produce en Nablús, al norte. Tal y como contaba en la parte I, esta ciudad situada en un valle es controlada por el ejército israelí todas las noches y sus habitantes sólo pueden salir de ella con un permiso especial del Ministerio de Defensa de Israel, incluido su gobernador.

Asfixia social: este aislamiento urbano tiene consecuencias en el día a día de los palestinos. Consecuencias que, una vez más, no suelen ser noticia. Un ejemplo claro lo encontramos de nuevo en Belén. Belén es a Jerusalén lo que Getafe es a Madrid. Miles de personas se levantan cada mañana en Belén para ir a trabajar a Jerusalén. Si ya es duro acudir al trabajo a las cinco de la mañana cada día, qué decir si, para hacerlo, tienes que atravesar un control israelí. Con caras ajadas, agotadas por el sueño y el cansancio, miles de obreros palestinos se agolpan cada mañana (todavía sin sol) en los tornos del ‘chek point’ mientras las voces de megafonía de los soldados israelíes ocultos tras cristales tintados (al más puro estilo 1984 de Orwell) gritan que se ordenen y no se agolpen. Pero algunos llegan tarde y todavía tienen que pasar dos escáneres (vaciando los bolsillos, quitándose el cinturón y descalzándose en cada uno de ellos), tienen que superar dos tornos metálicos y una identificación de su huella dactilar. Después deben recorrer un pasadizo enjaulado hasta salir al otro lado, a Jerusalén, y coger un autobús urbano para ir a trabajar. A la vuelta, después de toda la jornada laboral, lo mismo. Así cada día.

Limitación de la formación y la educación: Los no trabajadores no se libran del ahogo israelí. Salah, que está en segundo de psicología, me explica que sólo ha salido cuatro veces de Belén en sus 21 años de vida. Cuatro de ellas se coló antes de que hicieran el muro y la última, ya con el hormigón en pie, tuvo que pedir un permiso para hacer un papeleo universitario en Jerusalén. El permiso tardaron semanas en dárselo y cuando por fin llegó era de doce horas. Salah sólo podía permanecer doce horas en Jerusalén. Cinco de ellas estuvo en el control hasta que le dejaron entrar. Finalmente realizó las gestiones y regresó. Hoy no se plantea salir de la ciudad. Está atrapado en su propio país. A media conversación le pregunto a Salah por qué le faltan tres dedos de su mano derecha. Me explica, con toda naturalidad, que cuando era niño cogió una pelota de tenis en el patio de colegio y ésta le explotó en la mano. ¿Qué clase de persona hace una bomba con forma de pelota y la deja en el patio de un colegio?

Mafih es profesor de Economía en la Universidad de Nablús, la mayor de Cisjordania. Estudió dos años en Córdoba. Me cuenta el entusiasmo de la mayoría de sus alumnos. Y me cuenta también cómo muchos de ellos apenas pueden acudir a clase porque la universidad se encuentra detrás de un control israelí que la separa de la ciudad. Los alumnos de los pueblos aislados de los alrededor lo tienen aún peor. Ir a clase es toda una odisea. “El Ejército de Israel ha llegado, incluso, a ir a la Universidad a hacer asesinatos selectivos. Eso no se sabe en España”, me dice Mafih.

Bombardeo de problemas psicológicos: Lo que aquí llega del conflicto Israel Palestina simplifica los términos y genera estereotipos de una manera alarmante: Por un lado están soldados israelíes y por otra los milicianos palestinos, para muchos terroristas. Pocos análisis van más allá. Nadie habla, por ejemplo, de la terrible ignorancia histórica y del desconocimiento de la realidad del conflicto que sufren la mayoría de los soldados israelíes. La Organización israelí IPCRI me explica que visitan cada semana a soldados israelíes en los puestos de control. Los miembros de la organización no dejan de sorprenderse con lo que los soldados les cuentan al justificar la lucha y las motivaciones para ella. “Esto es nuestro y nos lo han robado”, es sólo un ejemplo. El fanatismo no está sólo en un lado.

Más complejo si cabe parece la violencia palestina. Es fácil establecer el estereotipo de miliciano o terrorista. Es difícil contar el porqué de la mayoría de los casos. El ejército israelí entra todas las noches en el campo de refugiados de Balata. En el centro cultural del campo explican que los niños escuchan cada noche gritos, pisadas de los soldados y, en ocasiones, disparos y llantos. Cada noche. En su cabeza, explica Yaser, uno de los organizadores del centro cultural, está enquistada la idea de que ellos pueden ser los próximos. Las consecuencias son imaginables. Los niños del campo de refugiados de Balata son muy agresivos y padecen enormes trastornos de conducta. El miedo y el odio ya se ha instalado desde la cuna en sus cabezas. Este odio se adereza en los colegios saturados por la falta de medios en los que, en cada aula, conviven 50 alumnos llenos de problemas psicológicos. El odio toma forma cuando los niños caminan por el campo de refugiados rodeados de carteles de mártires, milicianos muertos en combate, que ven como auténticos héroes y ejemplos de vida. En la casa que tuve el privilegio de visitar en Balata viven 80 personas en cuatro pisos. En el salón, mientras charlo con una chica que me explica cómo es el día a día de Balata, tres niños corretean bajo un enorme cuadro con la cara seria de un mártir, rodeada de llamas dibujadas y una inscripción en árabe. “Es la fecha en el que lo mataron”, me cuenta la chica, que es su hermana. “Él es el padre de los niños”. Los tres pequeños se sientan bajo el cuadro y me piden una foto mientras sonríen. ¿Por qué debería si quiera juzgar que dentro de unos años ellos cojan un fusil y decidan usarlo contra Israel?

Subdesarrollo social: Otro aspecto de la lucha israelí para que Palestina no se conforme en un estado. Israel necesita mantener el subdesarrollo social de los Territorios Palestinos. El estado hebreo no quiere que la sociedad palestina se desarrolle y evolucione. Un enemigo atrasado es un enemigo más fácil. No se trata sólo de que los niños jueguen bajo el retrato de su padre mártir, se trata de problemas mucho más cotidianos y que, desde aquí, parecen ajenos a una guerra, pero que son consecuencia directa del aislamiento palestino. Por ejemplo, de nuevo en el campo de refugiados de Balata, nos encontramos a 30.000 personas conviviendo en un kilómetro cuadrado. “Hay adultos aquí –comenta Yaser- que jamás han tenido privacidad. No existen momentos para estar con uno mismo, porque viven 60 o 70 personas en una misma casa. La falta de tiempo para uno mismo acarrea enormes problemas psicológicos y sociales”.

La directora del centro de acogida para mujeres maltratadas Meswhar, en Belén, explica que el gobierno de Al Fatah está intentando dar un vuelco social al maltrato concienciando a las mujeres de que deben denunciar. Realizan campañas de publicidad y hacen talleres en los pueblos, pero sigue generando mucho rechazo. Y es que, en muchos círculos de la sociedad Palestina, es una deshonra para la familia que una mujer sea violada o maltratada. Hermanos o hijos de violadas son estigmatizados por la comunidad de manera que su vida se convierte en imposible. Así que, si sucede, los familiares esconden y en ocasiones matan a la mujer para limpiar el honor de toda la familia. "Con esta perspectiva, puedes imaginarte cuántas mujeres se deciden a denunciar", indica Basma Abu Sway, ministra de Asuntos Sociales. A todo esto hay que añadir que la legislación a este respecto es muy débil en Palestina. Basma explica que la ley puede llegar a solucionar un caso de maltrato entre parejas obligándoles a casarse. ¿La solución? “Necesitamos más medios para que esta lucha sea efectiva, para que nuestra sociedad evolucione. Pero Israel nos bloquea”. Una parte más de la estrategia para ahogar a Palestina. Una trama más de la que no se habla.

Ausencia de jurisprudencia: La problemática de las leyes contra el maltrato ejemplifica la ausencia de una jurisprudencia palestina efectiva y real. Los Territorios Palestinos que Israel va ocupando se someten a la legislación israelí, adecuada a hacerles la vida imposible. La trampa jurídica es una de las más crueles y efectivas de esta guerra. El mejor ejemplo lo encontramos en los desalojos de viviendas árabes en zonas ‘adquiridas’ por Israel, ya explicado en la Parte I. O en el mantenimiento por parte del estado de Israel de sus colonos, que viven de subvenciones públicas vitalicias y están exentos de impuestos. Se dedican sólo a ocupar. La guerra jurídica es, tal vez, la más dañina en el día a día palestino.

• Jerusalén: Es el escollo insalvable y as en la manga infinito. En la ciudad santa entre santas se encuentran, a escasos 50 metros, los lugares más sagrados del islamismo y del judaísmo. El santo santorum y razón de ser de ambas religiones viven separadas por un simple muro, lo que convierte a Jerusalén en irrenunciable para las dos partes. En cualquier planteamiento u hoja de ruta que se ponga sobre la mesa tanto Israel como Palestina tienen una única condición inamovible: que Jerusalén sea su capital. Israel sabe que con tal de no ceder jamás a esto, no habrá paz y, por lo tanto, no habrá estado palestino.

• Hamás: Nada más lejos de mi intención que erigirme como defensor de Hamás pero, una vez más, las noticias que le corresponden a Hamás son, únicamente, las de lanzadores de cohetes. Son unos integristas y no representan el camino de la paz, cierto, pero desde aquí obviamos que han ganado unas elecciones democráticas limpias y bajo observadores internacionales en la Franja. Otra cosa es que, a veces, en el juego democrático inventado y establecido por Occidente, ganen los participantes que no nos gustan. Obviamos también los servicios que, como partido político, más allá de lo que entendamos en Occidente lo que es un partido, han hecho por la comunidad: colegios, hospitales, infraestructuras, distribución de ayudas… Que se obvian todos estos aspectos es una realidad, y no deben traducirse como una defensa o justificación del comportamiento de una organización a años luz del desarrollo y civismo de un partido político democrático europeo (por más que por estos lares campen a sus anchan inmorales ladrones y hasta asesinos). Dicho esto, Hamás es, sobre todo, un impedimento para la paz. Muchos palestinos ya le han dado la espalda (sobre todo en Cisjordania) pero la estrategia de estrangulamiento de Israel impide que una Palestina desarrollada, evolucionada y educada, rechace clara y definitivamente este camino del totalitarismo. Impedir que Palestina sea un Estado es lo que da aire a Hamás y Hamás es la coartada perfecta para todos los excesos israelíes. Una pescadilla que se muerde la cola.

• Bloqueo económico: Palestina sufre un bloqueo comercial y económico que limita su desarrollo. El colmo de este bloqueo se llama Gaza. Israel sella y aísla este territorio de un millón y medio de habitantes a su antojo, y después lo invade porque sus habitantes han hecho túneles para introducir armas, medicinas y comida.

El bloqueo palestino es un caso único: Palestina depende de las ayudas internacionales que gestiona Israel, que es el bloqueador. Si Israel decide invadir Gaza, en lugar de abrir corredores humanitarios, endurece el bloqueo e impide la huida de los civiles. El de Gaza se ha convertido en el primer conflicto desde el holocausto donde los civiles no pueden huir.

En resumen, nos encontramos con todo un entramado de trampas y caminos que, después de enredarse y lograr pasar desapercibidas para Occidente, llegan a una meta final: impedir que Palestina sea un Estado. Al precio que sea.

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