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Judaísmo y Estado de Israel

En todo el mundo existen organizaciones judías que se oponen al terrorismo del Estado de Israel. Pero, ¿y en España?

14/01/2009 - Autor: Abdennur Prado - Fuente: Blog de Abdennur Prado
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Niñas palestinas se manifiestan por la paz
Niñas palestinas se manifiestan por la paz

La historia de lo que ocurre en Palestina es conocida: colonización, subordinación y guetización de los habitantes de un país, con la intención de ocupar su territorio. La ideología en la cual se apoya esta política es también conocida: una forma extrema de nacionalismo que combina lo racial con lo religioso: el sionismo. El conflicto palestino-israelí es político antes que religioso. Tiene que ver con la pervivencia del colonialismo y con políticas de Estado. Y sin embargo no podemos eludir el hecho de que Israel se declara como Estado judío y justifica su política recordando el genocidio de los judíos europeos. Y tampoco podemos obviar el masivo apoyo a sus políticas por parte de organizaciones judías en el mundo. En este caso, cabe preguntarse: ¿de qué religión hablamos? Hablamos de la religión entendida como signo distintivo de un pueblo frente a otro, de la religión como ideología del Estado, y no como camino espiritual ni como fundamento ético de la vida en sociedad.

Para comprender la naturaleza de Israel, varios modelos similares pueden mencionarse: la España inquisitorial, la colonización americana y el exterminio de los indios, el apartheid sudáfricano, además del caso extremo de la Alemania nazi, tantas veces evocado. La principal diferencia es que el caso de la limpieza étnica en Palestina está teniendo lugar en el siglo XXI, a los ojos del mundo entero, en la era de las telecomunicaciones, y en un período en el cual ya casi nadie evoca el derecho de los occidentales a colonizar (y mucho menos a exterminar) a los salvajes. Todo lo contrario: en un tiempo histórico en el cual a los políticos que permiten el genocidio se les llena la boca con el discurso de los derechos humanos, la democracia, la libertad, la modernidad occidental, como panaceas universales que deben ser impuestas.

Estos días asistimos nuevamente a la hipocresía de la clase política occidental y la justificación de las matanzas de civiles en nombre del “derecho de Israel a defenderse”. Se habla de la ruptura de la tregua, y se culpa a Hamas. Pero en realidad nunca ha habido tal tregua más que sobre el papel y como excusa para implementar un bloqueo que ha generado miseria. Se trata de una táctica perfectamente claculada. Durante los últimos años, Gaza ha sido convertida en un gran gueto. El bloqueo ya es en si mismo una táctica de guerra. Pero además, durante este tiempo “de tregua” Israel ha seguido con los “asesinatos selectivos”.

No hay ninguna guerra en Palestina. No hay Israel contra Hamas. Hay la continuación de una política iniciada mucho antes de que Hamas existiera. Hamas no juega un papel importante en esta historia. Es la mejor excusa de Israel: por eso lo financiaron, por eso el nombre de Hamas está siempre en boca de los gobernantes israelíes, quienes saben perfectamente que la actual ofensiva reforzará a Hamas como legítimo oponente al genocidio.

La resistencia armada ha sido convertida por Israel en la única opción posible, de forma perfectamente calculada. Nosotros, occidentales que vemos las masacres a distancia, podemos sentir una millonésima parte del dolor y la impotencia, y ya nos parece insoportable. Y eso día a día, toda una vida viendo como se masacre impunemente a los palestinos, ante la pasividad del mundo. No podemos imaginar que haríamos si fueramos ese padre o esa madre a la que han matado a sus cinco hijas, la rabia indecible ante la injusticia. Pretender que los palestinos abandonen la resistencia armada es pedírles que se comporten como santos, que se asuman como un pueblo que avanza pasivamente hacia el martirio colectivo. 

Esta es la lógica del opresor: oprímeles hasta lo insoportable, mata a unos cuantos niños para que otros padres y madres lleguen a la conclusión de que es mejor marcharse o se decanten por la lucha armada, de forma que se pueda seguir matando inpunemente, con la excusa del “derecho de Israel a defenderse”. Y mientras, se continúa con la repoblación de territorios con colonos étnicamente puros.

Lo que quiere Israel es que hayan atentados y una resistencia que se llame a si misma “islámica”, aprovechándose de la islamofóbia dominante en occidente para justificar ante la opinión pública occidental (especialmente en los EEUU) el continuar con sus planes. Estos planes son básicamente los mismos desde antes de la existencia de Hamas. Toda la política de Israel desde su fundación ha girado entre dos posibilidades: o la expulsión en masa de los palestinos o su concentración en guetos, reservas tribales. Y ha ido moviéndose de un polo al otro según las ocasiones, según los vaivenes de la política internacional. En los intermedios, como táctica de distracción, se emprenden “negociaciones de paz”, como un modo de dar tiempo a la política de hechos consumados. Pero Israel nunca ha querido la paz, ya que la guerra le ofrece el único marco posible para ejecutar sus planes de exterminio. Cuando se habla de “negociaciones de paz”, se pasa por alto la naturaleza de Israel: se trata de un Estado étnico-religioso en el cual los no-judíos no tienen los mismos derechos que el resto, y son sujetos a todo tipo de arbitrariedades.

Ética judía

En Palestina no hay ninguna guerra, hay un genocidio en marcha. El problema que vivimos estos días deriva de la propia naturaleza del Estado de Israel, como Estado judío creado artificialmente en una tierra habitada mayoritariamente por no judíos. Se trata de una cuestión de derechos humanos básicos, una cuestión básica de humanidad y de ética.

Por todo ello es importante afirmar que Israel es un Estado que encarna todos los valores contrarios a la ética judía, la quintaesencia del anti-judaísmo. Los preceptos generales de la ética judía se basan en el principio "Amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Levítico 19:18). Rabí Akiva, gran sabio judío del siglo II, decía que este mandamiento contenía la esencia de toda la Torá, porque equipara el amor divino con el sentimiento del hombre: "El que es amado por los hombres, lo es también por Dios" (Pirké Avot 3:1 3). De esta premisa se deriva un precepto básico, la regla de oro: "No hagas a otros lo que no quieras para ti" (Hillel, Shab 31 a).

¿Qué tiene que ver esto con el Estado de Israel? ¿Acaso están haciendo los judíos a los palestinos aquello que quieren que les hagan? la violencia engendra violencia, en una espiral que nos conduce a la destrucción. El Estado de Israel ha significado un cambio drástico en el judaísmo, al sustituir la ética por un valor tan dudoso como es el de la identidad nacional, sujeto a la forma de un estado-nación contemporáneo y a la lógica destructiva de la política contemporánea: la fuerza bruta como único argumento que da legitimidad. El Estado de Israel, y no el Holocausto, es el principal factor que influye la ética judía en el presente.

Israel es el fin del judaísmo en tanto a religión milenaria, su reducción a un proyecto político de un Estado-nación colonialista, que necesita de la guerra, que vive de la guerra y para la guerra. Por ello es tan importante la reacción de los judíos, el retorno al judaísmo como un camino de liberación, el despertar ante la manipulación a la cual su religión esta siendo sometida.

En todo el mundo existen organizaciones judías de oposición a las políticas del estado de Israel, que claman por la transformación de Israel el un Estado laico, y que no aceptan las matanzas perpetradas en su nombre. Pero, ¿dónde están los judíos españoles que se oponen al terrorismo israelí? ¿Dónde están todas aquellas organizaciones judías que se llenan la boca en mesas de diálogo interreligioso hablando de los valores del judaísmo, de la paz, de los derechos humanos y de la convivencia? ¿Qué tienen que decir de que el estado de Israel sea un estado confesional todos aquellos judíos que defienden para España un modelo laico?

¡Boicot a Israel!

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