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Disparar contra el olvido

Vidas minadas

15/01/2009 - Autor: Redacción Webislam - Fuente: Noticias de Alava
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Gervasio Sánchez junto a una de sus fotografías
Gervasio Sánchez junto a una de sus fotografías

Las fotografías tratan de detener un instante. De explicar un momento. Pero hay historias que no se detienen. Y fotógrafos que no pueden dejar de retratar lo que sienten. Diez años después, Gervasio Sánchez sigue fiel a su objetivo. Y viceversa.

En el libro de todas las palabras, minar encuentra en su definición sinónimos como destruir o consumir. Pero hay palabras que no puede acoger ningún diccionario, las que nunca se dijeron, las que no se pueden expresar. Muchas de ellas toman durante estos días forma de imágenes en la exposición Vidas minadas. Diez años , de Gervasio Sánchez, en la sala Luis de Ajuria.

Hace más de una década, el fotógrafo cordobés reunía en otra exposición -el germen de ésta que ahora alberga el espacio de General Álava- una panorámica con encuadre de denuncia, un mapa de vidas anónimas cercenadas por las minas antipersona, enemigo cobarde que se oculta más allá de la misma guerra. "Cuando acabé la primera parte, en 1997, sentí mi propio agotamiento y pensé que nunca podría implicarme en la continuación de estas historias. Pero, diez años después, tengo la seguridad de que el proyecto no tiene punto final".

Vitoria fue una de las primeras plazas en proyectar públicamente el trabajo de este reportero, en enero de 1998, y hasta la capital alavesa se desplazaron algunos protagonistas de las instantáneas. Mertxe Viguri, de Manos Unidas, no olvidará nunca a un niño bosnio, Adis Smajic, "desfigurado y traumatizado", incapaz de pronunciar una sola palabra en los cinco días que pasó en la ciudad. Ni al salvadoreño Manuel Orellana, que había perdido ambas piernas. "Tenemos la delegación en un primer piso, iba a ser casi imposible subirlo hasta allí, pero cuando llamaron y bajamos ¡ya estaba subiendo las escaleras!".

En la mayoría de ocasiones, el disparo del fotoperiodista se limita a retratar el instante. Capta la realidad, la transmite y sigue buscando más rostros con los que narrar los hechos, cumpliendo fielmente con su labor. Gervasio Sánchez ha tratado de ir un poco más allá. Los protagonistas de aquellas primeras Vidas minadas vuelven a serlo de esta nueva muestra -¿ o es acaso la misma?-, porque el tiempo cierra algunas cicatrices, pero todas marcan para siempre la piel. Y lugares más allá de la piel. "Las vidas siguen ahí, los chavales crecen y se les tienen que adaptar nuevas prótesis; estos son sus rostros actuales, con más años y más felicidad, pero también con muchas dificultades", apunta el responsable municipal del Servicio de Cooperación al Desarrollo, Aitor Gabilondo.

Las huellas de la mina siguen presentes en el cuerpo de Adis Smajic. Perdió el ojo izquierdo y el brazo derecho, y desde aquel día de 1996, cuando pasó 36 horas en quirófano, ha vuelto a visitar el hospital en un rosario de más de treinta intervenciones. Pero el joven Adis -25 años- no sólo piensa en pasado. Ha encontrado el amor, y vuelca sus inquietudes en los fraseos del hip-hop.

El mismo año Fanar Zkri -que en las instantáneas juega al fútbol con sus amigos- perdía las dos piernas en el Kurdistán iraquí, con sólo seis años. Y, también en 1996, Sokheurm Man, que ya había enterrado a un hermano por la misma causa, quedaba mutilado de su pierna derecha en Camboya, un país que, tras el cese de las hostilidades, ha visto cómo las minas mantenían viva la guerra con 35.000 amputaciones.

Fue en la Segunda Guerra Mundial cuando las minas antipersona comenzaron a popularizarse , con un siniestro fin: proteger a las minas antitanque de la desactivación manual. En 1999, gracias a la labor de personas como Gervasio Sánchez, el Tratado de Ottawa suponía un éxito en la lucha contra esta desquiciada estrategia bélica, pero no todos los países suscribían su proceso de exterminación.

En 2003, camino del colegio, la colombiana Mónica Paola Ojeda salió del camino para orinar. Su piel aún desprende pedazos de metal. Perdió la mano derecha y la visión. La mozambiqueña Sofia Elface sufrió las secuelas de otra mina mientras recogía leña. Manuel Orellana se despidió de sus piernas hace 18 años, poco antes de que guerrilla y ejército firmaran la paz.

Hasta el 8 de febrero, Luis de Ajuria acerca las historias de estas víctimas luchadoras, y este jueves el propio fotógrafo compartirá sus experiencias, desde las 20.00 horas, en el mismo espacio. Cuando el pasado año recibió el Ortega y Gasset, Sánchez, en su discurso, confesó un sueño, "que, por fin, un presidente de un gobierno español tenga las agallas suficientes para poner fin al silencioso mercadeo de armas que convierte a nuestro país, nos guste o no, en un exportador de la muerte". Y es que hay palabras que no pueden decirse con imágenes. Que necesitan pronunciarse.

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